Una paraguaya que vive en Australia nos relata el día a día en un país que soporta desde hace meses uno de los incendios más feroces, pero que a pesar de ello no se amilana y su gente continúa con sus quehaceres. Los tiempos, la respuesta gubernamental y ciudadana de un país del primer mundo que, a pesar de esto, tiene todo como para recuperarse.

  • Por Ivaní Torales
  • Paraguaya residente en Sidney, Australia

Son las 21:00 en Sid­ney y mis amigos y familiares en Para­guay están arrancando el día a las 7:00, no sin antes pre­guntarme cómo estoy atrave­sando esta crisis de los incen­dios. Esta semana finalmente las noticias desde Australia llegaron a todo el mundo y la preocupación por la situación alarmante se hizo normal más allá de estas fronteras.Australia es el sexto país más grande del mundo y eso explica las distancias entre una ciudad y otra, y entre los bosques incen­diados y las poblaciones afecta­das. Si bien los incendios esta temporada están afectando por primera vez desde 1851 a seis estados australianos, los focos no explotan al mismo tiempo y al momento de escribir estas líneas llevamos tres semanas tranquilos, sin humo ni alertas de incendio en Sidney y su área metropolitana.

En estos días, los incendios se concentran en el sur del país, en los estados de Victoria y Australia del Sur. El área total afectada por los incendios esta temporada es de 10,7 millones de Há hasta la segunda semana de enero, convirtiendo a lo que hoy se vive en el segundo incen­dio más grande en la historia de Australia, después de los incen­dios de la temporada 1974-1975 que afectaron cinco estados y más de 100 millones de Há. En esta semana, los incendios se cobraron la víctima fatal número 28, un número que muchos pueden pensar afor­tunado considerando la super­ficie afectada. Y si bien las fatali­dades humanas hoy están muy por debajo del número de muer­tes en los incendios de Victoria en el 2009, que se cobró más de 170 vidas, la principal pérdida en esta temporada es en la vida animal.

Foto de Andrew Buckley
Foto de Andrew Buckley

¿CÓMO SE VIVEN LOS INCENDIOS EN SIDNEY?

A mediados de octubre del 2019, los reportes de incendios al norte del estado de Nueva Gales del Sur y en el sur del estado de Queensland se empezaron a poner más serios. A fines de octubre, muchos incendios estaban fuera de control y pro­gresivamente avanzaban más hacia el área sur, el área con mayor densidad poblacional. A comienzos de noviembre, los focos explotaron a menos de 400 km de Sidney y la ciu­dad más habitada de Australia empezó a sufrir las consecuen­cias. Sidney no tuvo incendios directamente en su área, pero al estar localizada en una bahía, es una cuenca que atrapa todo el humo que viaja desde focos que están a 100 km de distan­cia inclusive.

Durante todo noviembre y hasta la semana de Navidad, Sidney alcanzó niveles muy pobres de calidad de aire y los tapabocas se llega­ron a agotar en las farmacias. Respirar aire contaminado por incendios forestales en Sidney no es lo mismo que respirar aire contaminado por polución industrial en Nueva Delhi, pero aún así lidiamos con dolores de cabeza, tos y picazón de ojos –sin contar los síntomas en per­sonas con problemas respirato­rios–. Ver el cielo naranja y la Casa de la Ópera bajo humo se hizo costumbre, y cada vez que las temperaturas alcanzaban más de 30 grados ya sabíamos que tendríamos humo por días, hasta que el viento cambiaba y aliviaba a la ciudad –pero a la vez agitaba más los incendios en los bosques–.

UN VIAJE A LA ZONA BAJO FUEGO

Es muy intimidante mane­jar tan cerca de los incendios, el humo desde lejos parece las típicas nubes cumulonimbus y de cerca se ve como supongo se ve la explosión de un volcán desde el aire. Paramos en un pueblo minutos antes de que empezaran a evacuar y un rato después atravesamos un humo denso y oscuro por espacio de una hora y media, hasta por fin encontramos refugio en el pue­blo en la playa. Muchos de los evacuados nos contaron his­torias de cómo tuvieron que dejar atrás sus casas, luego de muchos intentos de proteger­las.

Normalmente, los pobla­dores en zonas cercanas a los bosques realizan quemas con­troladas para reducir la vegeta­ción alrededor de sus propieda­des que pueden ser combustible para los incendios, creando así una barrera protectora alre­dedor de sus casas. Esta tem­porada, sin embargo, las que­mas controladas no pudieron realizarse tan efectivamente por la larga sequía que viene afectando al país por más de un año y muchos desecharon esta práctica por ser peligroso iniciar un fuego en estas con­diciones climáticas. Una de las evacuadas nos comentó entre lágrimas que antes de dejar su propiedad, cortó las crines y colas de todos sus caballos y les dejó el corral abierto para que pudieran escapar con menos riesgo de que el fuego alcance así sus cuerpos.

¿SE RECUPERARÁ AUSTRALIA DE ESTA CRISIS AMBIENTAL?

En medio de la controversia política, las discusiones sobre el cambio climático como una de las principales causas de los incendios de esta tempo­rada y las imágenes virales fal­sas de Australia en llamas, la comunidad nacional e interna­cional está teniendo una res­puesta enorme a esta emergen­cia. Todos los días se reciben donaciones importantes de empresarios, artistas, depor­tistas y ciudadanos comunes de todas partes del mundo. Ade­más, los gobiernos estatales y el gobierno federal ampliaron los fondos destinados a com­batir los incendios y cada día se suman más voluntarios a las brigadas de bomberos y de rescate de vida animal.

Hoy sabemos que va a lle­var tiempo y muchos recur­sos recuperar el país. Pero en medio de la ansiedad, quiero creer que Australia va a recu­perarse –como en todas las oca­siones anteriores, por la forma en que se encaran las cosas en este país– porque hay gente como mis amigos o mi grupo de trabajo que son voluntarios, que están recaudando fondos para las organizaciones que res­catan personas y animales, que están trabajando para facilitar la transición a una nueva eco­nomía que sea más sostenible.

No es fácil ver con claridad cuá­les son las acciones que tienen que sobreponerse a las emocio­nes en momentos como este, pero muchos logran hacerlo y esa es la razón por la que Austra­lia sigue dando batalla al fuego después de tantos años. Casi como en la forma metafórica en que el bosque australiano se adaptó a siglos de sequías, calor e incendios, para después del fuego volver aún con más fuerza.

Mientras esperamos las lluvias de otoño, todos podemos hacer una gran diferencia con muy poco, donando a las instituciones que en todas partes del mundo están recibiendo aportes.

Estoy aquí desde hace dos años. Primero estudiando y ahora trabajando. Es un país que así como está físicamente lejos de nuestro querido Para­guay, también lo está en cuanto a la respuesta estatal en estos casos. Sin embargo, la solida­ridad que se despierta acá, me recuerda a la que se tiene en Paraguay en situaciones difí­ciles. Estoy absolutamente segura que Australia va a sobre­ponerse, mucho más temprano que tarde, a esta catástrofe.