El Instituto Paraguayo de Artesanía puso en marcha una campaña que insta a elegir productos hechos por manos paraguayas para agasajar al ser amado.
Al regalar artesanía, no solo se expresa afecto, sino que se apoya el trabajo de los artesanos paraguayos, ayudando a fortalecer nuestra cultura”, argumenta la campaña que puso en marcha el Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA) con motivo del Día de los Enamorados, festividad que se celebra cada 14 de febrero.
El objetivo específico tiene que ver con la promoción del consumo consciente, además de incrementar la visibilidad y la compra de artesanías nacionales como opción de regalo para el Día de San Valentín, facilitando el acceso del público a productos artesanales y posicionarlos como obsequios con valor afectivo, cultural y económico.
HISTORIA E IDENTIDAD
La institución resalta que cada pieza guarda historia, identidad y dedicación. “El Día de los Enamorados concentra una alta intención de compra, y desde el Instituto Paraguayo de Artesanía queremos proponer la campaña para que los enamorados puedan acceder y optar por obsequios con historia e identidad, valorando el trabajo humano que trae cada pieza”, señalan.
Promover “regalar artesanías con amor” no es solo una estrategia comercial, aclaran desde el IPA, “sino una acción de sensibilización cultural, porque permite conectar el gesto afectivo del regalo con el reconocimiento al oficio artesanal”. Al mismo tiempo, se fortalece la economía de los artesanos, y se amplían los canales de comercialización en una fecha clave.
Además, al facilitar el acceso a la compra con información clara, puntos de venta, plataformas y narrativas cercanas, se reduce una barrera frecuente: la percepción de que la artesanía es difícil de conseguir o que es solo decorativa. “La campaña corrige ese sesgo y reposiciona la artesanía como un regalo contemporáneo, significativo y sostenible”. Más detalles en la página web del IPA/ artesania.gov.py.
Hoy, feria de artesanas y productoras en Plaza Italia
La tradicional feria de la Red Agroecológica convoca hoy a una nueva cita en la Plaza Italia de Asunción (Ygatimí entre 14 de Mayo y 15 de Agosto), de 8:00 a 14:00.
En este marco, a partir de las 10:00, se celebrará el evento “Kuña Jotopa Mbarete”, un encuentro de artesanas y productoras de distintos puntos del país, para el fortalecimiento de la economía popular y solidaria.
El público podrá encontrar en el lugar productos de huertas y granjas, panes, salsas, yogures, kombucha, conservas y artesanías, todo directo de productores y creadoras.
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“Lalka”: la película más cara del cine polaco costó USD 22 millones y arrasa en taquilla
- Por David Sánchez, desde Varsovia (Polonia), X: @tegustamuchoelc (*).
La adaptación de una de las novelas más importantes de Polonia reúne a tres generaciones de grandes actores, recupera a Marek Kondrat tras casi dos décadas de retiro y reconstruye la Varsovia del siglo XIX. Su productor, Radosław Drabik, y su director, Maciej Kawalski, cuentan cómo convirtieron un clásico literario en un fenómeno de público.
Durante la pandemia en Varsovia, mientras los cines permanecían cerrados y las plataformas de streaming ganaban terreno, el productor polaco Radosław Drabik comenzó a imaginar una película capaz de devolver al público a las salas. «Echaba muchísimo de menos la gran pantalla», recuerda en una entrevista en Varsovia. Había trabajado en producciones para plataformas y reconocía su importancia para la industria, pero quería recuperar la experiencia colectiva del cine. «Mi sueño era hacer algo que llevara de nuevo a la gente a los cines», explica.
Su apuesta fue Lalka (La muñeca), la adaptación de la novela de Bolesław Prus, uno de los grandes clásicos de la literatura polaca. El proyecto, dirigido por Maciej Kawalski, alcanzó un presupuesto bruto que Drabik sitúa en hasta 20 millones de euros, unos 22 millones de dólares como equivalencia aproximada. «Es una de las películas más caras realizadas en Polonia», afirma. Y añade un dato que resume el resultado de su apuesta: «Después de 12 días en los cines, hemos vendido 1,4 millones de entradas».
La película llega en un momento de intensa actividad cultural en Varsovia, aunque no participa en el Festival de Varsovia. Drabik conoce bien el certamen, al que patrocinó durante aproximadamente nueve años. «Esta es mi ciudad. Este año no formo parte del Festival de Varsovia, pero soy un gran admirador», aclara.
