Ha iniciado la 76ª edición del prestigioso evento internacional organizado por la Asociación Francesa del Festival Internacional de Cine, más conocido como el Festival de Cannes y que se lleva a cabo en el Palacio de Festivales y Congresos de Cannes, Francia.
En las últimas horas, celebridades como Jennifer Lawrence, Natalie Portman, Salma Hayek, por citar algunas, entre muchas otras han acaparado las diversas redes sociales, tras su paso por la alfombra roja del festival cinematográfico.
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Indiscutiblemente y para sorpresa de todos, Jennifer Lawrence ha logrado posicionarse en lo más alto del podio, gracias su outfit tan particular, ya que en esta ocasión, la actriz se vio enfundada en un glamouroso vestido solero de Dior de color rojo, mientras que en sus pies llevaba puesto unas zapatillas negras, concluyendo que ha optado por la comodidad antes que la elegancia.
Otra de las que captó la atención no solamente del público, sino también de los especialistas de la moda fue Natalie Portman, quien causó sensación con un traje diseñado en 1949, por el mismo Christian Dior, una pieza de museo, denominada el Junon Dress.
En tanto que la actriz y productora mexicana Salma Hayek tampoco se quedó atrás, al marcar presencia con un vestido bastante escotado, de corte sirena en tono violeta oscuro, confeccionado en shantung, que también destacó volumen en la parte final del vestido.
No podemos dejar de lado a la modelo Gigi Hadid, quien cautivó con una creación de Zac Posen; mientras que Julianne Moore resaltó con un diseño de Louis Vuitton, mangas largas en color verde. Cate Blanchett hizo lo propio al vestir en terciopelo drapeado con un escote profundo, también de LV. Naomi Campbell fue otra de las figuras más llamativas, y una de las más elegantes al portar un Valentino Alta Costura que lo combinó con unas joyas de Chopard.
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Cannes 2026: “Sea, Sun and Burn”, adolescencia, body horror y humor incómodo
- Por David Sánchez, desde Cannes (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
El cortometraje francés "Sea, Sun and Burn", dirigido por Pauline Cancel, fue una de las sorpresas del 24.º Prix Unifrance du court-métrage celebrado en el marco del reciente Festival de Cannes. La película recibió el Premio SOONER y confirmó el surgimiento de una nueva voz dentro del cine francés contemporáneo.
A primera vista, el film parece un relato clásico de verano adolescente: playa, vacaciones y el paso incómodo hacia la adultez. Sin embargo, Cancel transforma esa premisa en una experiencia mucho más inquietante, mezclando coming of age, comedia incómoda y elementos de body horror.
La historia sigue a Laure, una chica de 13 años que pasa las vacaciones junto a su prima Sara. Este verano, sin embargo, todo ha cambiado. La aparición de una pilosidad excesiva convierte su cuerpo en motivo de inseguridad y vergüenza. Cuando Sara expone su secreto delante de otros jóvenes en la playa, Laure escapa hacia un astillero abandonado, donde queda dormida bajo un sol abrasador.
Desde ahí, la película abandona cualquier mirada convencional sobre la pubertad femenina. El cuerpo adolescente aparece como un territorio imprevisible, incómodo y hasta grotesco. El calor, el sudor, la piel y la transformación física se convierten en parte central de la narración.
El jurado del Premio SOONER describió el cortometraje como “un body horror tan perturbador como gozoso”, destacando la capacidad de la directora para combinar humor y ternura al abordar los tormentos de la adolescencia.
Pauline Cancel explicó que quiso alejarse del dramatismo habitual con el que suele retratarse la pubertad femenina. Según la realizadora, muchas de esas situaciones que durante la adolescencia se viven como tragedias pueden adquirir, con el tiempo, una dimensión absurda y hasta cómica.
