George Lucas conmueve en la Comic-Con tras cinco décadas de espera
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Los fans de la Comic-Con desenvainaron sus sables de luz para recibir al director George Lucas en su histórica primera visita a este templo de la cultura pop. El legendario realizador de 81 años fue recibido con una ovación en una sala con capacidad para 6.500 personas, muchas de las cuales hicieron fila por horas para garantizarse un lugar.
Lucas nunca había visitado la convención a pesar de que sus franquicias de “La Guerra de las Galaxias” e “Indiana Jones” están fuertemente arraigadas en la cultura de la Comic-Con. “Hemos esperado cinco décadas por esto”, dijo la actriz y cantante Queen Latifah, moderadora del panel en el que participó Lucas.
La Comic-Con, que reúne a unos 130.000 fanáticos cada año, se ha convertido en una importante plataforma para que los estudios y sus estrellas presenten sus lanzamientos en cine y televisión. Pero Lucas llegó a la famosa sala H para hablar del “Museo Lucas del Arte Narrativo” que, fundado por él y su esposa, la empresaria Mellody Hobson, abrirá sus puertas en Los Ángeles el año que viene.
“He coleccionado arte desde que estaba en la universidad”, dijo Lucas, que posee un acervo de decenas de miles de piezas. “He hecho esto por más de cincuenta años, y de pronto pensé ¿qué voy a hacer con todo esto? Porque me niego a venderlo. Jamás podría hacer eso, eso no es lo que yo creo que el arte es. El arte es más sobre una conexión emocional”, agregó.
Lucas definió como “un templo para el arte popular” el museo que exhibirá el trabajo de ilustradores como Norman Rockwell, Jessie Willcox Smith, Maxfield Parrish y N.C. Wyeth, obras de Frida Kahlo, Jacob Lawrence, Charles White y Robert Colescott, y piezas de caricaturistas y artistas como Winsor McCay, Frank Frazetta, George Herriman y Jack Kirby, entre otros.
El curvilíneo y escultural edificio también expondrá artefactos de las producciones que elevaron a Lucas al panteón del cine, entre otras piezas exclusivas. Para Lucas, se trata de un homenaje a la importancia de la narrativa.
“Cuando naces, el punto de referencia es el miedo. Y a medida que avanzas en la vida, las cosas te dan curiosidad, especialmente aquellas cosas que no entiendes, y que por eso representan una amenaza para ti. Como resultado, creas historias para sentirte mejor”, explicó Lucas. “La ciencia ficción es un mito. Lo hicimos realidad gracias a los libros y el arte de ciencia ficción”, reflexionó.
El venerado director conversó con los oscarizados Guillermo del Toro y Doug Chiang, artista que ha moldeado el emblemático universo de “La Guerra de las Galaxias” durante décadas. Del Toro, quien lanzará su “Frankenstein” en noviembre, dijo que muchas de las piezas en el recinto celebrarán la libertad y la anarquía.
El maestro de lo fantástico sostuvo que la colección exhibida en su museo reflejará cómo una forma de expresión explica el mundo contemporáneo. “Estamos en un momento crítico en el que una de las cosas que quieren desaparecer es el pasado. Esto (el museo) es conmemorar un momento popular, vociferante, expresivo y elocuente de nuestro pasado visual que nos pertenece a todos”, sostuvo.
Para Del Toro, la iniciativa de Lucas es crucial en tiempos en que se hace más urgente resaltar la importancia de la expresión individual. “Una de las cosas que encuentro opresivas es gente diciendo que puedes hacer arte con una aplicación. Lo siento, pero no puedes”, comentó.
“La diferencia es personalidad, conocimiento y emoción. Son tres cosas que tienen que existir, y lo siento, no vienen en una jodida aplicación”, prosiguió, aclamado por el público. “¡Qué panel!”, dijo Jesse Goldwater, quien vino de Los Ángeles para el evento. “Ellos son la encarnación de la Comic-Con, sin ellos la Comic-Con no existiría”, añadió. La Comic-Con culmina este domingo.
