El sábado 24 de mayo a las 21:00, el Teatro de las Américas del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA), sito en José Berges 297 entre Brasil y Estados Unidos, en Asunción, se vestirá de letras y melodías para recibir “La música de las palabras”, un espectáculo de Víctor Riveros donde la literatura y la música se encuentran para emocionar y trascender.
La propuesta artística cuenta con la participación especial del escritor y periodista Andrés Colmán Gutiérrez, y la colaboración musical de Aldo Franco, Nino Rodríguez, Seseu Duarte, junto a otros artistas invitados. Además, se anuncia la presencia de varios de los autores homenajeados, en una noche que promete ser íntima, profunda y cargada de emociones.
Poemas, cuentos y prosas de reconocidos escritores como Elvio Romero, Ida Talavera, Jacobo Rauskin, Delfina Acosta, Miguelángel Meza, Susy Delgado, Lourdes Espínola, Andrés Colmán Gutiérrez, Bartomeu Melià, entre otros, serán interpretados y musicalizados en escena por Víctor Riveros, en un formato que cruza los límites entre la narración y el canto.
Las entradas anticipadas tendrán un costo de G. 30.000 y en puerta costarán G. 50.000. Las reservas e informes al WhatsApp: 0981 437-535. Este evento cuenta con el apoyo de Fondos Culturales de la Municipalidad de Asunción (Focma), CCPA y Autores Paraguayos Asociados (APA), con la producción de Eirapro y Nempr.
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Jazz in Marciac 2026: el prestigioso festival francés volvió a reunir a las grandes figuras del jazz
- Por David Sánchez, desde Marciac (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La 48.ª edición de Jazz in Marciac, uno de los festivales de jazz más importantes de Europa, concluyó tras celebrarse del 20 de julio al 5 de agosto en la localidad de Marciac, en la región francesa de Occitania. Durante más de dos semanas, el pequeño municipio del suroeste de Francia volvió a convertirse en un punto de encuentro para miles de aficionados gracias a una programación que combinó leyendas del género, artistas contemporáneos y conciertos gratuitos repartidos por todo el pueblo.
Desde su creación en 1978, el festival ha crecido hasta consolidarse como una referencia internacional del jazz. Cada verano recibe a cientos de miles de visitantes y ofrece una programación que trasciende el escenario principal, con exposiciones, actividades culturales, gastronomía local y el tradicional Festival Bis, dedicado a conciertos gratuitos y al descubrimiento de nuevos talentos.
En esta edición, el cartel volvió a destacar por su equilibrio entre el jazz más clásico y propuestas de otros géneros cercanos. Uno de los conciertos más esperados fue el de Sting 3.0, que inauguró la programación principal con todas las entradas agotadas. También sobresalieron las actuaciones de Pat Metheny, una de las figuras más influyentes del jazz contemporáneo; Diana Krall, que regresó al festival con su inconfundible repertorio; Marcus Miller, con su homenaje a Miles Davis; y Kool & The Gang, que aportó el toque de funk y soul a la recta final del evento.
El festival también reunió a algunos de los nombres más respetados de la escena jazzística internacional, como Samara Joy, Cécile McLorin Salvant, Kenny Garrett, Richard Bona, Roberto Fonseca, James Carter, Ibrahim Maalouf, Anne Paceo, Youn Sun Nah y Émile Parisien, consolidando una programación que mezcló diferentes generaciones y estilos musicales.
Como es habitual, Jazz in Marciac no se limitó a los conciertos nocturnos bajo su emblemática carpa. Las calles y plazas del pueblo acogieron actuaciones gratuitas, exposiciones de arte, actividades culturales y espacios dedicados a la gastronomía de la región de Gascuña, convirtiendo el festival en una experiencia que fue más allá de la música y que reforzó su identidad como uno de los grandes acontecimientos culturales del verano francés.
Tras cerrar su 48.ª edición, Jazz in Marciac confirmó una vez más su posición entre los festivales de jazz más prestigiosos del mundo, manteniendo una fórmula que combina artistas de primer nivel, un entorno único y una fuerte apuesta por la difusión de la cultura y el talento emergente.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Asaf Avidan recupera el sonido de banda y convence al público francés en Carcasona
- Por David Sánchez, desde Carcasona (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
El regreso de Asaf Avidan al formato de banda ya tiene una parada marcada en rojo. El cantante israelí conquistó el pasado miércoles 29 de julio al público del Festival de Carcasona, en el sur de Francia, con un concierto intenso, elegante y emocional que confirmó que Unfurl abre una nueva etapa en su trayectoria.
