Presentaciones, lanzamientos, una obra de teatro, charlas, talleres y música se destacan en el programa.
La Feria Internacional del Libro de Asunción 2025 festeja su último fin de semana con un programa cargado de actividades culturales y de esparcimiento, en el Centro de Convenciones Mariscal, en J. Eulogio Estigarribia entre San Roque González y Charles de Gaulle.
Presentaciones, lanzamientos, una obra de teatro, charlas, talleres y música son las propuestas que se incluyen en el programa a desarrollarse entre hoy, de 9:00 a 22:00, y mañana de 11:00 a 21:00.
Para las 10:00 se anuncia la presentación del libro “Dibujos secretos del Paraguay” de Roberto Goiriz, a las 14:00 Melitta Santos ofrecerá una puesta del cuentacuentos narrando “José, nuestro lugar en el mundo”, a las 15:00 se presentará “Las huellas de López” de Juan de Manade y Marcos Ybáñez, a las 16:00 se proyectará la película “Todos hablan sobre el tiempo”, en ese mismo horario Milia Gayoso-Manzur presentará “Llévame contigo: una historia de Nicolasito”, de Natalia Giadina.
NOCHE MEXICANA
Las actividades nocturnas arrancarán a las 19:00 con la presentación cultural de México a través de música, artesanía y una feria gastronómica del país.
Además, se anuncia para las 19:00 la presentación de “Pequeño tesoro de la literatura japonesa”, a las 20:00 “Mi ciudad lejana” de Diana Mendoza; a las 21:00 Antonio Pecci hablará sobre “Nuevos aportes a la guarania”, y la jornada cerrará con la presentación de “Entre todos 10”, a las 21:00.
Para mañana, en su jornada de cierre, la Feria Internacional del Libro prevé la puesta teatral “Agua para todos. El río dejó de llorar”, a cargo del grupo Pire Porã, y en último horario, a las 19:00, se desarrollarán tres actividades: la presentación del libro “Periodismo y libre expresión bajo fuego de la narcocracia”, la proyección de “Video Haiku” de Lucy Yegros, y el conversatorio entre el PEN Paraguay y el PEN Argentina.
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Crítica de “The Guest” en el Festival de Karlovy Vary
- Por David Sánchez, desde Karlovy Vary (República Checa), X: @tegustamuchoelc (*).
En el panorama del cine europeo contemporáneo, hay una tendencia cada vez más clara a desplazar el conflicto desde la acción hacia la percepción: ya no se trata tanto de “qué ocurre”, sino de cómo lo cotidiano se vuelve inestable cuando se altera el punto de vista. The Guest se inscribe de lleno en esa línea, trabajando la incomodidad como una forma de lenguaje más que como un efecto dramático puntual.
La película construye su tensión desde espacios reconocibles —la casa, el entorno familiar, los encuentros sociales, incluso escenas tan aparentemente neutras como una comida en un restaurante— para ir erosionando progresivamente la sensación de normalidad. Lo interesante es que no recurre a grandes giros ni a eventos espectaculares: el malestar se produce por acumulación, por pequeñas desviaciones de conducta que, sumadas, acaban alterando la estabilidad de todo el sistema.
En ese contexto, el film dialoga con una tradición muy concreta del cine escandinavo, donde lo cotidiano nunca es del todo inocente. Desde el legado del Dogme 95 —con películas como The Idiots— hasta propuestas más recientes como The Square, existe una preocupación constante por la fricción entre normas sociales implícitas y su posible ruptura. La incomodidad no surge del exceso, sino del detalle fuera de lugar.
The Guest recoge esa herencia, pero la desplaza hacia un terreno más íntimo y psicológico. La tensión no es únicamente social o conceptual; es también emocional, sostenida en la interacción entre personajes que parecen operar bajo códigos distintos de lectura del mundo. En ese sentido, el entorno familiar —especialmente la figura de la madre y su estructura de control alrededor del bebé— funciona como un sistema de orden cerrado, casi autoimpuesto, donde cualquier desviación se percibe como amenaza.
Frente a ese marco, la película introduce una presencia que no encaja del todo, pero que tampoco puede ser expulsada fácilmente. Y es precisamente ahí donde el film empieza a adquirir una densidad distinta: en la imposibilidad de resolver esa fricción en términos claros. La tensión se vuelve estructural, no episódica.
