La ciencia ficción exploró su usó en el futuro, sin embargo, ya está entre nosotros.

¿Nos dimos cuenta?

Por: Jazmín Gómez Fleitas

jazmin.gomez@gruponacion.com.py

Algunos años atrás, pensar en el uso cotidiano de la Inteligencia artificial (IA) parecía muy lejano. Y lo que leíamos o veíamos, se remitía en su mayoría a robots capaces de replicar la inteligencia humana. En Terminator (1984) las máquinas se revelaban contra sus creadores con el objetivo de extinguir a la humanidad. Lo recuerdo perfectamente, gracias a mi primo, quien me la hizo ver un millón de veces durante las vacaciones, cuando teníamos 8 años. Él estaba fascinado con la saga, hasta ese momento compuesta además por Juicio Final (Judgment Day, 1991).

En Inteligencia Artificial (2001) —basada en una historia corta del británico Brian Aldiss— un niño robot descubre que está programado de manera única para amar y es una historia que te parte el corazón. En Ex-Machina (2014), un thriller con altas dosis de suspenso, un joven informático es seleccionado por su mismo jefe para administrar el Test de Turing (prueba de habilidad para diferenciar a un humano de un robot) al robot humanoide que diseñó. Las cosas se van de las manos como su nombre lo anticipa.

Así también es imposible no mencionar al genio de Asimov, escritor ruso y bioquímico nacionalizado estadounidense, con piezas clásicas y fundamentales para el género de la ciencia ficción. Sus tres leyes de la robótica expuestas en sus libros son famosísimas y hablan acerca de la imposibilidad de que un robot haga daño a un humano, ya sea por acción o inacción. Sus libros exploran estas posibilidades y algunos fueron llevados al cine, como: Yo, robot y El hombre bicentenario.

La acertada definición de “inteligencia artificial” hace referencia a la inteligencia que pueden mostrar las máquinas, que se emplea mayormente para describir la imitación que hace una máquina de las funciones cognitivas de los seres humanos como: aprender o resolver problemas, debido a que su objetivo último es una IA fuerte, y la inteligencia humana es su referencia.

Máquinas y humanos

De acuerdo a Ramón López de Mantaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificil del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas en España y tercero de Europa) “por muy sofisticada que llegue a ser la IA siempre será distinta de la humana debido a que el desarrollo mental que requiere toda inteligencia compleja depende de las interacciones del entorno, y estas a su vez del cuerpo, en particular el sistema perceptivo y motor. Esto sumado al hecho de que las máquinas no seguirán procesos de socialización y culturización, incide todavía más en que, por sofisticadas que lleguen a ser, tendrán una inteligencia distinta a la de los humanos”.

Lo que este experto trata de explicar es, que apenas escuchamos de los logros de la IA en algo concreto como AlphaZero (el programa de IA creado por DeepMind de Google y que aprendió a jugar por sí mismo Go) generalizamos y atribuimos que la IA es capaz de hacer cualquier cosa que hacen los seres humanos, y además, hacerlo mejor, cuando en realidad, su aprendizaje profundo es sumamente limitado. Es decir, las máquinas realmente no aprenden nada en el sentido humano de lo que se entiende por aprender.

¿Cómo? Debido a lo que se llama “olvido catastrófico”. Esto significa que los sistemas de aprendizaje profundo pierden todo lo aprendido a partir del instante en que se les enseña algo nuevo. Son capaces de aprender a reconocer patrones analizando enormes cantidades de datos, pero si se les enseñó a jugar ajedrez y ahora se les quiere enseñar a distinguir entre los rostros de personas y animales, se olvidarán de jugar ajedrez.

Por eso, para este científico, los peligros de la IA no pasan por acercarse a la inteligencia humana (algo que no están ni lejos de lograr) sino por inmiscuirse en la privacidad o a la excesiva confianza en sus capacidades (sustituyendo a personas en puestos de trabajo).

Esto es algo en lo que también está de acuerdo Diego Fernández Slezak, doctor en Ciencias de la Computación e Investigador de IA y Neurociencia. Aunque reconoce las tres habilidades superiores de las máquinas (la capacidad de procesamiento, la capacidad de almacenamiento y los algoritmos), asegura que no pueden reemplazar a los humanos en el trabajo.

Fernández Slezak trabaja en el campo de la salud, y estuvo en el país para la conferencia anual MKTrends, donde explicó que utilizan la IA para analizar miles de historiales médicos al mismo tiempo, con lo que que junto a los síntomas actuales, es posible hacer un diagnóstico acertado. “Trabajamos en una app que asiste al psiquiatra para la toma de datos y cuantificación. Incluye herramientas para diversas patologías, esquizofrenia, bipolaridad, Parkinson y algunas más. La idea es complementar el trabajo que realiza el ser humano”.

En la vida diaria
Los smartphones están apostando a la IA para ser más eficientes. Para ello utilizan algo que se llama “procesamiento neural” (algoritmos y código que tratan de emular el funcionamiento de un cerebro humano). Eso puede resumirse en lograr que un algoritmo resuelva problemas por su cuenta como, por ejemplo, procesar fotografías o ahorrar batería.
Para conseguir esto, los fabricantes de procesadores diseñaron chips específicos que se encargan de ello. Así, Apple tiene su A11 Bionic en el Iphone X, o Huawei al NPU en el Kirin 970 para el Mate 10 Pro. Gracias a ellos se consigue que todo se ejecute a la mayor velocidad pero también de la manera más eficiente. Así que, según páginas especializadas, la diferencia sí se nota en comparación a los que no tienen esta tecnología, pero no hará que el celular tome conciencia de sí mismo.

Por otra parte, Google lanzo Clips una cámara fotográfica con IA. ¿Qué hace de distinto? Tiene la forma de una latita de mentitas pero no requiere que uno saque la foto, lo hace por sí sola. Toma vídeos cortos de 15 segundos —una especie de gifs— utilizando el aprendizaje diario para tomar fotos de personas, mascotas y otras cosas que le parezcan interesantes.

Sí, cuenta con un botón, pero la idea de la cámara es poder captar momentos espontáneos sin cortarlos para sacar las fotos. La cámara está programa para reconocer expresiones faciales, iluminación, encuadre y otros rasgos de las buenas fotos, además de las personas que más se frecuenta, para determinar la importancia. ¿La privacidad? Desde Google explicaron que cuando está encendida tiene una luz led blanca y que necesita Internet para funcionar. Asimismo, solo permite ver las fotos o guardarlas, al ser conectada a un celular. ¿Será que pronto todo tendrá IA?