El preestreno de “Mansión embrujada” (The Haunted Mansion), de los estudios Disney, se hizo con la tradicional alfombra roja desierta de estrellas, que no realizaron su habitual presentación para la promoción de esta primera proyección desde que los actores de Hollywood entraron en huelga por reclamos sobre ingresos.
El evento del sábado por la noche en el Disneyland Park en el estado de California (oeste) tuvo mucha menos fanfarria de lo esperado inicialmente, con la ausencia de los actores principales: LaKeith Stanfield, Tiffany Haddish, Danny DeVito y Jamie Lee Curtis. El director, Justin Simien, estuvo presente y sostuvo que apoyaba al elenco, pero también que los extrañaba “terriblemente” en la instancia.
Los miembros del sindicato de actores SAG-AFTRA se unieron a los miembros del sindicato de guionistas, WGA, en los reclamos para un movimiento inédito en Hollywood en más de 60 años. Todos protestan contra las condiciones impuestas por los grandes estudios cinematográficos.
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“Soy director, guionista y artista en esta industria. Y es muy, muy difícil”, declaró Simien a la AFP en el estreno. “Los apoyo absolutamente. Y estoy peleando yo mismo. Me hubiera gustado estar de fiesta con ellos aquí”, agregó el cineasta. Los actores de Hollywood se declararon en huelga oficialmente a la medianoche del jueves después de que se estancaron las conversaciones con los estudios.
Al igual que los guionistas, los actores reclaman un aumento de su retribución, que consideran a medio camino con la profundización de la era del streaming en internet. También quieren obtener garantías en cuanto al uso de la inteligencia artificial (IA), para evitar que ésta genere guiones o clone su voz e imagen en las producciones.
Fuente: AFP.
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Recam destaca el crecimiento de la presencia audiovisual del Mercosur
El 46.º encuentro de la Reunión Especializada de Autoridades Cinematográficas y Audiovisuales del Mercosur (Recam) destacó la 2.º Mostra Mercosul Audiovisual en Brasil, la presentación del ciclo “Nuevas narrativas en animación” y el anuncio de los ganadores del 2.º Concurso de Cortometrajes del Mercosur “Fronteras y encuentros”, al realizar un balance de los principales logros.
Con foco en los avances nacionales y regionales, el fortalecimiento de la circulación audiovisual, las coproducciones y la articulación de políticas públicas en el sector, la Recam realizó su 46.º reunión ordinaria, bajo la Presidencia Pro Tempore de Paraguay, con la participación, en modalidad virtual, de las delegaciones de Argentina, Brasil y Uruguay.
Durante el encuentro, celebrado el 4 de mayo, los asistentes destacaron los resultados de la Red de Salas del Mercosur y de la 2.º Mostra Mercosul Audiovisual realizada en Brasil, que alcanzó 367 puntos de exhibición, celebró más de 600 funciones y reunió cerca de 20 mil espectadores.
Animación y cortometrajes
La reunión también fue la oportunidad de presentar el ciclo Nuevas narrativas en animación, que amplía las posibilidades expresivas del lenguaje animado y propone miradas contemporáneas sobre la región, valorando el rol de la Plataforma Mercosur Audiovisual como herramienta clave para la difusión regional, de acceso público a obras de la región y con una gestión activa del catálogo de cortometrajes.
Otro de los temas centrales fue el anuncio de los ganadores del 2.º Concurso de Cortometrajes del Mercosur “Fronteras y Encuentros”, iniciativa que permite incorporar nuevas obras al catálogo regional, fortaleciendo la diversidad de contenidos y su circulación en distintos territorios.
En la categoría documental, la obra ganadora fue “El último anzuelo” (Argentina), dirigida por Gonzalo Solari, reconocida “por la sensibilidad con la que utiliza el lenguaje documental para dar relevancia a lo sencillo, abordando las fronteras del tiempo, las ausencias y la memoria. El hilo de pesca se convierte en una metáfora sutil que enlaza afectos, recuerdos y vínculos”.
