Por Toni Roberto (tonirobertogodoy@gmail.com)

Hoy volvemos a caminar por la vereda de la calle Oliva en el centro antiguo de Asunción hasta la casa de Rosita Romero Luces de la mano de Toni Roberto en estas sus ya tradicionales páginas coleccionables de “Cuadernos de barrio” de los domingos, esta cautivante casa y sus antiguos habitantes que pronto revivirán de la mano de Félix Toranzos su nuevo inquilino.

“La casa de Rosita”, así le llamé a la primera parte de este artículo que a muchos les recordó a esa casa de ensueños que veían al pasar por la calle Oliva al 638 del centro histórico de la Asunción. Rosita “Chichita” Romero Luces, a quien conocí primero radialmente en el 2014 cuando me tocó hacer ese año las legendarias madrugadas de la radio de la calle Choferes del Chaco, me deleitaba con sus recuerdos asuncenos de la primera mitad del siglo XX.

UN PEQUEÑO TROZO DEL PASADO

La casa, mirador y patio de los Luces diseñada por Juan Colombo para Andrés Luces, inaugurada allá a principios de 1890, ese pequeño pedazo de pasado ahí en pleno centro de Asunción que tenía acceso por tres calles, dos de las cuales ya las perdió, pero que conserva la fuente, la caballeriza y el mirador convertido en vivienda, que al pararnos enfrente remueve recuerdos de los asuncenos de varias generaciones y hasta llama la atención de los niños que la ven como un castillo encantado, soñando con alguna tía o abuela que le diga: “¡chicos vengan a jugar al jardín y subirse al mirador!”, un lugar donde los mayores nos imaginamos aquella niñez de otros tiempos que nunca volverá.

Las anécdotas vienen por montones de parte de muchas personas que conocieron a esta dama asuncena, que partió en abril del año pasado, a los 97 años, dejándonos sus recuerdos encerrados en esta bella arquitectura, entre ellos sus sobrinos el Dr. José “Pajarito” Volpe y la “Reina” del café María Estela Volpe que cuenta: “Viví mis vacaciones en esa casa. Rosita ‘Chichita’ era mi madrina. Tantas vivencias se esconden ahí, aún hoy recuerdo el pequeño patio bajo la enredadera de glicina y el hermoso mirador de mis bisabuelos andaluces Luces Aspires. Quisiera volver a esa infancia muy feliz con mi tía abuela Aurora Luces, ‘Chichita’ y ‘Chuli’”, termina diciendo. A veces parece ser cierta aquella frase que “todo pasado fue mejor” y eso se cumplió en la casa que hoy se encuentra sin habitantes.

En el 2015 hice un recorrido por casas de Asunción invitando al grupo “los artistas hablan”, entonces conformado por Fátima Martini, Mónica González, María Alejandra García, Marina Cazenave, Gustavo Benítez, Adriana González Brun y Gloria Velilla y con la anuencia de Rosita les enseñé también su casa. A la salida la anfitriona ya entrada en edad les despidió con la dulzura que le caracterizaba, y debido al asombro de haber entrado a un viaje al pasado tuvimos que sentarnos a tomar un café para analizar el recorrido porque parecía que salíamos de alguna película o que volvíamos del túnel del tiempo.

EL INQUILINO DE ROSITA

Pero no todo está perdido, la casa se convertirá en un espacio cultural, es que el artista Félix Toranzos la alquiló, con lo cual el sitio que ya no le tiene a su antigua dueña, ni al sillón rojo, ni a las flores de plástico, ni al legendario teléfono negro a disco, ni al viejo auto de la desaparecida marca “Hispano Suiza” de la década del 30, volverá a tener habitantes con el proyecto “la casa de Asterión”, una gran instalación que recrea el espacio de convivencia de Toranzos con los objetos en su hábitat de trabajo, inspirado en un cuento corto de fantasía y horror de Jorge Luis Borges, publicado en 1947 dentro de su obra El Aleph.

Nos cuenta el nuevo inquilino: “Los que somos amantes de la arquitectura antigua y tratamos de proteger todo lo que es el patrimonio cultural siempre soñamos entrar a una casa a la que nunca pudimos acceder, para mí siempre fue un sueño, un misterio, hasta que tuve la oportunidad de poder conocerla cuando me tocó un día visitarla con unas amigas, la estuvieron abriendo para ofrecerla en alquiler. Ahí le conocí a ‘Lole’ Romero Radice, una de las descendientes de Rosita, pude sentir lo que realmente era ese lugar, no era una casa, era una cosa mágica, me sentí super atraído y lo primero que pensé: esta es la casa que necesito para montar mi exposición permanente sobre Asterión, era la excusa perfecta para poder idealizar otra vez un espacio para mi colección, la alquilé, fue un amor a primera vista, la disfruté desde el primer momento como si fuera mía, la voy a habitar con todos mis objetos y mis obras, voy a convivir con su tiempo y también descubrir quiénes fueron los que vivieron ahí o cómo fue el transcurso del tiempo en ese lugar”, termina diciendo Toranzos.

EL FIN DEL VIAJE

Hoy el viaje terminó, desde esa atalaya ya sólo se pueden ver “setentosos” balcones de los edificios cercanos como el legendario “Apolo” de 15 de Agosto y Oliva o alguna otra perdida cúpula que quedó en “el rincón del olvido”, pero su magnetismo inexplicable es tal vez por su amplio retiro de la calle o por la magia de algún “buen duende encantado” que habita con ella su vieja primorosa fuente o su amplia terraza que nos hacen recorrer imaginariamente la ciudad en una especie de “dron del pasado”. Hay cosas que la razón no puede explicar y de eso nos puede dar clases esta legendaria casona o tal vez la propia Rosita, florecida entre sus plantas en esta pandemia, dándonos una esperanza en esta difícil primavera.

“La casa de Rosita”, Toni Roberto 2020.
Casa Luces. Detalle Frente. Foto F. Toranzos.
Rosita Romero Luces, por Félix Toranzos.
Casa Luces (detalle escalera) Foto: F. Toranzos.
Entrada a Casa Luces. Portón. Foto F. Toranzos.
Casa Luces. Detalle Foto: F. Toranzos.


“A VECES UNA SOLA ROSA TRAE MUCHOS RECUERDOS EN PRIMAVERA”


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