La relación entre Laure y Sara funciona como el núcleo emocional del corto. Aunque Sara parece inicialmente más segura y cómoda con su feminidad, la película revela rápidamente que ambas viven atrapadas por diferentes inseguridades corporales. Mientras Laure sufre por los cambios físicos visibles, Sara siente ansiedad porque todavía no ha tenido la menstruación y percibe que su transformación hacia la adultez no está completa.
Rodado en apenas ocho días y con un presupuesto cercano a los 120.000 euros, Sea, Sun and Burn consigue construir una identidad visual muy sólida. La luz agresiva, la sensación constante de calor y la atmósfera sofocante convierten la playa en un espacio de exposición permanente donde cada mirada parece un juicio.
Tras su paso por Cannes, el cortometraje iniciará ahora su recorrido por festivales internacionales antes de emitirse en France Télévisions. Mientras tanto, Pauline Cancel ya trabaja en su primer largometraje.
Ganadores – Prix Unifrance du court-métrage 2026
- Gran Premio: Swapper — Louis-Barthélemy Rousseau (Aurora Films)
- Premio Especial del Jurado: Chambre 206 — Laurie Bisceglia (PADEL Productions)
- Premio Be TV: Cracheurs — Luis Letailleur (La Petite Prod)
- Premio SOONER: Sea, Sun and Burn — Pauline Cancel (Mondina Films)
- Premio del Distribuidor 2026: Shortcuts — Élise Notseck y Lucie Goujon
- Mención Especial: La Kourmétragerie
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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La otra cara del glamour: Cannes de bajo presupuesto
En Cannes, un look no nace en la alfombra roja. Se prepara meses antes, entre bocetos, pruebas y negociaciones con casas de moda. Lo que el público ve en unos segundos es el resultado de un engranaje preciso donde cada detalle importa. Vestidos, accesorios, peinados y maquillaje: nada queda al azar. Cada elemento se escoge con precisión milimétrica. Y al frente de este proceso están los estilistas, auténticos arquitectos de la imagen, responsables de dar coherencia y carácter a cada conjunto.
“A veces reflexionamos durante dos o tres meses y todo se juega en diez segundos en la alfombra roja”, cuenta a la AFP el francés Ilya Vanzato, artífice de algunos de los looks más comentados del mítico certamen cinematográfico, cuya 79 edición cerró el sábado. El proceso creativo arranca con una reflexión entre el estilista y su cliente. “Ahí nos preguntamos: para este Cannes, ¿qué buscamos? ¿Algo sobrio y elegante? ¿O más bien un look ‘wow’, que genere ‘buzz’?”, añade.
Vanzato, formado en los talleres de alta costura de Dior y luego junto a Zac Posen en Nueva York, y detrás de los looks de supermodelos como Coco Rocha y Natasha Poly, insiste en que un atuendo memorable no es solo estética, es narrativa. La alfombra roja de Cannes siempre ha sido un escenario para mensajes calculados, desde Madonna revelando el célebre corsé cónico de Jean Paul Gaultier a Cate Blanchett dejando asomar los colores de la bandera palestina con el forro de su vestido de Heider Ackermann.
“Hay muchas piezas muy bonitas, pero hay que encontrar uno que cuente una historia y que encaje con la imagen del famoso”, abunda Alexandra Pavlova. La estilista rusa, presente en Cannes desde hace seis años, resume el verdadero desafío: dar con una pieza que trascienda la belleza.
Moda y estrategia
Pero en Cannes, la moda también se negocia. Detrás de cada conjunto hay estrategias y alianzas que se tejen mucho antes de que una celebridad pise la alfombra roja. “Un estilista no solo propone looks, construye puentes entre una artista y las casas de diseño, y poco a poco eleva su estatus dentro del mundo de la moda”, explica la francesa Coline Bach, que ha vestido a nombres como Christina Aguilera, Angèle y DJ Snake.