Un clásico que pertenece a todo un país
Publicada entre 1887 y 1889, Lalka ocupa un lugar central en la cultura polaca, comparable por su importancia simbólica al de Don Quijote de la Mancha en España o Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, en Colombia. No se trata de historias semejantes, sino de obras que han acompañado a generaciones de lectores y forman parte de la identidad de sus países.
La novela sigue a Stanisław Wokulski, un comerciante enriquecido que se enamora de Izabela Łęcka, una joven aristócrata. A través de esa relación, Prus retrata las desigualdades sociales, las ambiciones y los prejuicios de la Varsovia del siglo XIX. Para Kawalski, su vigencia reside en emociones que trascienden las fronteras: «Es una historia sobre la pertenencia, sobre encontrar tu propio valor, sobre sentir que te falta algo y querer demostrar quién eres mediante algún logro externo».
El director insiste en que, detrás de los vestidos de época y las diferencias sociales, hay una inquietud profundamente humana. «Todos anhelamos sentirnos completos», sostiene. Esa es, a su juicio, la razón por la que la historia puede conmover también a quienes nunca han leído la novela.
Marek Kondrat, el regreso de una leyenda
Para trasladar ese universo al cine, Drabik reunió a algunos de los nombres más reconocidos de la interpretación polaca. Marcin Dorociński encarna a Wokulski y Kamila Urzędowska interpreta a Izabela Łęcka. También participan figuras como Agata Kulesza y Andrzej Seweryn. «Reuní a los 30 principales actores polacos, de tres generaciones», asegura el productor, quien destaca que algunas estrellas aceptaron trabajar apenas uno o dos días para formar parte del proyecto.
La incorporación más llamativa fue la de Marek Kondrat, que regresó a la interpretación para encarnar a Ignacy Rzecki. «Nuestra guinda del pastel fue Marek Kondrat, uno de los actores polacos más importantes, que regresó solo para esta película después de 18 años de retiro», afirma Drabik. Esa es la cifra que ofrece el productor en la entrevista; otras informaciones sitúan su ausencia de la gran pantalla en unos 16 años.
Kawalski reconoce que dirigir a tantas figuras consagradas suponía una responsabilidad extraordinaria. «Fue un gran honor y, muchas veces, una experiencia de alegría y gratitud», recuerda. La convivencia de tantas personalidades también planteaba interrogantes: «Tienes ese miedo: tantos grandes nombres, tantos egos, ¿chocarán? ¿Habrá una gran pelea?». Finalmente, asegura, prevaleció el trabajo colectivo: «Tuvimos algunas situaciones tensas, pero cada vez fue la película la que ganó».
Reconstruir la Varsovia del siglo XIX
La ambición de Lalka también se refleja en sus escenarios. El equipo transformó calles de Varsovia para recrear la ciudad del siglo XIX y construyó un edificio destinado a albergar la tienda de Wokulski. La propuesta surgió del director de fotografía Piotr Sobociński Jr. «Fue una idea bastante loca de nuestro director de fotografía», recuerda Drabik. La intención era disponer de un espacio que permitiera filmar en 360 grados.
La operación exigió una compleja coordinación con las autoridades locales. «Cerramos todas las cafeterías, todas las galerías, y las transformamos», explica el productor. Los trabajos de preparación duraron aproximadamente dos meses y una de las principales calles permaneció cerrada durante dos semanas. «Decidimos hacerlo para crear ese mundo, no para rodarlo en un estudio», añade. La producción también confeccionó cientos de prendas a medida para sus protagonistas.
El médico que eligió el cine
La trayectoria de Maciej Kawalski es tan singular como el proyecto que dirige. Estudió simultáneamente Medicina y Dirección Cinematográfica en Katowice, hasta que llegó el momento de elegir una profesión. «Me di cuenta de que estar en el hospital me agotaba. Era una experiencia difícil. Y pasar una noche en un rodaje me daba energía», recuerda. «Elegí lo que me daba energía en lugar de lo que me la quitaba».
Uno de sus antiguos profesores de Medicina nunca comprendió aquella decisión. Sin embargo, después de ver Lalka, le hizo llegar un mensaje a través de su hijo: «Por fin creo que tomaste una buena decisión». El reconocimiento llegó más de una década después de que Kawalski abandonara su camino hacia la medicina.
