• Por Jaime Zúñiga
  • Socio del Club de Ejecutivos del Paraguay

Paraguay atraviesa un momento económico que obliga a cambiar la pregunta. Durante mucho tiempo, la discusión estuvo centrada en cómo alcanzar un crecimiento más sostenido. Hoy, cuando la actividad mantiene un ritmo favorable y las exportaciones muestran un fuerte dinamismo, pero, ¿qué estamos haciendo con ese crecimiento?

A agosto, las exportaciones totales alcanzaron USD 14.025 millones, 24,7 % más que en el mismo período de 2025. Dentro de ese resultado, las exportaciones bajo el régimen de maquila superaron los USD 1.012 millones, con un crecimiento de 30,2 %. Al mismo tiempo, la industria manufacturera viene ganando espacio y el financiamiento destinado al sector industrial registra un salto significativo. La AFD informó que sus aprobaciones para la industria llegaron a USD 108,8 millones en 2026, un aumento de 503 % respecto del mismo período del año anterior, lo cual fue reforzado por el Ministro Riquelme señalando que la línea Paraguay Industrial, dispone de USD 100 millones para financiar inversiones en maquinaria, ampliación y construcción de plantas industriales y adquisición de tecnología, a lo que se suma el Fondo de Garantía para la Industria (Fogain).

Son cifras que muestran movimiento, creería que como nunca antes. Pero una economía puede exportar más sin necesariamente haber dado el salto cualitativo que necesita. La pregunta, entonces, no debería ser solamente cuánto exportamos, sino qué estamos aprendiendo a exportar.

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Exportar de manera sostenida exige mucho más que encontrar compradores. Implica producir con calidad constante, alcanzar escala, cumplir estándares internacionales, incorporar tecnología, asegurar logística, desarrollar proveedores y, sobre todo, ser capaces de competir en mercados donde el consumidor no compra por patriotismo ni por proximidad, compra porque encuentra valor.

Aquí es donde el crecimiento de la empresa paraguaya adquiere una importancia estratégica. El desafío no consiste únicamente en que lleguen nuevas inversiones o se instalen nuevas industrias, también consiste en que las empresas locales puedan crecer junto con ellas, convertirse en proveedoras, asociarse, incorporar tecnología, profesionalizar su gestión y, finalmente, salir a competir fuera de nuestras fronteras.

La nueva industrialización paraguaya puede ser una oportunidad para producir ese cambio. No se trata solamente de construir más plantas, sino de agregar valor a lo que el país ya produce y de crear capacidades que permitan transformar materias primas, conocimiento y trabajo paraguayo en productos capaces de conquistar otros mercados.

En ese proceso, la empresa local tiene un papel que no puede quedar relegado. Una economía puede atraer capital extranjero, ampliar su infraestructura y aumentar sus exportaciones, pero su transformación será más profunda si también consigue construir empresas nacionales más grandes, productivas y preparadas para competir internacionalmente.

Paraguay parece haber avanzado una etapa, crecer ya no es una aspiración lejana. Ahora comienza una tarea más exigente, convertir ese crecimiento en capacidad empresarial, industrial y exportadora. Porque el verdadero salto no será solamente exportar más, será aprender a producir para el mundo.

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