“A iniciativa de Hernán Migoya, hemos creado los #PremiosAntonioBarreiro a toda una trayectoria dedicada a la historieta. En esta primera edición los premiados son: Enrique Sánchez Abulí y Robin Wood. Nuestra más sincera admiración por estos dos titanes del cómic. ¡Felicidades!”, publicó la Asociación Profesional de Guionistas de Cómic - ARGH! (https://www.argh.es) en redes sociales, el martes 7 de julio pasado.
“Con este premio queremos homenajear a todos aquellos compañeros del medio que a lo largo de su trayectoria han dignificado el oficio y, al mismo tiempo, han estrechado lazos culturales entre las comunidades hispanohablantes. El galardón se concederá de forma anual y, como algo excepcional, se otorga este 2020 por partida doble. La intención es afianzar una tradición que hermane al conjunto de guionistas españoles y latinoamericanos”, explica el gremio formado en el 2019.
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El otro galardonado es el guionista francés Enrique Sánchez Abulí, autor de “Zodíaco”, “Alex Magnum”, “Demasiado humano”, “Perla” o “Brumas”, entre otras destacadas colaboraciones. Entre sus últimos trabajos están “La nieve y el barro”, con dibujos de Oswal, y “Torpedo 1972” junto a Eduardo Risso. En abril del 2015 fue galardonado con el Gran Premio en la 33ª edición del Salón Internacional del cómic de Barcelona.
Nombre de premio
Nacido en Caazapá, el 24 de enero de 1944; Robin Wood es considerado como uno de los escritores de historietas más destacados en el mundo. Entre sus memorables obras se encuentran “Nippur de Lagash”, “Gilgamesh el inmortal”, “Dennis Martin”, “Dago” y “Pepe Sánchez”.
El artista paraguayo ha recibido numerosas distinciones por su trayectoria, como el premio de Mejor Guionista del Mundo en la Bienal de Córdoba; el Premio Yellow Kid, llamado el Oscar de la historieta, en 1997; el Premio Gran Creador en Falconara, Italia; Premio Pléyade, otorgado por la Asociación de Editores de Argentina; o el Premio de Honor en el Festival de la Historieta del Mercosur celebrado en Paraguay en el 2000.
En setiembre del 2019, en la última edición de la Libroferia Encarnación, el escritor paraguayo acompañó la presentación del Premio “Robin Wood” al guión original, que organiza Kuatia, Asociación de guionistas y dramaturgos, que, además, lo declaró miembro honorario.
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La conquista y la persistencia de una mirada colonial sobre los pueblos indígenas
- Carlos Oliveira
- Foto: Gentileza
Cada 12 de octubre, la memoria vuelve a un desembarco que la historia oficial convirtió en el descubrimiento de un continente, como si estas tierras hubieran permanecido hasta entonces fuera de la historia y sus habitantes aguardaran la llegada de Europa para ingresar a la civilización.
La palabra descubrimiento esconde una de las paradojas más persistentes de nuestra memoria histórica. ¿Cómo se descubre aquello que ya está habitado?, ¿qué significa descubrir un territorio para quienes lo consideran su hogar desde generaciones inmemoriales? y ¿qué sucede cuando el acto de descubrir, tal como lo relata el vencedor, supone negar la existencia cultural de quienes estaban allí antes de su llegada?
La conmemoración del 12 de octubre ofrece una oportunidad para revisar estas preguntas y examinar críticamente las representaciones que heredamos del pasado. No se trata de negar la trascendencia histórica del encuentro entre Europa y América ni de desconocer las transformaciones culturales que surgieron de él. Se trata, más bien, de cuestionar una narración que durante siglos presentó la conquista como una empresa civilizadora y relegó a los pueblos originarios al lugar de la barbarie, la ignorancia y el atraso.
La discriminación hacia los indígenas, la desvalorización de sus lenguas y la persistencia de prejuicios raciales revelan que el colonialismo no es un episodio concluido. También es una estructura de pensamiento que sobrevive en los gestos cotidianos, en las instituciones y en las palabras.
La conquista fue, además de una empresa militar, económica y religiosa, una operación de clasificación cultural. Antes de imponer un orden nuevo, necesitó representar el mundo existente como un espacio vacío de civilización. El territorio podía estar poblado, cultivado y recorrido por redes de intercambio; sus habitantes podían tener una memoria colectiva, una espiritualidad y un conocimiento profundo de la naturaleza. Sin embargo, nada de eso parecía suficiente si no se ajustaba a las categorías del conquistador.
