La piedra fundacional de la villa veraniega fue colocada por personas que, paradójicamente, no estaban muy habituadas a la temperatura estival de nuestro país. Fueron colonos alemanes los que dieron vida a la localidad, que con el paso del tiempo se convirtió en la “capital del verano”. Parte de esa rica historia la compartimos aquí gracias a los aportes del historiador Cristian Ganser.

¿Se imaginan a las divas del cine Greta Garbo, Marlene Dietrich y Joan Crawford paseando acompañadas por la estre­lla de Hollywood Ramón Novarro por las orillas del lago Ypacaraí, en San Bernardino? Pues al pare­cer, la idílica escena pudo haberse dado, ya que, según consta en el añejo libro de registros de un antiguo hotel de la ciudad (que ya no existe), el cuarteto de luminarias pasó unos días en la ciudad veraniega a mediados de la década del 30 del siglo pasado.

El dato lo sustenta también Cristian Ganser, historia­dor, docente y pastor evan­gélico, autor del libro “His­toria documental de San Bernardino”. El texto –que pone luz en el proceso de conformación de la ciudad hasta la década del 40– fue publicado originalmente en 1997 y hace unos meses fue reimpreso por inicia­tiva de uno de sus hijos.

Aunque hoy su título de “capital del verano” le sea disputado por otras ciuda­des, San Bernardino fue forjando su esencia desde sus primeras décadas de vida. El lago Ypacaraí le dio la impronta y la natu­raleza le puso el marco a esta antigua localidad, cuyo día a día transcurre en una paz ancestral.

LAS CINCO FAMILIAS

La ciudad tiene una histo­ria muy rica que, paradó­jicamente, empezó a ser escrita por personas que no son representativas del caluroso cli ma para­guayo: colonos alemanes que vinieron a emprender la aventura de una vida nueva en América, la fun­daron un 24 de agosto de 1881 en medio de la exube­rante naturaleza durante el gobierno de Bernardino Caballero. De ahí justa­mente su denominación.

Como descendiente de aquellas primeras fami­lias, Ganser siempre tuvo interés en la historia de San Bernardino. “Mis abue­los fueron de los primeros colonos con el apellido Ste­ger, de parte de mi abuela.

Cristian Ganser, historiador.
Cristian Ganser, historiador.

Ellos llegaron a principios de 1900”, explicó. “Mi tío tenía una colección volu­minosa de recortes y todo lo que encontraba refe­rente a San Bernardino en revistas y diarios, tanto de aquí como de Alemania”, recordó también.

El libro de Ganser nos remonta a los prolegó­menos de la llegada de los colonos. Cuenta que ya durante la presiden­cia de Cándido Bareiro (1871-1880), el gobierno paraguayo había recibido consultas de inmigrantes alemanes interesados en venir. Pero fue durante el gobierno de Bernardino Caballero que se concretó la llegada del primer grupo de “aventureros” a media­dos de 1881. Ganser deta­lla en su libro la conforma­ción de ese primer grupo de cinco familias, que eran las de Luis Siedow, zapa­tero de 49 años; Federico Schoenfeld, agricultor de 43 años; Othon Degen­hard, albañil de 27 años; Eduardo Staenzel, albañil de 37 años, y Julio Wache, tejedor de 41 años.

Un interesante documento que rescata el libro es una carta enviada por una de las primeras inmigrantes a su familia en Charlot­tenburg, Alemania. Está fechada el 24 de junio de 1882, meses después del primer asentamiento, y fue reproducida en el perió­dico alemán National-Zei­tung en febrero de 1883.

La misiva revela fascinan­tes detalles de ese primer asentamiento y cuenta, entre otras cosas, cómo el clima fue uno de los fac­tores contra el que tuvie­ron que enfrentarse: “Por el cambio de clima tuvi­mos que sufrir mucho. Gracias a Dios ya esta­mos mejor. Papá todavía padece de las piernas a causa de las picaduras de los insectos”, señala, men­cionando otras diversas penurias. “En tales cir­cunstancias, uno cree que es imposible sopor­tar más. Por lo visto no es así. Ya nos sentimos ale­gres y contentos. Todo nos resulta exquisito. Hemos engordado y faenado un cerdo, cuya carne y grasa fueron sumamente sabro­sas”, decía, sin embargo, la mujer en su escrito.

“PUNTO DE RECREO”

Otro documento bastante ilustrativo que recupera el libro es un artículo publi­cado en la prensa el 18 de julio de 1901, que daba cuenta de una población floreciente con “bonitos y cómodos edificios como los chalets del Hotel del Lago, Itiberé da Cunha, Heisecke, Mongelós, Gua­nes, Recalde, Viernet, Gosset y muchos otros”. Sigue describiendo el texto: “Hay cuatro fábri­cas de caña, dos licore­rías, tres almacenes, tres herrerías, cuatro carpin­terías, siendo las del señor Büttner y Motta a vapor”. También se menciona a una persona de apellido Floss que se dedicaba a la fabricación de vino de naranja, en el contexto de una industria vitivinícola en ciernes.