Los jueves son de “Jazz Jam Session” junto al baterista Víctor Morel
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El espacio cultural El Granel (Juan de Salazar 372 casi Artigas, Asunción) se convertirá en el punto de encuentro semanal para los amantes del jazz en Asunción con el inicio del ciclo “Jazz Jam Session”, liderado por el destacado baterista Víctor Morel. El ciclo se presentará todos los jueves de setiembre, desde las 21:00 horas, con entradas a 20.000 guaraníes.
La iniciativa busca ofrecer una experiencia musical basada en la improvisación y el intercambio espontáneo entre artistas. La dinámica de cada jornada estará dividida en dos bloques: un primer set a cargo del trío compuesto por Víctor Morel (batería), Jair Galeano (bajo) y Víctor Scura (piano), seguido de una jam session abierta a la participación de los músicos presentes en la sala.
“La jam session es un espacio fundamental de encuentro entre la audiencia y los intérpretes. Para los músicos representa una oportunidad de conectarse y experimentar dentro de la tradición del jazz, mientras que el público puede presenciar eventos que serán únicos en cada fecha”, destacó Morel sobre el proyecto.
Hijo del legendario baterista paraguayo Toti Morel, Víctor Sebastián Morel es un referente contemporáneo de la escena del jazz y la música instrumental, con emblemáticas agrupaciones locales como Joaju Cuarteto y Ensamble Palito Miranda, así como los proyectos musicales Víctor Morel y los Amibops, Guerrilla Soul Experimento y del Ensamble Fusión de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN). Además de su faceta como intérprete, se destaca por su labor en la autogestión y dinamización de la agenda cultural a través de Síncopa Producciones.
Ninon Borsei (izquierda) protagoniza "Un détour par Diane" de la belga Ann Sirot y el francés Raphael Balboni, en estreno en Orizzonti. Foto: Gentileza
Venecia 2026: crítica de “Diane in the Loop”, incómoda y sorprendente
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Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
Hay películas que parecen pequeñas hasta que uno empieza a tirar de los hilos y descubre que debajo de una historia aparentemente sencilla hay una cantidad de temas considerable. “Diane in the Loop”, de Ann Sirot y Raphaël Balboni, pertenece a esa categoría. Una película incómoda, divertida, extraña y, sobre todo, sorprendentemente inteligente, que utiliza el humor y el absurdo para hablar de feminismo, trauma, maternidad, deseo, memoria y de una generación que parece haberse especializado en encontrar motivos para sentirse ofendida.
Entre recordar y olvidar
Diane desprecia a los hombres tanto como los desea. Su madre fue violada tres años antes de que ella naciera y, cuando Diane descubre esta circunstancia, convierte su vida en una especie de misión vengadora. Su madre, sin embargo, tiene otras preocupaciones: quiere recuperar el tiempo perdido y convertirse, por fin, en la mujer que siempre quiso ser. Entre una hija obsesionada con recordar y una madre que necesita olvidar, la película construye una relación familiar llena de contradicciones. Y ahí está precisamente una de sus mayores virtudes: nunca parece tener una única lectura.
Las muchas capas de Diane
Uno de los grandes aciertos de la película es la construcción de su protagonista. Diane parece tener, en principio, una personalidad perfectamente definida: sabemos qué piensa, qué detesta, qué le indigna y cuál es su posición frente a los hombres. Pero cuanto más avanza la película, más evidente resulta que debajo de esa aparente seguridad hay muchas capas.
No es la misma Diane cuando está frente a su madre que cuando se relaciona con su padre, ni cuando habla de los hombres, ni cuando se enfrenta a sus propios deseos. Hay una Diane hija, una Diane mujer, una Diane marcada por la historia de su madre y otra que intenta construir su propia identidad a partir de ella. Y todas conviven en el mismo personaje, a veces de manera armónica y otras en abierta contradicción.