Con todas las localidades agotadas en el Théâtre Jean-Deschamps, uno de los escenarios más emblemáticos del país por su ubicación entre las murallas medievales de Carcasona, Avidan presentó un espectáculo muy diferente al que había defendido durante los últimos años con la gira Ichnology, donde actuaba completamente solo.
Del formato íntimo al regreso de la banda
La diferencia se percibe desde el primer minuto. Esta vez apareció acompañado por Raz Stern al piano, Maayan Linik a los teclados y guitarra, Julia Richard al bajo y Ofer Levy a la batería. Cinco músicos sobre el escenario para dar una nueva dimensión a un repertorio que alternó canciones del nuevo proyecto con algunas de las más conocidas de su carrera.
Un repertorio que recorre toda su nueva etapa
El concierto arrancó con Call of the Flow y continuó con I Don’t Know When, Lost Horse, Rock of Lazarus, My Tunnels, Ode to My Thalamus, Different Pulses, A Part of This, The Jail, Bang Bang, The Great Abyss, Serenity, Reckoning Song, Love It, Unfurling Dream y Weaver, separados por dos breves interludios radiofónicos que sirvieron para enlazar los distintos bloques del espectáculo.
Una puesta en escena sin artificios
Lejos de buscar grandes efectos visuales, el protagonismo recayó casi exclusivamente en la interpretación. Avidan apareció vestido con traje, corbata y tirantes, sin tocar ningún instrumento durante la primera canción. Después saludó al público en francés antes de continuar el resto de sus intervenciones en inglés, un idioma que facilitó la comunicación con los numerosos visitantes extranjeros presentes en el festival.
Conforme avanzó la actuación, el cantante dejó la solemnidad inicial para adoptar una actitud mucho más física. Se quitó la chaqueta, tomó la guitarra, se arrodilló sobre el escenario, se golpeó el pecho en algunos pasajes especialmente intensos y llegó incluso a sentarse en el borde del escenario, muy cerca de las primeras filas.
El momento más esperado
Uno de los momentos más comentados fue la interpretación de Reckoning Song. Como ya es habitual en sus directos, comenzó interpretándola lentamente con la guitarra hasta que el público reconoció la melodía y respondió con una larga ovación que convirtió la canción en el punto culminante de la noche.
También hubo espacio para la conversación. Entre tema y tema recordó una conocida canción francesa de los años noventa mientras marcaba el ritmo con un pequeño tambor y se mostró sorprendido de que buena parte del público no identificara la referencia. En otro momento rompió el ritmo del concierto para interpretar un largo texto ambientado en el Nueva York de 1949, reforzando el carácter narrativo del espectáculo.
Un teatro entregado hasta el final
El concierto, de aproximadamente una hora y veinticinco minutos, no terminó cuando estaba previsto. Todo el teatro se puso en pie reclamando un bis y la banda regresó al escenario para ofrecer varias canciones más antes de despedirse definitivamente.
Una nueva etapa desde Francia
Nacido en Jerusalén en 1980 y criado durante parte de su infancia en Jamaica, donde sus padres ejercían como diplomáticos, Asaf Avidan comenzó su carrera con Asaf Avidan & The Mojos antes de iniciar su trayectoria en solitario en 2012. Tras vivir varios años en Italia, actualmente reside en Francia, país desde el que impulsa esta nueva etapa artística.
La actuación de Carcasona dejó una sensación clara: más que una simple gira de presentación, Unfurl representa el regreso de un músico que vuelve a disfrutar compartiendo escenario con una banda. Y el público francés respondió como mejor sabe hacerlo: llenando el teatro y despidiendo a los músicos con una ovación en pie que prolongó la noche más allá del final previsto.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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“La música es una herramienta para transformar comunidades”
- Fotos: Pánfilo Leguizamón
En este “Expresso” musical, Augusto dos Santos charla con Mariela Cuevas, directora de Sonidos de la Tierra, y con los músicos e integrantes de este proyecto Thiago Guiotto, coordinador artístico y violinista, y Carlos Vera, en guitarra. Más allá del aspecto puramente musical, los responsables afirman que esta iniciativa mejora la vida de las personas mediante la organización comunitaria y la colaboración en pos de objetivos comunes.
