Londres, Reino Unido | AFP |

La primera ministra británica, Theresa May, afirmó el jueves que los diputados podrían tener la última palabra sobre la activación del mecanismo destinado a evitar una frontera dura en la isla de Irlanda tras el Brexit, el punto más controvertido de su acuerdo.

El ejecutivo de May enfrenta este jueves el tercero de cinco días de debates en el parlamento sobre el acuerdo de retirada, antes de un histórico voto de ratificación el próximo martes.

Tras dos sesiones muy turbulentas, en las que quedó patente su posición de debilidad, la primera ministra parecía buscar argumentos para que los diputados probrexit, para quienes el acuerdo hace concesiones inaceptables a la UE, cambien de opinión y le den su respaldo.

El tratado de salida de la Unión Europea negociado entre Londres y Bruselas prevé una "red de seguridad" ("backstop" en inglés) que mantendría al Reino Unido en una unión aduanera con la UE y a Irlanda del Norte dentro del mercado único europeo si no se encuentra una solución mejor durante la negociación de la futura relación entre ambas partes.

Este mecanismo choca con una férrea oposición, incluso en las filas del Partido Conservador de May, entre los legisladores que ven en él el peligro de quedar atrapados en la UE indefinidamente.

Decenas de ellos afirmaron así que votarán contra el acuerdo en la sesión de ratificación de 11 de diciembre, lo que sumiría al país en la incertidumbre poco más de tres meses antes de la fecha prevista para el Brexit: el 29 de marzo de 2019.

Backstop

"Se habla del 'backstop' como si fuera automático pero, de hecho, no es automático", dijo Theresa May a la radio pública BBC, haciendo hincapié en la posibilidad de extender el período de transición, inicialmente previsto hasta finales de 2020, para seguir negociando con la UE.

"Para empezar, nadie quiere entrar en el 'backstop'. Y si vamos a utilizarlo, tendremos que tomar una decisión y estoy considerando la cuestión del rol del parlamento en esta decisión", añadió.

May subrayó sin embargo que cualquier acuerdo con Bruselas contendría tal red de seguridad y que, una vez aplicada, el Reino Unido no podría retirarse unilateralmente de ella, sino que requeriría la aprobación de la UE.

Según la prensa británica, May está incluso intentando sofocar la revuelta de los diputados conservadores rebeldes proponiendo que la Cámara de los Comunes pueda votar en contra tanto del “backstop” como de la prórroga del período de transición, de un máximo de dos años según el acuerdo negociado con Bruselas.