El hecho cierto de que Paraguay se haya convertido en un jugador en el intrincado y competitivo mundo de la economía tiene varias razones. La principal desde luego está en las instituciones que logró establecer en el largo plazo como la independencia del Banco Central, la estabilidad monetaria, una consistencia fiscal acorde a sus ingresos, bajo riego país y un modelo de sistema tributario hoy reconocido como uno de los mejores del planeta.
Pero si para cualquier análisis serio las citadas condiciones son de suyo vitales para la consolidación de un ambiente de atracción de inversiones, existe todavía otro elemento a sumar. El mismo está en la manera en que el gobierno del presidente Santiago Peña le ha puesto ese debido énfasis mostrando al país como una tierra de oportunidades o como él mismo dice “tierra de gigantes”.
Esta expresión da cuenta, primero, de un valor cultural histórico por el cual nos levantamos de la más grande conflagración bélica en la historia de este continente prácticamente de las cenizas y, segundo, de que cada paraguayo y paraguaya debe mostrarse digno y orgulloso de ser parte de la tradición cultural e histórica que tenemos con el agregado de entender y llevar a la práctica de que el crecimiento económico es la mejor manera de favorecer las condiciones de vida de las personas.
Dicho esto, es durante este gobierno –y pese a las críticas que en nada aportan para empujar el carro hacia adelante– cuando el país se está consolidando en un escenario internacional complicado. Sabemos, excepto los que siguen mirándose los ombligos poniéndole palos a la rueda en nuestro devenir interno político y mediático, que estamos ante un escenario económico y político mundial como pocas veces se ha visto.
Estamos ante una reconfiguración estratégica a escala global que incluye no solo el uso de las armas, sino también por la aparición de la extraordinaria innovación denominada inteligencia artificial a la que podríamos bien catalogar como el nuevo motor de la economía en el ámbito del conocimiento, es el nuevo petróleo o la mueva electricidad. Ahora mismo, en dos grandes e importantes zonas geográficas se debaten con armas e instrumentos de alta tecnología bélica.
En efecto, en la zona industrial y minera llamada el Donbás, Rusia y Ucrania se enfrentan por territorios estratégicos que incluye minerales de alto valor para la economía y hasta militar. En la otra zona, en el Medio Oriente, Irán continúa asediando la zona del estrecho de Ormuz y el golfo Pérsico. Estos dos lugares pueden ciertamente encontrarse lejos de nuestro país en términos de distancia geográfica, pero están demasiado cerca en términos estratégicos.
Si se toman en cuenta los efectos de las mencionadas conflagraciones sobre el petróleo y el gas natural, dos combustibles fósiles, estas materias primas son esenciales por movilizar la energía, el transporte y la industria a nivel mundial.
Si ambas materias primas suben de precio sin visos de estabilidad de una manera u otra y más temprano que tarde se ve afectada la economía de los países y más aquellos como el nuestro, todo lo cual afectan el nivel de los precios. Esto es inexorable y no es culpa del Gobierno paraguayo que así suceda. Ante esta situación se está haciendo lo que es correcto desde la administración del presidente Peña y la misma no consiste en pedir limosna sino de generar el ambiente económico, financiero y jurídico propicio para la inversión de capitales colocando al Paraguay en una vidriera de exposición.
Es de este modo que miles de personas y empresas van mirando hacia esta parte de nuestra región y específicamente a este país mediterráneo que ofrece lo que todo inversionista, pequeño, mediano o grande, desea. Y no solo se trata de exhibirse sino de generar las oportunidades para que la inversión llegue y se quede, siendo este el propósito por el que el presidente Santiago Peña coloca su empeño porque sabe que no hay otro modo en atención al futuro del país.
Ocurre, lamentablemente, que todavía subsiste como una alternativa el pensamiento estatista retrógrado que en los hechos no ha hecho más que dañar a la gente en la época y lugar que se haya practicado mediante las vetustas medidas de intervencionismo estatal. Solo el aumento de las inversiones de capitales en un ambiente económico, financiero, jurídico estable y predecible se pueden transformar los desafíos en oportunidades ciertas, esto es, en puestos de trabajo, producción y productividad. No solo se trata de exhibirse, se trata de ofrecer y generar oportunidades para el capital y el trabajo y esto se está llevando a cabo en Paraguay.