La palabra indígena fue, durante mucho tiempo, objeto de sospecha para quienes pretendían imponer otra visión del mundo. En algunos casos, las lenguas originarias fueron toleradas como instrumentos de evangelización; en otros, fueron reprimidas o relegadas frente a los idiomas de los poderes coloniales. Pero la supervivencia de estas lenguas demuestra que la conquista no consiguió borrar por completo los universos culturales que intentó subordinar.
LA ECONOMÍA MÁS ALLÁ DEL LUCRO
La negación colonial de la supuesta ausencia de economía en las sociedades indígenas se sostiene sobre una concepción igualmente limitada. Para reconocer una actividad como económica, el colonizador tendía a privilegiar las formas de producción, acumulación e intercambio propias de su sociedad. Los sistemas que no respondían a esa lógica quedaban fuera de su campo de comprensión.
Sin embargo, la economía no se reduce al mercado ni la riqueza puede medirse exclusivamente mediante la acumulación individual de bienes. Las investigaciones antropológicas han mostrado que distintas sociedades organizaron la producción y la distribución de recursos sobre la base de principios diferentes de los que caracterizan a las economías capitalistas.
Entre los pueblos indígenas, las prácticas de reciprocidad han desempeñado un papel fundamental. La distribución de alimentos, el trabajo compartido y la ayuda mutua forman parte de sistemas en los que las relaciones sociales y las obligaciones comunitarias tienen tanta importancia como los bienes materiales.
La riqueza no se agota en aquello que alguien posee, sino que también se manifiesta en su capacidad de compartir y participar de una red de reciprocidades.
Reconocer estos sistemas no significa idealizar a las sociedades indígenas ni suponer que estuvieron libres de conflictos, desigualdades o disputas por los recursos. Significa aceptar que la historia económica de la humanidad es más diversa de lo que admite una perspectiva que identifica el progreso con la expansión del mercado y la acumulación material.
La negación colonial consistió, precisamente, en calificar una diferencia como una carencia. Como los indígenas no organizaban necesariamente sus relaciones económicas según los parámetros europeos, se los consideraba incapaces de producir riqueza. La diversidad de sus sistemas de subsistencia y distribución quedaba invisibilizada por una definición de economía que no reconocía otra racionalidad que la del conquistador.
CIVILIZACIÓN Y BARBARIE
La oposición entre civilización y barbarie ha sido uno de los instrumentos más duraderos de la interpretación colonial. Mediante ella, las sociedades europeas se reservaron el lugar de la modernidad y el progreso, mientras los pueblos sometidos eran situados en una etapa anterior del desarrollo humano.
Sin embargo, los avances de la arqueología y la antropología han contribuido a cuestionar esas interpretaciones. Los vestigios materiales de las civilizaciones americanas muestran que mucho antes de la llegada de los europeos existían sociedades con conocimientos avanzados de arquitectura, astronomía, matemáticas, agricultura y organización política.
La historia de América no comenzó cuando los europeos pusieron pie en sus costas. Comenzó mucho antes, a través de procesos de poblamiento, experimentación, intercambio, conflicto y creación cultural que se desarrollaron durante milenios. La conquista interrumpió y transformó esos procesos, pero no puede ser considerada el punto de partida de una historia que ya tenía sus propios protagonistas.
RESIGNIFICACIÓN
Revisar el significado del 12 de octubre no implica borrar la historia ni sustituir una simplificación por otra. Tampoco supone negar el intercambio cultural que siguió al contacto entre ambos continentes. Pero reconocer ese mestizaje no obliga a ocultar la violencia que lo acompañó. La mezcla cultural no borra la conquista, del mismo modo que la existencia de una cultura compartida no elimina las desigualdades que se originaron en el orden colonial.
Más de cinco siglos después, la tarea pendiente consiste en aprender a mirar esas historias sin los prejuicios que las relegaron a los márgenes. Quizá el verdadero descubrimiento consista, precisamente, en comprender cuánto ignoramos todavía de quienes estuvieron aquí antes que nosotros y cuánto de esa ignorancia fue producido por una historia que confundió deliberadamente su propia mirada con la totalidad del mundo.
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Una obra de arte paraguaya ingresa de forma permanente a la Catedral de Toledo
El profesor doctor Manuel de Jesús Viedma Romero, artista y fundador del Museo Viedma (MUVA), ha marcado un hito histórico para la cultura nacional al convertirse en el primer creador paraguayo y sudamericano en exponer una obra de manera permanente en la prestigiosa Catedral Primada de Toledo, en España. La pieza pictórica, concebida originalmente en el territorio nacional, ofrece una profunda interpretación artística e histórica sobre el encuentro entre la cultura guaraní, la tradición jesuítica y la espiritualidad cristiana.
