En la víspera de la primavera de 1926, la ciudad de Encarnación se vio estremecida por un fenómeno climático nada común y terriblemente arrasador: un tornado llegó y dejó a su paso destrucción y tristeza.
Aquel 20 de septiembre la ciudad amaneció como en días anteriores, con lluvias y vientos del noreste que buscaban aplacar las altas temperaturas que ya se registraban como antesala de la primavera, pero cerca de las 18:30 se desataría el caos, cuando en medio de lluvias y vientos que habrían alcanzado los 250 km/h, el tornado tocaba suelo desde el puerto de la ciudad con dirección a la zona conocida como Villa Baja.
Arrasando con todo a su paso, se estima que más de 300 personas perdieron la vida y ciento de pobladores resultaron gravemente heridos. Los daños materiales fueron cuantiosos y toda la ciudad se vio frenada de golpe por la fuerza que aquel día ejerció la naturaleza.
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En aquel momento, la noticia de lo que ocurrió entre las 18:30 y 20:00 de aquel 20 de septiembre se sabía en Asunción a primera hora del día siguiente, activando casi de manera inmediata una respuesta sanitaria que llegó en menos de siete horas hasta Encarnación, gracias al ferrocarril.
Médicos, tanto de Paraguay como de ciudades vecinas del territorio argentino llegaron hasta el lugar para auxiliar a los sobrevivientes, en la mayoría de los casos, heridos a raíz de los escombros y restos de las viviendas que salieron despedidos durante la tormenta.
El trabajo de rescate de los fallecidos llevó más días, ya que, si bien muchos estaban a la intemperie o habrían terminado en la copa de los árboles, muchos restos permanecían ocultos bajo los escombros de casas y edificios completamente en ruinas.
“En la clasificación del tornado de Encarnación, podría atribuirse a un tornado F4, por los daños generados, estructuras de cemento de la época destruidas completamente. Lastimosamente no hay muchos registros más detallados para clasificarlo de manera correcta; sin embargo, esa es la estimación que se ha hecho”, explicó Eduardo Mingo, director de la Dirección de Meteorología e Hidrología, en conversación con La Nación/Nación Media.
Dijo además, que para que se genere un tornado es necesaria la presencia de aire húmedo y cálido, sumado a fuerte cizalladura, es decir, diferencia de vientos intensos en la atmósfera alta y baja y estas condiciones se dan justamente en la cuenca del Plata, donde climatológicamente se tuvo la mayor cantidad de tornados registrados en la región.
“Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, la definición de un tornado es una columna de aire estrecha y violentamente giratoria que se extiende desde una tormenta eléctrica hasta el suelo. Dado que el viento es invisible, es difícil verlo a menos que forme un embudo de condensación compuesto por gotas de agua, polvo y escombros”, indicó Mingo.
A la vez, remarcó que los tornados pueden ser uno de los fenómenos más violentos de todas las tormentas atmosféricas que pueden llegar a experimentarse, por lo que en principio se habría generado la conocida como escala de Fujita, la cual años después fue mejorada según parámetros científicos; a través de la misma se categorizan los tornados según la magnitud de los daños que causan.
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