Madrid, España. AFP.
El capitán del Barcelona, Lionel Messi, ha sido sancionado con dos partidos de suspensión por su expulsión en la final de la Supercopa de España el pasado domingo.
La jueza única de competición ha sancionado a Messi “con dos partidos después de expulsión en la final de la Supercopa de España”, informaron fuentes de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF).
“El Barcelona presentará recurso a la sanción de Leo Messi”, reaccionó el club azulgrana, tras conocer el castigo a su capitán.
Messi fue expulsado en el último minuto de la prórroga de la Supercopa de España, que el Barcelona perdió 3-2 ante el Athletic Bilbao, al ver la roja directa por dar un manotazo a Asier Villalibre, probablemente llevado por la frustración.
El árbitro, que sacó la roja a Messi tras ver la jugada con el videoarbitraje, reflejó en el acta del encuentro que expulsó al capitán azulgrana por “golpear a un contrario con el brazo haciendo uso de fuerza excesiva estando el balón en juego pero no a distancia de ser jugado”.
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Épica remontada albiceleste
Perdía 2-0 ante Egipto hasta los 79’, pero Cuti Romero, Messi y Enzo Fernández dieron vuelta el marcador. Tremendo.
Resucitando de un 2-0 en contra, Argentina derrotó este martes 3-2 a Egipto en Atlanta y avanzó a los cuartos de final del Mundial 2026, en un triunfo celebrado entre lágrimas por Lionel Messi. La campeona mundial llegó a asomarse al abismo cuando Egipto se adelantó 2-0 con goles de Yasser Ibrahim y Mostafa Zico en los minutos 15 y 67. Pero, en un lapso de cuatro minutos, Cristian Romero (79’) y Lionel Messi (83’) empataron el marcador y Enzo Fernández (90+2’) completó la remontada que le da a Argentina el pase a cuartos DE FINAL, en los que enfrentará a Colombia o Suiza.
Liberando la tensión, Messi rompió en llanto en el Mercedes Benz Stadium después de un partido que pudo ser el último de su legendaria carrera en el Mundial. Argentina, que ya había jugado con fuego ante Cabo Verde en una agónica victoria en dieciseisavos, sobrevivió a una prueba aún mayor en una tarde en la que parecía que tenía toda la suerte en contra, incluido otro penalti fallado por Messi. El capitán pudo colocar el empate 1-1 en el minuto 21, pero su penalti fue atajado por el arquero Mostafa Shobeir. El astro argentino, que ya había errado una pena máxima en la fase de grupos ante Austria, suma cuatro penales fallados en sus seis mundiales.
Aún así, Messi volvió a ser decisivo para Argentina anotando su octavo gol de este torneo, con el que vuelve a liderar la carrera por la Bota de Oro, y encadenando su noveno partido seguido marcando en un Mundial. “Felicidad por haber conseguido el pase, se había puesto dura con el 2-0 y muy emocionante darlo vuelta otra vez”, declaró Messi en una entrevista con el sitio web de la FIFA. “Esto es el Mundial y todo está muy igualado”, agregó el astro del Inter Miami.
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La mejor Argentina, ante la revelación
Luego del triunfo ante Jordania, la Albiceleste ya trabaja para medir a los africanos.
No hay equipo que haya sido mejor que Argentina en esta primera fase del Mundial. Ocho goles a favor y apenas uno en contra. Nueve puntos sobre nueve posibles. Messi, goleador del Mundial con seis gritos.
Con este panorama, la selección que dirige Lionel Scaloni es nuevamente la gran favorita para llegar al título y más aún por los rivales que le podría tocar si logra superar a Cabo Verde, su rival en los dieciseisavos de final, al que enfrentará el viernes.
Cabo Verde hizo historia y, con un empate 0-0 contra Arabia Saudita en Houston, combinado con la derrota de Uruguay contra España, se clasificó para los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo 2026, en los que se cita con la Argentina de Lionel Messi.
En Argentina aseguran que no será un rival para nada fácil, porque a pesar de ser su primer mundial, en el cuerpo técnico albiceleste están conscientes de que se trata de un equipo maduro y que no rehúye del choque, ni de atacar.
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Argentina, con Messi suplente
Solo el arquero Emiliano “Dibu” Martínez arrancaría desde el vamos. Ya espera por su rival en la otra ronda.
El actual campeón del Mundo y puntero del Grupo J, Argentina, arrancaría hoy con un equipo casi en su totalidad alternativo ante Jordania, ya eliminada. El hecho de haber asegurado el primer lugar del grupo, hizo que el técnico Lionel Scaloni recurra a sus habituales suplentes en el último entrenamiento del equipo, antes del duelo a jugarse hoy, en el Dallas Stadium.