En la categoría ficción, el premio fue para “Más que el mar” (Uruguay), dirigido por Juan Ignacio Fernández, destacando “el buen uso de los recursos cinematográficos y las actuaciones para contar una historia en la que los silencios se convierten en una frontera invisible para la conexión, explorando de forma sutil las tensiones de la masculinidad en la relación entre padre e hijo y convirtiendo al Río de la Plata en una metáfora de las distancias”.
El jurado también otorgó menciones especiales a obras con diversidad de miradas y lenguajes para abordar la temática propuesta, explorando distintas fronteras y encuentros de la región. En ficción fueron reconocidas “Por la gaseosa” (Argentina), “MUM” (Brasil), “Misiones, 1756” (Argentina), “Espelho da memoria” (Brasil), “Veredas” (Brasil) y “Ñembyasy” (Paraguay); mientras que en la categoría documental las menciones fueron otorgadas a “Por la tierra” (Paraguay-Argentina), “Entre paredes y vínculos” (Uruguay) y” Entre fronteiras: vozes do guarani” (Brasil).
El jurado estuvo conformado por representantes del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), de Argentina; de la Secretaría del Audiovisual (SAv), de Brasil; del Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP) y de la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ACAU), con la coordinación de la Secretaría Técnica de la Recam.
Acuerdo regional
Durante la reunión, la Recam también celebró que la internalización del Acuerdo Mercosur de Coproducción Cinematográfica y Audiovisual, está en etapas avanzadas en los países, al tiempo que el Comité Jurídico continúa trabajando en la elaboración del Reglamento Interno para su pronta implementación. Asimismo, evaluó los resultados del Programa de Fortalecimiento de Proyectos de Coproducción, cuya edición 2025 culminó con la participación de proyectos en Ventana Sur, proyectando su continuidad para este año.
También las delegaciones presentes en la reunión alcanzaron a su vez avances en la preparación de acciones para el Mercado Audiovisual Entre Fronteras (MAEF) y Ventana Sur 2026, así como en el seguimiento del proyecto presentado al Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM), orientado al fortalecimiento del patrimonio audiovisual regional.
Las autoridades también mantuvieron conversaciones con la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales (FIPCA), con el objetivo de explorar líneas de cooperación, como formación y desarrollo del sector, fomentando la articulación entre actores públicos y privados.
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Almodóvar intenta por séptima vez ganar la Palma de Oro con “Amarga Navidad”
Con “Amarga Navidad”, que se presenta este martes en Cannes, Pedro Almodóvar aspira a alzarse con la Palma de Oro, después de haberlo intentado seis veces, desde su primera selección con “Todo sobre mi madre”, hace más de 25 años. Aunque Cannes ha premiado varias veces sus obras, como al mejor actor en “Dolor y gloria” (2019) o al mejor guion e interpretación femenina por “Volver” (2006), al cineasta español se le resiste el máximo galardón del festival de cine francés.
Además de presentar varias de sus películas más destacadas, Almodóvar, de 76 años, ha formado parte en dos ocasiones del jurado de la muestra, en 1992 como miembro, y en 2017, como presidente.
“Todo sobre mi madre” (1999)
A pesar de lo que auguraban todas las quinielas, “Todo sobre mi madre” no consiguió la Palma de Oro, que fue para “Rosetta”, de los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne. Almodóvar tuvo que contentarse con el premio a la mejor dirección.
De aquella primera experiencia, el director manchego tiene un “recuerdo maravilloso”, puesto que el filme gustó tanto al público como a la crítica, “lo que no es frecuente”, dijo en aquella época. “Sentir en directo el amor del público fue especialmente emocionante”, recordó.
“Volver” (2006)
En 2006, fue el británico Ken Loach, con “El viento que agita la cebada” quien le arrebató el premio y “Volver” se quedó con el galardón al mejor guion y la distinción colectiva a la mejor interpretación femenina, donde figuraban entre otras Penélope Cruz y Carmen Maura.
Al final de la proyección de “Volver”, Almodóvar vivió uno de los momentos más emotivos en la Croisette: “Fue cuando sequé las lágrimas de emoción que inundaban el hermoso rostro de Penélope Cruz”, rememoró.
“Los abrazos rotos” (2009)
Tres años más tarde, Almodóvar regresó a la alfombra roja de Cannes con Penélope Cruz, su actriz fetiche. En aquella ocasión, estaban en liza, entre otros, Quentin Tarantino, Ken Loach, Elia Suleiman y Marco Bellocchio.
