Por Mario Rubén Velázquez, ruben.velazquez@gruponacion.com.py

Ellas cautivan, seducen, derriten sobre el asfalto o el escenario. Pero cuando se ponen locas con un tono, un riff o una secuencia rítmica, enamoran. Definitivamente. Herederas de las “vampiresas” más sublimes y perversas del rock mundial, de la talla de Janis Joplin, Patty Smith, Mariska Veres, Stevie Nicks o Johan Jett, Paraguay tuvo y tiene sus musas y sus estrellas en el mundo del blues, el jazz, el rock. Y cada vez las chicas piden más y no esperan concesiones: toman su lugar en escena a fuerza de talento, trabajo y disciplina. Hoy les contamos historias de algunas bandas y solistas femeninas que estuvieron y están en escena. Es también un homenaje a una de las bandas femeninas primigenias: California Super Star. Para que las nuevas generaciones sepan de qué hablamos cuando decimos que el rock tiene forma de mujer.

“Crecí en un mundo en el que nos decían que las chicas no podíamos tocar rock&roll”. La frase es de Joan Jett, la morocha que le puso voz y rostro a “Crimson and Clover” en plena fiebre del glam rock de principios de los 80.

En Paraguay, las cosas estaban muy quietas, con un régimen que apretaba cada vez más los tornillos con el famoso “tuerca, tuerca tuerca” del ministro Montanaro.

Pero había una banda integrada exclusivamente por chicas que subió a escena en 1978, para sorpresa y enojo de cierta gente nada que ver, a cantar covers y temas propios: Californa Super Star. “Soy una de las fundadoras, junto con Reina Basaldúa, Noemí Velázquez, Mima Galeano e Hilda Basaldúa”, cuenta Catalina Pereira Aranda (78), “Catunga”, primera guitarra y líder del grupo.

Aunque nació en Ybycuí, vivía en Concepción cuando fue becada por la Escuela de Bellas Artes para estudiar guitarra en Asunción. “Catunga” fue integrante de orquestas como Los Hobbies, Los Jokers, Big Boy Serenaders, Los Hidalgos, Aftermad’s, Junior Stars, entre otras. Multiinstrumentista, ejecuta también la batería, el órgano y el bajo. En la década del 70 fundó la orquesta Estrellas Femeninas del Jazz y California Super Star, integradas exclusivamente por mujeres.

Sus referentes internacionales son The Beatles y Creedence, mientras que los talentos locales que le marcaron son el metal de Nash y la guitarra de Rolando Chaparro. “Siempre tocamos temas propios para que la gente sepa que nos pertenecen, como ‘Ay amor’, ‘Yo quiero un amor sincero’, ‘Un sueño nada más’ y ‘Nunca olvidaré tus lindos ojos’”, relata.

ROMPIENDO TABÚES

Eran tiempos de dictadura y las mujeres no podían estar por ahí tocando, cantando y bailando rock and roll. Eso era ser feliz “de motu proprio” y no estaba permitido por el régimen. Pero “Catunga” y su grupo, rebeldes de origen y sin autorización oficial, no le hacían mucho caso a las expresiones tipo “estas no son cosas de mujeres”. Y en 1986 grabaron un cassette con Mima Galeano (bajo), Gaby Ojeda y Ada Paniagua (voces), Noemí Velázquez (batería) y “Catunga” en guitarra.

Noemí Velazquez es la baterista y fundadora de California. “En mi casa escuchaba discos de vinilo de Creedence y The Beatles y otros, desde la edad de 8 años. Entonces tenía una batería que hice yo misma con latas vacías”, recuerda entre risas hoy la batera. “En nuestro país hay chicas que son excelentes músicos como Las Evas, por ejemplo, que son buenísimas. Estoy convencida de que el rock paraguayo avanza”, agrega.

Maria Delina Basaldúa es “Reina” y toca la guitarra en “California”. Sus maestros de música fueron su padre Juan y sus hermanos Papi y Hugo, con quienes cantaba desde los 8 años en un grupo folclórico. Integró el grupo Las estrellas femeninas (primer grupo femenino del Paraguay) en 1975 y luego conformó California Super Star en 1978. Ahora regresó, después de 30 años, a la banda de mujeres que sigue tocando.

“Como cantante me volví a entusiasmar con el rock and roll en el 2014 y fue gracias a mis hijos. Nos había llegado una propuesta para volver a los escenarios y como grupo no estábamos muy seguras. Y fueron mis hijos quienes nos incentivaron, nos prestaron sus instrumentos y su sala de ensayo para volver a repasar los temas de ‘Catunga’”, dice.

Y cuenta esta anécdota: “En el último evento de Chernobyl en la Chispa teníamos un tiempo limitado para tocar, ya que había varias bandas invitadas. Terminábamos el repertorio y el público no nos dejaba bajar. Llegó al punto de que el técnico en sonido cortó el audio, pero el público siguió cantando con nosotras a capella. Tanto fue así que Rolando Chaparro tuvo que pedir que habiliten el sonido para que siguiéramos tocando. Fue una experiencia increíble sentir al público de esa manera después de tanto tiempo”, concluye.