Lo interesante es que los directores no necesitan explicarlo constantemente. Lo hacen aparecer en las situaciones, en las conversaciones, en los silencios y, sobre todo, en la evolución del personaje. Diane comienza aferrada a unas certezas que parecen inamovibles y termina descubriendo que quizá no todo pueda organizarse según el esquema de buenos y malos con el que había construido su visión del mundo.
Sandrine Blancke y Ninon Borsei en "Un détour par Diane" de la belga Ann Sirot y el francés Raphael Balboni, en estreno en Orizzonti. Foto: Gentileza
Cuando las palabras cambian de sentido
Hay momentos particularmente brillantes en los que los diálogos adquieren un significado completamente distinto dependiendo de cómo se presenten. Por ejemplo, ese encuentro con el ciclista que tiene problemas con la bicicleta o las conversaciones mientras toman algo que ni siquiera parece realmente una copa, sino más bien un zumo. De repente, un gesto cotidiano se vuelve extraño. Lo que escuchamos parece tener un sentido y, cuando las imágenes aportan el contexto, descubrimos otro. Es como si los directores estuvieran jugando constantemente con nuestra percepción.
Ese mecanismo resulta especialmente interesante porque obliga al espectador a pensar. Los comentarios, sacados de contexto, pueden parecer ofensivos, absurdos o incluso terribles; colocados después junto a las imágenes, adquieren otra dimensión. La película juega con esa distancia entre lo que se dice y lo que realmente está ocurriendo, y lo hace con una ligereza que evita que todo se convierta en una tesis doctoral sobre la sociedad contemporánea.
El foco también cuenta
También hay una utilización del lenguaje cinematográfico especialmente elegante. En la escena de la playa, cuando el chico y la chica están hablando, el juego de enfoque y desenfoque resulta casi hipnótico: cuando habla él, el plano dirige nuestra atención hacia él; cuando habla ella, cambia el foco y pasa a ser ella quien domina visualmente la escena. Es un recurso sencillo, pero muy inteligente, porque convierte una conversación aparentemente normal en una pequeña coreografía visual.
La generación de cristal entra en escena
Y entonces aparece uno de los aspectos más divertidos —y también más incómodos— de la película: su retrato de determinadas sensibilidades contemporáneas.
“Diane in the Loop” parece disfrutar provocando a esa parte de la sociedad que analiza cada comentario, cada palabra y cada gesto como si estuviera ante un tribunal permanente. Las protagonistas pueden convertir prácticamente cualquier situación en un motivo de indignación. Y la película se permite una ironía bastante evidente sobre ese progresismo llevado al extremo, sobre esa necesidad de encontrar siempre algo que señalar, corregir o denunciar.
La gracia está en que los directores no parecen interesados en decirnos simplemente quién tiene razón. Más bien colocan a sus personajes en situaciones incómodas y dejan que sean ellos mismos quienes se contradigan. Es una generación con mandíbula de cristal y, paradójicamente, puño de hierro: extremadamente sensible cuando recibe una ofensa, pero perfectamente capaz de ser brutal cuando considera que la razón está de su lado. La película encuentra ahí un filón cómico considerable.
El trauma de una generación a otra
Pero sería quedarse en la superficie reducir “Diane in the Loop” a una sátira sobre feminismo o sobre la llamada “generación de cristal”. Lo realmente interesante es cómo conecta esa actitud de la hija con la experiencia de la madre. Cuando Diane se queja por cuestiones que su madre considera pequeñas, aparece ese contraste demoledor entre dos generaciones de mujeres. La madre parece pensar: “Lo que yo viví sí fue grave”. Y ahí la película introduce una pregunta mucho más interesante: ¿qué ocurre cuando una generación hereda un trauma, pero vive en un mundo completamente diferente al de quien lo sufrió originalmente?
Nunca es demasiado tarde
La madre, además, no quiere quedarse atrapada en el pasado. Que vuelva a estudiar es un detalle precioso porque introduce una idea muy sencilla y muy poderosa: nunca es demasiado tarde para recuperar la propia vida. Después de todo lo ocurrido, todavía existe la posibilidad de empezar de nuevo. Frente a la obsesión de Diane por lo que sucedió, su madre mira hacia lo que todavía puede suceder.
