- Rossana Escobar M.
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Según Alejo Ríos los “apenas locutores que ni saben lo que comen” son los que hablan mal de él, de su hijo y ahora alcanza a la familia por vender empanadas.
El diputado liberal por Caaguazú, Alejo Ríos, líder del clan Ríos de este departamento quien estos días junto con su hijo el intendente José Papu acapararon las noticias tras conocerse que, de vendedor de empanadas, pegaron un vertiginoso salto económico luego de ubicarse en cargos públicos, tuvo que salir a referirse al caso atribuyendo las publicaciones a locutores de la prensa “que ni saben lo que comen” y que obedecen a intereses políticas.
El caso que en Caaguazú es tema central de los comentarios en estos momentos, sorprendió sobre este clan que históricamente pasó desapercibido ante los órganos de control pese a las ostentaciones de millonarias que realiza el clan Ríos cuando el hoy diputado, era un modesto vendedor de empanadas que arribó a la función pública.
“Soy un soldado raso, soy un político raso y en cualquier parte voy a trabajar, aunque sea de carbonero y si las circunstancias así lo obligan, estoy preparado para eso”, refirió el diputado para luego proseguir con un discurso casi poético en el que insistió que nunca se aprovechó de un cargo público ni jamás “he robado un centavo partido por la mitad al pueblo, a ninguna institución pública”.
EMPANADA DE MANDIOCA
Según Alejo Ríos, los “apenas locutores que ni saben lo que comen” son los que hablan mal de él, de su hijo y ahora alcanza a la familia por vender empanadas. En un discurso novelesco brindado a través del medio Caaguazú Noticias Digital, señaló que se siente orgulloso y mencionó a su esposa quien se iba “al mercado a comprar las verduras y la mandioca para hacer juntos la empanda” y agregó, “así preparé a mi familia”.
Similar a las propiedades que recordó tardíamente en sus declaraciones jurada de bienes, el diputado Ríos obvió explicar cómo de un modesto vendedor de empanadas pasó a acumular fortuna tras acceder a cargos públicos y en tiempo récord. Básicamente se limitó en girar sobre un romántico argumento de que su esposa enseñó a trabajar a su familia y que “de vuelta pueden volver a vender las empanadas si las circunstancias y la vida lo obliga”.
Mientras el diputado Ríos se enfoca en la ternura del aprendizaje de venta de empanadas, se torna más que curioso cómo del comercio de pastelitos pasaron a amasar fortuna.
DECENAS DE HECTÁREAS
Recordemos que de un terreno de 360 m² y otro de 500 m² en condominio con los hermanos, Alejo Ríos pasó a tener decenas de hectáreas que valuó en G. 4.550 millones luego de ocupar el cargo de intendente y gobernador. Es dueño del gigantesco y moderno Camping el Chorro donde ostentan millonarias inversiones. Hoy, el valor de sus activos supera los G. 6.000 millones, conste que aparecen decenas de hectáreas consignadas a precios irrisorios.
En tanto que el hijo del mencionado diputado, José “Papu” Ríos, entró endeudado y cero activos a la función pública, pero en su primer periodo de intendente de Caaguazú ya estaba erigiendo lo que es hoy el majestuoso complejo San José de unas 25 hectáreas con piscina gigante, área de pesca, canchas de pádel, enormes tinglados, etc.
Ni el padre ni el hijo explican el sustento de la fortuna en inversión inmobiliaria, solo desafían a quienes los cuestionan. Un poco de claridad al asunto podría dar la Contraloría General de la República si avanza con el estudio de correspondencia de bienes del clan Ríos que anunció tras las escandalosas revelaciones.
Cabe remarcar también que el meteórico ascenso financiero no es el único caso objetado al clan Ríos de Caaguazú. El abuso de poder, pese a que el diputado Ríos dijo que nunca se aprovechó de sus cargos en beneficio propio ni para robar, olvidó olímpicamente cómo privilegia con salario público a su familia. Ubicó a su hija Élida Ríos Núñez en su administración cuando fue gobernador y luego la llevó como funcionaria a la Cámara de Diputados. Además contrató sobrinas, hasta concuñados en la Gobernación.
Su hijo José “Papu” Ríos ubicó también a su cuñado Juan José Fernández en su administración, nada menos que la tesorería de la municipalidad y con sueldo de G. 8,2 millones.

