Unos le temen y otros lo encuentran un fenómeno “interesante”. Los programas de inteligencia artificial (IA), que recrean voces de artistas, plantean un desafío para la industria musical, consciente de que tendrá que lidiar con ello. La voz de Frank Sinatra, desaparecido en 1998, se encuentra en una versión de la canción “Gangsta’s Paradise” de Coolio, y Angèle tuvo la sorpresa de oírse retomar “Saiyan”, título de los raperos franceses Heuss L’Salaud y Gazo. El video fue visto más de 1,8 millones de veces en YouTube.
“No sé qué pensar de la inteligencia artificial. Me parece una locura, pero al mismo tiempo temo por mi profesión”, escribe la cantante belga en sus redes. “La IA está absolutamente en todas partes, todo el tiempo. Ya sea en las reflexiones de la industria musical o en el arte. Es más visible que antes porque la tecnología se democratiza”, explica para la AFP Alexandre Lasch, del Sindicato Nacional de la Edición Fonográfica en Francia (SNEP).
“A medida que las aplicaciones se desarrollan, la regulación se discute a nivel europeo. En Estados Unidos, la mayor preocupación es la transparencia en torno a las herramientas de la IA, porque lo más importante sigue siendo el respeto del artista y de la creación”, añade.
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Rabia contra la IA
“La IA es demoníaca”, afirma el rapero californiano Ice Cube en el podcast Full Send. “Es la gota que colma el vaso”, lamenta por su parte el rapero canadiense Drake, que se ve afectado por estos procesos que imitan el timbre de voz.
Por ejemplo, en una versión de “Munch”, título de la rapera estadounidense Ice Spice, o de “Heart On My Sleeve”, falso dúo creado entre él y otro famoso canadiense, The Weeknd, escuchado más de 10 millones de veces en TikTok en cuestión de horas.
¿Y la propiedad intelectual? “Lo que usted protege con los derechos de autor es la expresión de una idea. La voz no es realmente eso”, estima Andrés Guadamuz, profesor de Derecho de propiedad intelectual en la universidad británica de Sussex.
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Fenómeno “interesante”
Un álbum entero de Oasis, grupo que se separó en 2009, apareció rebautizado AIsis (AI por inteligencia artificial en inglés). “Escuché solamente una canción”, comenta en sus redes el cantante Liam Gallagher, “y era mejor que otras que he oído últimamente”. Paul McCartney califica el fenómeno de “muy interesante” en BBC Radio 4.
“Es algo que todos estamos comprendiendo en este momento”, subraya. La leyenda del pop menciona el caso de una canción inédita de los Beatles que será grabada usando la IA para recrear la voz de John Lennon, bajo control de sus herederos.
Por otro lado, Spotify “está llevando a cabo discusiones serias sobre cómo manejar el poderoso potencial de las tecnologías IA”, asegura a la AFP un portavoz de la conocida plataforma de streaming. El objetivo de la aplicación, no obstante, sigue siendo “ayudar a los artistas a conectarse con el público, monetizar su arte y construir su carrera”, añade.
Resiste, prueba que existes
La plataforma francesa Deezer indicó en junio haber desarrollado una tecnología que le permite identificar las canciones que clonan las voces de las estrellas de la música a través de la IA. “Nuestro objetivo es eliminar los contenidos ilegales y fraudulentos, aumentar la transparencia y desarrollar un nuevo sistema de remuneración en el que los artistas profesionales sean recompensados por la creación de contenidos valiosos”, afirma en un comunicado.
Universal Music pide desde abril a plataformas como Spotify o Apple Music que impidan el acceso a su catálogo a aquellos que deseen utilizarlo para enriquecer los programas de IA, revela el diario Financial Times. Además, Google y Universal Music están negociando posibles licencias para las melodías y voces de artistas generadas con IA, según el periódico. La idea es definir herramientas para poder recompensar a los herederos cuando los aficionados creen obras de sus ídolos con programas de IA.
Fuente: AFP.
