Paraguay recibió el segundo grado de inversión por parte de Standard & Poor’s (S&P), un hito que sorprendió por su velocidad, especialmente porque esta calificadora fue históricamente la más conservadora con el país.
Durante más de una década mantuvo notas sin cambios relevantes, aun cuando los indicadores macroeconómicos mejoraban. El reciente reconocimiento refleja, según dijo a La Nación/Nación Media el economista jefe de Basa Capital, Wildo González, una evaluación más profunda del rumbo económico y de las reformas encaradas desde el 2023.
Uno de los factores clave fue la efectividad de las políticas públicas y reformas institucionales. S&P destacó la creación del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) y la Superintendencia de Pensiones, medidas que introducen cambios estructurales con impacto de largo plazo.
También pesó la resiliencia económica. El crecimiento del 4,7 % en 2023, y una proyección cercana al 6 % para 2026 muestran una trayectoria sostenida, apoyada en políticas promercado y en el dinamismo de la actividad.
A esto se suma la disciplina fiscal. El compromiso de converger al déficit máximo del 1,5 % del PIB en 2026 y la baja de la inflación desde niveles superiores al 10 % hasta alrededor del 3,5%, cerca de la meta del Banco Central del Paraguay (BCP), fortalecen la credibilidad del marco macroeconómico.
Desafíos
S&P otorgó una perspectiva estable, lo que implica que la nota se sostendrá si el país mantiene el rumbo actual.
El economista dijo que es en este punto donde aparecen los desafíos. Avanzar en una reforma previsional integral para asegurar sostenibilidad fiscal; encarar una reforma tributaria estructural que amplíe la base sin dañar la competitividad; impulsar una reforma educativa que eleve la calidad del capital humano, y profundizar el mercado de capitales para financiar proyectos de largo plazo. El grado de inversión no es un punto de llegada, sino un compromiso a sostener.