–Sonidos de la Tierra. Quién no ha incorporado esta expresión a todo aquello que simboliza lo entrañable en términos de construir una cultura de relación con la música no solamente aquí en Asunción, sino en los polvorientos caminos de todo el país. Muchos años ya en este camino, ¿no?
–MC: Una alegría inmensa poder estar hoy al frente de la asociación Sonidos de la Tierra, una asociación que ya es un legado hoy para todo el país. Estamos hablando de 24 años en que no solamente hacemos música. Desde Sonidos de la Tierra la música es una herramienta para transformar las comunidades y eso es lo que buscamos.
–La música es una invitación para construir culturas, para afirmar muchos aspectos y para descubrir otros. ¿Ese es un poco el rumbo de Sonidos de la Tierra?
–MC: Tal cual. Desde Sonidos la gran metodología que utilizamos, que fue impulsada por el equipo y por la visión misma del maestro Luis Szarán, es la metodología orquestas de vida, que busca que a través de la música las comunidades se organicen. En este sentido es muy lindo ver cómo la familia, todo el contexto se impulsa a partir de esto que es la música y es enorme el movimiento que hay. Entonces, en este sentido buscamos el desarrollo local con la participación de los chicos y las chicas. Hay 74 escuelas comunitarias de música. Felizmente, estamos en todos los departamentos del país y eso es una gran noticia en términos de que 3.500 niños, niñas, adolescentes y jóvenes pasan por la red de Sonidos de la Tierra.
ACOMPAÑAMIENTO FAMILIAR
–Supongo que hay una etapa en que uno dice “yo quiero que mi hijo sea violinista” y que dibujaron diferentes momentos en este proceso.
–MC: Hay un crisol que tiene demasiadas maneras de mirar esto. Por una parte, hay una institucionalidad, pero por el otro lado tenemos lo que ocurre en las casas, en las familias. Para que un niño o niña pueda tocar implica una cantidad de práctica importante. Repetir una nota hasta que le salga. Entonces eso implica también que la familia está acompañando hasta finalmente ver en un megaescenario, que es lo que solemos hacer cada año. Convocar megafestivales donde los chicos puedan expresarse y sonar con la mejor de las notas combinadas o con esa nota que logró porque recordamos que lo que buscamos desde Sonidos de la Tierra es el desarrollo de los chicos en términos de vencer barreras, vencer miedos, poder subirse a un escenario y a partir de esto hablamos del desarrollo de la autoestima mismo.
–Thiago, ¿cómo fue tu división infantil en esta materia?
–TG: Estaba en la escuela todavía cuando Sonidos de la Tierra se presentó con dos representantes en el aula invitando a ser parte de un estudio musical. Yo soy de la ciudad de Villa Hayes, Bajo Chaco, y con dos compañeros nosotros ya teníamos la idea de jugar con la guitarra, de cantar en frente a los compañeros. Juntamos las dos cosas y como ya veníamos de la guitarra, el violín se hizo fácil, aunque era todo nuevo. Imaginate un violín en el Chaco, es una cosa que no se ve todos los días.
–¿Aparte de tu tiempo en Sonidos de la Tierra hacés música en otros espacios?
–TG: Sí, yo soy integrante de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA). También soy licenciado en música por el Instituto de Bellas Artes y hago música de cámara, soy profesor de música también. Enseño teoría, solfeo, armonía, contrapunto, aparte de violín y viola, que son dos instrumentos muy similares. Entonces, me dedico cien por ciento a la música. Aparte mi principal orgullo es ser coordinador artístico del proyecto Sonidos de la Tierra.
–¿Y en tu caso, Carlos?
–CV: Mi caso es un poco particular. Yo creo que soy uno de los más antiguos acá en la institución. Estuve ya en el momento cuando con Sonidos de la Tierra integrábamos la música con otros programas. Hacíamos educación ambiental, proyectos vinculados a desarrollo comunitario y ahí es donde yo estaba en una pequeña comunidad de Caazapá, San Juan Nepomuceno, liderando una comisión juvenil con la que embellecíamos una avenida de 1.200 metros. Y en ese momento llegó el equipo que hacía talleres ambientales con gestión de proyectos y nos invitaron a participar.
–¿Y por el lado de la música cómo se dio?
