• AFP.

El gobierno de Donald Trump calificó ayer domingo Chicago como “zona de guerra” como justificación para desplegar soldados contra la voluntad de la administración demó­crata de la ciudad, mientras que un juez impidió que la Casa Blanca enviara tropas a otra urbe gobernada por demó­cratas.

La oposición acusa al presi­dente republicano, que ha lanzado una ofensiva contra la delincuencia y la inmigración, de ejercer el poder de manera autoritaria. En la noche del sábado, Trump autorizó el des­pliegue de 300 soldados de la Guardia Nacional en Chicago, la tercera ciudad más grande de Estados Unidos, a pesar del rechazo de cargos locales, entre ellos gobernador del estado de Illinois, cuya capi­tal es Chicago, J.B. Pritzker. La secretaria de Seguridad Nacio­nal, Kristi Noem, defendió este domingo la medida, afir­mando en Fox News que Chi­cago es “una zona de guerra”.

Trump, quien el martes pasado habló de usar el ejér­cito para una “guerra interna”, no da señales de ceder en su campaña de línea dura. “Portland está en llamas. Hay insurrectos por todas partes”, dijo este domingo, sin aportar pruebas de ello. Mike Johnson, presidente republicano de la Cámara de Representantes, se hizo eco de la retórica del presidente declarando en el programa “Meet the Press” de la NBC, también este domingo, que las tropas de la Guardia Nacional desplegadas en Washington, la capital de Estados Unidos, habían acudido a una “zona de guerra literal”.

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