Las redes sociales son el vehículo a través del cual ella difunde sus textos y comparte sus sensibilidades, utiliza la declamación y la lectura como excipientes de su búsqueda más profunda: decir su mundo en guaraní.

  • Por Jimmi Peralta
  • Fotos: Gentileza

“Me parece algo muy her­moso poder llegar a la gente con contenido en guaraní y que la gente se emocione, se sienta repre­sentada o sienta como suyas esas palabras, porque muchas veces nos hicieron creer que el guaraní no era para alguien profesional, no era para la lite­ratura, para innovar y que no podía seguir evolucionando en este mundo”, refiere Isa­bel Portillo, poetisa y divul­gadora del guaraní a través de redes sociales. En las últimas semanas ganó mayor notorie­dad por haber compartido un video leyendo una arenga poé­tica a los jugadores de la selec­ción paraguaya de fútbol.

“El guaraní está vivo, por más que incontables veces en la historia fue perseguido, pro­hibido e invisibilizado. El gua­raní está para expresar, desde lo más simple y cotidiano hasta lo más profundo de nuestras emociones y senti­mientos, hechos, poesía u otra creación artística”, agregó.

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Isabel es profesora de Len­gua y Cultura Guaraní, y si bien da clases de ñomongueta guaraníme y ofrece el servi­cio de traducción, su activi­dad laboral no es la docen­cia, ella trabaja dentro de una empresa del rubro turís­tico. “Desde hace un tiempo hago contenido en redes tra­tando de divulgar mis pasio­nes: la poesía y el guaraní. El guaraní fue la segunda len­gua que aprendí, pero desde muy pequeña mi abuela me enseñó a darle importan­cia, a hablarlo. Mi mamá me enseñaba poesías desde niña, aprendíamos juntas, recitábamos juntas”, narra.

OPCIÓN DE VIDA

Es madre de Saite, Sunu y León Sãve’y. Isabel abraza la labor de dar a conocer aquel idioma de su abuela, un desa­fío que fue tomando un prota­gonismo constante y que con el tiempo constituye su pro­pia y espontánea opción vida.

“Creo que el guaraní atra­viesa mi vida mucho más allá de una decisión consciente de divulgarlo. Es una lengua que forma parte de mi identi­dad como mujer, como madre, como paraguaya, de mi histo­ria familiar, de mi manera de entender el mundo y de rela­cionarme con las personas”, explica.

Con una clara cercanía con la lucha y la sensibilidad social, Portillo tuvo a sus padres como formadores en el hábito de la lectura desde muy pequeña, y sintió aque­llas influencias en los gustos y valoraciones, marco en el que cita como ejemplo a los tex­tos de Carmen Soler. Después de la lectura, la escritura vino con los años. Fue su forma de decir en libertar su identidad, su memoria, su territorio y su mundo lingüístico, como el mundo mismo.

EMOCIONAR

“Cuando empecé a hacer estos contenidos, no lo hice para enseñar o mostrar algo ajeno, sino compartiendo auténticamente lo que soy. Y justamente demostrar que el guaraní, aparte de poder ser usado para la comunica­ción cotidiana y los chistes en redes, también puede ser una herramienta para pensar en sus palabras, crear con ellas poesía, emocionar a la gente que se siente representada y construir comunidad”, agregó.

Isabel, quien tiene como pro­yecto latente publicar un libro, recuerda que el guaraní también fue un idioma pro­hibido, una lengua de la ver­güenza, que hoy es explotado muchas veces con cinismo, al igual que se habla de la “garra guaraní” y al mismo tiempo se discrimina y expulsa de su tierras a los pueblos origina­rios vivos

A LA SELECCIÓN

“La iniciativa surge cuando la hija de una amiga me dice que tienen un texto en caste­llano, pero quieren agregarle algo en guaraní. Yo, feliz, le dije que con gusto. Me pasó el texto en castellano y fui escribiendo partes en gua­raní. Y le pasé. Lo que yo no sabía es que iban a leerlo desde la torre de control a la Selec­ción. Al día siguiente, el audio se vuelve viral y todo el país se emociona”, narra Portillo la génesis del texto que terminó siendo viral.

“Entonces, ahí decido com­pletar la poesía, agregar más ideas de lo que me parecía importante hacerles llegar, decirles a nuestros jugadores y al profe Alfaro, y escribo lo que publiqué en mis redes. Me pareció importante decirles que no se olviden de su gente, de su mamá, de su papá, que estuvieron con ellos desde el comienzo, de la familia que siempre creyó en ellos cuando ya nadie creía”, explica.

El texto de Portillo, pensado para los deportistas, también se transformó para muchos en una propia invitación a con­fortar el desafío diario, desde su historia propia y su respon­sabilidad con los otros. “No hay nada más hermoso que una paraguaya o paraguayo que se emociona por escuchar su lengua e identificarse con las palabras. Creo que en este mundo de la globalización, del envase y donde el contenido no importa, es súper valioso cuando el idioma deja de ser solo un canal de comunica­ción y se vuelve una expe­riencia afectiva, un abrazo de identidad, estés donde estés”, expresó.

Ella no se define como experta en el fútbol, aunque confiesa que es cerrista, y considera que este deporte es un fenó­meno cultural muy signifi­cativo para el Paraguay. “No puedo evitar hacer un para­lelismo implorando que ojalá esa cantidad de personas nos uniéramos para buscar cambiar nuestro país, que sin importar los colores busque­mos sacar a quienes desan­gran al país y se enriquecen a costa del sufrimiento del pue­blo”, concluyó.

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