El director admite que adaptar una obra tan querida también le produjo temor. «En cierto momento fue un miedo paralizante a cometer un error», confiesa. Para afrontar el rodaje recurrió al trabajo en equipo, que compara con una carrera ciclista: «En el Tour de Francia no gana la persona que está más agotada, sino la que trabaja mejor en equipo».
Cinco horas de película y una posible serie
El primer montaje de Lalka superaba las cinco horas. Reducirlo significó eliminar historias completas de personajes secundarios, una decisión que Kawalski recuerda como especialmente difícil. «Rodamos mucho más material del que entró en el montaje final», explica. «Creo que podría haber suficiente material para una serie muy satisfactoria», añade, aunque no confirma que exista un proyecto en marcha.
El proceso de edición dejó una paradoja: «A partir de cierto momento, cuanto más corta hacíamos la película, más larga le parecía al público». Según el director, añadir matices y profundidad emocional ayudó a que la historia resultara más absorbente.
Volver al cine después de diez años
Para Drabik, el éxito de Lalka no se mide únicamente en entradas vendidas. Le emociona especialmente la presencia de estudiantes y espectadores mayores que habían abandonado las salas. «Personas de más de 60 años, que no van demasiado al cine, incluso en ciudades pequeñas, deciden volver, a veces por primera vez después de ocho o diez años», cuenta. «Es maravilloso ver los cines llenos. Esa era nuestra misión».
Por eso, cuando le preguntan por los Oscar o los grandes festivales, el productor responde sin rodeos: «No estamos centrados en los festivales, para ser sincero. Nuestra misión era hacer algo para el público polaco». Kawalski comparte esa mirada y reivindica la capacidad del cine para conectar emociones: «En un mundo cada vez más dividido, creo que el cine tiene un papel importante para unirnos».
Esa es la apuesta de Lalka: demostrar que una novela escrita hace casi 140 años todavía puede reunir a distintas generaciones frente a una pantalla. Y que, incluso en tiempos de plataformas y consumo individual, una gran historia conserva el poder de llenar una sala.
Nota de verificación: Esta versión incorpora más citas traducidas directamente de la transcripción original de tus entrevistas. Todas las declaraciones de Drabik y Kawalski están atribuidas por separado. Se han evitado las frases entrecomilladas que no aparecían en la fuente; las citas están traducidas del inglés y algunas se han recortado sin alterar su sentido. Las cifras de presupuesto, espectadores y retiro de Kondrat se presentan como declaraciones del productor, no como datos comprobados independientemente. La transcripción es automática, por lo que una verificación palabra por palabra exigiría escuchar el audio.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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De los Óscar estudiantiles a Varsovia: joven cineasta estrena “Kamathipura Express”
- Por David Sánchez, desde Varsovia (Polonia), X: @tegustamuchoelc (*).
Leon Korzyński presenta Kamathipura Express en el certamen de la capital polaca tras conquistar el bronce de los Student Academy Awards. El cineasta, que rodó su película en la India, recuerda las dificultades de la producción y cómo el rechazo de una prestigiosa escuela de cine terminó impulsando su carrera.
Hay premios que se celebran con champán y otros que dejan un inesperado regusto a derrota. Es lo que le ocurrió al polaco Leon Korzyński cuando supo que Kamathipura Express había conseguido el bronce en los Student Academy Awards de 2026, los conocidos como Óscar estudiantiles. El cortometraje, rodado en la India, llega ahora al 42.º Festival Internacional de Cine de Varsovia, donde participa en la sección Best Shorts from Poland, dedicada a las producciones nacionales.
«Cuando me enteré de que había quedado tercero, no estaba especialmente contento. Incluso cuando estás entre los tres mejores, puedes sentirte un fracasado, porque has perdido la competición», confiesa durante una entrevista en el festival. Su reacción sorprende ante la magnitud del reconocimiento: la competición recibió 2.972 películas procedentes de 894 instituciones educativas de todo el mundo. «Fue un camino muy duro. Tuve muchos problemas durante el proceso y me costó valorar el premio», recuerda.
Una promesa infantil convertida en película
Kamathipura Express narra la historia de Osa, un joven polaco interpretado por Oskar Karos que vive en Bombay y conoce a Sapna, una bailarina encarnada por Mia Paul. Cuando el padre de la muchacha intenta venderla a una red de prostitución, ambos emprenden una huida desesperada. El cortometraje, en cuyo reparto también figura el actor indio Vipin Sharma, aborda la libertad, el amor y las desigualdades sociales.
