Por Jorge Zárate, Jorge.zarate@gruponacion.com.py

Duró al menos siete horas en algunos lugares del mundo y fue una crisis sin precedentes en la internet. En un minuto casi 800 mil personas se conectan a Facebook en todo el mundo, dato abrumador, pero lo es más aún si se dimensiona el impacto que esto tiene en cientos de millones de trabajadores independientes, cuentapropistas, gente que depende de las redes sociales para promocionar sus tareas. Solo así se entenderá el golpe que significaron esas horas interminables en que no estuvieron disponibles Facebook y las otras aplicaciones de la compañía Whatsapp e Instagram.

Algo pasó en los servidores centrales de la compañía valuada en US$ 900.000 millones. Una comparación que hizo The New York Times aparece como la más sencilla.

“Facebook perdió su guía telefónica”. Sería como “borrar todos los números de teléfono asociados a su contacto de la guía y haciendo imposible que se les pueda llamar”, comentó el diario estadounidense.

Técnicamente, dejó de reconocer los IP de sus usuarios en su proceso de chequeo. La dirección IP, cada computadora o dispositivo electrónico tiene uno distinto, es el número que identifica de forma individual la conexión de un equipo a una red interna o externa.

El NYT comentó también que las herramientas afectadas fueron el sistema de seguridad, un calendario interno y herramientas de programación.

Lo cierto es que provocó cosas graciosas, como por ejemplo que los ingenieros no pudieran ingresar al edificio de la empresa porque cayó el sistema de reconocimiento de identidad controlado por domótica. “La causa subyacente de esta interrupción también afectó a muchas de las herramientas y sistemas internos que utilizamos en nuestras operaciones diarias, lo que complicó nuestros intentos de diagnosticar y resolver rápidamente el problema”, admitió en un texto publicado en su Newsroom.

Intentemos una explicación: Lo que cayó es el “sistema de nombres de dominios” o DNS, por sus siglas en inglés, cuestión que derivó en otros problemas en los “protocolos de enlace de frontera” (Border Gateaway Protocol, por sus siglas BGP). “Esta interrupción del tráfico de la red tuvo un efecto cascada en la manera en la que se comunican nuestros centros de datos, provocando que nuestros servicios se detuvieran”, comentó la empresa.

Explicó Santosh Janardhan, ejecutivo de FB que “durante el exhaustivo trabajo diario de mantenimiento de esta infraestructura, nuestro equipo de ingeniería a menudo necesita desconectar una parte de la red troncal para su mantenimiento – quizá para reparar una fibra, agregar más capacidad, o actualizar el software en el propio router… Durante una de las rutinas de mantenimiento, se ejecutó un comando para evaluar la disponibilidad en la capacidad en la red troncal global. Esto, involuntariamente, cortó todas las conexiones en nuestra red troncal, desconectando asimismo a los centros de datos de Facebook a nivel global. Nuestros sistemas están diseñados para auditar comandos como este y prevenir estos errores, pero un error en esa herramienta de auditoría impidió que el comando fuera interrumpido… Ese error derivó en una desconexión total de nuestras conexiones de servidor entre nuestros centros de datos e Internet. Y esa pérdida total de conexión causó un segundo problema que agravó la situación”.

LA GRAN PREGUNTA

Hay, sin embargo, algo a tener en cuenta: El medio especializado Privacy Affairs (PA), horas antes de la caída, publicó: “La información privada y personal de más de 1.500 millones de usuarios de Facebook se vende en un foro popular relacionado con la piratería, lo que permite a los ciberdelincuentes y anunciantes sin escrúpulos dirigirse a los usuarios de internet en todo el mundo”. También que un posible comprador ofreció US$ 7,5 millones a razón de US$ 5.000 por cada millón de cuentas.

Esta información es vital en los tiempos de hoy: nombre, correo electrónico, número telefónico, ubicación, sexo e identificación, porque con ellos y con algoritmos diseñados al efecto se trabaja todos los días para entender y potenciar los consumos personales.

Lo curioso es que el vendedor dijo trabajar en una “empresa legítima” que hace extracción de datos (web scraping, en la jerga) y que tiene más de 18 mil clientes. “Somos una empresa legítima”, aclaró.

Es bueno recordar que FB es un “ecosistema tecnológico” que utilizan 3.500 millones de usuarios, por lo que de ser cierto, se trataría de un daño importante.

Sabido esto, no faltó quién vinculará las cosas.

¿Será que la empresa estaba buscando protegerse y cambió su seguridad para evitar este robo? Es la pregunta que ronda hoy porque, de acuerdo a todos los que siguen estos temas, de haberse concretado, sería la mayor filtración de datos que haya sufrido Facebook desde su creación.

Vale decir que es el ciberdelito del momento, al punto que el estatal estadounidense Centro de Recursos Contra el Robo de Identidad (ITRC, su sigla en inglés) dice que este año se quebrarán todos los récords. Su presidenta, Eva Meléndez, admitió a la cadena Telemundo: “Se han registrado en el tercer trimestre este año un aumento dramático en el número de individuos cuyos datos podrían estar en manos de ciberdelincuentes”, apuntando a los más de 280 millones de víctimas en el 2021 cuya información podría estar en riesgo.