Pero la máxima recompensa ese año fue para “La cinta blanca”, del austríaco Michael Haneke.
“La piel que habito” (2011)
Por primera vez con un filme sin Penélope Cruz, el cineasta español lo intentó con “La piel que habito”, protagonizada por Elena Anaya y Antonio Banderas. En la selección sobresalieron una vez más los cineastas asiduos al certamen, como los hermanos Dardenne y el estadounidense Terrence Malick que, con “El árbol de la vida”, se llevó la máxima recompensa.
El director de fotografía de la película, José Luis Alcaine, colaborador habitual de Almodóvar, ganó el premio Vulcain al mejor artista-técnico.
“Julieta” (2016)
De nuevo el cineasta manchego compitió frente a los hermanos Dardenne y Ken Loach, además del brasileño Kleber Mendonça Filho, Xavier Dolan y Jim Jarmusch. El británico, con su drama social “Yo, Daniel Blake”, le arrebató por segunda vez la Palma de Oro.
De aquella edición, Almodóvar recuerda que él mismo se sorprendió de que la “formidable” “Toni Erdmann” de la alemana Maren Ade se fuera con las manos vacías. El premio es el fruto “de la decisión de nueve personas” del jurado y a veces “no corresponde al gusto de los espectadores o de la prensa”, admitió.
“Dolor y gloria” (2019)
En la cinta más introspectiva de Almodóvar hasta entonces, Antonio Banderas interpreta a un cineasta solitario en el crepúsculo de su carrera, mientras Penélope Cruz encarna a la madre del director.
Ese año, la cinta de Almodóvar estaba, durante todo el festival, entre las favoritas para ganar... hasta que en los últimos días se proyectó “Parásitos”, el thriller surcoreano que se llevó finalmente la Palma de Oro e hizo historia luego en los Óscars.
Banderas, quien no escondió una cierta “amargura” porque su mentor no fuera premiado en Cannes, se llevó el premio a la mejor interpretación masculina.
“Amarga Navidad” (2026)
Almodóvar vuelve con un filme centrado en un cineasta, esta vez con problemas de inspiración. El argentino Leonardo Sbaraglia, con su barba y su pelo rizado canoso, da vida al alter ego del director manchego. Completan el reparto Bárbara Lennie, Victoria Luengo y Aitana Sánchez-Gijón. En medio de espectaculares imágenes de Lanzarote, en las islas Canarias, la historia invita a reflexionar sobre la autoficción y el uso que hacen los creadores de la realidad de su entorno en sus obras.
Fuente: AFP.
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Cannes 2026: crítica del film “L’Espèce explosive”
- Por David Sánchez, desde Cannes (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
“L’Espèce explosive”, presentada en la Quinzaine des Cinéastes 2026 del Festival de Cannes, fue proyectada dentro de la sección paralela organizada por la SRF (Société des Réalisateurs de Films), concretamente en el Théâtre Croisette y en varias salas satélite de Cannes como Les Arcades, Le Raimu y Studio 13. La película de Sarah Arnold, formada en la ENSAV de Toulouse, llegó al festival como uno de los “polars rurales” franceses más comentados de la selección y, viendo el resultado, se entiende por qué.
No porque sea una obra maestra ni porque revolucione el cine social francés, sino porque entiende algo fundamental: la miseria contemporánea entra mejor cuando se mezcla con humor absurdo. Y ahí es donde L’Espèce explosive encuentra su personalidad.
La premisa parece salida de un cruce imposible entre el thriller rural francés, el cine social de provincias y una comedia alcohólica medio desesperada. En el noreste de Francia, los jabalíes destruyen los cultivos y la tensión entre agricultores, cazadores y élites locales termina explotando. Brun, un agricultor arruinado interpretado por Jean-Louis Coulloc’h, desaparece después de quebrarse psicológicamente ante la presión económica y social. Un año más tarde aparece Fulda, un gendarme corso sancionado y trasladado disciplinariamente, encargado de investigar el caso mientras se hunde lentamente entre vodka, depresión y ataques de intuición brillante.