Una aparición acertada puede abrir la puerta a campañas publicitarias y colaboraciones con grandes marcas. “Hay una verdadera estrategia detrás de qué marca llevar y qué relación se quiere construir para el futuro”, añade Ilya Vanzato. Durante el festival, las firmas instalan showrooms privados en los grandes hoteles de lujo. Allí, entre joyas, percheros y equipos de relaciones públicas, se prueban piezas exclusivas que rara vez vuelven a verse fuera de esos salones.
La presión se ha intensificado con las redes sociales, que multiplican la visibilidad de cada aparición. Un look puede generar millones de visualizaciones y convertirse en tendencia global en cuestión de minutos. “Cada pieza que se lleva en Cannes se vuelve hipermediatizada”, asegura Pavlova.
El día D: glamour y caos
El día de la alfombra roja empieza horas antes, en una habitación de hotel convertida en centro de operaciones. “Tres horas antes ya estamos con el glam: peinado y maquillaje”, explica Bach. Pero incluso después de meses de preparación, todo puede cambiar en un instante. En Cannes abundan las historias de vestidos retenidos en aduanas, zapatos imposibles o telas que reaccionan mal bajo la luz mediterránea.
Pavlova recuerda una ocasión en la que tuvo que intervenir a toda velocidad. Minutos antes de salir hacia la alfombra roja, en el hall del famoso hotel Martinez, el traje de uno de sus clientes sufrió un accidente: alguien pisó la tela y la rasgó. “Hay que ser muy reactiva, por eso nunca voy sin mi kit de costura”, cuenta la estilista.
Allí mismo, entre turistas, cámaras y el murmullo del vestíbulo, Pavlova cosió la pieza a mano mientras su cliente, ya peinado y maquillado, esperaba listo para las cámaras. Cuando cruzó la Croisette, nadie imaginó que su look había sido salvado en el último minuto. “La gente cree que venir a Cannes es disfrutar de la buena vida, tomar cócteles, pero en realidad nos pasamos el día apagando incendios”, resume Bach.
En modo de supervivencia
Habitación compartida, comida de supermercado y ropa de segunda mano: Marta Bozetka, cinéfila polaca, se las ha arreglado para pisar, sin arruinarse, la alfombra roja del festival de Cannes. “Con habitaciones a 300 euros la noche, pensé: ‘Dios mío, ¿cómo voy a sobrevivir en Cannes?’”, cuenta la guionista de 27 años. En foros especializados encontró rápidamente una habitación compartida con dos chicas lituanas, una china y una filipina, por 250 euros las cuatro noches.
“Es increíble compartir con todas estas chicas tan diversas la pasión por el cine”, confiesa. Durante el festival en la Costa Azul (sur de Francia) cocinan juntas con un presupuesto fijado en 15 euros para las tres comidas del día. “La tienda de congelados Picard es una muy buena opción”, bromea Marta. “Encontré mi cartera y mi vestido de segunda mano por 2 euros en Polonia. Lo único caro fueron los zapatos”, continúa, vestida con un traje negro de satén forrado con tul y zapatos tipo derby con tacón.
Con un cartel en la mano, hace guardia frente al Palacio de Festivales esperando conseguir una invitación para la proyección de “Autofiction”, la última película del director español Pedro Almodóvar. Como ella, numerosos apasionados del séptimo arte rivalizan en ingenio para intentar conseguir esas preciadas entradas gratis. Canciones improvisadas, disfraces de Charlie Chaplin o sonrisas insistentes: cada uno tiene su propia estrategia.
Alice Adonis, que viene de Niza (sur de Francia), tiene una técnica bien ensayada para colarse en una proyección o en una fiesta exclusiva. “Identifico a los periodistas o a quienes trabajan para el ayuntamiento, como los policías municipales, que suelen tener invitaciones de sobra”, relata.
Camping completo
El alojamiento sigue siendo el gasto más importante para los cinéfilos con poco dinero. A cinco kilómetros del Palacio de Festivales se encuentra el único camping de Cannes que ofrece bungalós y espacios para tiendas de campaña y caravanas. El lugar está completo durante toda la quincena del festival, indica su gerente.