“Cualquier organización que esté recopilando, conservando o administrando datos de sus clientes debe de hacer todo lo posible por no permitir que caigan en manos ajenas y no guardar información que no sea necesaria para el negocio”, instó.

Siguiendo con Privacy Affairs, el medio informó el 6/10 pasado que “el aviso de venta… había desaparecido”. La publicación indicó que, “sin embargo, el cartel del foro y el presunto vendedor no fueron prohibidos (generalmente lo que sucede cuando las acusaciones de estafa resultan ser ciertas)”.

También informó allí: “Es posible que el hilo se haya eliminado debido a una solicitud de Facebook: Joe Osborne, un portavoz de Facebook, comentó a Newsweek: “Estamos investigando este reclamo y hemos enviado una solicitud de eliminación al foro que anuncia los supuestos datos”. El medio consideró que dicha oferta “no tiene nada que ver con la interrupción global de Facebook experimentada este 4 de octubre del 2021″ y que solo “constituye una desafortunada coincidencia que lleva a muchos a asumir incorrectamente una conexión entre los dos”.

Y como a río revuelto, ganancia de pescador, no faltó quien apareciera para adjudicarse el hecho: “Anonymous se atribuye la caída mundial de Facebook, Instagram y WhatsApp. Detenga la pornografía infantil”, postearon agregando que el “mundo es un lugar mejor sin Facebook e Instagram” en una cuenta que se presume oficial. Sin embargo, ninguna de las agencias de seguridad que controlan la red consideró real esta posibilidad.

Vale este párrafo del parte de Facebook antes citado: “Nuestros servicios están nuevamente en línea y estamos trabajando activamente para que regresen por completo a sus operaciones normales. Queremos dejar claro que este incidente no se debió a actividad maliciosa – la interrupción se originó por un cambio de configuración defectuoso. No tenemos evidencia de que datos de usuarios se hayan visto comprometidos como resultado de este tiempo de inactividad”, señala.

Central de Facebook en Dublín.

PROBLEMAS

Todo esto se dio en momentos en que el Wall Street Journal venía publicando los llamados “Archivos de Facebook” (The Facebook Files), una serie de artículos que citan informes internos de la empresa.

Allí aparecen cosas como que Instagram es perjudicial para los más jóvenes, “tóxico” para las adolescentes, porque “agrava” los problemas que una de cada tres chicas tiene de su imagen corporal, por ejemplo. Los documentos fueron compartidos por Frances Haugen, ex directora de producto de Facebook, y ellos, según Kevin Roose del NYT “revelan una empresa preocupada por la pérdida de poder e influencia… sus productos no prosperan de manera orgánica. En lugar de ello, la compañía va llegando a extremos cada vez mayores para mejorar su imagen tóxica y evitar que los usuarios abandonen sus aplicaciones en favor de alternativas más atractivas”.

Mark Zuckerberg se defendió en su fan page: “En el corazón de estas acusaciones reside la idea que privilegiamos el lucro sobre la seguridad y el bienestar. Simplemente no es cierto”, dijo.

Haugen viene siendo muy dura: “No creo que vayan a invertir suficiente para evitar que Facebook sea peligroso… Se han dado cuenta de que si cambian el algoritmo para que sea más seguro, la gente estará menos tiempo en la plataforma, clicará en menos anuncios y ganarán menos dinero”, acusando a la plataforma de financiar “sus beneficios con nuestra seguridad”.

“Tengo mucha empatía por Mark [Zuckerberg]. Nunca emprendió este camino para acabar creando una plataforma de odio, pero ha permitido que se tomen decisiones cuyas consecuencias secundarias son que el contenido de odio llegue a más gente”, dice.

La mujer testificó en el Capitolio: “Creo que los productos de Facebook perjudican a los niños, avivan la división y debilitan nuestra democracia”, subrayó. “Es necesario que el Congreso actúe”. Lo hizo pidiendo a los legisladores estadounidenses que hagan algo para impedir que las plataformas de Zuckerberg provoquen trastornos alimenticios, vergüenza corporal e insatisfacción personal entre los jóvenes.

Mark se defendió: “Hacemos dinero con la publicidad, y los clientes reiteradamente nos dicen que no quieren sus publicidades cerca de contenido dañino o irritante. Y no conozco a ninguna compañía de tecnología que pretenda crear productos que enojen o depriman a la gente. Los incentivos morales, del negocio y del producto apuntan en la dirección contraria”, señaló.

Haugen, ingeniera informática de 37 años, estaba en los equipos de “Integridad Cívica” que buscan desarrollar “un rol positivo en la sociedad”. Entre las cosas que descubrieron citó que se usa FB para el tráfico de drogas y de personas.