La directora Sarah Arnold, que venía del cortometraje y de festivales como Locarno o Clermont-Ferrand, construye aquí un primer largometraje bastante sólido a nivel atmosférico. La fotografía de Noé Bach convierte el paisaje rural francés en algo húmedo, decadente y casi apocalíptico. No hay romanticismo campesino. Hay barro, campos destruidos, pueblos que parecen detenidos en el tiempo y personajes agotados por un sistema económico que ya no les pertenece.
Pero lo que realmente sostiene la película es Alexis Manenti.
Y aquí está lo curioso: Alexis Manenti lleva años interpretando personajes que parecen vivir permanentemente al borde de una explosión nerviosa. Desde Les Misérables hasta muchos thrillers franceses recientes, siempre transmite esa intensidad seca, casi incómoda, como si algo terrible pudiera pasar en cualquier momento. Lo interesante de L’Espèce explosive es que el guion decide convertir esa percepción del actor en parte del propio personaje. Los demás policías hablan constantemente de Fulda como alguien excesivo, demasiado intenso, demasiado inestable. La película es plenamente consciente de la imagen pública cinematográfica de Manenti y juega con ella.
Además, el hecho de que Fulda sea corso introduce un humor bastante bruto, pero muy eficaz. Hay bromas recurrentes sobre Córcega, sobre explosivos y sobre la idea medio caricaturesca de que si algún día la comisaría vuela por los aires ya saben quién será el culpable. Es un humor muy francés, bastante incorrecto políticamente, apoyado en el viejo imaginario de los corsos como figuras cercanas al crimen organizado, al separatismo o directamente a la violencia explosiva. Y funciona porque la película nunca convierte el chiste en una simple burla; lo utiliza para reforzar la sensación de que Fulda siempre será visto como un elemento extraño dentro de la institución.
Lo complicado del trabajo de Manenti es el equilibrio tonal. Tiene que ser un policía creíble, un hombre emocionalmente roto, un personaje algo ridículo, un tipo raro y, además, generar empatía. Y eso es muy difícil. Porque si fuerzas demasiado la excentricidad, el personaje se vuelve caricaturesco; si lo haces demasiado seco, la película pierde toda la comicidad. Manenti encuentra un punto intermedio muy inteligente. Nunca parece actuar “para la cámara”. La locura del personaje aparece en detalles pequeños: silencios incómodos, miradas fuera de lugar, reacciones mínimas con sus compañeros de la gendarmería, formas de caminar o de quedarse quieto.
Eso hace que Fulda no parezca un loco cinematográfico exagerado, sino un hombre ligeramente roto por dentro.
Y probablemente ahí está el motivo por el que se come completamente la película. Cuando él desaparece de escena, el film pierde tensión y personalidad. No es una interpretación grandilocuente ni diseñada para clips de premios, pero sí una actuación extremadamente difícil de construir. Y sinceramente parece muy posible que pueda entrar en la conversación de los César du Cinéma. No porque haga algo espectacular, sino porque consigue algo mucho más complejo: parecer natural dentro de un personaje completamente inestable.
A su alrededor, Ella Rumpf aporta bastante humanidad como Stéphane, la psicóloga de la gendarmería. Su relación con Fulda evita caer en el cliché romántico típico y funciona mejor cuando ambos personajes parecen igual de perdidos. Vincent Dedienne añade una comicidad seca bastante efectiva y Jean-Louis Coulloc’h aporta todo el peso trágico relacionado con el hundimiento económico rural.
Porque, en el fondo, la película habla sobre eso: la pelea del de abajo contra el de arriba.
No solamente la oposición entre el pueblo y las élites parisinas que llegan a cazar como si el territorio rural fuera un parque temático para ricos. También dentro de las propias instituciones aparece esa lucha vertical constante. Fulda es un personaje minúsculo enfrentándose continuamente a estructuras mucho más grandes que él: superiores policiales, políticos locales, empresarios, notables regionales. La película retrata bastante bien esa sensación contemporánea de impotencia social donde parece que el dinero y el poder aplastan cualquier posibilidad de resistencia.