–CV: Siempre tuve mi inclinación hacia la música. Mi papá fue requintista y ya siendo parte de la institución tuvimos la oportunidad de acompañar el proyecto de Kamba’i Echeverría. Fui a una de las clases para hacer mi trabajo administrativo de verificar, llevar la lista, sacar fotos y conocí a uno de los instructores y me acerqué y por mi curiosidad le pregunté y para la siguiente vez me dice “traé tu guitarra también”. Entonces ahí un poquito aprendí la técnica con el programa y actualmente yo soy contador público. Estoy acompañando dentro del área de administración y finanzas, pero eventualmente acompaño también musicalmente como hoy al equipo.
ALIANZAS
–No me digas que hasta el contador es músico en Sonidos de la Tierra (risas). ¿Cómo es el aterrizaje del proyecto en una comunidad?
–MC: Es un aterrizaje que siempre va acompañado de voluntades. Por lo general para que nosotros empecemos a activar una escuela en un espacio, la comunidad es la que nos llama y nos dice “queremos que en nuestro territorio contemos con una escuela de música”. A partir de eso vemos las alianzas posibles, sean locales o nacionales. Desde Sonidos de la Tierra tenemos un equipo de sostenibilidad muy sólido, articulado, que busca por supuesto a través de las rendiciones y un trabajo de transparencia muy fuerte poder mostrar lo que hacemos y sumar más voluntades para poder seguir sumando escuelas.
–¿Qué queda con un proyecto como este en las comunidades?
–MC: Suceden muchas cosas. Hablamos de que con Sonidos desarrollamos todo un componente ambiental en las comunidades donde tenemos varias líneas: economía circular, forestación, reciclaje, limpieza de arroyos. Eso es maravilloso porque tenemos una escuela de liderazgo con varias promociones. Acompañamos muy de cerca a los jóvenes líderes y lideresas en la presentación de sus proyectos comunitarios.
–¿Cómo llevan ese proceso en las comunidades al respecto de estos preconceptos que existen o que existían fundamentalmente, pero ya no tanto, al respecto de ser músico en esta sociedad?
–MC: A lo que apuntamos es a que las personas puedan desarrollarse como lo que son, como personas. En el sentido de ser músico o música algunas personas siguen el camino de la profesionalización, otras no. Sin embargo, el gran valor que vemos es el aporte que da al desarrollo de la autoestima, al desarrollo de la empatía. Creemos que estos valores y habilidades posibilitan hablar de la construcción de un nuevo ciudadano o ciudadana de su sociedad.
–TG: La palabra clave creo que son los valores que quedan una vez que uno se introduce en el mundo del estudio musical. Esto trae muchos beneficios independientemente de que si uno va a ser o no un músico profesional, de si uno va a entretener a su familia, va a entretener a la comunidad entera o ser una estrella internacional de música. Hablamos claramente de una elevación del rendimiento escolar, disciplina, concentración, autosuperación, pensamiento crítico. Un montón de cosas que vienen atrás del estudio de un instrumento musical que ayudan a que la sociedad mejore.
–CV: Para los niños principalmente, desde lo básico como el empleo útil del tiempo libre, que ayuda muchísimo y obviamente en la mejora del rendimiento escolar. Hoy por hoy si uno decide ser profesional ya tenemos más espacio. Obviamente que falta mucho todavía, pero un chico que va desarrollando su talento y encuentra en eso su potencial ya hay medios e instituciones donde se puede desarrollar. Como siempre decimos, no somos una academia como un conservatorio de música, pero a través de nuestro programa también nosotros encaminamos y damos oportunidad para que un chico que tenga ese talento pueda ir más a lo profesional.
–Supongo que tiene su valor especial en comunidades más relegadas, ¿no?
–MC: Hay miles de historias individuales, hay historias más duras, historias de superación que realmente nos motivan. Hablamos desde comunidades que están en situación de vulnerabilidad, en territorios más alejados a veces como también cuestiones que limitan el desarrollo musical o la inclusión de personas en espacios de formación, de compartir entretenimiento. A veces ni siquiera es lograr tocar un instrumento, sino que se lo incluya en una sala compartida con otras personas. Felizmente tenemos personas que con alguna discapacidad quizás están incorporadas también dentro de nuestras clases. Hablamos de historias que tenemos en el Chaco, en comunidades indígenas del sur también, en Caaguazú, donde se da lo maravilloso que ocurre a partir de tocar un pedazo de madera y esto nos conecta con la belleza. Eso realmente es lindo de contar porque a veces la realidad le supera a uno absolutamente.