La elección de Bombay responde a una fascinación que Korzyński arrastra desde niño. «La primera vez que fui tenía unos diez años. Viajé con mis padres y ya entonces supe que algún día haría una película allí». La ciudad le pareció «otro planeta» y despertó su interés por una cultura que años después convertiría en escenario cinematográfico.
Encontrar a los intérpretes fue uno de los mayores desafíos. «Yo estaba en Polonia y tenía que buscar actores en la India», explica. Para localizar a la protagonista recurrió a una cadena de contactos que comenzó con una maquilladora conocida durante un rodaje publicitario en Varsovia. Tras mes y medio de búsqueda encontró a la actriz adecuada. El rodaje dejó además una sorpresa: los dos protagonistas se enamoraron realmente. «Se conocieron durante el rodaje y terminaron juntos», cuenta.
La escuela que lo rechazó y la que lo llevó a Hollywood
Antes de alcanzar este reconocimiento, Korzyński había intentado ingresar en la prestigiosa Escuela de Cine de Łódź, donde estudiaron figuras como Andrzej Wajda, Roman Polański y Krzysztof Kieślowski. No fue admitido y terminó matriculándose en la Warsaw Film School, fundada en 2004 por Maciej Ślesicki y Bogusław Linda.
«Cuando vas a la Escuela de Cine de Varsovia, puedes sentirte inferior a los demás. Sientes que tienes que demostrar algo. Creo que eso me motivó», reconoce. Aquella decepción terminó convirtiéndose en una oportunidad. «Ahora sé que no habría podido hacer una película en la India si hubiera entrado en Łódź. Estoy muy agradecido a la escuela de Varsovia».
El premio supone también un hito para una institución que, pese a no tener la tradición de Łódź, ha conseguido su primer Student Academy Award. Su creciente proyección internacional cuenta con figuras como Artur Zaborski, crítico cinematográfico, profesor, miembro votante de los Globos de Oro y vicerrector de Cooperación Internacional, cuya labor contribuye a fortalecer los vínculos de la escuela con la industria y los festivales.
Korzyński destaca especialmente la disciplina adquirida durante su formación. «Me enseñaron una ética de trabajo y cuánto esfuerzo hay que dedicar a un proyecto para conseguir terminarlo», asegura.
Del Óscar estudiantil al largometraje
El director reconoce que el rodaje en Bombay fue demasiado ambicioso y obligó a eliminar escenas. «La película final es un poco diferente del guion original», admite. Ahora prepara su trabajo de graduación, una historia sobre dos amigos que afrontan su separación al terminar el instituto, financiada por la escuela y dos productoras polacas.
Pero su verdadera aspiración es dirigir un largometraje, posiblemente una versión ampliada de Kamathipura Express. «No se trata de ganar premios. Quiero demostrar a los productores que soy capaz de hacer una película larga».
La conversación termina con una curiosidad: ¿dónde guarda su Óscar estudiantil? «La verdad es que no tengo ni idea. Creo que está en la escuela», responde. El joven rechazado por Łódź ha conseguido un premio histórico para Varsovia, pero parece más interesado en las películas que todavía quiere rodar que en la estatuilla que ya ha ganado.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Crítica: “Kamathipura Express”, un relato impactante que deja huella
- Por David Sánchez, desde Varsovia (Polonia), X: @tegustamuchoelc (*).
Leon Korzyński demuestra con su cortometraje, ganador del bronce en los Student Academy Awards —los Óscar estudiantiles—, una sorprendente madurez cinematográfica. Las interpretaciones, la tensión y un desenlace contundente compensan una narración que, por momentos, necesitaba respirar un poco más.
Hay cortometrajes estudiantiles rodados en lugares exóticos que parecen más un recuerdo de vacaciones que una verdadera película. El director aprovecha un viaje, reúne a unos cuantos conocidos y utiliza los paisajes como principal atractivo. Por eso, cuando Kamathipura Express nos traslada a la India, surge inevitablemente cierta desconfianza. Sin embargo, bastan unas escenas para comprobar que Leon Korzyński juega en otra liga. Su película no solo aprovecha los escenarios de Bombay, sino que consigue integrarlos en una narración de notable calidad técnica, con una puesta en escena que rara vez parece propia de un estudiante de segundo año.