Y aquí es donde inevitablemente aparece la comparación con La Loi du marché de Stéphane Brizé. Ambas películas comparten esa idea de la violencia económica ejercida desde arriba sobre individuos normales. Pero donde Brizé optaba por un hiperrealismo casi ascético, extremadamente serio y deliberadamente incómodo, Sarah Arnold introduce humor absurdo, thriller policiaco y personajes grotescos. Y sinceramente se agradece.
Porque L’Espèce explosive podría haber sido muy pedante. Tenía todos los ingredientes para convertirse en otro drama social francés de gente sufriendo durante hora y media bajo cielos grises. Sin embargo, el humor idiota —los comentarios sobre los corsos, los policías inútiles, el absurdo de investigar jabalíes gigantes como si Fulda fuera un Sherlock Holmes rural y alcohólico— permite que el espectador respire.
Eso no significa que la película esté completamente equilibrada. Hay problemas claros. El simbolismo de los jabalíes termina siendo demasiado insistente. Algunos secundarios desaparecen sin desarrollo. Y el último tercio parece no decidirse entre thriller, sátira política o drama social. Visualmente tampoco hay una personalidad formal especialmente innovadora: cámara nerviosa, tonos apagados, realismo sucio. Todo correcto, pero pocas imágenes permanecen realmente en la memoria.
Sin embargo, la película funciona porque entiende muy bien su mezcla de tonos. Y porque Alexis Manenti sostiene todo el edificio con una interpretación extremadamente complicada que nunca parece esforzada.
Uno de los elementos más importantes sea la música de la compositora uruguaya Florencia Di Concilio, que aporta una mezcla muy interesante entre tensión contenida y melancolía extraña. Su trabajo evita que la película caiga en el miserabilismo absoluto y acompaña muy bien ese tono híbrido entre thriller, sátira y drama social. Di Concilio ya había demostrado una enorme sensibilidad atmosférica en trabajos anteriores como Calamity, y aquí vuelve a construir una música que no subraya emocionalmente las escenas de manera obvia, sino que parece contaminar lentamente el ambiente.
No es cine revolucionario. No es una obra maestra del polar francés. Pero sí una película inteligente dentro de su modestia, capaz de hablar de desigualdad, corrupción y rabia social sin convertirse en una conferencia deprimente sobre la lucha de clases. Y hoy eso, dentro del cine social europeo, ya es bastante raro.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Cannes 2026: crítica del film “Blaise”
- Por David Sánchez, desde Cannes (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
Estamos en el Festival de Cannes 2026 (13–24 de mayo). En ese marco, y dentro de una sección paralela históricamente periférica como la ACID, aparece una de esas anomalías que justifican por sí solas la existencia de un festival: Blaise, de Dimitri Planchon y Jean-Paul Guigue. Conviene empezar sin rodeos: es una sorpresa y, más aún, una pequeña joya. Y lo es precisamente donde menos se espera. No suelo detenerme en títulos de ACID —una sección asociada a propuestas formales radicales, a menudo irregulares o deliberadamente herméticas—, pero esta película constituye una excepción en todos los sentidos. Es rara, sí, pero rara de las buenas.
Desde su planteamiento, Blaise se articula como una comedia ácida que opera en varios niveles. En superficie, el retrato de la familia Sauvage: Carole intenta recomponer su imagen ante sus empleados; Jacques hace lo propio en su entorno social; y Blaise, su hijo, se deja arrastrar por una joven hacia una cruzada revolucionaria tan educada como improvisada. Bajo ese esquema, la película construye una sátira precisa sobre clases sociales, necesidad de reconocimiento y, sobre todo, la performatividad del compromiso político.
Aquí aparece uno de los núcleos más interesantes del film: la manifestación como gesto de imagen. No se trata tanto de transformar la realidad como de ser visto formando parte de algo. Blaise lo expone con claridad: participar “porque queda bien”, porque posiciona, porque otorga una identidad. La política como superficie.
En ese punto, la película introduce una idea que resulta particularmente actual y que conviene subrayar de forma explícita. Las acciones que vemos en las manifestaciones —lanzar botellas, provocar a la policía, incluso el uso de artefactos más extremos— no producen ningún efecto real sobre la causa que supuestamente defienden. El resultado es nulo. No cambian nada. No mejoran nada. Funcionan, más bien, como gestos simbólicos dirigidos a la propia imagen del participante.