Con el tiempo, el floreci­miento de algunos nego­cios, incluyendo hoteles, empezó a tener movi­miento. San Bernardino y sus paisajes comenzaron a llamar la atención no solo de los poblados circundan­tes, sino también de vera­neantes de la capital y visi­tantes foráneos.

El Hotel del Lago, que hasta hoy sigue vigente como un emblema de la ciudad, empezó a operar en 1888 bajo iniciativa del alemán Guillermo Weiler. En sus habitaciones se hospeda­ron personalidades de la talla de Charles de Gaulle y Antoine de Saint-Exupéry. También, bajo impulso de Weiler, el 21 de julio de 1901 se inauguró el primer hipó­dromo. “Venía mucha gente a visitar el Hotel del Lago y dejaban sus impresiones y saludos en los libros de visita. Estos se llevaron a Brasil cuando los dueños originales se fueron, pero pude acceder a algunos”, comentó Ganser.

En la revista mensual del 15 de marzo de 1896 se des­cribe: “Más que de colo­nia, podría calificarse de centro preferido por la sociedad de Asunción como punto de recreo (…), el espléndido panorama que presenta al pie de una preciosa colina y al borde del inmenso lago Ypaca­raí hacen de la colonia de San Bernardino un pinto­resco refugio para el des­canso de los que viven en la Asunción y un riquí­simo plantel para los que se decidan al trabajo”.

Fueron apareciendo tam­bién los clubes sociales, en su mayoría asentados en la costa del lago. Una entidad pionera fue el Club Ale­mán, fundado el 12 de octu­bre de 1908. El club “muy pronto llegó a ser el alma de la población y punto pre­ferido de reunión no solo de los alemanes, sino de muchas familias paragua­yas que se adhirieron a su filas y diversiones”.

Durante su conformación, San Bernardino tampoco estuvo exenta de críticas y conflictos hasta com­prensibles, podríamos decir, teniendo en cuenta el choque de culturas tan diferentes. Algunas de las “actitudes” generaban tensión y disgustos ante el fuerte nacionalismo alemán reinante. Ganser nos señaló una publicación en La Verdad, de noviem­bre de 1908, en la que se denunciaban actos de des­precio hacia los paragua­yos: “Últimamente se ha inaugurado un casino. No fue admitido ningún para­guayo. Tampoco fue invi­tada la prensa nacional; no obstante, que el edificio lo costeó todo el mundo para que sea público y no de la pertenencia particular de unos cuantos egoístas”.

CONJURAR EL LAGO

Es sabido que el lago Ypa­caraí no pasa en estos días por el mejor momento. Según registros, el tema de la sequía era un fenómeno con el cual la comunidad convivía de antaño. En una publicación de El Diario, del 12 de enero de 1931, se recuerda la brillante fiesta realizada en el Hotel del Lago, en la que se coronó a la reina del lago de ese año. Los fondos recaudados por la venta de los votos fueron donados para tareas de sal­vataje del lago ante el posi­ble descenso de las aguas. Esto consistió en la repa­ración de un dique de con­tención sobre el río Salado. “Al terminar el acto electo­ral, casi a las 2:00 la señorita Nutti Rasmussen tenía a su favor 4.200 votos asegurán­dose el triunfo, el cual fue recibido con júbilo”, señala la publicación.

Otra tradición que recuerda Ganser es la famosa “ben­dición del lago Ypacaraí”, realizada anualmente en diciembre, que “para la conciencia religiosa tenía un alto significado. Con él se buscaba conjurar cual­quier espíritu maligno que pudiera rondar por las aguas del lago”.

Ángel D. Peña, secretario de Cándido Bareiro, fue el encargado del gobierno para coordinar la llegada de los colonos alemanes que fun­daron San Bernardino. Años después, tras visitar la ciu­dad, publicaba en sus memo­rias: “Hoy, a los diez y seis años que la veo por primera vez, recibo la impresión agra­dable por la bella posición, los hermosos panoramas que presenta a la vista, sus aguas saludables, su pobla­ción sui géneris, su arqui­tectura particular fuera del orden de las demás pobla­ciones de la República, y lo que más hay que admirar es que jamás ha habido barullos porque solo existe una auto­ridad comunal y solo hay un vigilante, que no tiene que hacer nada en una población de 1.500 habitantes. Debe­ríamos imitar este ejemplo”.

En bus o en avión

Garza era el nombre del pequeño vapor que hacía el cruce del lago desde el puerto de Patiño Cué, hacia fines de 1800 y principios de 1900. El paso en balsa fue por muchos años la principal forma de traslado hasta San Bernar­dino. Ganser registra en su libro que recién en 1926 se hizo el primer viaje en bus desde Asunción hasta la villa veraniega un 14 de diciembre, “a pesar del mal estado del camino y de llu­via torrencial” de ese día. El vehículo pertenecía a los señores Büttner e hijos y completó el viaje en 4 horas y 15 minutos. Un año des­pués se sumó el servicio de un camión que pertenecía al señor Édgar Stanley.