La primera gran sorpresa está en los actores. Sus interpretaciones tienen una naturalidad y una seguridad poco habituales en este tipo de producciones. No parecen intérpretes ocasionales elegidos por encontrarse cerca del rodaje, sino profesionales cuidadosamente seleccionados. Y ahí está una de las claves: detrás hubo un proceso de casting exigente, con una búsqueda que se extendió durante semanas. Se nota especialmente en los secundarios, capaces de transmitir mucho con apariciones breves. La dirección de actores es, sin duda, uno de los mayores aciertos del cortometraje.
Pero donde Kamathipura Express demuestra mayor inteligencia es en su manera de contar los conflictos familiares. Korzyński evita las explicaciones innecesarias y confía en pequeños detalles, silencios y llamadas telefónicas para construir la relación entre el protagonista y su padre, que permanece en Polonia. No necesita recurrir a grandes discusiones para hacernos comprender que existe una herida anterior. La información llega poco a poco, casi de manera inadvertida, hasta que una conversación en la que el padre reprocha a su hijo que solo lo llame para pedir dinero adquiere un peso emocional considerable.
Lo interesante es que la película no se conforma con esa primera impresión. La actitud posterior del padre introduce matices que obligan a reconsiderar el conflicto. Hay una sensibilidad especial en esa forma de retratar las relaciones familiares, donde el afecto y el resentimiento pueden convivir sin necesidad de verbalizarse constantemente. Esa misma voluntad de comprender distintas perspectivas aparece incluso en los personajes más desagradables, a quienes el director concede cierta complejidad sin pretender justificar sus comportamientos.
En el fondo, la película habla de algo bastante universal: el deseo de abandonar una vida que otros han decidido por nosotros. El protagonista busca escapar de la monotonía, de las expectativas familiares y de un futuro que no termina de sentir como propio. La India funciona así como algo más que un escenario llamativo: representa la posibilidad de empezar de nuevo, aunque esa libertad tenga consecuencias. Es una idea atractiva, desarrollada con suficiente sutileza como para no convertirse en un discurso sobre la necesidad de seguir nuestros sueños.
Donde la película pierde fuerza es en el ritmo. Algunas secuencias irrumpen con demasiada brusquedad y determinadas situaciones parecen necesitar unos segundos adicionales para asentarse. No es tanto un problema de duración como de transiciones: faltan momentos que conecten emocionalmente unas escenas con otras. Unos minutos más habrían permitido desarrollar ciertos conflictos sin sacrificar la tensión. Korzyński ha reconocido que durante el rodaje tuvo que eliminar escenas del guion original, y esa circunstancia podría explicar algunas de estas irregularidades.
Tampoco termina de convencer del todo la relación sentimental. Aunque Oskar Karos y Mia Paul funcionan bien individualmente, entre sus personajes se percibe cierta frialdad que dificulta implicarse plenamente en su historia de amor. Resulta especialmente curioso saber que ambos actores comenzaron una relación real durante el rodaje. La química, al parecer, existía fuera de cámara, aunque no siempre consiga atravesar la pantalla. Es una debilidad importante, porque buena parte de las decisiones de los protagonistas dependen precisamente de la intensidad de ese vínculo.
Aun así, Kamathipura Express posee una virtud que no se aprende fácilmente en una escuela: sabe mantener al espectador atrapado. Su puesta en escena transmite urgencia y la fotografía aprovecha la ciudad sin convertirla en una sucesión de postales turísticas. Y cuando llega el desenlace, Korzyński toma una decisión que recuerda a la contundencia narrativa de Rodrigo Sorogoyen. Es un final incómodo, que quizá podría haberse resuelto de otra manera, pero que consigue algo fundamental: impedir que olvidemos la película nada más terminarla.
El bronce conseguido en los Óscar estudiantiles parece, por tanto, más que justificado. No estamos ante un cortometraje perfecto, pero sí ante una obra con personalidad, ambición y una capacidad poco común para permanecer en la memoria. Korzyński ha expresado su deseo de convertir esta historia en un largometraje. Ojalá lo consiga, porque sus personajes necesitan algo más de tiempo y su director ha demostrado que tiene mucho que contar.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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El actor chino Huang Bo impulsa “Suzhou Quartet”, filme de pantalla cuádruple en Varsovia
- Por David Sánchez, desde Varsovia (Polonia), X: @tegustamuchoelc (*).
El actor y productor ejecutivo chino presenta en el Festival Internacional de Cine de Varsovia “Suzhou Quartet”, una película de Cai Chengjie que divide la pantalla en cuatro para recorrer las etapas de la vida. El intérprete reflexiona sobre la experimentación cinematográfica, el crecimiento del cine chino y su apuesta por nuevos directores.
