- Madrid, España. AFP.
El gigante del streaming Netflix anunció el martes que invertirá en los próximos cuatro años 1.000 millones de euros (1.114 millones de dólares) en producciones en España, país que se ha vuelto uno de los principales centros de creación audivisual en Europa.
"Durante los próximos cuatro años, planeamos invertir más de 1.000 millones de euros en España", indicó Ted Sarandos, codirector de Netflix, durante un evento organizado en los estudios españoles de la empresa estadounidense, cerca de Madrid, con motivo de sus diez años en el país.
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“Con esta inversión, vamos a apoyar aún más la economía española y contar más grandes historias realizadas en España”, agregó Sarandos, quien habló en el evento al que asistió el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
La empresa de streaming, llegada a España en 2015, inauguró sus primeros estudios fuera de Estados Unidos en abril de 2019 en Tres Cantos, en las afueras de Madrid, poco después de haber tenido su primer éxito mundial en un idioma distinto al inglés con la serie “La Casa de papel”.
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Actualmente, estos estudios de 22.000 metros cuadrados son uno de sus principales sitios de creación audiovisual en la Unión Europea. “Solo el año pasado, nuestros títulos españoles generaron más de 6.000 millones de horas de visionado”, insistió Sarandos.
En total, casi mil películas y series han sido producidas en ciudades españolas por la plataforma desde 2017, incluyendo “La sociedad de la nieve”, “Bienvenidos a Edén”, “Élite”, “La chica de nieve” y “Valeria”. Estas producciones han permitido sostener más de 20.000 empleos en el sector audiovisual español, según la empresa.
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“El agente secreto” y “El Eternauta” dominan los Premios Platino 2026
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La XIII edición de los Premios Platino Xcaret, que tuvo lugar el pasado 9 de mayo, confirmó el gran momento que vive el audiovisual iberoamericano con una gala marcada por el reconocimiento a producciones que combinan riesgo creativo, identidad cultural y proyección internacional. La ceremonia, celebrada en el Teatro Gran Tlachco del Parque Xcaret, en Riviera Maya, coronó a la brasileña “El agente secreto” y a la argentina “El Eternauta” como las grandes vencedoras de la noche.
La película brasileña “El agente secreto”, escrita y dirigida por Kleber Mendonça Filho, se convirtió en la producción cinematográfica más premiada de la edición al obtener cuatro galardones: mejor película iberoamericana de ficción, mejor dirección, mejor guion y mejor interpretación masculina para Wagner Moura.
Ambientada en el Brasil de 1977, la cinta propone un thriller político y de espionaje en plena dictadura militar, siguiendo la huida de un ingeniero que intenta reencontrarse con su hijo mientras escapa de la represión. Durante su discurso, Mendonça Filho reivindicó el papel del cine como “un instrumento poderoso” capaz de narrar historias atravesadas por “la verdad del drama humano”.
El reconocimiento a mejor película fue recibido por el propio director y la productora Emilie Lesclaux, quienes dedicaron el premio a sus hijos y al equipo creativo detrás de una obra que logró posicionarse como la gran triunfadora de la noche.
Por su parte, “El Eternauta”, adaptación de la histórica novela gráfica creada por Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, se consolidó como la serie más destacada de la gala. La producción argentina obtuvo tres Premios Platino: mejor miniserie o teleserie cinematográfica, mejor creador para Bruno Stagnaro y mejor interpretación masculina en miniserie o teleserie para Ricardo Darín.
Los productores Matías Mosteirin y Leticia Cristi destacaron el largo recorrido del proyecto, concebido hace más de dos décadas y finalmente convertido en una de las producciones latinoamericanas más relevantes del año. Stagnaro definió el reconocimiento como “un final de recorrido hermoso” para una serie que ya prepara una segunda temporada.
En las categorías interpretativas femeninas, la española Blanca Soroa obtuvo el Platino a mejor interpretación femenina por “Los domingos”, donde interpreta a una adolescente dividida entre la vocación religiosa y la vida cotidiana. Visiblemente emocionada, la actriz agradeció a la directora Alauda Ruiz de Azúa y al elenco por acompañarla en “un viaje maravilloso”.
La mexicana Paulina Gaitán se llevó el premio a mejor interpretación femenina en miniserie o teleserie gracias a “Las muertas”, producción inspirada en el caso de las hermanas Baladro y ambientada en el México de los años sesenta. La actriz confesó que el reconocimiento era un sueño largamente esperado.