Pero hay un punto en el que esa arquitectura formal deja de ser suficiente para explicar lo que ocurre en pantalla. Porque hay interpretaciones que no solo sostienen una película: la reescriben desde dentro. Y en este caso, ese fenómeno es especialmente evidente con Trine Dyrholm.
Su aparición en escena no funciona como una simple incorporación de personaje, sino como una alteración inmediata del registro del film. A partir de su presencia, el sistema de equilibrio que la película había ido construyendo empieza a oscilar con otra intensidad. No porque el personaje sea explícitamente disruptivo en términos narrativos, sino porque la forma en que está interpretado introduce una lógica distinta de comportamiento.
El trabajo de Dyrholm es particularmente interesante porque evita cualquier reducción fácil a categorías psicológicas. No hay una construcción lineal de la “locura” ni una intención de explicar el comportamiento desde parámetros clínicos o dramáticos convencionales. Lo que aparece es algo mucho más inestable: una forma de existencia que parece desplazarse entre estados sin fijarse del todo en ninguno.
En términos de actuación, esto se traduce en una gestión extremadamente precisa del ritmo. Hay aceleraciones repentinas en el habla, cortes de energía, silencios que no funcionan como pausa narrativa sino como suspensión de sentido. Su personaje no “expresa” emociones de forma tradicional: las reorganiza en tiempo real, generando la sensación de que la escena nunca termina de asentarse.
Ese efecto tiene un impacto directo en la puesta en escena. La cámara, que en otros momentos del film puede parecer relativamente estable, empieza a registrar una tensión distinta cuando ella está presente. No es un cambio formal explícito, pero sí perceptible: los encuadres parecen menos seguros, como si el espacio mismo perdiera consistencia.
En este punto, resulta inevitable establecer un paralelo con The Square, especialmente en lo relativo a la construcción de tensión dentro de lo cotidiano. En ambas películas, el restaurante, la conversación trivial o la interacción social mínima se convierten en escenarios de fricción. Sin embargo, mientras en Östlund la incomodidad tiende a adoptar una dimensión más conceptual o satírica, en The Guest adquiere una textura más ambigua y emocional, en gran parte gracias a la interpretación de Dyrholm.
Lo que ella introduce es una forma de incertidumbre afectiva. El espectador no sabe exactamente cómo posicionarse frente al personaje: puede resultar perturbador en un momento y extrañamente magnético en el siguiente. Esa ambivalencia no está resuelta ni dirigida; emerge de una actuación que se niega a estabilizar su propio significado.
Hay también un trabajo físico muy específico. Dyrholm alterna entre ocupaciones muy intensas del espacio —donde su presencia parece dominar el encuadre— y momentos de repliegue casi abrupto, como si el cuerpo dejara de responder a una lógica coherente de continuidad. Esa oscilación produce una sensación constante de imprevisibilidad, que afecta directamente a la lectura de las escenas.
En relación con la herencia del cine escandinavo, este tipo de construcción no es completamente ajeno. El legado del Dogme 95 ya planteaba la idea de reducir mediaciones y exponer la fragilidad de lo social en su forma más directa. Aunque The Guest no se adscribe formalmente a esos principios, sí conserva su espíritu en la forma en que evita suavizar la incomodidad.
La diferencia es que aquí la incomodidad no depende únicamente de la situación, sino de la persona que la atraviesa. Y en ese sentido, el personaje interpretado por Dyrholm no funciona solo como catalizador del conflicto, sino como agente de redefinición del propio marco narrativo.
Incluso las escenas más aparentemente cotidianas —una conversación banal, un intercambio doméstico, una espera— se ven alteradas por su presencia. No porque ocurra algo extraordinario, sino porque la lógica interna de la escena deja de ser estable. El resultado es un estado de tensión sostenida que no busca resolución inmediata.
Es en este punto donde su interpretación adquiere una dimensión casi estructural dentro del film. No se limita a representar un tipo de personaje: introduce una forma distinta de organizar la realidad cinematográfica. La película, en cierto modo, se adapta a ella.
Y esto es lo que acaba definiendo la experiencia de The Guest: un equilibrio inestable entre un dispositivo formal muy consciente de la tradición escandinava de la incomodidad —desde The Square hasta la estela del Dogme 95— y una interpretación central que desborda cualquier intento de encaje.