El cine suele decidir dónde debe mirar el espectador. “Suzhou Quarte”t, dirigida por Cai Chengjie y presentada en la competición internacional del Festival de Cine de Varsovia, propone lo contrario: dividir la pantalla en cuatro imágenes simultáneas y dejar que el público elija. Cada una representa una etapa de la existencia —infancia, juventud, madurez y vejez— dentro de una narración que transcurre en la histórica ciudad china de Suzhou.
Para Huang Bo, uno de los actores más populares de China y productor ejecutivo de la película, esa estructura fue el principal atractivo del proyecto. «Lo más interesante fue la oportunidad de retratar una vida humana completa, desde el principio hasta el final. Era algo que nunca habíamos intentado», explica.
Las cuatro historias avanzan simultáneamente, obligando al espectador a seleccionar qué personajes seguir. «En cada etapa de la vida nos enfrentamos a dificultades diferentes y las afrontamos de distintas maneras», señala el intérprete.
La propuesta también exigió modificar su forma de trabajar. El rodaje requirió numerosos ensayos y lecturas del guion para coordinar acontecimientos que ocurren al mismo tiempo. «Como actor, tenía que ser consciente de lo que sucedía en los otros encuadres. A veces necesitaba dejar espacio para una emoción o una acción que tenía lugar en otra parte de la pantalla».
La tradición china como lenguaje cinematográfico
Aunque su estructura parece una experimentación contemporánea, Suzhou Quartet encuentra inspiración en la pintura tradicional china. Sus cuatro imágenes recuerdan los biombos clásicos y los rollos pictóricos, mientras que su composición incorpora el concepto de liubai, que consiste en dejar espacios vacíos para estimular la imaginación.
«En la pintura tradicional china, los artistas dejan espacios en blanco para que los espectadores aporten sus propias interpretaciones y sentimientos. Hemos aplicado ese mismo principio a la película», explica Huang Bo.
El actor espera que esta estética conecte con el público europeo sin necesidad de explicaciones culturales. «Es suficiente con que los espectadores puedan sentir lo que intentamos expresar», afirma. Recuerda que, cuando la pintura europea comenzó a conocerse en China, sus códigos resultaban desconocidos, pero eso no impedía apreciar su belleza.
La selección en Varsovia representa, por tanto, una oportunidad para acercar otras formas de expresión cinematográfica a espectadores internacionales.
Un productor que apuesta por nuevos directores
La implicación de Huang Bo va más allá de la interpretación. Hace aproximadamente una década creó HB+U, una iniciativa destinada a descubrir y apoyar a cineastas emergentes.
«Durante estos diez años hemos colaborado con varios nuevos directores para ayudarles a convertir sus ideas audaces e imaginativas en películas», explica. El programa ha explorado diferentes géneros y estilos, con especial interés por proyectos que buscan caminos narrativos poco convencionales.
S uz hou Quartet encaja en esa filosofía. «Es muy diferente de los otros proyectos en los que hemos participado. Tiene una forma particular y me emocionó profundamente desde que el director presentó su visión creativa», recuerda.
Huang Bo también ha sido testigo de la transformación de la industria cinematográfica china. Destaca el crecimiento de la producción, la diversidad de géneros y los avances técnicos e interpretativos. Sin embargo, considera necesario que ese desarrollo vaya acompañado de una mayor presencia internacional.
Más allá de la comedia
Aunque buena parte de su popularidad procede de la comedia, Huang Bo lleva años explorando otros registros. «Creo que el humor es una de las mejores maneras de comunicarse con otras personas», afirma. Pero no quiere quedar limitado a un género.
Su criterio para elegir personajes tampoco depende de su profesión o características externas. «No importa si el personaje es un profesor o un soldado. Lo importante es la emoción que lleva consigo y la historia que se cuenta».
Su aspiración es encontrar papeles capaces de transformar su perspectiva. «Quiero interpretar un personaje que me permita salir de mí mismo, casi como si abandonara mi cuerpo y observara las cosas desde otro punto de vista».
Esa búsqueda encuentra un reflejo en Suzhou Quartet. La película no solo recorre cuatro edades de la vida: también cuestiona la manera habitual de observar una historia. En Varsovia, Huang Bo presenta así una obra que combina tradición, experimentación y emoción, convencido de que el cine todavía puede descubrir nuevas formas de mirar.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.