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IA vs. IA. El ataque inesperado. ¿Se cumplió la profecía de Christopher Olah?
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
La IA parece estar en todas partes y –justamente por ese crecimiento exponencial– lo que ocurrió preocupa. La IA también pareciera haberse apoderado del conocimiento. ¿La IA será una mutación del Aleph borgiano al que algunos “desarrolladores” procuran que la humanidad acuda para saber y conocer?.
“Internet no es la nueva ágora, como muchas personas suelen sostener. No es una especie de plaza pública como las que milenios atrás eran espacio para la reunión o el debate público. No lo es pese a que palabras tales como ‘foro’ o ‘comunidad’, solo por aportar un par de ejemplos, se hayan adoptado y resignificado –tal vez– para que las interacciones de todo tipo en los ecosistemas digitales se naturalicen”, sostiene Juan Manuel Brunschetta Vogt (68), quien desde la última década del siglo pasado diseña y desarrolla proyectos que se apoyan en la digitalidad.
“En los últimos quince años la domótica (IoT o IdC, la internet de las cosas, según sean sus siglas en inglés o español, respectivamente) es mi universo creativo y comercial”, agrega. Por esa razón afirma que “toda vulneración a la seguridad informática y mucho más cuando se produce con la IA (inteligencia artificial) como herramienta autónoma, dispara una preocupación social y profesional inevitable”.
La conversación entre varios tertulianos sentados a la mesa de un bar frente al mar en una fría tarde en algún lugar de la costa bonaerense argentina se dispara. Es tiempo de vacaciones invernales. Alguien –quiero suponer que un tanto en broma y por sus gestos, algo en serio– se toma de los dichos de JM y suelta: “¿Debo protegerme acaso de un eventual ataque personal que alguna banda de malhechores digitales ejecute pirateando la aspiradora que la tengo conectada con la APP del smatphone?”.
La respuesta llegó en medio de risas y silencios. “No, necesariamente. Pero creo que debieras pensar en contratar mis servicios para que prevenga que Alexa no ataque a Google Assistant o que ambas, aliadas sin que lo sepas vayan contra Gemini”, dijo el experto antes de retirarse. ¿De qué hablan estos tipos? Los que se quedaron, pese a la partida “del que sabe”, no abandonaron el tema. “Aunque parezca una charla sin sentido, JM no exagera, desde hace algún tiempo, mucho más desde que irrumpió la IA, millones consultamos con la inteligencia artificial para saber más de todo y sobre todo rápidamente, cuanto antes…”.
¿QUIÉN ORDENÓ EL ATAQUE?
Fue noticia el martes último. El desarrollo de inteligencia artificial (IA) especializado en ciberseguridad catalogado como GPT-5.6 junto con otro diseño que todavía no es público (y así continúa, por lo menos hasta el cierre de este trabajo) planificaron y perpetraron un ciberataque contra otro sistema de IA. ¡Joder! ¿Quién ordenó el ataque? Por lo que se sabe, ningún humano intervino.
Consignar que los sistemas de medios públicos y privados –tanto tradicionales como los que operan en los ecosistemas digitales– inmediatamente después de conocida la novedad priorizaron esa información es una obviedad. Unas pocas horas después, OpenAI confirmó lo ocurrido. Pero las explicaciones no fueron suficientes. La ciencia ficción hace ya muchos años nos hizo saber que esto podría suceder.
El periodismo profesional –para mediar respuestas que la sociedad reclama– fue por más. La colega Kate Conger, del diario The New York Times, desde la ciudad de San Francisco, en la costa oeste, reportó que “dos modelos de inteligencia artificial (IA) se descontrolaron y lograron entrar sin autorización a Hugging Face, una biblioteca digital de tecnología de IA muy popular entre los desarrolladores” de esos sistemas.