La composición plástica plasma este proceso fundacional a través de las figuras de los santos jesuitas Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, acompañados por el cacique Arapysandu en la región de San Ignacio Guazú. Asimismo, la obra introduce una dimensión espiritual con la representación de la Virgen María orientando su mirada evangelizadora hacia los misioneros, simbolizando el arraigo histórico y cultural que caracteriza al territorio de Las Misiones en Paraguay.
Este logro cultural se concretó gracias a las gestiones mancomunadas de Antonio Rivas, Lauro Ramírez y José Enrique Schröder, bajo el puente institucional tendido por la Hermandad de Nuestra Señora Santa María del Alcázar de Toledo. La incorporación del lienzo coincide con la conmemoración de los 800 años de la catedral toledana y el 90.º aniversario de dicha hermandad, transformando una iniciativa artística en un legado permanente de hermandad entre Paraguay y España.
Los actos oficiales de consagración se llevaron a cabo el pasado fin de semana de septiembre de 2026, iniciando con la bendición del cuadro ante representantes internacionales y culminando con una solemne eucaristía en la nave central del templo, presidida por el arzobispo primado de España, Francisco Cerro Chávez. Durante la ceremonia, el propio autor, su esposa Emma Paoli de Viedma y sus hijos recibieron distinciones especiales en reconocimiento a su aporte a los lazos culturales bilaterales.
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El CCE Asunción galardona las trayectorias de la artista Julia Isidrez y de Rosa Posa
En el marco de su cincuentenario, el Centro Cultural de España Juan de Salazar (CCE Asunción) otorgó un merecido reconocimiento a la célebre ceramista Julia Isidrez y a la activista Rosa Posa Guinea. Ambas distinciones forman parte de la iniciativa “50 años tejiendo redes”, un ciclo institucional iniciado en abril que contempla la entrega de medio centenar de galardones a personalidades, festivales y colectivos que han marcado la historia social y cultural de Paraguay. En esta oportunidad, las homenajeadas recibieron una pieza única de cerámica creada por el artista Jorge Enciso, discípulo de Isidrez, concebida en el marco del proyecto “Barro in situ”.
El tributo a Julia Isidrez tuvo lugar en la ciudad de Itá tras la presentación de la obra de danza contemporánea “De Agua y Barro”, dirigida por la coreógrafa Alejandra Díaz Lanz. Esta creación escénica, inspirada en la labor de Isidrez y de su madre, Doña Juana Marta Rodas, fusiona la poesía de Rubén Bareiro Saguier con el universo de las alfareras locales. Al volver a los escenarios dos décadas después de su estreno (con el valioso apoyo de la Fundación Itaú—, la puesta en escena rinde homenaje a los saberes ancestrales transmitidos de generación en generación y proyectados hacia los más exigentes circuitos del arte contemporáneo internacional.
Por su parte, la institución destacó la incansable labor de la pedagoga y defensora de los derechos humanos Rosa Posa Guinea, española radicada en Paraguay desde hace más de tres décadas. Colectivos fundamentales como Aireana, Akãhatã y la Coordinación de Mujeres del Paraguay han contado con su participación directa. Su impronta ha sido determinante para la construcción de espacios de representación ciudadana e inclusión, entre los que destaca la creación en 2005 del Festival de Cine LesBiGayTrans, una plataforma audiovisual que sostiene un compromiso ininterrumpido con la visibilidad comunitaria desde hace 21 años.
Ambas trayectorias confluyen también en las artes escénicas como territorio de sensibilización y memoria viva. Mientras “De Agua y Barro” contó con la participación de la propia Isidrez y prepara nuevas funciones para el mes de noviembre en la muestra “Palabra tomada”, Posa encabeza el proyecto de teatro documental “La revolución del temblor”, dirigido por Paola Irún. Esta última propuesta parte de la experiencia personal de Posa con el párkinson para reflexionar sobre la fragilidad del cuerpo, desestigmatizar la enfermedad y reivindicar con vigor los derechos individuales.
A través de esta serie de reconocimientos, el CCE Asunción reafirma el papel integrador de la cultura como un puente de transformación social, preservación de saberes y apertura de espacios de libertad. Las homenajeadas se suman a una valiosa nómina de figuras anteriormente distinguidas, entre quienes figuran la historiadora Milda Rivarola, el realizador audiovisual Mauricio Rial, el iluminador Santiago Schaerer, los referentes del jazz Toti, Víctor y Julieta Morel, y el artista visual Félix Toranzos. Toda la información detallada sobre el calendario festivo se encuentra disponible en el sitio web www.cceasuncion.aecid.es.