En última instancia, Trine Dyrholm no solo interpreta un personaje dentro de la película. Su trabajo redefine el tipo de película que estamos viendo en cada escena.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Bajo las murallas de Carcasona, Ludovico Einaudi convierte el silencio en un acontecimiento
El compositor italiano inaugura el mes de julio en el Festival de Carcassonne con un concierto agotado en el Théâtre Jean-Deschamps, donde el minimalismo encontró un escenario tan monumental como íntimo.
- Por David Sánchez, desde Carcasona (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
Hay conciertos que dependen del espectáculo. Otros, del repertorio. Y unos pocos consiguen algo más difícil: que miles de personas permanezcan en un silencio absoluto. Eso ocurrió este miércoles en el Théâtre Jean-Deschamps, el auditorio al aire libre encajado entre las murallas de la ciudad medieval de Carcasona, donde Ludovico Einaudi ofreció uno de los recitales más esperados del Festival de Carcassonne.
El cartel de “completo” llevaba semanas colgado. A las 21.45 horas, con unos quince minutos de retraso sobre el horario previsto, el pianista italiano apareció sobre un escenario desnudo, acompañado por su conjunto habitual. No necesitó grandes artificios para captar la atención de un público entregado desde la primera nota. Bastó un piano, una iluminación cuidadosamente diseñada y un repertorio construido a partir de esa mezcla tan reconocible de repetición, emoción contenida y melodías que parecen suspendidas en el tiempo.
No es casual que Einaudi sea hoy uno de los compositores vivos más escuchados del planeta. Con más de dos décadas de carrera internacional, miles de millones de reproducciones en plataformas digitales y teatros agotados en Europa, América y Asia, el músico turinés ha conseguido algo excepcional: sacar la música instrumental del circuito estrictamente clásico para convertirla en un fenómeno de masas. Su obra ha llegado a millones de personas gracias al cine y la televisión. Sus composiciones forman parte de bandas sonoras de películas como Intocable (2011), el éxito francés que dio la vuelta al mundo; Nomadland, de Chloé Zhao, ganadora del Óscar a la mejor película; The Father, protagonizada por Anthony Hopkins; This Is England, de Shane Meadows; o Insidious, entre otras producciones. A ello se suman numerosos documentales, anuncios y series que han convertido piezas como Nuvole Bianche, Experience o Una Mattina en auténticos himnos contemporáneos.
El concierto formaba parte de la gira internacional de The Summer Portraits, el álbum publicado en 2025 con el que Einaudi continúa explorando ese territorio donde la música clásica dialoga con el cine, el pop ambiental y la electrónica más sutil. Tras Carcasona, el músico continuará una gira que recorrerá Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania, Reino Unido y Norteamérica, consolidando una presencia internacional que pocos compositores europeos contemporáneos pueden igualar.
La estructura del recital fue sencilla y eficaz. Tras un primer bloque con toda la formación, Einaudi permaneció solo al piano durante varias piezas, en algunos de los momentos más intensos de la noche. Más adelante volvió a reunirse con el resto del conjunto para desarrollar un tramo final de creciente intensidad emocional.
El repertorio alternó composiciones recientes con algunas de las obras que han convertido al italiano en uno de los compositores vivos más populares del mundo. I Giorni, Una Mattina, Nuvole Bianche, Experience o Run aparecieron entre un programa que el público recibió casi como si se tratara de un repertorio de canciones populares, pese a tratarse de música instrumental.
Uno de los aspectos más cuidados de la velada fue la iluminación. Lejos de buscar un despliegue tecnológico, el diseño acompañó el carácter hipnótico de la música mediante cambios muy precisos. En un momento concreto, el escenario se tiñó completamente de rojo, generando una atmósfera envolvente que transformó el espacio. Más adelante, aparecieron sobre el escenario círculos y puntos creados con focos, como pequeñas luces suspendidas en la penumbra, evocando un mar de velas. No se trataba de un único efecto, sino de distintas propuestas visuales que dialogaban con la música sin imponerse a ella. La luz nunca competía con la música; la respiraba.
También destacó la complicidad entre los músicos. Dos de los solistas, especialmente el violinista y el violonchelista, recibieron las mayores ovaciones cuando Einaudi fue presentando uno por uno a los integrantes del grupo. En ese momento, el compositor convirtió al público en parte del espectáculo, invitándolo a marcar distintos ritmos con las palmas mientras cada músico recibía su reconocimiento.
