Compatriotas consiguieron 11 medallas en la cita más importante de la especialidad realizada en Brasil. Aquí un repaso de esa participación y de las motivaciones y valores que aporta la práctica de una disciplina de combate y defensa personal de origen chino.

Jossías Aguilar fue medallista de oro en combate shuai iiao durante el Octavo Campeo­nato Mundial de Kuoshu Kungfú realizado a fines de octubre pasado en San Pablo, Brasil, oportunidad en la que el team Paraguay se hizo acreedor de 11 medallas.

Una cosecha más que impor­tante para este tipo de arte marcial en nuestro país, por lo que Aguilar comenta: “Nues­tra participación en la com­petencia mundial fue muy buena, logramos destacar e impresionar a los organizado­res, que son en general maes­tros del Asia. Fue totalmente maravilloso poder ser parte de esta celebración”.

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Como elemento central en este paso por el torneo, apunta especialmente al “trabajo en equipo que hicimos todos juntos, todo el team, mucho nos ayudamos, nos diverti­mos mucho en la competen­cia. Se sintió la solidaridad del equipo en sí”.

El luchador relata que “para empezar la competencia fue impresionante. Conocimos muchos lugares, muy buenas personas de muchos países que participaron”.

La delegación nacional tuvo participación en diferentes modalidades (ver El medallero) que incluyeron com­bates, combates con derri­bos, formas con armas y con mano vacía y el muy especial taijiquan.

DISCIPLINA Y VALORES

Aguilar remarca la importan­cia de los valores que se apren­den en la práctica de la disci­plina: “El tema de los valores llevamos muy bien en nues­tra academia por lo menos. Muchos niños a partir de 5 años para arriba son muy respetuosos, se presentan al profesor, se despiden siempre sí o sí y entre compañeros no hay quienes son más ni quie­nes menos, a todos se los trata por igual”.

Agrega que “no hay distincio­nes del profesor a los alumnos, no hay distinciones entre los alumnos en sí, todos se tra­tan por igual y con mucho respeto. Los niños aprenden muy rápido porque son muy enérgicos y les gusta la dis­ciplina para calmarse, para sudar mucho, por ejemplo, para cansarse, que es lo que los niños buscan hoy en día”, recomienda.

Entonces, considera que “inculcar las artes marcia­les en la vida de los niños, aparte de la disciplina en sí, te da autocontrol, te da mucha autoestima, te puedes llegar a defender de agresores, mucha confianza en sí mismo. Tam­bién te ayuda el control emo­cional a que, por ejemplo, si alguien pierde una pelea no se ponga triste, sino que aprenda del error y que no vuelva a ocu­rrir eso”, apunta.

El maestro Ramón Mancuello (izq.) y Jossías Aguilar (der.) fueron medallas de oro en sus disciplinas

LOS MAESTROS

El maestro Ramón Mancue­llo ganó una medalla de oro y una de plata, y cuenta que las preseas son un premio al tra­bajo, al estudio y la práctica permanente del arte marcial para poder evolucionar y cre­cer. “Por eso la importancia de fomentar el respeto y, por sobre todo, la disciplina que un niño, una niña, jóvenes y adultos tienen que tener siem­pre. Por eso queremos agra­decer el apoyo de los padres para poder concretar esta experiencia con nuestro team, donde siempre insistimos en el trabajo conjunto, en el culto de la disciplina para poder lle­gar a logros satisfactorios”.

“En mi caso particular, pro­metí salir campeón mundial en taolu mano vacía y lo cum­plí invicto a mis 52 años”, des­tacó el maestro, que dio “gra­cias Dios por la oportunidad y gracias a mi familia por el apoyo de siempre”.

A su turno, Marco Flor, gana­dor de una medalla de plata en la competencia mundial, con­sidera “fundamental” el estu­dio de las artes marciales. Flor es un “Sifu”, palabra china que se traduce como “padre maes­tro” y se utiliza para honrar a un instructor experimentado, de manera similar a “senséi” en japonés. “Es coadyuvante en la formación integral de los niños, por la práctica de la disciplina y valores en la con­ducta, por lo que siempre agra­decemos a los padres que nos eligen para transmitir esos conocimientos”, agrega.

“Las artes marciales hacen a la formación de los más peque­ños y para ellos se programa un modelo que abarca ejerci­cios recreativos, charlas sobre historias de las artes marcia­les relatando como un cuento el milenario conocimiento de las técnicas tratando de lograr una atención concentrada en la clase porque los valores humanos y el respeto son las bases fundamentales de las artes marciales”, concluye invitando a la práctica activa del kungfú.

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