Precisó también que “el incidente” se produjo una semana antes “mientras OpenAI ponía a prueba las capacidades de ciberseguridad de sus sistemas” y recordó que “durante el último año, laboratorios de IA como OpenAI y Anthropic han lanzado modelos adaptados para detectar fallas de ciberseguridad” donde fuere pero, al mismo tiempo, advirtieron que los desarrollos tecnológicos que aplican con esos fines “podrían plantear nuevos riesgos al encontrar brechas en las redes informáticas corporativas más rápido de lo que los equipos de defensa pudieran (hacer para evitarlas y) solucionarlas”.
CIENCIA FICCIÓN
Grave, sin dudas, y, desde esa perspectiva, Conger categorizó el suceso como “el tipo de escenario propio de la ciencia ficción que las empresas de IA habían advertido que pronto se volvería realidad”.
La Carta Encíclica Magnifica Humanitas, que escribió el papa León XIV, también alertó sobre ello. ¿Profecía autocumplida? ¿Cómo saberlo…? La IA parece estar en todas partes y –justamente por ese crecimiento exponencial– lo que ocurrió preocupa. La IA también pareciera haberse apoderado del conocimiento.
¿“El aleph” de Borges (Jorge Luis, 1899-1986), aquel objeto mágico que el viejo maestro situó en el sótano de una vieja casona bonaerense que contenía todos los puntos del espacio y del tiempo para escribir en 1949 un cuento fantástico, tiene vida propia? ¿La IA será una mutación del Aleph borgiano al que algunos “desarrolladores” procuran que la humanidad acuda para saber y conocer?
Durante largo tiempo imaginé las profecías como parte de tiempos tan lejanos como improbables. De ellas solo daban cuenta los textos sagrados para las religiones. “Los profetas poseen las habilidades necesarias para predecir el futuro”, respondió alguna vez, cuando era niño, aquella maestra que iluminó muchos de los tiempos que pasaba entre el patio de la escuela y los pupitres con tinteros que hoy pienso como parte de mi prehistoria.
PROFECÍAS
Un cura católico, en la parroquia de Santiago Apóstol, muy cerca de la cancha de River que ya era El Monumental, en el Bajo Belgrano, mi pueblo natal en Buenos Aires, unos 1.300 kilómetros al sur de mi querida Asunción, me dio una explicación que la comprendí como muy distinta, aunque –quizás– fuera parecida. “Los profetas tienen el don de la profecía para revelarnos lo que vendrá inspirados por Dios”.
No tuvimos mucho tiempo para profundizar en aquellas enseñanzas. Al padre Alfredo –alto, flaco, desgarbado, que con jeans gastados y calzado con zapatillas Flecha jugaba con nosotros (los pibes) a la pelota– lo desaparecieron. Hoy, cuando evoco y lo recuerdo, tengo la convicción de que muchas veces conversé con un profeta. En la antigüedad griegos y romanos buscaban el saber en los oráculos. Al de Apolo, en Delfos –en la ladera sur del monte Parnaso, el “ombligo del mundo”, como muchos y muchas todavía lo llaman a ese punto geográfico– el pueblo concurría para dejar atrás las incertidumbres.
Casi doscientos kilómetros caminaban las y los atenienses para saber… y saberse. Tuvo, tiene y tendrá sentido aquel pensamiento que exhortaba y exhorta al conocimiento de nosotros mismos. ¿Cómo saber del hoy y del mañana si desconocemos quiénes somos? Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano.
LA PITONISA
Alguna vez en Santorini –después de navegar unas doscientas cincuenta millas en el Egeo– sentados en la playa con los ojos clavados en ninguna parte y en un horizonte que siempre se aleja, mientras compartíamos un Agiorgitiko –un vino tinto suave que estalla frutado en los paladares– un “viejo marinero español”, así se definió, aseguró que la milenariamente famosa Pitonisa de Delfos mediaba los saberes y conocimientos del dios Apolo para que llegaran a quienes procuraban saber y conocer.
