De sonrisa apacible y fuerte como un roble, a sus 87 años, el escritor guaireño Ramiro Domínguez continuaba trabajando incansablemente, hasta que en la madrugada de ayer se apagó en paz. Su deceso enluta a la cultura paraguaya que pierde a uno de sus intelectuales más destacados. Sus restos recibirán sepultura hoy en la ciudad de Villarrica, donde nació en 1930.
Ganador del Premio Nacional de Literatura en el 2009 con su obra "El primo Juan", perteneció a la llamada Generación del 50 de la poesía paraguaya, junto a otros grandes escritores como José María Gómez Sanjurjo, José Luis Appleyard, Rubén Bareiro Saguier, Carlos Villagra Marsal y Ricardo Mazó.
Graduado en Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, fue miembro fundador del Centro de Estudios Antropológicos y se desempeñó como docente universitario de la Universidad Católica de Asunción y en la Universidad Nacional de Asunción.
La Academia de la Lengua Guaraní, presidida por Domingo Aguilera, expresa en un comunicado que lamenta el fallecimiento de "Un hombre de profunda sabiduría y vida ejemplar, y como tal, un gran promotor y defensor de la cultura paraguaya en todos los niveles, desde el campo de las ciencias y la literatura, que cultivó toda su vida. Al darle el saludo final y agradecerle su vasta obra, la Academia se compromete a resguardar su legado y memoria, que harán iluminar el presente y el futuro de la institución y del país".
El escritor Víctor Jacinto Flecha, en una extensa reflexión sobre su obra afirma "El conocimiento de la vida de nuestra comunidad nacional le había posibilitado convertirse en una de las voces poéticas de mayor entrañamiento con la tierra y con la vida de su pueblo. Desde 'Zumos', su primer libro individual de poesía, hasta 'Deslumbres', el último; pasando por 'Salmos a deshora', 'Ditirambos para flauta y coro', 'Las cuatro fases del Luisón' y 'Los casos de Perurimá'; su producción se sumergía en la esencialidad paraguaya, logrando escudriñar en profundidad la realidad del íntimo sentir nacional".
Además de las obras nombradas por Flecha, Ramiro Domínguez ha publicado otros títulos como "Cantata heroica a Pedro Juan Caballero" y "Fantasía coral", en teatro; además de su libro antropológico "El valle y la loma", entre muchas otras.
Lleno de vitalidad y ganas de seguir creando, durante el 2017 viajó a numerosas ferias internacionales representando al Paraguay.
“La poesía quedó huérfana”
Hay una poesía que es hija del espíritu de Ramiro Domínguez, de su espíritu dilatado en la observación de los dramas de su patria o de su espíritu ensimismado en su voz interior e íntima.
Esa poesía hoy quedó huérfana. Seguirá retozando en los aires, revoloteando con las hojas caídas en cualquier tarde, refrescando memorias inquietas, desentrañando leyendas y mitos, revolviendo dolores de cañaveral. Seguirá, pero huérfana. Hay también en Ramiro una prosa, claro, una prosa que describe las aflicciones del valle y los entresijos de la loma.
Hay una prosa prolija lijada por el encanto cantarín de una doncella rural analizada como un sujeto social. Hay una prosa, claro, pero la hija genuina de Ramiro Domínguez es su poesía. Y es ella, esa poesía, la que hoy queda huérfana. Aunque su voz se eleve a lo más alto, para que ningún silencio ya la alcance.
“Que el recuerdo de su sonrisa transmita la paz”
Fue un hombre multifacético, que ademas de la literatura, era catedrático, universitario y precursor de innovaciones académicas, antropólogo, dedicado al bien común; con un trato exquisito, cordial y amable, sobre todo lleno de dulzura en sus modales que inspiraba confianza y respeto.
Tuve el privilegio de compartir con él en algunas actividades literarias y académicas, que atesoraré en mi jardín de los recuerdos. Fue merecedor de galardones importantes en el país, por sus obras literarias, y a ello quisiera agregar que en el 2010 fue candidato al Premio Nobel de Literatura, representando al Paraguay.
Que su alma límpida y serena se eleve hacia los reinos celestiales y el recuerdo de su caracterizada sonrisa amistosa, sincera y afable nos trasmita la paz y la unidad entre todos los escritores de esta bella tierra, pequeña y grande que se llama Paraguay.