También que invierte poco en la seguridad que debe desarrollarse cuando se “expande” a un nuevo idioma: “Cuesta tanto, si no más, hacer los sistemas de seguridad para ese idioma como para hacer el inglés o el francés. Cada nuevo idioma cuesta más dinero, pero hay progresivamente menos. Y así, por cuestiones económicas, para Facebook no tiene sentido que la plataforma sea segura en muchas de estas partes del mundo”.

Recordó el caso de Myanmar donde los inspectores de Naciones Unidas (ONU) que investigaron el genocidio contra los Rohingya apuntaron la falta de intervención ante llamados directos a la violencia. FB reconoció que no tenía los suficientes moderadores que hablaran birmano para caer en la cuenta de lo que pasaba.

Vale descubrir qué alentó a la mujer a denunciar: “Facebook quiere hacerles creer que los problemas de los que estamos hablando no tienen solución. Quiere hacerles creer opciones falsas. Quiere hacerles creer que tenemos que elegir entre usar un Facebook lleno de contenido divisivo y extremo o perder uno de los valores más importantes sobre los que se fundó nuestro país, la libertad de expresión; que deben elegir entre la supervisión pública de las decisiones de Facebook y su privacidad personal; que, para poder compartir fotos divertidas de sus hijos con amigos de toda la vida, también deben estar sumergidos en una viralidad impulsada por la ira. Quiere hacerles creer que esto solo es una parte más del acuerdo. Estoy aquí para decirles que eso no es cierto”.

Post de “Anonymous” en Twiter.

TELEGRAM, EL GRAN BENEFICIADO

En las casi siete horas del apagón, la aplicación de mensajería Telegram ganó 70 millones de usuarios para alegría de su creador Pável Dúrov.

Se convirtió así en la segunda gran suma que hizo en el 2021, ya que la primera se dio cuando en enero Whatsapp cambió las condiciones de uso de su aplicación, provocando que unos 200 millones de usuarios se sumaran a la misma.

Dijo Dúrov: “El ritmo de crecimiento diario de Telegram superó la norma en cuanto a magnitud y dimos la bienvenida a más de 70 millones de refugiados de otras plataformas en un día”. La app llegó a sufrir pequeños problemas de funcionamiento por la afluencia masiva.

IMPACTO EN EL TRABAJO

Brooke Erin Duffy, profesora de comunicación de la Universidad de Cornell, declaró: “El apagón… ha puesto de manifiesto nuestra dependencia de Facebook y de sus propiedades como Whatsapp e Instagram. La brusquedad del apagón pone de manifiesto el asombroso nivel de precariedad que estructura nuestra economía laboral, cada vez más mediada por lo digital. Y la precariedad de nuestra economía digital laboral es real: de haberse mantenido las fallas de Facebook se hubieran perdido miles de millones de dólares de ventas en todo el mundo, aún más de las que efectivamente se perdieron”.

PÉRDIDAS

“Mark Zuckerberg pierde casi 7.000 millones de dólares y cae al sexto puesto de la lista de multimillonarios”, señalaba un alerta de noticias. Las acciones del gigante de las redes sociales se desplomaron el lunes 4/10 alrededor de un 5%, lo que se suma a una caída de alrededor del 15% desde mediados del pasado setiembre.

LOS DUEÑOS DE INTERNET

Escribió Natalia Zuazo, periodista especializada en internet en Le Monde Diplomatique: “En este mismo momento, una de cada dos personas en el mundo están conectadas a los servicios de alguna de estas cinco empresas: Google, Microsoft, Facebook, Apple y Amazon… los cinco grandes dominan el mundo como antes lo hicieron las grandes potencias con África y Asia. La diferencia es que en nuestra era de tecnoimperialismo su superclase nos domina de una forma más eficiente. En vez de construir palacios y grandes murallas, se instala en oficinas abiertas llenas de luz en Silicon Valley. En vez de desplegar un ejército, suma poder con cada “me gusta”. En vez de trasladar sacerdotes y predicadores, se nutre del “capitalismo del like” –en palabras del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, la religión más poderosa de una época en la que nos creemos libres mientras cedemos voluntariamente cada dato de nuestra vida. Cien años después, estamos viviendo un nuevo colonialismo”, comparó.

“Sin embargo, hay un problema que no mejoró, sino que, al contrario, se profundizó: la desigualdad. Allí reside el gran dilema de nuestro tiempo: si la tecnología no sirve para que más personas vivan de un modo digno, entonces algo está fallando…Pero algo está empezando a cambiar. En los últimos años, distintas voces provenientes especialmente desde Europa y desde algunos centros académicos y grupos de activistas en todos los continentes están comenzando a alertar y tomar acciones respecto del gran poder concentrado de las compañías tecnológicas y su impacto en la desigualdad. El control de los datos de Google, la poca transparencia de Facebook sobre el manejo de las noticias, los conflictos laborales y urbanísticos de Uber y el impacto comercial de gigantes como Amazon prendieron las primeras alarmas serias. El movimiento, no obstante, todavía es lento y enfrenta grandes obstáculos”.

Frances Haugen, la ex funcionaria de Facebook que se ha convertido en su azote.

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