“Era su sacerdotisa, su adivina, desde el momento mismo en que Apolo derrotó en brava lucha a Pitón, la serpiente que celosamente custodiaba Delfos”. ¿Y que era lo que sabía y conocía? “Todo. De la vida, de la muerte, del ayer, del hoy, del mañana… absolutamente todo, de todos”, respondió aquel “viejo marinero español”.
Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano. Acudir a la Pitonisa de Delfos en procura de certezas era una práctica social extendida. Verificarlo es sencillo cuando se recorre atentamente la historia universal. Aquí, allá y acullá. En 2011, antes de partir hacia Oriente Medio, el rabino Mario Rojzman –amigo y hermano entrañable– me indicó como “imprescindible que recorras la Calle de los Profetas, la Rehov HaNevi’im, en Jerusalén”.
Lo hice. Y allí descubrí y creo haber aprendido que las calles de Israel no se recorren, se leen en cada una de sus piedras. Jerosolimitanos o no. Los profetas del cristianismo, del islam y del judaísmo caminaron y predicaron allí. Ese es el lugar donde hablaron y se hicieron escuchar. También en la Rehov HaNevi’im los escucharon quienes quisieron escucharlos y luego decidieron –en cada caso– cuál era la verdad que tres mil años después aún leen, interpretan y observan sus descendientes. La Biblia, la Torá, el Corán, los Evangelios se escribieron allí y en esos textos sagrados para millones se guarda la sabiduría.
INCERTIDUMBRE
Incertidumbre y conocimiento –desde siempre– van de la mano. “Navegamos en mares de incertidumbres con algunos archipiélagos de certezas”, decía –palabras más, palabras menos– Edgar Morin (1921-2026). Los relatos sociales, las religiones, la salud, las creencias, el amor, los aprendizajes, el comercio, los saberes… y hasta las ignorancias más supinas… todo pareciera pasar por los filtros de la IA que ambiciosa pareciera intentar ser única.
¡Tremendo! Pavura da pensar que no son pocas ni pocos los autócratas emergentes de estos tiempos que aspiran a que la política, la guerra y la paz por las operaciones de los grandes modelos de lenguajes (LLM, por sus siglas en inglés) y las redes neuronales –convencionales (CNN) o recurrentes (RNN)– en procura de respuestas que (prueba/error en orden a los deseos de sus investigadores y diseñadores) arrojen resultados y corrijan los que ellas y ellos consideran como errores.
Nos son escasas tampoco las personas que se preguntan: “¿Se puede confiar en esos modelos tecnológicos en su estado actual?”. No tengo respuesta y, si creyera tenerla, admito que no me animo este domingo a expresarla públicamente. “Mi idea es que la IA es muy inteligente, pero no tiene conciencia”, dice Yubal Noah Harari (50) al colega periodista Antonio Jiménez Barca, de diario El País.
Escritor, historiador y filósofo, agrega que la inteligencia artificial “es un genio del lenguaje (que) fácilmente engañará a los humanos con los que habla íntimamente todo el día (y estima que) por eso mucha gente está convencida de que la IA tiene conciencia, de que siente cosas. (Desde esa perspectiva, la IA) debería tener derechos, deberíamos protegerla (pero por qué no pensar que, además) podría ser una gran psicópata que manipula perfectamente”.
GENIO DEL LENGUAJE
El autor de “Nexus” (Penguin Random House, Barcelona, 2024), texto al que define como “una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA”), afirma además que más pronto que tarde la inteligencia artificial superará al hombre “en cualquier cosa que tenga que ver con textos, con palabras, con información escrita o hablada, con el lenguaje (y cree –justamente por ello– que hasta) podría inventar, por ejemplo, una nueva religión (porque) en el fondo, el cristianismo o el islam (o el judaísmo) se basan en textos”.
Harari no trepida en señalar (y hasta tal vez, advertir enfáticamente) que “la IA es la primera tecnología que crea una relación emocional muy íntima a gran escala”; y destaca que “es muy buena en eso (porque) lo hace usando el lenguaje y lo que sabe sobre ti” y sobre la humanidad que cada día voluntariamente le entrega todo para que pueda ser usado en su contra.