La posibilidad de rotar el equipo en la última fecha de la primera fase, es algo que tiene un beneficio doble: darle minutos a aquellos que todavía no jugaron en este Mundial y preservar a los habituales titulares de cara al duelo de dieciseisavos de final que tendrá lugar el próximo viernes 3 de julio a las 19:00 en Miami.
Aunque Emiliano Martínez será titular, hoy atajó Juan Musso. La defensa estuvo conformada por Gonzalo Montiel, junto a Nicolás Otamendi, Marcos Senesi y Nicolás Tagliafico.
Pese a haber sido amonestado ante Austria y estar en riesgo para el partido de dieciseisavos de final, Leandro Paredes sería el volante central y estaría acompañado por Exequiel Palacios, Giovani Lo Celso y Giuliano Simeone. Valentín Barco, otro de los que aún no vio minutos en la Copa del Mundo, también tiene chances de ir de arranque.
Enlazando el mediocampo y la delantera estuvo Nico Paz, mientras que el único atacante fue Julián Álvarez, relegando a Lionel Messi al banco. Igualmente, el capitán argentino podría disputar la segunda etapa.
En el otro partido del grupo, Argelia y Austria se juegan la clasificación en el Arrowhead Stadium, en Kansas City. Con un empate, el seleccionado austriaco pasará de ronda como segundo, mientras que los argelinos buscarán meterse como uno de los mejores terceros.
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El precio del silencio
DESDE MI MUNDO
- Por Carlos Mariano Nin
- marianonin@gmail.com
Confieso que cada vez que escucho la palabra “sanción” asociada a la libertad de expresión, algo me incomoda. No me gusta.
No porque crea que todo está permitido, ni porque piense que el insulto sea una virtud. Tampoco porque considere que la grosería deba convertirse en argumento.
Me incomoda porque conozco la historia.
Las sociedades no suelen perder sus libertades de un día para otro. No ocurre con una explosión ni con un decreto espectacular.
Casi siempre sucede de manera gradual, con pequeñas concesiones. Con castigos que parecen razonables. Con decisiones que muchos celebran porque afectan a alguien con quien no simpatizan.
Hasta que un día descubrimos que el miedo se volvió costumbre.
Lo sabemos de sobra los paraguayos. Lo aprendimos durante décadas de dictadura, cuando el silencio fue ocupando espacios que antes pertenecían a la palabra, al pensamiento y a la crítica.
Esta semana, la FIFA decidió retirar de forma definitiva la acreditación mundialista al periodista paraguayo Jorge “Chipi” Vera, luego de sus exabruptos contra un árbitro tras la expulsión de un jugador de la selección paraguaya. Dijo en palabras lo que muchos pensamos.
Pero no voy a defender los insultos.
Las palabras tienen consecuencias y quienes trabajamos en los medios sabemos que la responsabilidad forma parte del oficio. En la radio y en la televisión existen normas, horarios de protección al menor y organismos encargados de velar por su cumplimiento.
Pero mientras observaba la polémica, mi preocupación caminaba por otro lado.
Pensaba en el poder, en quién establece los límites y quién tiene la capacidad de aplicarlos.
Porque el fútbol dejó hace tiempo de ser solamente fútbol. Se convirtió en una estructura global con influencia económica, política y cultural sobre millones de personas. Una organización capaz de decidir quién participa, quién accede y quién queda fuera.
Y allí aparece una cuestión que merece atención.
Cuando las instituciones más poderosas comienzan a regular cada vez más aspectos de la expresión humana, la línea entre la disciplina y el control se vuelve difusa.
La FIFA no es la única. El fenómeno atraviesa a buena parte del mundo moderno. Plataformas digitales, corporaciones, gobiernos y organismos internacionales avanzan sobre espacios que antes pertenecían al debate público, al disenso o simplemente al derecho de equivocarse.
La intención suele presentarse como razonable: promover el respeto, evitar excesos, mantener la convivencia.
Sin embargo, la historia enseña que la libertad rara vez desaparece por un acto dramático. Generalmente se desgasta por acumulación o por pequeñas renuncias. Por la costumbre de obedecer antes de hablar.
Por eso este episodio trasciende a un periodista y a una organización deportiva.
Habla de una época.
Una época en la que las herramientas para sancionar crecen más rápido que las herramientas para escuchar y muchas personas empiezan a medir cada palabra no por convicción, sino por temor a las consecuencias.
Y cuando el miedo ocupa el lugar de la conciencia, la libertad comienza a encogerse sin hacer ruido, imperceptible al comienzo. Así como una luz que se apaga lentamente mientras todos seguimos mirando hacia otro lado.
Pero esa… es otra historia