Es aquí donde la película permite una analogía directa con fenómenos contemporáneos muy visibles, como las llamadas flotillas hacia zonas de conflicto, concebidas en muchos casos más como actos de exposición mediática que como intervenciones efectivas. Del mismo modo que en la película tirar una botella o una granada no altera el curso de los acontecimientos, estas acciones tampoco tienen capacidad real de modificar la situación sobre el terreno. Su lógica es otra: es personal, ser vistas, construir una posición moral visible, ser cool, estar en la onda.
Blaise no lo formula de manera discursiva, pero lo muestra con bastante precisión. La acción sin efecto se convierte en identidad. El gesto sustituye al resultado. Y, en ese desplazamiento, aparece una crítica clara a una forma de activismo contemporáneo donde la visibilidad importa más que la eficacia. En ese sentido, la película dialoga con realidades muy actuales, reconocibles casi a diario en el espacio mediático.
El arco de Blaise refuerza esta lectura. Su implicación no nace de una convicción profunda, sino de una necesidad de pertenencia y de reconocimiento. La influencia de la joven —procedente de un entorno privilegiado— introduce otro matiz: la radicalidad como experiencia, casi como consumo simbólico. La violencia se convierte en un signo externo de compromiso. Los golpes recibidos funcionan como credenciales. Quien no los tiene, como el propio Blaise, queda en una posición ambigua.
El tono es uno de los grandes aciertos del film. Planchon y Guigue combinan un humor que remite al absurdo estructurado de los Monty Python con una agresividad más contemporánea cercana a South Park. No es una referencia superficial: en muchos momentos, Blaise podría leerse como un episodio extendido de esa serie, trasladado al contexto francés. El humor es constante, a menudo excesivo, y se apoya en una deformación deliberada de personajes y situaciones.
Esa deformación encuentra su correlato en la propuesta técnica, probablemente el rasgo más distintivo de la película. No estamos ante animación convencional ni ante imagen real. Se trata de una animación 3D estilizada con vocación caricatural situada en el uncanny valley. Los rostros presentan una textura casi realista —piel, volumen, iluminación— pero están ligeramente alterados en proporciones y rasgos, generando una sensación de extrañeza constante.
A esto se suma una animación corporal rígida, poco fluida, que rompe con cualquier intención naturalista. Lejos de ser una limitación, esta rigidez refuerza el discurso: los cuerpos parecen artificiales porque lo que representan también lo es. La expresividad se concentra en los rostros —labios, ojos—, mientras el conjunto mantiene una ligera sensación de collage digital, como si las piezas no terminaran de encajar del todo. El resultado es una caricatura hiperrealista incómoda, coherente con el tono satírico del film.
Es cierto que esta propuesta exige un breve periodo de adaptación. Los primeros minutos pueden resultar desconcertantes. Pero una vez asumido el código visual, la película encuentra su ritmo y su lógica interna funciona con precisión.
En paralelo, el film despliega varias subtramas —laborales, familiares, educativas— que amplían su alcance. No todas tienen el mismo peso, y en ocasiones la acumulación roza el exceso, pero esa misma desmesura forma parte de su identidad.
Dentro del Festival de Cannes, su presencia en la sección ACID (Association du Cinéma Indépendant pour sa Diffusion) resulta coherente. ACID promueve cine independiente seleccionado por cineastas, con especial atención a obras arriesgadas. En ese contexto, Blaise destaca porque logra algo poco habitual: mantener una propuesta formal singular sin perder capacidad de conexión.
Sobre sus directores, Planchon y Guigue han trabajado previamente en formatos cortos y en animación experimental. Blaise consolida esa línea: más ambiciosa, más estructurada y más accesible, sin renunciar a su carácter híbrido.
En conjunto, Blaise es una anomalía valiosa. Una comedia feroz que utiliza el exceso como herramienta crítica y una estética incómoda como vehículo de sentido. Pero, sobre todo, es una película que captura con bastante precisión una deriva contemporánea: la sustitución de la eficacia por la visibilidad, del resultado por el gesto. En ese espejo, no siempre cómodo, es donde la película encuentra su mayor interés.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.