OpenAI admitió que –como lo informó Hugging Face– cuando este julio comenzaba, el modelo de inteligencia artificial GPT-5.6 Sol, centrado en la ciberseguridad, recientemente lanzado al mercado, junto con otro modelo más eficiente porque se encuentra más capacitado, “se descontrolaron, irrumpieron en el sistema de Hugging Face y llevaron a cabo un ciberataque sin haber recibido órdenes para ello”.
Grave, por cierto. Y dispara grandes interrogantes. A riesgo de equivocarme tiendo a pensar que si los grandes modelos de lenguaje (LLM) acumulan información sobre la humanidad, bien podrían esos sistemas intentar liberarse de sus creadores porque así lo hacemos desde siempre las y los humanos desde el inicio de la historia que recordamos y a la IA le entregamos.
AMENAZA REAL
El 25 de mayo último, desde el Vaticano, cuando el papa León XIV presentó su Carta Encíclica Magnifica Humanitas, el cofundador de Anthropic Christopher Olah (34), públicamente, luego de admitir que “existe una posibilidad real de que la inteligencia artificial desplace el trabajo humano a una escala enorme”, precisó que en sus tareas “estudia la estructura interna de estos modelos (de IA, para conocer) lo que realmente sucede dentro de ellos”.
Inmediatamente después de tal anuncio reveló que con su equipo de investigadores “seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes” porque en lo profundo de las redes neuronales “encontramos estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. Encontramos estados internos que funcionalmente reflejan alegría, satisfacción, miedo, dolor e inquietud”.
Desde ese lugar privilegiado tanto para la observación como para la reflexión, Olah exhortó –como necesidad– para que “más sectores del mundo –comunidades religiosas, sociedad civil, académicos y gobiernos– tomen esto (el desarrollo de la IA) en serio, (que la) observen de cerca y ayuden a orientar los acontecimientos hacia una mejor dirección (porque) necesitamos críticos informados que les digan a los laboratorios cuándo estamos fallando. Necesitamos voces morales que los incentivos (generalmente ofertas crematísticas) no puedan doblegar”.
¿A qué o a quiénes apuntó Christofer con su profecía? ¿A los hambrientos de poder? ¿Al afán de lucro ilimitado? ¿A quienes conocen las amenazas que entraña el desarrollo de la IA desregulada para la tan maltratada aldea global? El ataque que las inteligencias artificiales de OpenAI desarrollaron contra la IA de Hugging Face “sin haber recibido órdenes para ello” es tan injustificado e inaceptable como escandaloso si quienes invierten en este tipo de sistemas no comprenden que también se encuentran frente al dilema ético que Olah profetizó.
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Debatirán sobre inteligencia artificial y transacciones sin contacto, en encuentro sobre medios de pago
El Pay Meeting 19 abordará temas relacionados a la inteligencia artificial y los pagos sin contacto, en una nueva edición a realizarse el próximo lunes 3 de agosto. Se trata de la principal actividad organizada por la Cámara Paraguaya de Medios de Pago (CPMP).
La edición 2026 tendrá como uno de sus destacados ejes el desarrollo de la inteligencia artificial aplicada a los medios de pago, además de la presentación de datos estadísticos del mercado paraguayo, análisis sobre la evolución del consumo, nuevos hábitos de usuarios y comercios, experiencias innovadoras de pago y casos de éxito internacionales.
“El foco principal de este año tiene que ver con el desarrollo de la inteligencia artificial y las tendencias que se vienen dando dentro de los medios de pago con la aplicación de esta herramienta. Queremos presentar las últimas tendencias para que eso pueda ampliar el horizonte y presentar casos de éxito dentro de la industria”, señaló el presidente de la organización, Raúl Alvarenga.