PRÓXIMA ENTREGA: “Ellas solo quieren divertirse: las féminas del rock”

DE MADAME LYNCH A SU PROPIO PROYECTO

ELENA MULLER. “No es el machismo lo que me molesta, siempre me sentí muy aceptada. Es la falta de apoyo al artista, tanto hombres como mujeres”.

Es cantante y se llama Elena Kopczisnki Muller, pero la conocen por Elena Muller “porque es más fácil de recordar”, cuenta. Durante la pandemia “aprendí a tocar el ukelele”, dice entre risas esta chica que se las trae. “Me gusta mucho Gwen Stefani (No Doubt). Me gusta cómo ella se desenvuelve en el escenario, esa actitud, la vestimenta, siempre me atrajo y la admiro mucho”, sostiene.

Canta desde niña y subió a los escenarios gracias a Rolando Chaparro, “que fue el primero en escucharme cantar y creyó en mí”, dice. Tenía vergüenza de cantar en público, ya que en su familia no la apoyaban: “Me decían que no tenía talento”, recuerda. Buscando su propio camino como cantante y entró como vocalista en la banda Madame Lynch, que hacía covers de Bob Marley y The Police.

Luego pasó a The White Lines, una banda de surf rock, y rápidamente se ganó más espacio y hasta le dieron su propio espacio durante los shows. “El concierto por el cual más me reconoce la gente, hasta hoy día, es el de St. Patrick de El Poniente, organizado por en Amcha #sentielcentro”, recuerda. “Fue una experiencia inolvidable para mí, hubo muchísima gente, me tiré entre el público, fue genial”, rememora.

Como cantante, su voz está creciendo y se nota. Está más pulida, más firme. Ahora está en una pausa, una especie de “año sabático”, pero concentrada en componer sus primeros temas propios. “Espero poder lanzarlos a fines de este año o principios del 2021”, explica esta vocalista que dejó su timidez al lado del camino para abrir la caja de Pandora del rock femenino.

LA BAJISTA DEL ARTE SÁDICO

SADISTIC ART. La banda de death metal Sadistic Art: Luigi Destruction (voz), Claudia Riquelme “Clu” (bajo y coros), Luis Almada (batería) y Pablo Valenzuela (guitarra

Ella es bajista y coros de cualquier banda metalera que se precie. Su grupo fundacional fue Sadistic Art (death metal) –en bajos y coros– por 10 años, pero Claudia Riquelme, “Clu” para sus fans, colaboró con bandas como Steel Rose (heavy metal), un show con Rawhide (thrash metal) y fue “voces guturales” para el disco tributo a Sabaoth (black metal). Y cuando se le pregunta por sus estilos preferidos, dice sin dudarlo: “Me dificulta mucho elegirlos porque disfruto mucho de todos los géneros musicales”.

Sus referentes locales son Wisdom y Sabaoth, y las bandas internacionales Mgła (Polonia), Alcest (Francia), Uada (EEUU) le dejaron la impronta de los bajos altos, aunque parezca una contradicción. "Con Sadistic Art tocamos canciones propias y en alguna que otra presentación algún cover de Deicide, Benediction, entre otros. Las canciones propias fueron “Yrendague”, “Twisted form of life”, “Flesh of my vice”, entre otros", rememora “Clu”.

Y como casi todos los músicos paraguayos, lo suyo empezó con el folclore y el rock and roll sonando en el mismo equipo de sonido. “Empecé mi carrera musical en 1998 con el arpa paraguaya. En el 2009 me cambié al bajo eléctrico. Como músico en el metal extremo tengo más de 10 años de trayectoria. Mi primera banda y amor es Sadistic Art, con los cuales arranqué esta travesía”, agradece.

Cada tocata es una anécdota preciada, dice, pero a la que tiene más estima es cuando subió al escenario con 8 meses de embarazo. “Fue una experiencia única en el (2013), y también cuando fuimos teloneros de Behemoth (2014) y Deicide (2017). Son momentos únicos e inolvidables”, cuenta.

–¿Hay machismo dentro del rock?

–La mayoría de las mujeres, sin importar a qué nos dediquemos, sufrimos el mismo mal de la cultura machista predominante en nuestra sociedad. Las mujeres que decidimos llevar una vida más alternativa, en cuanto gustos generales ya sea vestimenta, carrera profesional, apariencia física, generamos variedad de reacciones en la sociedad, a veces de curiosidad y otras de rechazo. Se desconfían de nuestras capacidades personales y a veces, profesionales. Debemos esforzarnos el doble para “demostrar”(nos) que los prejuicios hacen daño, ser quien una es, no.

–El rock es evolución, se supone. ¿Quiénes discriminan?

–Se dan casos de machismo tanto por varones como mujeres. Si bien son casos aislados, ya que este movimiento tiene como característica una unidad de “hermandad” y camaradería, lastimosamente existe. Pero como había dicho anteriormente, es algo cultural que está presente en todo tipo de ambientes. Espero que con el tiempo más personas se proyecten a la autocrítica para ser así mejores individuos y no caer en este tipo de comportamientos y pensamientos tan anticuados.

–¿Qué le falta al rock paraguayo?

–La música que se vive y se crea en nuestro país tiene mucho que ofrecer. Está en constante crecimiento y exploración. Con más apoyo, del público, de las entidades representantes, de los mismos músicos, podrá llegar a más, madurar y perpetuarse en el corazón de todos.


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