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El rey Felipe VI reafirma ante Marruecos que la soberanía sobre Ceuta no es negociable
El rey Felipe VI reafirmó el martes la soberanía española sobre Ceuta durante una histórica visita al enclave del norte de África reivindicado por Marruecos, donde fue aclamado por una multitud, más de dos meses después de una crisis migratoria que tensó las relaciones entre Madrid y Rabat. Ceuta y Melilla, el otro territorio español norafricano, “son una parte irrenunciable” de España y “la soberanía y la integridad territorial de nuestro país no son negociables”, remarcó el monarca durante un discurso en la visita de alta tensión diplomática.
España “tiene la voluntad y la responsabilidad de mantener una buena relación” con Rabat, lo cual exige “buena fe” por ambas partes, subrayó el jefe de Estado español, quien junto a la reina Letizia realiza su primer desplazamiento a Ceuta desde que subió al trono en 2014. A cada lugar que fueron, los reyes fueron recibidos por una multitud enfervorizada que lanzó vítores de “Viva España” y “Viva el rey” y ondeó banderas españolas y de Ceuta.
“No os vamos a dejar solos ni indefensos”, garantizó el rey en su discurso. “Esperábamos hace mucho tiempo esta visita”, que “significa mucho porque es un apoyo para que el vecino de al lado, Marruecos, no esté siempre con la intención esa de que Ceuta y Melilla son de Marruecos”, afirmó a la AFP Toñi Jiménez, una auxiliar de enfermería de 56 años.
La presencia de los reyes resalta “que Ceuta es española y que somos españoles”, consideró Karima Mohamed, una dependienta de 33 años, cuyos dos hijos estudian en un colegio que visitaron los reyes, en una zona de alta concentración de musulmanes en esta ciudad donde conviven históricamente católicos, musulmanes, judíos e hindúes.
Homenaje a migrantes fallecidos
Los reyes, que dormirán en Ceuta, partirán el miércoles a Melilla. Su estancia se produce a semanas de las elecciones en España del 29 de noviembre, con la migración como uno de los temas candentes de la campaña.
El último rey español que visitó estos enclaves fue Juan Carlos I, padre del actual monarca, en noviembre de 2007. Aquel viaje derivó en una crisis diplomática con Rabat.
Días antes de la actual visita, el rey de Marruecos, Mohamed VI, rechazó cualquier “presión” o “chantaje” sobre la cooperación con España y denunció la “instrumentalización” de la crisis migratoria.
En la tarde, los reyes rindieron un homenaje en el cementerio musulmán de Sidi Embarek a los más de un centenar de personas que murieron durante la entrada masiva de migrantes en Ceuta desde Marruecos a finales de julio.
Los reyes guardaron unos momentos de silencio y el rey se llevó la mano al pecho, según vio una periodista de AFP.
Por la mañana, los monarcas permanecieron largos minutos estrechando manos y dejándose tomar fotos por las personas que abarrotaron las calles alrededor del Ayuntamiento de Ceuta. “Ha sido un placer y un orgullo darle la mano, y le hemos dicho todos ‘No nos olvides’, y él ha dicho ‘No, no os olvidamos”, relató Cristina Carrasco, una funcionaria de 50 años.
“En jaque”
Ceuta, con algo más de 80.000 habitantes, intenta recuperar la normalidad tras la conmoción provocada por la llegada de más de 70.000 migrantes procedentes de Marruecos a finales de julio.
Aunque la mayoría regresó en las horas posteriores, varios miles permanecieron en este pequeño territorio, donde parte de la población se sintió abandonada por el Estado.
El lunes se conoció que buques de guerra marroquíes entraron en aguas de Ceuta durante el flujo de migrantes, lo que fue calificado el martes por la portavoz del gobierno español de “hecho puntual que se resolvió con la más absoluta normalidad entre dos países en el marco de sus relaciones de buena vecindad”.
“Muchas gracias por venir a sembrar confianza donde más se necesita la confianza”, declaró ante los reyes el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, del conservador Partido Popular, principal formación opositora al Ejecutivo socialista de Pedro Sánchez.
Vivas afirmó que el territorio vive el momento “más difícil de [su] historia reciente”, con su soberanía “en jaque”.
Las autoridades habilitaron en el enclave más de 7.000 plazas de acogida temporal para migrantes adultos y otras 2.800 para menores, lo que permitió evacuar antes de la visita real los grandes asentamientos que ocupaban algunas playas de la ciudad. Pero todavía hay quienes viven a la intemperie o en los montes.
Fuente: AFP.