Usando métodos de la dictadura, Giuzzio persigue adversarios
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El balance entre los poderes del Estado es una de las bases fundamentales sobre las que se construye la democracia en todas partes del mundo. Y, cuando se rompe ese equilibrio con un poder que invade o avasalla a otros, es cuando comienza a socavarse esa construcción y las consecuencias pueden ser imprevisibles, hasta destruir el sistema.
Esta situación se agrava aún más cuando un poder como el Ejecutivo, a cargo del timón del gobierno y manejo de las instituciones del Estado, invierte recursos destinados a beneficiar a toda la ciudadanía, para cumplir otra misión que no le corresponde, por lo menos en tiempos democráticos, como es la persecución de adversarios políticos o ciudadanos y organizaciones críticos con el desempeño del Gobierno.
El uso político de un cargo de absoluta relevancia como el Ministerio del Interior nos retrotrae a una etapa autoritaria y pone en riesgo toda la institucionalidad.
Hoy es Horacio Cartes, pero mañana podría ser cualquier ciudadano que Giuzzio escoja para atacar desde su posición privilegiada de ministro del Ejecutivo, poniendo a funcionar una maquinaria de persecución en contra de los mismos, generando una situación de rasgos dictatoriales que parecía habíamos superado como país hace décadas.
No es el único error del ministro, el posicionar una demanda en un sitio equivocado, evitando los carriles que corresponden a la hora de presentar una demanda, sino que el error de fondo se encuentra en el uso discrecional de sus privilegios como encargado de la seguridad interna del país. Como titular de la cartera del Interior, tiene acceso a información privilegiada, a utilizar medios de espionaje electrónico y hasta usar la fuerza pública para perseguir a adversarios políticos del oficialismo, lo cual amerita una denuncia internacional.
Giuzzio ha fracasado rotundamente como ministro del Interior y esa es una realidad objetiva e irrefutable. Como ya sucedió anteriormente con otros ministros fracasados y desprestigiados ante la opinión pública como Juan Ernesto Villamayor, una estrategia elegida para sobrevivir es CUESTIONAR A CARTES, PERSEGUIR A CARTES, buscando con eso la simpatía del Presidente y el Vicepresidente y su sobrevivencia en el cargo.
Lo que habría que preguntarse es quién se sacrifica con este juego sucio político de Giuzzio, y en realidad el que se sacrifica es el pueblo, el mismo que no puede salir a las calles porque está dominada por la violencia que él es incapaz de contener. Esa violencia no es una sensación ni una idea abstracta, sino pura y dura realidad que se manifiesta a diario en los medios masivos, en las experiencias de las personas que salen a diario a ganarse el sustento y son objeto de ataques que muchas veces les cuestan la vida por unos centavos. La ciudadanía ve con impotencia que suceden todo tipo de hechos de violencia ante las puertas de las comisarías y de la misma Comandancia. Hasta los sitios elegidos para hacer turismo interno son elegidos por la delincuencia para rapiñar a quienes van a pasar unos momentos de descanso y admirar el paisaje. La respuesta del ministerio de seguridad fue el cierre de acceso al sitio, en lugar de proteger adecuadamente a la población.
La impresión que tiene la mayoría de la ciudadanía es que se vive en total desprotección por parte de las autoridades encargadas de brindar seguridad. Tal vez una de las causas de esa indiferencia hacia los destinatarios de esa obligación que parece haber olvidado el titular del Ministerio del Interior es que todo su interés y recursos estén enfocados en perseguir a los adversarios políticos del proyecto proselitista del Vicepresidente actual con la venia del Presidente.
Es lamentable la actitud del oficialismo en campaña al usar a Giuzzio para esta guerra contra un oponente político, pero más lamentable es la falta de moral del ministro Giuzzio al prestarse a ese juego descuidando y burlando al pueblo que busca que la cartera a su cargo proteja su vida y sus bienes.
Durante la última audiencia, se reprodujeron pruebas clave extraídas del teléfono celular de Marcus Vinicius que lo vincula a Sebastián Marset.FOTO: ARCHIVO
Chats hunden a Giuzzio y revela conexión entre Vinicius y Marset
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En el juicio oral se dio a conocer los datos extraídos del teléfono de Marcus Vinicius que tenía mensajes con Arnaldo Giuzzio y Sebastián Marset.