Entre las demás producciones destacadas de la noche, “Apocalipse nos Trópicos”, dirigida por Petra Costa, obtuvo el premio a mejor película documental con un retrato sobre la influencia religiosa en la política brasileña contemporánea. En animación, “Olivia & Las Nubes”, de Tomás Pichardo Espaillat, hizo historia para República Dominicana al ganar el Platino a mejor película de animación. El director subrayó el impacto que este tipo de reconocimientos tiene para una industria emergente como la dominicana.
La española “Sorda”, ópera prima de Eva Libertad, fue reconocida como mejor ópera prima, mientras que “La cena”, dirigida por Manuel Gómez Pereira, obtuvo el premio a mejor comedia iberoamericana de ficción.
Uno de los momentos más emotivos de la gala llegó con la entrega del Platino de Honor a Guillermo Francella. El intérprete argentino, figura clave del cine y la televisión iberoamericana, recibió el homenaje de manos de Enrique Cerezo, presidente de Egeda y presidente ejecutivo de los Premios Platino.
Durante su discurso, Francella afirmó que “si algo me sostuvo en pie, fue la pasión”, reivindicando una trayectoria construida a través del trabajo colectivo y el amor por la interpretación. El actor recordó además que ningún logro artístico se alcanza en soledad, agradeciendo a colegas, directores y colaboradores que marcaron su carrera.
La gala, conducida por Carlos Torres y Cayetana Guillén Cuervo, también estuvo acompañada por actuaciones musicales de María Becerra, Camilo, Manuel Carrasco y Tony Grox & Lucycalys, quienes aportaron un componente festivo y emocional a una ceremonia que volvió a celebrar la diversidad y fortaleza del audiovisual iberoamericano. Con esta edición, los Premios Platino Xcaret reafirman su papel como principal escaparate del cine y las series en español y portugués, consolidando un espacio donde convergen las historias, voces y talentos de los 23 países iberoamericanos.
Lista de ganadores
Mejor Película Iberoamericana de Ficción: “El agente secreto” (Brasil) de Kleber Mendonça Filho
Mejor Dirección: Kleber Mendonça Filho por “El agente secreto” (Brasil)
Mejor Guion: Kleber Mendonça Filho por “El agente secreto” (Brasil)
Mejor Interpretación Masculina: Wagner Moura por “El agente secreto” (Brasil)
Mejor Interpretación Femenina: Blanca Soroa por “Los domingos” (España) de Alauda Ruiz de Azúa
Mejor Película Documental: “Apocalipse nos Trópicos” (Brasil) de Petra Costa
Mejor Película de Animación: “Olivia & Las Nubes” (República Dominicana) de Tomás Pichardo Espaillat
Mejor Ópera Prima: “Sorda” (España) de Eva Libertad
Mejor Comedia Iberoamericana de Ficción: “La cena” (España) de Manuel Gómez Pereira
Mejor Miniserie o Teleserie Cinematográfica: “El Eternauta” (Argentina) de Bruno Stagnaro
Mejor Creador en Miniserie o Teleserie: Bruno Stagnaro por “El Eternauta” (Argentina)
Mejor Interpretación Masculina en Miniserie o Teleserie: Ricardo Darín por “El Eternauta” (Argentina)
Mejor Interpretación Femenina en Miniserie o Teleserie: Paulina Gaitán por “Las muertas” (México) de Luis Estrada
Mejor Serie de Larga Duración: “Beleza Fatal” (Brasil) de Raphael Montes
Platino de Honor: Guillermo Francella (Argentina)
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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¿Es posible una república en Paraguay sin una cultura del mérito?
- José Duarte Penayo
- Filósofo
- Presidente de ANEAES
Un joven paraguayo se gradúa tras cinco años de esfuerzo en una carrera que le prometía un futuro profesional y descubre que el mercado laboral demanda competencias que su formación apenas rozó. Tiene un título, tiene voluntad, pero entre lo que estudió y lo que el país necesita hay una distancia que nadie le advirtió a tiempo. Esta escena se multiplica cada año y condensa un problema que excede a la persona, porque se trata de un sistema que emite credenciales con indiferencia respecto de si el talento que certifica responde a las capacidades que la sociedad requiere.
La frustración que genera esta experiencia merece atención. Una sociedad que forma jóvenes y carece de caminos reales para traducir ese esfuerzo en reconocimiento e inserción produce desafección, desconfianza institucional y, eventualmente, fuga de talento. Cuando esto se vuelve masivo, el título pierde valor como señal de competencia y la educación ve mermada su legitimidad como vía de progreso. El mérito queda así convertido en un esfuerzo estéril.