Entre sus clientes hay agentes de seguridad, técnicos o estudiantes que vinieron especialmente para el festival. Es el caso de Mélisse Laouiti, de 21 años, llegada desde Rennes (oeste de Francia) con un grupo de amigos. Juntos consiguieron una acreditación mediante un programa del Centro Nacional de Cine y de la Imagen Animada (CNC).
“Terminamos en el camping porque es más barato”, explica la estudiante, que gastó solo 150 euros por dos semanas. La parada de autobús que le permite llegar al centro de la ciudad en unos veinte minutos está justo al pie del camping y, gracias a su acreditación, no tiene que pagar billete. Calcula su presupuesto de alimentación en “menos de 100 euros” para toda la quincena. “Vemos muchísimas películas, así que casi no tenemos tiempo de cocinar”, detalla.
Reutilizar el esmoquin
Su vestido, comprado por 40 euros en una página de ropa, completa un presupuesto que estima “entre 500 y 600 euros”, incluyendo el billete de tren. Sin gastos superfluos, su único “pequeño lujo” es el café, cuando la sucesión de proyecciones empieza a agotarla. “Ir a Cannes gastando poco es posible cuando uno es realmente apasionado”, aunque “desembolsar 500 euros duele”, considera.
Como auténtica amante del cine, no le atraen ni el glamour ni las lentejuelas. De hecho, lamenta ver a ‘influencers’ desfilar por la alfombra roja y “marcharse sin haber visto la película”. Entre dos tostadas matinales en la terraza de su casa móvil, Denis Lutz, montador de cine berlinés de 42 años, cuenta que reservó su plaza seis meses antes. Pagó 800 euros por una semana, a dividir entre dos con un amigo. Es su séptimo festival de Cannes, pero la primera vez que opta por el camping, decisión motivada tanto por el presupuesto como por las ganas de “reencontrarse con la calma y la naturaleza”.
El recinto, de cinco hectáreas y rodeado de pinos, ofrece un contraste sorprendente con el bullicio del palacio. “En Cannes hay que establecer prioridades. Si vienes por las películas, sin buscar el glamour, entonces sobrevivir aquí es totalmente posible”, afirma. Desde su primer Cannes, Denis reutiliza el mismo esmoquin, aunque admite que ahora le queda un poco ajustado.
Fuente: AFP.
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Cannes 2026 consagra a Cristian Mungiu y al cine de autor en un repartido palmarés
- Por David Sánchez, desde Cannes (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
El 79.º Festival de Cannes cerró este sábado una edición dominada por el cine de autor europeo, las narrativas íntimas y una fuerte presencia de realizadores consolidados. El jurado presidido por Park Chan-wook otorgó la Palma de Oro a "Fjord", del rumano Cristian Mungiu, confirmando el regreso al primer plano del director de "4 meses, 3 semanas, 2 días", ganador en Cannes hace casi dos décadas.
La ceremonia de clausura dejó también uno de los palmarés más repartidos de los últimos años. El ruso Andreï Zviaguintsev obtuvo el Gran Premio por "Minotaur", mientras que el premio a la mejor dirección se dividió entre la dupla española formada por Javier Calvo y Javier Ambrossi por "La bola negra", y el polaco Pawel Pawlikowski por "Fatherland".
El cine asiático volvió a ocupar un lugar central en el palmarés gracias al japonés Ryusuke Hamaguchi, cuyas actrices en "All of a Sudden" compartieron el premio interpretativo femenino. También destacó la presencia latinoamericana en secciones paralelas y cortometrajes, con reconocimientos para producciones de Argentina, Costa Rica y México.