Caen las caretas
Y es precisamente en la evolución de Diane donde la película adquiere una dimensión todavía más interesante. Porque su transformación no consiste simplemente en cambiar de opinión: consiste en descubrir que sus propias certezas también pueden ser una prisión.
La gran contradicción que plantea la parte final es especialmente estimulante. Algo que, en principio, debería caernos mal termina cayéndonos bien. Un personaje, una situación o una relación que habíamos aprendido a mirar desde un determinado prejuicio empieza a adquirir otra dimensión. Y entonces la película hace algo que parece sencillo, pero que no lo es: nos obliga a revisar nuestro propio juicio.
Aquí empiezan a caer los mitos, las caretas y, sobre todo, los prejuicios. Lo que parecía blanco o negro adquiere una gama de grises mucho más humana. Y Diane, que durante buena parte del metraje parece querer imponer al mundo una determinada manera de entender las cosas, acaba aprendiendo algo bastante más difícil: que buscar el bienestar y la felicidad personal también puede significar apartar determinadas ideas preconcebidas.
No se trata de traicionar sus convicciones, sino de aceptar que la vida es mucho más contradictoria que cualquier discurso. Que podemos desear aquello que creíamos que no debíamos desear. Que podemos sentir simpatía por quien pensábamos que debíamos rechazar. Y que quizá madurar consiste precisamente en aprender a convivir con esas contradicciones.
Humor para hablar de cosas serias
Y entre todo esto, el humor está siempre presente. Incluso cuando la película se acerca a asuntos dolorosos, nunca pierde esa capacidad para introducir una situación absurda, una conversación incómoda o una pequeña ironía que rompe la solemnidad. Los directores parecen tener muy claro que hablar de temas importantes no obliga necesariamente a ponerse trascendentales.
Poesía en imágenes
Visualmente, además, vuelven a demostrar una sensibilidad extraordinaria. Hay imágenes que parecen salidas directamente de un sueño, como ese momento en que las dos mujeres están en la cama mientras caen plumas desde el cielo. Es poesía cinematográfica, pero sin necesidad de subrayarla. La imagen es bella, extraña y ligeramente absurda, exactamente como buena parte de la película.
Una película que podría con todo
Lo más sorprendente es precisamente el equilibrio. Hay muchísimos temas: maternidad, deseo, violencia, memoria, feminismo, generaciones, identidad, trauma, humor, segundas oportunidades… En manos de otros directores, semejante cantidad de ingredientes podría convertirse fácilmente en un batiburrillo. Aquí, en cambio, todo está razonablemente bien entrelazado. La película sabe cuándo profundizar y cuándo quitar hierro a lo que está contando.
Dos directores a seguir
Ann Sirot y Raphaël Balboni ya habían demostrado su talento con “Le Syndrome des amours passées”, otra película maravillosa que pasó por Cannes. Con “Diane in the Loop” confirman que aquello no era casualidad.
Y también vuelve a poner en valor algo que el cine belga francófono lleva años haciendo especialmente bien: encontrar pequeñas historias, aparentemente modestas, y convertirlas en auténticas pepitas de oro. Películas que quizá no llegan con el ruido de las grandes producciones, pero que consiguen algo mucho más difícil: sorprenderte, incomodarte y hacerte pensar mientras te estás riendo.