Entre los momentos más emotivos de la noche destacó la participación de un joven guitarrista y teclista del conjunto: Leo Einaudi, el hijo de Ludovico, que lo acompaña en esta gira y que compartió protagonismo con Einaudi en una de las piezas más delicadas del recital, reforzando el carácter íntimo y casi familiar que impregnó buena parte del concierto.
Tras abandonar el escenario, regresó para ofrecer un último bis, recibido con el público ya completamente en pie.
Un festival de referencia bajo una fortaleza única
La elección de Carcasona no es casual. Desde hace más de setenta años, el Festival de Carcassonne, nacido en 1957, se ha consolidado como una de las grandes citas culturales del verano francés. Cada mes de julio, la ciudad recibe a decenas de miles de espectadores con una programación que combina música, teatro, danza, ópera, humor y espectáculos familiares.
Por sus escenarios han pasado algunas de las figuras más importantes de la música internacional: Elton John, Sting, Deep Purple, Santana, Bob Dylan, Leonard Cohen, Joe Cocker, Norah Jones, Lang Lang, Robbie Williams, Texas, Simple Minds o Zaz, además de los principales artistas franceses de las últimas décadas. Esa combinación de grandes nombres internacionales con una programación muy diversa ha convertido el festival en uno de los acontecimientos culturales más prestigiosos del sur de Francia.
Pero el verdadero protagonista sigue siendo el escenario. El Théâtre Jean-Deschamps se encuentra en el interior de la Cité de Carcassonne, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1997. Sus casi tres kilómetros de murallas y sus 52 torres conforman uno de los conjuntos medievales mejor conservados del mundo y uno de los monumentos más visitados de Francia, con más de cuatro millones de visitantes al año.
La ciudad ha servido de inspiración para novelas, videojuegos y producciones audiovisuales gracias a una imagen que parece detenida en el tiempo. Sus murallas han acogido rodajes de películas como Robin Hood: Prince of Thieves y diversas producciones históricas, mientras que su silueta ha inspirado escenarios de ficción medieval y fantástica. Caminar por sus calles empedradas al caer la tarde supone hacerlo por uno de los conjuntos monumentales más espectaculares de Europa.
Quizá por eso la propuesta de Einaudi encontró aquí un marco difícilmente mejorable. Su música siempre ha evitado el exceso. No busca el virtuosismo como exhibición, sino como vehículo para la emoción. En un tiempo en el que muchos conciertos compiten por ofrecer más pantallas, más efectos y más volumen, el compositor italiano continúa defendiendo justamente lo contrario: que unas pocas notas bien colocadas todavía pueden mantener a miles de personas completamente inmóviles.
Y bajo el cielo abierto de Carcasona, entre murallas que llevan más de ocho siglos observando la historia pasar, ese silencio terminó siendo el verdadero protagonista de la noche.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Mitos griegos en el Museo de Arte Sacro
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Mitos Griegos: relatos que sustentan la cultura occidental
- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
Los dioses, sus controversias, sus amores y venganzas aparecen en la cultura helénica desde hace milenios y acompañan el devenir de la filosofía, el idealismo humanista, y las ciencias de un occidente que los fue adaptando y recreando. Objetos que permiten rastrear esa línea de tiempo son expuestos en Asunción por primera vez en una muestra que sorprende por su atractivo y didáctica.
“Es una oportunidad de conocer maravillas artísticas y arqueológicas que normalmente no están expuestas, o que directamente no existen en ninguna otra colección de nuestro país”, señala el museólogo Luis Lataza.
Mitos Griegos: del Helenismo al Neoclásico se llama la muestra que intentará explicar el desarrollo expansivo de esta cultura “a partir de una selección de obras arqueológicas clásicas, de la Magna Grecia, de las áreas culturalmente helenizadas como Etruria y la propia Pompeya”, sigue explicando el director del Museo de Arte Sacro.
El mundo de los dioses olímpicos Zeus (cielo), Hera (matrimonio), Poseidón (mar), Deméter (agricultura), Afrodita (amor), Ares (guerra), Atenea (sabiduría), Apolo (músicos), Artemisa (cazadores), Hefesto (herreros), Hermes (heraldos); Hestia (hogar) y Dionisio (vino) a los que suele afectar Hades (inframundo) tiene todavía mucho que seguir contando.
Por ello, esta importante exposición estará abierta de 9:00 a 18:00, hasta el 26 de julio, en el caracterizado espacio de la cultura nacional, sito en Manuel Domínguez esquina Paraguarí.