Competición oficial
Palma de Oro
Fjord, Cristian Mungiu (Rumanía)
Gran Premio
Minotaur, Andreï Zviaguintsev (Rusia)
Mejor dirección (ex aequo)
La bola negra, Javier Calvo y Javier Ambrossi (España)
Fatherland, Pawel Pawlikowski (Polonia)
Mejor guion
A Man of His Time, Emmanuel Marre (Bélgica)
Premio del Jurado
Das geträumte Abenteuer (The Dreamed Adventure), Valeska Grisebach (Alemania)
Mejor interpretación femenina
Virginie Efira y Tao Okamoto por All of a Sudden, de Ryusuke Hamaguchi (Japón)
Mejor interpretación masculina
Emmanuel Macchia y Valentin Campagne por Coward, de Lukas Dhont (Bélgica)
Cortometrajes
Palma de Oro de cortometraje
Para los contrincantes (For the Opponents), Federico Luis (Argentina)
Un Certain Regard
Premio Un Certain Regard
Everytime, Sandra Wollner (Austria)
Premio del Jurado
Elephants in the Fog, Abinash Bikram Shah (Nepal) (Ópera prima)
Premio Especial del Jurado
Iron Boy, Louis Clichy (Francia)
Mejor interpretación femenina
Marina de Tavira, Daniela Marín Navarro y Mariangel Villegas por Siempre soy tu animal materno, de Valentina Maurel (Costa Rica / México)
Mejor interpretación masculina
Bradley Fiomona Dembeasset por Congo Boy, de Rafiki Fariala (República Democrática del Congo)
Cámara de Oro
Caméra d’Or
Ben’imana, Marie-Clémentine Dusabejambo (Ruanda)
La Cinef
Primer Premio
Laser-Gato (Laser-Cat), Lucas Acher (Estados Unidos) — NYU
Segundo Premio
Silent Voices, Nadine Misong Jin (Estados Unidos) — Columbia University
Tercer Premio (ex aequo)
Aldrig Nok (Never Enough), Julius Lagoutte Larsen (Francia) — La Fémis
Growing Stones, Flying Papers, Roozbeh Gezerseh y Soraya Shamsi (Alemania) — Filmuniversität Babelsberg Konrad Wolf
Premios técnicos CST
El Premio CST al Artista-Técnico fue para Nicolas Rumpl, montador de A Man of His Time, por “la sutileza de sus decisiones de montaje y su contribución a la estética visual de la película”, según el jurado técnico.
El Premio CST a la Joven Técnica recayó en Esther Mysius, directora artística de The Birthday Party, dirigida por Léa Mysius.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Cannes 2026: crítica de “Siempre soy tu animal materno” de Valentina Maurel
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La nueva película de Valentina Maurel llega a la sección Festival de Cannes dentro de Un Certain Regard, un espacio históricamente asociado a cineastas emergentes, propuestas de autor y obras que priorizan la sensibilidad estética por encima de la narración convencional. Lo llamativo aquí es que Maurel, tras años orbitando el ecosistema del cine de festivales y las instituciones francesas de formación y financiación, consigue dar el salto directo a la selección oficial de Cannes. No es un detalle menor. En una industria donde muchos directores pasan años acumulando presencia en secciones menores, residencias o festivales intermedios antes de alcanzar esta plataforma, el recorrido de Maurel evidencia hasta qué punto la película ha sido concebida y moldeada para dialogar con el lenguaje específico del gran circuito festivalero europeo.
La historia sigue a Elsa, una joven de 28 años que regresa a Costa Rica después de años en Europa y se reencuentra con su hermana menor Amalia, absorbida por un universo entre el esoterismo, la deriva emocional y el vacío existencial. Paralelamente, el padre, Nahuel, intenta escapar de la decadencia afectiva a través de conquistas románticas pasajeras, mientras la madre, Isabel, revive su pasado republicando poemas eróticos escritos durante su juventud. Sobre el papel, la película plantea un retrato fragmentado de una familia en crisis, donde cada personaje parece buscar desesperadamente una forma distinta de escapar de sí mismo.