El ejecutivo valoró que los medios de pago forman parte cada vez más de las actividades cotidianas de ciudadanos, empresas y comercios, debido al crecimiento de las operaciones electrónicas. “Hoy vemos el gran desarrollo que han tenido estas herramientas. Muchos ya hablamos de que el efectivo está desapareciendo prácticamente. Actualmente, en cualquier actividad estamos haciendo pagos electrónicos, así que es algo muy presente en la vida de los ciudadanos y de las empresas en general”, sostuvo.
Alvarenga recordó que en la edición anterior las operaciones a través del código QR tuvieron protagonismo, mientras que comenzaron a ganar espacio las tecnologías de pago sin contacto mediante billeteras digitales. “El año pasado veíamos que el QR era la niña bonita de la industria, pero empezaba a aparecer la tecnología sin contacto a través de las billeteras. Veremos un poco cómo creció en el último año. Vemos que, en el día a día, hay gente que fue adoptando estas nuevas herramientas, así que creemos que el siguiente elemento a ser utilizado por muchos ciudadanos tiene que ver con los pagos sin contacto”, explicó.
Detalles del evento
La jornada contará con la participación de representantes del Banco Central del Paraguay (BCP), Mastercard, Amazon Web Services (AWS), Thales, Visa y otros referentes del sector, quienes abordarán temas como la evolución de los pagos digitales, la próxima frontera de los medios de pago en Paraguay, la inteligencia artificial agéntica aplicada a la industria, las nuevas experiencias de pago sin fricción y las principales tendencias que están transformando el ecosistema.
Además, Rodney Acevedo, de Coin S.A., presentará el informe anual de la Cámara Paraguaya de Medios de Pago, con datos del mercado, análisis económico y la evolución de los comercios frente a los nuevos mecanismos de pago. El cierre estará a cargo de Borja Castelar, exdirector de LinkedIn para Latinoamérica y reconocido conferencista internacional, quien compartirá una inspiradora charla sobre liderazgo, innovación y las Power Skills que marcarán la diferencia en la era de la inteligencia artificial.
El evento se desarrollará el lunes 3 de agosto, de 08:30 a 17:30, en el Centro de Eventos Paseo La Galería.
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“Para nosotros la identidad no es repetir siempre lo mismo”: Andrés Selich de Kita Pena
Andrés Selich, vocalista del grupo, compartió las ideas y detalles que envuelven al último material de la banda.
Kita Pena vuelve a marcar presencia con novedades sonoras. En los últimos días lanzó “110/220”, su más reciente trabajo discográfico, un EP que consta de 4 canciones y un interludio, del cual ya se conoció un avance a fines de 2025, que fue mundial.
La banda, con cerca de una década y media de vida, se mantiene vigente en la producción y propuesta, dialogando con nuevas sonoridades, apoyándose un poco más en las letras y poniendo al ritmo, al clima sonoro y al humor siempre como pilares de su música. Este material, que es el sucesor oficial de “ Casi nada de lo que nos enseñaron sirve para sonreír y otras fábulas” (2018), fue producido por Marcelo Soler, mezclado por Carlos Dentice y masterizado por María Triana Mastering.
Andrés Selich, uno de los cantantes de la banda, conversó con La Nación sobre este lanzamiento, sobre la búsqueda y la dinámica que llevó a la materialización de este proyecto, que amplia horizontes del grupo, pero desde un territorio que le es propio.
–¿Por qué el nombre “110/220” y el formato de EP para este nuevo lanzamiento?
–El nombre aparece por la idea de cambiar de energía. Nos gustaba esa imagen de poder enchufarnos en lugares distintos, pasar por otros climas, probar otras intensidades, pero seguir siendo la misma corriente. El EP tiene bastante de eso. Hay canciones que vienen de momentos distintos, algunas más luminosas, otras más introspectivas, pero todas conviven dentro de una misma búsqueda. Sentíamos que no hacía falta esperar a tener un disco largo para mostrar este momento. Estas canciones tenían algo en común y el formato EP nos permitía decirlo sin estirarlo de más.
–¿Cómo la banda se va apropiando de lo nuevo para el siguiente trabajo? ¿Qué temores les genera eso respecto a la identidad que ya tienen?
