Enfrentamiento entre selecciones que se prepararon para el título mundial.
- Miami, Estados Unidos. AFP.
Francia e Inglaterra disputan este sábado el partido que nadie quiere jugar. Un duelo por el tercer puesto del Mundial en Miami, donde deberán apartar por un momento la decepción de sus derrotas en semifinales y las ganas de vacaciones, para despedir un torneo que solo querían ganar. Una tarea difícil espera a ambos cuerpos técnicos. ¿Cómo motivar a unos jugadores que el martes y el miércoles creían firmemente que estarían en la final de Nueva Jersey?
Inglaterra la tocó con la punta de los dedos. Ganaba 1-0 contra Argentina en el minuto 85, antes de que Enzo Fernández y Lautaro Martínez voltearan el resultado en los últimos compases y citaran a la Albiceleste con España el domingo. El seleccionador Thomas Tuchel, muy criticado en Inglaterra por su planteamiento ultradefensivo después del 1-0, resumió el ánimo de los protagonistas antes del sábado: “Nadie de estos jugadores, nadie de los jugadores franceses, quiere jugar en este partido”.
Didier Deschamps también tendrá que encontrar el mensaje para movilizar a sus tropas. “No tenemos el partido que queríamos (...), pero hay un deber cuando uno lleva esta camiseta”, dijo el técnico el viernes en rueda de prensa en Miami. La caída fue brutal para los Bleus, a los que la mayoría de la prensa y los analistas veían como máximos favoritos para ganar el domingo. Confiada en sí misma, Francia llegaba al choque contra la Roja tras haber superado fácilmente a Marruecos en cuartos (2-0) y después de un Mundial en el que estuvo sobresaliente en varios partidos.
¿El resultado? Una derrota 0-2 ante una España brillante, que le confiscó la pelota a Francia y la condenó a perseguir sombras por el césped. Frustrado tras la derrota contra España, Kylian Mbappé aún puede conquistar la Bota de Oro del Mundial frente a Lionel Messi. Un pequeño premio que no borrará el mal trago de la semifinal perdida, pero que puede servir de incentivo para un goleador voraz como él.