CELEBRAR CADA PASO
–Vivimos unos tiempos de la instantaneidad en los que necesitamos resolver todo en los próximos diez segundos. Supongo que eso es una especie de problema al respecto de llevar un camino con mucha disciplina, que a veces va a ser silencioso.
–TG: La formación musical supone un proceso que no siempre es tan agónico y no siempre es tan largo. Realmente nosotros tenemos como meta que desde el primer paso, desde el primer mes en que un chico de cinco, seis años o cualquier edad que tenga ya pueda participar del escenario, pueda compartir con gente de multinivel. Entonces, ese es un estímulo. Sonidos de la Tierra es totalmente inclusivo y nuestros conciertos tanto comunitarios como a nivel regional o a nivel país incluyen todos los instrumentos de todos los niveles. Tenemos coro de tercera edad, tenemos educación musical temprana de los cuatro años. Entonces, digamos que es ese pensamiento que se tiene de que tocar el piano me va a llevar diez años es un poco relativo, porque desde el primer mes si uno valora los pequeños avances y sabe ver cuánto cuesta cada avance realmente nosotros ya le sacamos alegría, ya le sacamos felicidad, ya le sacamos aplausos.
–¿Cuál es un tiempo típico de aplicación de un chico que se incluye dentro de vuestro programa?
–TG: Yo calculo que lo saludable sería tener primero el instrumento. En nuestro caso nosotros otorgamos instrumentos a todas las escuelas comunitarias. Después se firma un acuerdo de responsabilidad y el chico puede llevar el instrumento a su casa una vez que pasamos ese nivel. Lo saludable sería tocar un poco cada día. Es como la lectura o la tarea de matemática. Un poquito cada día y avanzando. Leer partituras también.
–¿Qué ves cuando mirás al mañana respecto a este proyecto?
–MC: Muchos desafíos. Por un lado, alegría por lo ya andado. Hablamos de más de dos décadas de construcción en lo que tiene que ver con la música como una herramienta de desarrollo. Así que eso es un paso de alegría. Ahora, lo que viene en términos inmediatos creo que es el desafío de proyectar esto, a que siga creciendo, pero también cuidar y consolidar lo que ya tenemos. Necesitamos de un desarrollo mayor de nuestro país también y que este desarrollo considere y acompañe la necesidad de invertir en cultura.
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La literatura como disparadora de la curiosidad histórica
- Paulo César López
- paulo.lopez@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
El próximo 8 de agosto, al cumplirse 157 años de la ocupación de la ciudad de Valenzuela por las fuerzas aliadas durante la guerra contra la Triple Alianza, se realizará el lanzamiento del libro “”Minas Cue. Cuentan que eran 30”, de Virgilio Cantero y Nelly Vázquez, docentes e investigadores de la historia local. La actividad se llevará a cabo a las 10:00 en la Casa de la Cultura del distrito cordillerano como parte de un esfuerzo por rescatar y revalorizar la tradición oral popular.
La memoria oral atesora acontecimientos que la escritura o la historia oficial han olvidado u omitido deliberadamente, como muchas veces ocurre con los crímenes de guerra. En efecto, resulta poco probable que algún alto oficial militar deje constancia escrita de una orden de atacar a civiles u otros tipos de desmanes, tolerados o autorizados, que nunca faltan en los conflictos armados.
Este podría ser el caso de la versión sobre la quema de las mujeres trabajadoras de Minas Cue, en el distrito de Valenzuela, departamento de Cordillera. Este episodio poco conocido es puesto en duda por ciertos historiadores “serios”, ya que no existen documentaciones o pruebas materiales que avalen el hecho.
En el marco de la campaña de las Cordilleras, en la última etapa de la guerra, el 7 de agosto de 1869 un brazo del Ejército aliado comandado por el brigadier Vasco Alves Pereira llegó hasta la ciudad. Según las crónicas orales, en la fábrica de azufre cumplían su faena unas treinta paraguayas. Además, también había una decena de extranjeras, entre brasileñas y correntinas que habían sido tomadas prisioneras por los paraguayos, además de francesas e inglesas que habían venido con técnicos europeos contratados por el gobierno de López.