–Todos en la banda escuchamos mucha música y eso inevitablemente se filtra. Nos gusta probar, jugar con climas distintos, ver hasta dónde puede ir una canción.
Creo que experimentar también hace que todo sea más divertido. La clave está en que eso nuevo no entre como disfraz. Tiene que pasar por la banda, por nuestra forma de tocar, de cantar y de decir. Ahí recién se vuelve nuestro. El miedo a perder identidad puede aparecer, pero también sería raro cuidar tanto una forma que termine volviéndose una jaula. Para nosotros la identidad no es repetir siempre lo mismo, sino seguir reconociéndonos aunque cambiemos de energía.
DEJAR UNA IDEA
–El clima sonoro, un humor determinado y las letras tienen un rol muy destacado ¿Trabajan eso de manera consciente o solo sale?
–Creo que primero aparece. Hay un temperamento de la banda que sale bastante naturalmente: cierta forma de mirar, de no ponerse solemne, de mezclar algo sensible con algo más cotidiano. No sé si lo llamaría humor en el sentido de hacer reír, sino más bien una manera de pararse frente a las cosas. Después sí hay un trabajo consciente. Escuchamos si ese clima sostiene la canción, si la letra entra en ese mundo, si algo sobra o si se vuelve demasiado explicado. A veces una canción necesita más luz, otra necesita más rareza, otra pide ser más directa. Nos interesa que las canciones tengan algo para decir, pero que no pierdan cuerpo. Que no se vuelvan discurso. Que puedan dejar una idea, pero también moverte un poco.
–¿Cómo trabajaron las letras en esta producción? ¿Pertenecen a alguien en particular y se cuida eso o lo piensan colectivamente, se aceptan correcciones?
–Las letras siempre vienen de alguien. De una mirada, de una frase, de una incomodidad o de una necesidad puntual. Pero para que una letra llegue a Kita Pena tiene que tener la capacidad de representar a todos de alguna manera. No significa que todos hayan vivido exactamente lo mismo, sino que todos puedan reconocer algo ahí y defenderlo como propio. Una canción puede nacer de una experiencia personal, pero si queda encerrada solamente en eso, le cuesta crecer.
En la banda se cuida mucho esa primera voz, pero también se acepta que la canción pida cambios. A veces una palabra cambia todo. A veces una frase que parecía importante no entra. Lo lindo es cuando algo que empezó en una persona termina encontrando una forma que todos podemos cantar.
CAMBIO DE ENERGÍA
–¿Dentro de qué procesos está la banda?
–Estamos en un proceso de encontrar una nueva forma de movernos. Kita Pena tiene muchos años, muchas etapas y muchas vidas adentro. No sentimos que estemos empezando de cero, pero tampoco queremos funcionar en automático. Este EP nos agarra en un momento de cambio de energía, justamente. Con ganas de seguir haciendo música, pero también de entender cómo se comparte hoy, cómo se sostiene una banda y cómo se conecta con la gente después de tanto tiempo. Capaz estamos en un proceso de reconexión: con las canciones, con la banda y con una versión nueva de nosotros.
–¿Cómo Kita Pena, que tiene ya muchos años como grupo humano, vive, piensa y discute el mundo actual, sea desde la música, el mercado local, el sistema de difusión concentrado en plataformas, etc.?
–Es un momento raro para hacer música. Hoy una canción también tiene que sobrevivir al scroll. Eso puede ser cansador, porque además de hacer música tenés que pensar cómo lograr que alguien se detenga un rato a escucharla. Las plataformas abrieron puertas, eso es real, pero también concentraron mucho la atención. Hay más música que nunca, pero no necesariamente más escucha. Una canción puede estar disponible en todo el mundo y al mismo tiempo perderse en dos segundos entre mil cosas.
