Kabul, Afganistán | AFP. Por Emal HAIDARY / Thomas WATKINS

Cuando hace unos días la experiodista Mena Mangal murió asesinada a tiros en plena calle en Kabul, muchos sospecharon de los talibanes, pero en Afganistán la violencia contra las mujeres es endémica.

La policía priorizó la pista familiar. Estima que el exmarido de Mena Mangal, de 27 años, desempeñó "probablemente" un papel en este crimen cometido por hombres a bordo de una moto. Actualmente se encuentra en paradero desconocido.

El asesinato ha generado una fuerte indignación por la situación de las mujeres afganas, con frecuencia víctimas de acoso, violencia conyugal y sexual y discriminación.

Mangal dejó los platós de televisión hace tres años para convertirse en asesora de la comisión de asuntos religiosos y culturales del parlamento afgano y por lo tanto era bastante conocida.

Tras presentar una demanda por violencia conyugal y amenazas de muerte, logró el divorcio, una carrera de obstáculos para las mujeres de esta república islámica donde las decisiones judiciales tienden a favorecer a los hombres.

Poco antes de su asesinato, Mangal publicó un mensaje en las redes sociales diciendo que la habían amenazado de muerte pero sin precisar quién.

"Desgraciadamente el asesinato de Mena no es el primero", declaró a la AFP Samira Hamidi, militante de Amnistía Internacional en el sur de Asia.

"Muchas mujeres han sido amenazadas, acosadas, secuestradas y finalmente asesinadas (...) Pero no ha habido un mecanismo para investigar el crimer y llevar a sus autores ante la justicia", lamentó.

#StopKillingWomen

Los derechos de las mujeres en Afganistán han mejorado desde la intervención de una coalición internacional liderada por Estados Unidos en 2001 para expulsar al régimen talibán del poder.

Cuando estaban en el poder (1996-2001) los extremistas islamistas les prohibían el acceso a la educación, las confinaban en el hogar y les obligaban a vestir burka (velo integral) en público. Algunas fueron lapidadas tras ser acusadas de adulterio.

Las mujeres entraron en el mercado laboral, sobre todo en las zonas urbanas, y ocupan un cuarto de los escaños del parlamento. Pero los matrimonios forzados, incluso de menores, siguen siendo moneda corriente en el ámbito rural.

En 2015, una mujer conocida como Farkhunda fue golpeada hasta la muerte en Kabul por una turba que la acusó falsamente de blasfemia. Su caso se ha convertido en un símbolo de la violencia endémica a la que se ven sometidas las afganas.

La diputada Shagufa Noorzai publicó en Twitter unos retratos de Mena Mangal, de Farkhunda, de una mujer a la que su marido le cortó la nariz y de una joven secuestrada y asesinada.

"Todos estos crímenes se produjeron sobre todo por el día" en Kabul, escribe con la etiqueta #StopKillingWomen (dejen de matar mujeres).

Mary Akrami, directora de la Red de Mujeres Afganas, estima que la violencia contra las mujeres es común, debido en parte a la "cultura de la impunidad".

"La ausencia de sanciones apropiadas y la corrupción del sistema judicial dieron a los hombres un sentimiento de impunidad", afirma a la AFP.

Las negociaciones de paz entre Estados Unidos y los talibanes ha hecho saltar a la palestra el tema de las mujeres y de sus derechos. Muchas temen que un acuerdo a la ligera las acabe perjudicando.

Un reciente ataque talibán contra una oenegé en Kabul financiada por Estados Unidos avivó la preocupación. Y es que los insurgentes afirmaron haberla atacado porque fomentaba y permitía que hombres y mujeres estuvieran juntos.