La discusión sobre la meritocracia atraviesa una coyuntura intensa desde hace un tiempo. Michael Sandel, en “La tiranía del mérito”, argumentó que la glorificación del éxito individual erosiona los vínculos de solidaridad, genera lo que denominó “soberbia meritocrática” en los ganadores y una humillación corrosiva en quienes quedan atrás. Así, para Sandel, el mérito convertido en principio absoluto termina justificando la desigualdad como destino merecido. Su diagnóstico se apoya en una observación precisa de las sociedades más ricas, donde la brecha entre los graduados de universidades de élite y el resto de la población se convirtió en fractura cultural que debilita la cohesión democrática.
Mucho antes, desde el punto de vista clásico de la sociología francesa, Pierre Bourdieu mostró que el sistema educativo opera como mecanismo de “reproducción social”. La modernidad habría producido, para este autor, una continuidad entre las viejas aristocracias de sangre y las nuevas aristocracias del diploma, donde el título universitario funciona como nuevo título de nobleza que consagra desigualdades previas bajo la apariencia de una competencia abierta. La credencial educativa legitima lo que fue transmitido por herencia patrimonial, capital cultural familiar y redes de acceso privilegiado, como se puede leer en uno sus trabajos más importantes, “Los herederos: los estudiantes y la cultura”.
Por su parte, John Rawls, en su “Teoría de la justicia”, distinguió la “igualdad formal de oportunidades” –que abre la competencia sobre una cancha inclinada por dones naturales, riqueza heredada y origen social– de la “igualdad equitativa de oportunidades”, que exige a las instituciones balancear esos factores ajenos al mérito para garantizar un punto de partida realmente equitativo.
El mérito genuino, en términos rawlsianos, presupone educación de calidad verificada, evaluación transparente y señales confiables entre formación y empleo. Bien entendido, el mérito exige más república, más normas y más Estado social de derecho, porque sin esas condiciones el concepto mismo pierde sentido.
Resulta fundamental situar las críticas hacia la meritocracia dentro de sus contextos específicos para entender su alcance. Tanto Bourdieu como Sandel escriben desde sociedades con alta fortaleza institucional, donde las trayectorias profesionales mantienen una estructura definida y los mecanismos estatales de evaluación académica y profesional operan con transparencia relativa.
La pregunta que surge al trasladar esta discusión a un país como Paraguay resulta directa: ¿cuál es la alternativa? En sociedades donde los mecanismos de reconocimiento del talento todavía están en construcción, la crítica abstracta a la meritocracia corre el riesgo de funcionar como un pretexto cínico para que todo siga dependiendo de la discrecionalidad o la inercia.
Paraguay atraviesa una transformación que otorga a este debate una urgencia inédita. Una generación joven con niveles de acceso a la educación superior superiores a cualquier etapa previa exige que su preparación encuentre un respaldo tangible en el sector productivo y en las instituciones nacionales. El diploma universitario entra en crisis debido a que solo el diez por ciento de las cinco mil carreras habilitadas cuenta con una acreditación de calidad, situación que se refuerza con el hecho de que en los últimos tres años se registraron cerca de 100 mil títulos sin sello de calidad de la ANEAES. Mientras la cantidad de títulos se multiplica, su efectividad como garantía de competencia profesional disminuye de forma constante.
Ante la ausencia de mecanismos que conecten formación con necesidades reales, el mercado laboral termina reemplazando la evaluación formal por criterios informales.
La comunidad nacional y el individuo que desarrolla sus capacidades deben pensarse en conjunto. Raymond Boudon, al cuestionar la rigidez estructural del modelo de Bourdieu, demostró que las decisiones individuales y la agencia de los actores tienen efectos reales sobre las trayectorias sociales, efectos que las instituciones pueden potenciar o bloquear.
Un diseño institucional inteligente puede alinear la suma de méritos individuales con las potencialidades productivas del país, a través de la formación pertinente en sectores estratégicos. Asimismo, la profesionalización de la función pública genera señales claras sobre la vinculación entre los estudios y las necesidades reales. Cuando esa alineación funciona, el reconocimiento del talento se transforma en una política de desarrollo.
Si el concepto sustantivo de lo político, como lo piensa la teoría política contemporánea, es la capacidad de impulsar procesos instituyentes de ruptura y la vocación de fundar un orden más justo, la verdadera posición antipolítica es aquella que, bajo una crítica simplista de la meritocracia, se complace en gestionar una realidad que ya no interpela ni convence a las grandes mayorías, administrando un statu quo sin legitimidad y eludiendo el coraje de impulsar transformaciones, aunque sean mínimas.
Nuestro país puede y debe construir un sistema donde el mérito sea reconocido, verificado y conectado con el destino de la nación, siempre bajo el horizonte de la solidaridad social.
La alternativa real a la meritocracia mal entendida es la meritocracia bien construida, que contemple reglas claras, instituciones que la sostengan y una república que haga del talento individual un bien público.