Una pepita de oro en Venecia
Presentada en la sección Orizzonti de Venecia, “Diane in the Loop” podría haber encajado perfectamente en la competición oficial. Porque tiene personalidad, ideas, humor y una mirada cinematográfica propia. Es una película maravillosa, de esas que recuerdan por qué los festivales siguen teniendo sentido: para descubrir pequeñas obras capaces de dejarte sentado en la butaca preguntándote qué demonios acabas de ver… y, sobre todo, por qué no puedes dejar de pensar en ello.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
El evento reunió del 7 al 9 de septiembre a estudiantes, familias y referentes de las letras en el Centro Histórico y Cultural Edwin Krug de Hohenau. Foto: Gentileza
La Libroferia Colonias Unidas cerró su séptima edición con invitados de España y Argentina
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Con tres jornadas dedicadas al fomento de la lectura, la cultura y la integración comunitaria, concluyó con éxito la séptima edición de la Libroferia Colonias Unidas. La iniciativa fue organizada de manera conjunta por la Universidad Autónoma de Encarnación (UNAE - Sede Colonias Unidas) y la Municipalidad de Hohenau.
Durante las tres jornadas, el Centro Histórico y Cultural Edwin Krug albergó presentaciones de libros, conversatorios con autores, talleres, conciertos y delegaciones estudiantiles. El acto de apertura contó con la presencia del intendente de Hohenau, Armindo Bugs; la rectora de la UNAE, Dra. Nadia Czeraniuk; y el director de la sede local, Alberto Diez, acompañados por autoridades educativas y de la región.
La programación destacó por la participación de referentes internacionales. Desde España, la escritora Eva María García Romo presentó sus obras “Solo una bala” y “#Yo tampoco/#Me neither”, dictando además un taller para autores emergentes. En tanto, desde Argentina, el artista Claudio Bustos ofreció un concierto poético-musical que integró literatura y canción.
El evento reunió del 7 al 9 de septiembre a estudiantes, familias y referentes de las letras en el Centro Histórico y Cultural Edwin Krug de Hohenau. Foto: Gentileza
A la oferta cultural se sumó una variada feria bibliográfica a cargo de sellos y distribuidoras como El Libro en su Casa, Servilibro, Divesper, El Lector, AGEAC y DLM. En un contexto en que la comprensión lectora representa uno de los mayores desafíos en el ámbito de la enseñanza, la Libroferia reafirma la importancia de acercar los libros y los creadores al estudiantado y a la ciudadanía en general.
La realización del encuentro fue posible gracias a la articulación entre el gobierno municipal, la universidad y el apoyo del sector cooperativo, mediante el acompañamiento de la Cooperativa Colonias Unidas y la Cooperativa Medalla Milagrosa.
El evento reunió del 7 al 9 de septiembre a estudiantes, familias y referentes de las letras en el Centro Histórico y Cultural Edwin Krug de Hohenau. Foto: Gentileza
La Compañía Roque Sánchez–Graciela Pastor rinde tributo a figuras emblemáticas de la cultura paraguaya a lo largo de 215 años de historia. Foto: Gentileza
Primavera Teatral: “Heroicos” sube en el Teatro Municipal con funciones gratuitas
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En el marco del Ciclo Primavera Teatral 2026, la reconocida Compañía Teatral Roque Sánchez–Graciela Pastor subirá a las tablas del Teatro Municipal de Asunción “Ignacio A. Pane” (Presidente Franco entre Chile y Alberdi) con la obra “Heroicos” (215 años de una patriótica historia). Las funciones se llevarán a cabo con acceso gratuito los martes 15 y 22 de septiembre en doble turno.
Escrita y dirigida por Alberto Sánchez Pastor, la puesta propone un recorrido por hitos fundamentales de la historia nacional, al tiempo de rendir tributo a creadores y referentes que marcaron el acervo cultural del país. Entre los homenajeados figuran ilustres exponentes como Manuel Ortiz Guerrero, Julio Correa, Agustín Pío Barrios, José Asunción Flores, Herminio Giménez, Félix Fernández, Emiliano R. Fernández y Luis Alberto del Paraná, entre otros.
El espectáculo se ofrecerá con acceso totalmente gratuito en dos fechas programadas para el martes 15 de septiembre, con funciones a las 9:00 y a las 14:00, y el martes 22 de septiembre: a las 9:00 y a las 14:00. La actividad cuenta con la presentación de la Fundación Itaú Paraguay y la Sociedad Filarmónica de Asunción (SFA), junto con el apoyo de Flow Personal y el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC).