Lejos de los reflectores, de la punta de la carrera, incluso apartados del foco de las cámaras fotográficas, existe un grupo de pilotos que va al rally más duro del mundo a guerrear, a luchar, a medirse con ellos mismos buscando vencer a una carrera que solo llama a los valientes, siendo también parte de la rica historia de esta singular prueba motor.

  • Por Cristhian Tindel Nación Media
  • Fotos: Eduardo Velázquez y Atilio Fernández

Si bien todos los reflec­tores caen en la punta de la carrera, concen­trados en los grandes nombres y los autos de última genera­ción que van abriendo cami­nos entre los talcales y las picadas, en la tracción sim­ple existen tripulaciones que antes de cada cita juntan todo, hacen hasta lo imposible para ser parte de la prueba madre, rompiendo el chanchito, jun­tando cada moneda para invertir en el auto y en algo de infraestructura para poder dar la vuelta a una carrera absolutamente atípica y costosa, pero excesivamente refe­rencial para aquellos amantes del deporte motor nacional.

En esta edición del Trans­chaco Rally resaltó sin dudas la historia del Toyota Vitz “fuego”, apodo que adquirió la máquina #85 de Ariel Orué y Carlos Santacruz tras su inci­dente en la clasificación en el Rubén Dumot. Es que en la primera vuelta una válvula falló provocando el incendio del coche, rápidamente sofo­cado, pero que dejó daños importantes a la estructura de la máquina.

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Momento del percance sufrido por el Toyota Vitz

Esa misma noche, los mecáni­cos empezaron a trabajar sin parar en el coche, recibiendo donaciones de repuesto de personas de buen corazón que querían ayudar a la causa de la máquina #85, empujado por todo el Team Lambaré y por personas desinteresadas que no querían que el Vitz falte al Chaco.

Tras días de trabajo, y con una nueva decoración, la máquina 85 llegó a Mariscal y logró hacer un buen papel, siendo motivo de consultas en cada momento de la transmisión de TV. Lastimosamente, por circunstancias mismas de la carrera, Orué y Santacruz no lograron con el cometido de dar la vuelta, pero dejaron muy buenas sensaciones siendo el auto “del pueblo”, demos­trando el buen corazón y la garra de estos luchadores ante las adversidades.

AMIGOS DE TODA LA VIDA

Hablando de sueños, Rodrigo Oviedo y Lucas Zelaya son dos amigos de toda la vida que han visto en innumera­bles ocasiones al costado del camino el paso de las máqui­nas en suelo chaqueño, desde Martín Masi, Héctor Risso, Gerardo Planás, pasando por los Galanti, Gorostiaga o Domínguez, soñando vaga­mente con algún día ser ellos quienes estén en los tramos llevando el foco de la atención del público pasional que tiene el Transchaco Rally.

Rodrigo Oviedo y Lucas Zelaya son dos amigos de toda la vida que han cumplido su sueño de competir en el Chaco

Pero un día, en un reencuen­tro, ambos hicieron click y se lanzaron a una aventura que hoy los tiene en vilo: ser parte de la máxima fiesta del deporte motor nacio­nal. Ambos son debutantes absolutos en el mundo de los rallies, una jugada muy arries­gada pero alimentada por ese amor incondicional al Chaco paraguayo en búsqueda de lle­gar al final de la carrera dando una vuelta que sería la victoria perfecta para esta historia de amistad y empuje.

Entre idas y vueltas, se pre­sentó la oportunidad de comprar un Volkswagen Gol, coche destinado a aquellos que buscan la heroica con un auto más que chaqueado. Llegaron las primeras prue­bas y Rodrigo y Lucas empeza­ban a emocionarse, sumando pocos kilómetros, pero apos­tando a la fiabilidad que da el tanque alemán. El momento llegó, el camino hacia el sueño se empezaba a materializar y rápidamente anotaron sus nombres entre los valientes que irían a desafiar al Chaco en una edición más de la prueba madre. Movidos por el apoyo de los familiares y amigos, en un equipo en el que el calor humano va tomando cada vez más fuerza, con empre­sas de los amigos que aportan de todo para cumplir el sueño, el VW Gol va tomando color con Oviedo y Zelaya dimensio­nando lentamente que están a días de cumplir el sueño de toda una vida.

Y el sueño se cumplió. Oviedo y Zelaya subieron a la rampa, lograron clasificar y hacer un papel decente en la primera etapa. Lastimosamente, en León Pirú, el auto dijo basta cortando la ilusión de romper el cristal en el último tramo, pero la semilla cayó bien en ambos, quienes rápidamente ya piensan en la revancha con ganas de seguir sumando kilómetros para encarar de vuelta al Chaco en 2024.

El ovetense Arnaldo “Lokillo” Duarte sufrió de todo

RECOMPENSAS

Pero no todas las historias se cortan abruptamente, pues también hay recompensas. En 2022, el ovetense Arnaldo “Lokillo” Duarte sufrió de todo, llegando a plaza Madero a las 6:00 del lunes, pero con ganas de ir por todo al año siguiente. Y así lo hizo. Con su Toyota Vitz se inscribió en la clase RC4 B con las ganas de ir por todo, haciendo una gran primera etapa y logrando sobrevivir a la línea en la etapa 2, estando incluso por momen­tos en el podio de la general de la tracción simple. Loki­llo, como todo un guerrero, toreó a los duros talcales de la segunda etapa para cerrar a lo grande ganando la clase, el premio justo para este piloto que siempre ha estado luchando por ello. Además, el ovetense logró subirse al podio en la tracción simple. Este fue su mejor resultado, un premio justo, un premio merecido y, por sobre todo, ganado en los duros tramos de la carrera.

Lokillo, como todo un guerrero, toreó a los duros talcales de la segunda etapa para cerrar a lo grande ganando la clase

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