“La entrada es, como siempre, en la modalidad dos por uno, es decir, con una sola entrada se puede visitar la muestra temporaria de Mitos Griegos y la Colección Permanente del Museo con las 97 esculturas barrocas hispano-guaraníes”, apunta Lataza. Aquí su diálogo con Nación Media:
–¿Qué elementos destacan en la colección que se puede ver en el Museo de Arte Sacro?
–Esta segunda exposición temporaria 2026 del Museo de Arte Sacro es una selección de obras de la colección privada del señor Nicolás Latourrette Bo que muestran el desarrollo iconográfico e histórico de los mitos griegos. Desde su origen netamente religioso hasta las derivaciones del Helenismo y el Neoclásico, arribando a la apropiación y reinterpretación que hacemos actualmente de estos antiguos relatos.
–En el afiche de difusión se ve un kuros, ¿qué otras piezas lo integran?
–Además de la cabeza de un kuros griego –figura votiva de un atleta victorioso ofrendada a un templo de la Magna Grecia en el siglo VI a.C– podemos ver obras artísticas y arqueológicas que abarcan un rango de tiempo de 2.500 años. Son representaciones de mitos griegos en distintas formas y soportes, agrupados principalmente en dos periodos históricos: el Helenismo y el Neoclásico. Mencionaré solo algunas. No voy a citar todas las obras expuestas para dar lugar a que la gente las descubra por sí misma visitando la muestra.
Del Helenismo del siglo I se pueden ver, por ejemplo, dos fragmentos de frescos provenientes de Herculano y Pompeya, las ciudades sepultadas por el Vesubio y que muestran la profunda influencia de la mitología helena en la cultura romana.
Por otro lado, del periodo Neoclásico, el resurgimiento y pasión por el arte griego y sus mitos está muy bien representado con una selección de arte aplicado, en donde destaca una pieza de la vajilla creada especialmente para la hermana de Napoleón Bonaparte, principal difusor del neoclasicismo en toda Europa.
ORIGINALES ARQUEOLÓGICOS
Mitos Griegos: del Helenismo al Neoclásico es la segunda muestra temporaria del año 2026 del Museo de Arte Sacro y presenta una selección de obras arqueológicas griegas de 2.500 años de antigüedad que pertenecen a la colección privada de Nicolás Latourrette Bo y se muestran al público por primera vez.
Estas obras fueron adquiridas en 1872 por el español Conde de Luarca y durante 130 años pasaron por varios coleccionistas hasta que fueron finalmente compradas por Latourrette Bo en 1994 y desde entonces están en Paraguay.
Estos mitos, que se fueron desarrollando oralmente hacia la edad de bronce, 5.000 años atrás, tuvieron luego varios procesos históricos de plasmación en obras de arte, de expansión territorial, de renacimientos y reelaboraciones en el arte, la literatura y el pensamiento en general, antes de llegar hasta la cultura popular y poblar nuestro imaginario colectivo con dioses olímpicos y héroes homéricos.
Estos mitos griegos, que nunca fueron del todo olvidados, atravesarán el periodo medieval para influenciar el arte renacentista y el barroco –incluido nuestro hispano-guaraní – y luego tendrán un resurgimiento glorioso en el arte neoclásico expandido por Napoleón a toda Europa.
La increíble riqueza y variedad de la colección privada Latourrette Bo nos permitirá ilustrar estos procesos con una selección de arte aplicado y originales producidos para la propia familia Bonaparte, junto a obras del Museo de Arte Sacro y otras del historicismo griego del siglo pasado”, señala.
SOBRE EL MUSEÓLOGO
Con más 20 años de trayectoria, Luis Lataza, licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Buenos Aires y máster en Museología por la Universidad española de Valladolid, ha creado, renovado y actualizado más de 32 museos en todo el Paraguay.
Desde el emblemático Museo de Arte Sacro de la Fundación Latourrette Bo –del cual es actualmente director académico– ha tenido a su cargo la renovación de grandes museos nacionales como el de Itaipú o el de Yacyretá, además de todos los museos de la Ruta Jesuítica incluyendo el de Trinidad y el de Jesús, entre otros trabajos destacados.
Lataza fue fundador de la Asociación Paraguaya de Museólogos y Trabajadores de Museos y del Congreso Paraguayo de Museología y el diplomado universitario en Museología.