EL PODER DE LA CONCIENCIA

Como de ficción, histórica o de misterio puede catalogarse la novela “El nombre de la rosa”, publicada en 1980 por el genial escritor italiano Umberto Eco, pero también filosófica, puesto que imperceptiblemente lleva al lector hacia caminos de reflexión.

El argumento se desarrolla hacia el año 1327 en una abadía benedictina de Italia hasta donde llegan fray Guillermo de Baskerville y su joven discípulo, quienes tienen la misión de investigar una serie de misteriosas muertes ocurridas dentro de los muros del monasterio.

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Las pistas dan al detective religioso la certeza de que los monjes esconden un libro, el cual alegan que nunca fue escrito, una obra de Aristóteles que “solo trata de comedia”.

Encarando al bibliotecario, un abad ciego, Baskerville le pregunta por qué ocultan esa única copia del libro y por qué la consideran tan peligrosa habiendo tantos escritos sobre el mismo tema.

El celoso custodio del libro prohibido le responde que ese en particular era de Aristóteles y que hará reír al que lee. Sorprendido con esa respuesta, el fraile sondea sobre qué tiene de inquietante que las personas puedan reír. Con mucha convicción, pero más ciego que nunca, el bibliotecario le explica que “la risa mata el miedo, y sin miedo no puede haber fe. Aquel que no teme al demonio no necesita más de Dios”.

Este breve pero profundo diálogo que se produce en plena edad media, rodeada de oscurantismo y fanatismo religioso, evidencia una verdad que muchas veces pasa desapercibida: el gran poder que tiene la risa.

Por esta razón, y aprovechando que hoy se conmemora el Día Internacional del Chiste, de Italia pasamos por el canal de la Mancha y llegamos a Reino Unido, a la Universidad de Wolverhampton, la cual tras realizar investigaciones asegura que el primer chiste de la historia proviene de Mesopotamia, está datado hacia el año 1900 a.C. y se refería a las flatulencias de una mujer ante su marido.

Diversas fuentes, sin embargo, aseguran que el primer chiste no fue ese, sino que el humor nació en la antigua Grecia, con el mítico Palamedes, quien participó en la legendaria guerra de Troya. Sin embargo, esta versión contradice la prueba del año 4900 a.C. hallada en una tablilla con escritura cuneiforme y que, como el anterior chiste, también es originario de la Mesopotamia. Decía así: un perro entra a una taberna y dice: “No puedo ver nada. Voy a abrir esta”.

Lastimosamente, el resto de la tablilla se perdió en el tiempo y nunca sabremos lo que sucedió con el can, lo que en sí resulta gracioso al reconocer que el primer chiste de la historia ¡no tiene final!

Y hablando de final, para esta parte dejamos un pensamiento de Charles Chaplin, el rey de la comedia, quien decía que “Un día sin risa es un día perdido”. Aunque esa frase es un tanto filosófica, empero hay que darle paso a la ciencia y aceptar los diferentes estudios hechos por expertos, quienes afirman que la risa es beneficiosa para la salud, puesto que hace que aumenten las defensas corporales y además ayuda al equilibrio psicológico.

En este día tal vez podríamos desempolvar algunos viejos chistes y usar todo su poder –evidenciado por Umberto Eco– para compartirlos con los amigos o familia y combatir a un invisible enemigo, el estrés de la vida diaria, tan letal como el mismo demonio temido por el monje ciego.

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