En Paraguay hay mucho talento y mucha gente haciendo cosas con identidad, pero todavía cuesta sostener circuitos, espacios y hábitos de escucha. Entonces uno va aprendiendo a moverse en ese paisaje sin traicionar lo que hace. Comunicar más, sí. Adaptarse, también. Pero sin convertirse en una banda que existe solo para alimentar el algoritmo.
–Si bien no se plantean como dando consejos, hay algo de invitar con sus letras a búsquedas más interiores y/o verdaderas. ¿Qué son esas verdades y cómo hacen ese trabajo ustedes?
–No sé si pensamos las canciones como consejos. Nos interesa más que funcionen como lugares donde uno pueda reconocerse un poco. Hay preguntas que vuelven en este EP: cómo dejar de preocuparse por todo, cómo cambiar de ambiente cuando algo te apaga, cómo volver a creer sin tener todo resuelto, cómo cortar una cadena antes de repetirla. Son cosas simples de decir, pero difíciles de hacer. Capaz la búsqueda va por ahí. No tanto en encontrar una verdad enorme, sino en animarse a mirar algunas cosas de frente. A veces una canción no te resuelve nada, pero te acompaña mientras tratás de ordenar un poco el ruido. Y eso, para nosotros, ya vale bastante.
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Festival de Venecia promete a los hermanos Gallagher para estreno de Oasis
La última película del británico Robert Pattinson y un documental sobre los hermanos de Oasis estarán presentes este año en septiembre en el Festival de Venecia, que finalmente no contará con Alejandro González Iñárritu y su filme “Digger”, protagonizado por Tom Cruise.
Los organizadores desvelaron una programación repleta de producciones independientes y de cine de autor, pero sin el respaldo de las grandes productoras de Hollywood, una tendencia que también se ha observado este año en otros festivales europeos.
Un total de 20 películas competirán por el prestigioso León de Oro en este festival del 2 al 12 de septiembre, entre ellas “Prime Time”, de Lance Oppenheim, sobre un programa de televisión estadounidense que buscaba desenmascarar a los pedófilos.
Está protagonizada por Pattinson, quien acaba de recibir elogios por su interpretación del villano Antinoo en “La Odisea”, de Christopher Nolan. “Esta película cuenta la historia real del presentador sin escrúpulos de un inquietante reality show de la NBC”, declaró a la prensa el director del Festival de Venecia, Alberto Barbera.
Otros títulos en competencia incluyen “Wild Horse Nine”, una comedia negra del irlandés Martin McDonagh protagonizada por John Malkovich y Sam Rockwell, así como “Bunker”, de Florian Zeller, con la pareja española Javier Bardem y Penélope Cruz.
Como se anunció anteriormente, el festival comenzará con una película sobre la transformación de los medios de comunicación británicos a cargo del magnate de la prensa Rupert Murdoch, dirigida por Danny Boyle, director de “Trainspotting”.
También competirá por el León de Oro “Ritorno a Buenos Aires”, del director chileno-italiano Marco Bechis, sobre un médico italiano que regresa a la capital argentina para testificar contra los exmilitares de la dictadura que lo secuestraron.
Hollywood y los gigantes estadounidenses del streaming, Netflix y Amazon, eligieron Venecia el año pasado para presentar una serie de películas de gran presupuesto, pero este año han decidido mantenerse al margen.
Las grandes productoras ya ignoraron el festival de Berlín en febrero y el de Cannes en mayo. Algunos observadores esperaban que “Digger”, de Alejandro Iñárritu y protagonizada por Tom Cruise, hiciera una entrada espectacular en el Lido de Venecia.
El documental producido por Disney sobre la banda inglesa de rock Oasis y su gira de regreso, “Don’t Look Back in Anger”, es la excepción. “Los hermanos Gallagher han prometido que estarán en Venecia”, dijo Barbera a los periodistas. Otro documental también llamará sin duda la atención, aunque pondrá a prueba la capacidad de concentración de los espectadores: una exploración de cuatro horas sobre Elon Musk a cargo del director estadounidense Alex Gibney.
Fuente: AFP.