Foto: Ilustrativa.

Hasta hace poco más de una semana no llegaba internet a Río Limón, una comunidad de indígenas shuar en Ecuador. Por eso, desde que empezó la pandemia, Renzo Calle, un estudiante de 16 años, tuvo que caminar tres kilómetros para seguir sus clases en una computadora alquilada con internet.

Hoy, la historia para Río Limón es distinta: una antena de 30 metros de altura que se alza en medio de la casas hechas de ladrillo y madera, provee internet gratuito. Este llegó por primera vez a la comunidad gracias al programa de la Prefectura del Guayas, que busca dotar del servicio a comunidades rurales.

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Esta noticia es un alivio para las 35 familias de Río Limón, un asentamiento de indígenas shuar que migraron desde la Amazonía hace unos 70 años, quienes dedican su vida a la agricultura y el turismo. Asimismo, es una herramienta fundamental para los estudiantes de la comunidad, ya que que no tendrán que hacer viajes largos e invertir dos dólares en ellos para llegar hasta Bucay, la localidad donde utilizaban internet por ser la más cercana al lugar.

"En Río Limón estábamos un poco abandonados ya que no teníamos acceso a internet porque aquí el 80% no usa la tecnología”, relató Calle, el indígena shuar de 16 años. Su vecina, Rosa López, veía acumularse en su modesto celular las imágenes de las tareas de sus tres pequeños hijos que debía mandar a los profesores.

El gobierno de Ecuador ordenó desde marzo la suspensión de las clases presenciales a causa de la pandemia. Pero un millón de estudiantes no tenían acceso a internet para seguir las clases virtuales.

“Iba a un ciber o preguntaba a otras mamás qué tocaba hacer y me ponía de acuerdo con ellas para mandar las tareas", comentó López. Federico Calle, de 39 años, otro poblador de la comunidad y padre de siete hijos, recordó que antes de la instalación del servicio tenía que migrar casi uno o dos días a otras localidades como Bucay o El Triunfo para hacer las tareas de los niños.

Renzo, uno de sus siete hijos, dijo que con internet ya no tendrá que salir del pueblo para agarrar señal, y que desde su hogar podrá investigar todo lo que necesita. Sin dudas, él cree que la antena cambiará su vida.





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