LA QUEMA
Las mujeres extranjeras habrían sido liberadas y, tras cometer todo tipo de desmanes, los soldados aliados encerraron a las paraguayas en una de las piezas, donde las quemaron vivas.
Aunque la verdad histórica de este episodio no esté probada, lo cierto es que ya forma parte del imaginario popular sobre la contienda y progresivamente las fuentes escritas se fueron haciendo eco de él.
Este es el caso del libro que nos ocupa en esta ocasión que, si bien pertenece más al campo de la literatura que de la historia, pretende recuperar las fuentes orales que van desapareciendo con el transcurso del tiempo.
Además de los relatos orales de los ancianos, los autores también han encontrado fuentes escritas que dan cuenta de la toma y posterior quema de la fábrica de azufre a manos de las fuerzas aliadas, aunque no se haga mención explícita a las mujeres inmoladas.
FUENTES
Una de ellas es una carta de Zenón Ramírez, segundo al mando en las instalaciones de la mina de azufre de Valenzuela, quien remite una misiva en 1918 a Juan Silvano Godoi (sic), director general de la Biblioteca, Museo y Archivo Nacional. El objetivo del remitente era el de documentar los acontecimientos de la guerra, en particular los vinculados a la toma de Valenzuela.
En un extracto de la misiva, que forma parte del acervo digital de la Universidad de California, Ramírez señala que “los aliados permanecieron tres días en el lugar de las minas. Después de ese tiempo, dieron fuego a los establecimientos, marchando sobre Piribebuy. Con esto termino, distinguido compañero, sintiendo de corazón no dar más amplitud á estos datos breves por haberlos olvidado en los años de nuestra vida azarosa”.
Si bien la fuente admite que por su edad ha olvidado muchas cosas, no hace referencia a que durante el incendio del establecimiento las mujeres hayan sido encerradas en el interior.
Los autores, más allá de admitir el carácter literario de su obra, sostienen que es altamente probable que tales hechos hayan ocurrido efectivamente y buscan brindar datos para apoyar sus afirmaciones. Así, puntualizan que se trata de un “cuento que es un intento de registro histórico de la tradición oral. Los personajes son reales de la época de la Triple Alianza, así como la trama del cuento, pero tejido con hilos de ficción”.
En este sentido, indican que el primer registro de la tradición oral sobre Minas Cue, según menciona la Prof. Benita Salinas, directora de la Casa de la Cultura y el Museo Histórico de la ciudad, lo hace su padre, Anuncio Salinas, autor de “Valenzuela. Antigua Ybyraity”.
Este entrevistó a una testigo directo de los acontecimientos llamada María del Rosario Velázquez de Montanía, que en 1869 tenía 12 años. Los datos recabados señalan que esta mujer tenía lazos de parentesco con Benita Almada, esposa de Zenón Ramírez, “por lo que podemos presumir haya frecuentado e inclusive trabajado en la mina”.
–¿Podrían comentarnos en qué consiste el libro que presentarán la próxima semana?
–El libro es un abordaje literario-ficcional de la tradición oral que pervive en la comunidad en torno a los sucesos acaecidos en Valenzuela en ocasión de ser ocupada por el ejército aliado el 7 de agosto de 1869, fecha que se inicia la última campaña defensiva de la guerra, la de la Cordillera.
HISTORIA Y LITERATURA
–¿Cómo se conjugan historia y literatura en el texto?
–Literatura e historia siempre se complementan. En todas las tradiciones literarias encontramos cómo transitan por sendas aparentemente paralelas, pero en constante encuentro. Nosotros abordamos la tradición oral desde el cuento con la idea de acercar la historia de la comunidad a toda persona interesada. En especial apuntamos a los estudiantes y a los chicos que forman parte de la Red de Bibliotecas Callejeras de Valenzuela. Queremos que el cuento sea un disparador de la curiosidad de los chicos.
–¿Cuáles son las fuentes a las que recurrieron para su elaboración?
–Partimos de la tradición oral en primer término. También consultamos con la historiadora y directora de la Casa de la Cultura, profesora Benita Salinas, quien continúa el legado de su padre en recopilar la historia local. Así, llegamos a consultar el libro publicado por don Anuncio Salinas, en el que se menciona una entrevista a una testigo de los acontecimientos. Tuvimos acceso a varios documentos digitales del Archivo Nacional y otros acervos de fuentes serias. Resaltamos la carta enviada por Zenón Ramírez a Juan Silvano Godoi en 1918 relatando algunos detalles del funcionamiento del ingenio minero y también el libro “Campanha da Cordilheira”, del vizconde de Taunay.