Sin embargo, el problema central aparece muy pronto: la película nunca consigue convertir esas líneas narrativas en una experiencia dramática verdaderamente sólida. Maurel intenta construir tres relatos simultáneos —el de Elsa, el de Amalia y el de Isabel—, pero ninguno termina de adquirir la densidad suficiente. Elsa, pese a ser la aparente protagonista, queda constantemente desplazada por la puesta en escena. Su conflicto interno está sugerido, pero rara vez se siente vivo. Falta fricción, falta una dinámica emocional que haga que el personaje se adhiera realmente a la historia. Se percibe como una figura observadora, casi externa al caos familiar que debería atravesarla.
La hermana menor, Amalia, funciona mejor precisamente porque su dimensión esotérica y errática introduce cierta tensión imprevisible. Aunque el guion nunca profundiza del todo en sus motivaciones, su presencia posee algo incómodo y descontrolado que mantiene el interés durante varios momentos. Hay escenas donde la relación entre ambas hermanas parece encontrar por fin una verdad emocional, especialmente cuando la distancia afectiva entre ellas emerge sin necesidad de explicaciones verbales. Pero incluso ahí la película se retrae antes de profundizar realmente en el conflicto.
El gran problema es que Maurel parece confiar más en la atmósfera que en la construcción dramática. La película está llena de imágenes calculadas para el impacto contemplativo: planos lejanos de la ciudad, patrullas avanzando lentamente por calles vacías, sombras proyectadas desde terrazas o interiores donde los personajes aparecen aislados dentro del encuadre. Son imágenes elegantes, indudablemente pensadas con sensibilidad visual, y en muchos casos logran una belleza melancólica genuina. Pero también terminan revelando una cierta dependencia del lenguaje que tradicionalmente seduce a los festivales internacionales: silencios prolongados, cuerpos fragmentados, conversaciones interrumpidas y conflictos insinuados más que desarrollados.
El problema es que toda esa sofisticación formal no alcanza para sostener las casi dos horas de metraje. La película se vuelve progresivamente tediosa, incluso agotadora. Hay secuencias que parecen diseñadas más para transmitir una sensación abstracta de incomodidad que para avanzar narrativamente. Cuando la cámara separa constantemente a las hermanas, cuando la tensión esotérica de Amalia deriva en explosiones de rabia apenas explicadas o cuando escenas aparentemente importantes desaparecen sin consecuencia dramática, el relato pierde cohesión y el espectador empieza a desconectarse emocionalmente.
Esa es quizás la gran contradicción de la película: está claramente diseñada para satisfacer ciertos códigos del cine de autor contemporáneo, pero olvida construir una experiencia verdaderamente absorbente. Se percibe la influencia de un entorno cinematográfico muy ligado a escuelas e instituciones europeas —particularmente francesas— donde el dispositivo visual y la ambigüedad emocional son tratados casi como valores absolutos. Y aunque Maurel demuestra talento visual y capacidad para generar atmósferas densas, todavía parece faltar una mirada más madura sobre los personajes y sobre el peso dramático de sus decisiones.
Eso no significa que la película carezca de interés. Al contrario: hay intuiciones potentes, momentos visuales muy logrados y una sensibilidad real para retratar la alienación contemporánea. Pero entre la ambición estética y la necesidad de construir un relato coherente aparece un desequilibrio constante. La película quiere ser íntima, política, existencial y poética al mismo tiempo, y en ese intento termina dispersándose.
Su presencia en Un Certain Regard tiene sentido precisamente por eso: es el tipo de obra que Cannes suele abrazar por su riesgo formal, por su ambición autoral y por su capacidad para insertarse en el discurso del cine contemporáneo de festivales. Pero fuera de ese ecosistema, donde la experiencia emocional y narrativa pesa tanto como la propuesta estética, la película corre el riesgo de resultar distante, fría y excesivamente ensimismada.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.