Otro dato recuerda la apa­rición de un hidroavión que había salido de Sajonia y acuatizó en la playa cercana al Hotel del Lago, llamando la atención de los habitantes. Esto ocurrió el 24 de marzo de 1929. En el mismo rubro, el aéreo, el texto recuerda una publicación en El Diario, en la que se relata que: “El popu­lar y avezado piloto aviador, señor Nicolás Bó, inauguró el 2 de febrero de 1931 el servi­cio aéreo de la capital a San Bernardino. Se trasladaron a bordo de su avioneta Bredda, en compañía del mecánico señor Costariola. El viaje duró 10 minutos”.

AL RESCATE DE SANTIAGO SCHAERER

Cristian Ganser fue también uno de los principales impul­sores del rescate de la memoria de Santiago Schaerer, primer administrador de la colonia San Bernardino, así como de la familia Schaerer, apellido profundamente ligado a la historia de la ciudad.

“Me dolió mucho que no había por ejemplo ninguna calle, ni una escuela ni nada que llevara el nombre de Santiago Schaerer. Yo siempre tuve una relación muy cercana con esa familia y ellos me contaron mucho de la historia de San Bernardino. Entonces comencé a moverme, envié notas a las autoridades y así conseguí que se rinda memoria a este gran hombre”, señaló Ganser.

En el marco de los festejos del Bicentenario, la figura de San­tiago Schaerer fue destacada en el “Paseo de los ilustres” de la ciudad. En la ocasión, Ganser también fue reconocido.

Schaerer fue autor del primer libro de estadística de la colonia de San Bernardino, que está hecho con su puño y letra y es uno de los tesoros que guarda el museo Casa Hassler. Santiago Schaerer nació en Suiza, en 1834, y falle­ció en Asunción, en 1895. Fue un comerciante y adminis­tró una colonia en Uruguay antes de venir al Paraguay para ser administrador de San Bernardino. Uno de sus hijos, Eduardo, fue presidente de la República del Para­guay entre 1912 y 1916.

LA PRIMERA CERVECERÍA

Ganser registra un hecho quizás poco conocido por muchos, pero que es sin duda de interés de gran parte de la población paraguaya. Y es que San Bernardino fue el emplazamiento de la primera cervecería del país, fundada por Pablo Herken en 1885.

Según rescata Ganser, la revista La Ilustración Sudame­ricana, en su edición de octubre de 1898, la describe como “el sitio predilecto de los viajeros”. Sigue diciendo: “Nada falta allí para pasarlo agradablemente. La casa se alza entre naranjos y bananeros, el agua que corre a su pie, sombreada por la vegetación. Puentes rústicos en forma de arcos permi­ten atravesar el arroyo donde nadan los cisnes y hay botes amarrados a la orilla, que convidan a un agradable paseo”.

El material añade que “en ese paraje se ha colocado una piedra con una leyenda conmemorativa del aniversario de Bismarck (Otto von Bismarck), el gran canciller de hierro del imperio alemán. Allí acostumbraban los viajeros dejar sus tarjetas de visita”.

SOBRE EL AUTOR

El autor de “Historia documental de San Bernardino”, Cristian Percio Ganser Becker, nació en la villa veraniega un 27 de marzo de 1941. Se casó con otra descendiente de migrantes, Tomasa Limprich Monzón, con quien tuvo tres hijos. Es egresado del Instituto Superior de Lenguas de la Facultad de Filosofía de la UNA, donde obtuvo su título de licenciado en lengua guaraní.

También ejerció por muchos años la docencia en varias instituciones de su ciudad natal y otras localidades, lle­gando a ser director de algunas. Se graduó como bachi­ller en teología del Seminario Internacional Teológico Bautista de Buenos Aires, Argentina. Fue declarado per­sona ilustre por la Municipalidad de San Bernardino.

En su faceta de escritor también creó varias letras de canciones musicalizadas por conocidos artistas. Una de ellas, justamente, es: “A ti mi San Ber mi serenata” (letra de Cristian Ganser y música del profesor Darío Frutos), dedicada a su terruño natal.

LA PRIMERA CERVECERÍA

Ganser registra un hecho quizás poco conocido por muchos, pero que es sin duda de interés de gran parte de la población paraguaya. Y es que San Bernardino fue el emplazamiento de la primera cervecería del país, fundada por Pablo Herken en 1885.

Según rescata Ganser, la revista La Ilustración Sudame­ricana, en su edición de octubre de 1898, la describe como “el sitio predilecto de los viajeros”. Sigue diciendo: “Nada falta allí para pasarlo agradablemente. La casa se alza entre naranjos y bananeros, el agua que corre a su pie, sombreada por la vegetación. Puentes rústicos en forma de arcos permi­ten atravesar el arroyo donde nadan los cisnes y hay botes amarrados a la orilla, que convidan a un agradable paseo”.

El material añade que “en ese paraje se ha colocado una piedra con una leyenda conmemorativa del aniversario de Bismarck (Otto von Bismarck), el gran canciller de hierro del imperio alemán. Allí acostumbraban los viajeros dejar sus tarjetas de visita”.