–¿Cuáles son los hallazgos más relevantes con los que se encontraron durante la investigación?
–En los documentos consultados hemos encontrado los nombres y nacionalidades de los encargados de la mina. Hemos encontrado detalles del proceso de obtención del azufre, la cantidad y el destino final. También encontramos detalles administrativos y un relatorio de los acontecimientos que terminaron con la toma de la mina. Es importante destacar que allí no se producía pólvora. En promedio se obtenían diez kilos del mineral por día, que era remitido a San José para la elaboración de la pólvora. Un dato curioso es el ingenio de los técnicos paraguayos para la obtención de salitre, otro de los componentes de la pólvora. Para el efecto se colocaban grandes recipientes en Azcurra para que los soldados orinen en esas fuentes. El orín era procesado químicamente obteniéndose finalmente el salitre, que mezclado con azufre y carbón vegetal se convertía en pólvora.
–¿Ustedes consideran que el episodio de las mujeres quemadas ocurrió en realidad o es una exageración de la memoria popular?
–El martirio de las mujeres es una posibilidad plausible en un escenario de guerra total, una guerra que ya era demasiado larga, costosa e impopular en los países aliados. Por ello, podría pensarse que había un plan de campaña de terror concebido por los aliados, principalmente el ejército brasileño. En Valenzuela podrían haberse iniciado hechos que son coherentes con acciones posteriores como la quema del Hospital de Sangre de Piribebuy y la sistemática quema de los campos de batalla durante toda la campaña, lo que refuerza lo que la tradición oral afirma tajantemente. Tampoco hay que olvidar el degüello de los oficiales y encargados de la fundición de hierro. Podemos pensar que no son hechos aislados, sino una campaña de terror para torcer la voluntad del ejército paraguayo que seguía resistiendo.
–¿Cuáles son los elementos que pudieron colectar que apoyan su hipótesis?
–El vizconde De Taunay, en su “Diario do Exercito”, menciona la toma de la mina por parte del brigadier Vasco Alves y su posterior destrucción e incendio. También menciona que en el lugar encuentran un total de 40 personas, entre ellas prisioneros de varias nacionalidades que son liberados. Los restantes (¿que podrían ser 30?) son hechos prisioneros. La cantidad de personas aquí mencionadas se acerca bastante al número citado por la tradición oral.
TESTIGO
–Una de las fuentes más directas citadas es una mujer identificada como María del Rosario Velázquez. ¿Cuál fue su grado de participación como testigo y conocimiento de los hechos?
–María del Rosario Velázquez relata la toma de Valenzuela por parte del ejército aliado, el encierro de las mujeres en uno de los compartimentos del ingenio y su posterior incendio. También menciona las medidas del galpón. María del Rosario Velázquez tiene grado de parentesco con Benita Almada, la esposa de Zenón Ramírez, siendo este el segundo al mando del ingenio minero.
–¿Cómo podría explicarse que Zenón Ramírez, quien trabajó en la mina, no haga referencia a que las mujeres fueron quemadas?
–Zenón menciona que por su avanzada edad no recuerda muchas cosas. Creemos que omite un recuerdo doloroso. No quisiéramos en este momento aventurar ninguna hipótesis.
–¿Les gustaría agregar algo para cerrar la charla?
–Es importante mencionar que hay documentos que inclusive plantean un listado de nombre de las 30 mujeres. Sin embargo, en la actualidad constituyen motivo de controversia entre historiadores por el contenido posiblemente apócrifo del material, por lo que no la incluimos como fuente. Además, el trabajo no pretende ser un abordaje historiográfico, sino un rescate literario de la tradición oral de la comunidad. También buscamos la resignificación de los hechos, resaltando el rol de las mujeres en el proceso de construcción de la comunidad. Asimismo, buscamos cimentar la identidad comunitaria y despertar el compromiso cívico de los niños y jóvenes con Valenzuela, compromiso que nosotros asumimos con nuestro trabajo de gestores culturales comunitarios. Soñamos con que se realicen excavaciones y trabajos de investigación arqueológica en el sitio para poder dilucidar mejor los acontecimientos y a esa tarea nos queremos enfocar a partir de ahora.