Día a día se complica aún más la situación procesal del exministro del Interior Arnaldo Giuzzio, quien está siendo juzgado por cohecho pasivo agravado tras presuntamente recibir favores del supuesto narcotraficante Marcus Vinicius Espíndola Marqués de Padua. Durante la última audiencia, se reprodujeron pruebas clave extraídas del teléfono celular de este último.
En dicha comparecencia oral, el Ministerio Público presentó diversas pruebas documentales, entre las que destacan varios mensajes de WhatsApp intercambiados entre Giuzzio y el presunto narco, actualmente detenido en Brasil. En particular, se hizo referencia a un mensaje del 16 de agosto de 2021, en el cual Espíndola le decía al exministro: “Enviame la camioneta blindada para el cambio de suspensión y retoque de pintura”.
Esta conexión afianza la tesis de la Fiscalía sobre el trato frecuente que mantenían ambos y ratifica la acusación formal.
Asimismo, en el juicio oral se destacó un mensaje entre Sebastián Marset —hoy detenido en los EE. UU.— y Marcus Vinicius, quien pretendía convertirse en proveedor del Estado de la mano de Giuzzio. De acuerdo con los registros reproducidos, Vinicius recibió un saludo de Marset que decía: “Hola hermano, cambié de número”, a lo que el brasileño respondió con mensajes de voz. Ante esto, Marset contestó: “Hermano,cualquier cosa por aquí”.
Otras conversaciones reveladas en la jornada exponen los diálogos que Marcus Vinicius mantuvo con Adolfo Declesis, empleado de su empresa, y confirman que el presunto narco también se reunió en varias oportunidades con Arturo Benítez, un alto funcionario de la Senad.
DECLARÓ FUNCIONARIO DE LA SENAD
El funcionario de la Senad Arturo Benítez declaró en el juicio oral por cohecho pasivo que enfrenta el exministro del Interior Arnaldo Giuzzio. Afirmó que el presunto capo del narcotráfico, Marcus Vinicius Espíndola, pretendía convertirse en proveedor del Estado bajo la administración del entonces ministro Giuzzio.
Asimismo, Benítez confirmó ante el tribunal de sentencia –integrado por Adriana Planás, Yolanda Morel y Mathías Garcete– que existieron y se materializaron varias reuniones con Marcus Vinicius Espíndola, actualmente detenido en Brasil y acusado de narcotráfico. El testigo detalló a los jueces que el ciudadano brasileño le habría formulado únicamente “consultas legales”.
Árbol de la vida”, representación coreográfica y performática realizada en el encuentro de los “Constructores de la Sociedad” con el papa Juan Pablo II en mayo de 1988 en Asunción
Los cuerpos en movimiento como resistencia a la dictadura
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Jimmi Peralta
Fotos: Gentileza
María José Costa, Camila Cáceres y Mélani Peronja lanzaron el libro “La danza como disidencia frente al poder dictatorial”, un trabajo de investigación sobre la danza contemporánea como forma de expresión política durante las dictaduras militares de Paraguay y Argentina. Las autoras parten de la tesis de que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha.
El registro del arte como resistencia política en la historia de la región sigue siendo rescatado de los archivos y revividos a través de las voces con los testimonios de quienes participaron o fueron testigos de acciones, obras, textos, grabaciones, etc. El ocultamiento de las resistencias muchas veces sirve para la construcción de identidades pasivas de los pueblos. Sin embargo, como en este caso, el movimiento de los cuerpos nunca dejó de decir basta y de sublevarse desde los escenarios.
“La danza como disidencia frente al poder dictatorial. Casos emblemáticos en Buenos Aires y Asunción” es el nombre de la investigación realizada por las bailarinas María José Costa Céspedes, Camila Andrea Cáceres Arza (paraguayas) y Mélani Jazmín Peronja (argentina), en el marco del cierre de su carrera de licenciatura en Composición Coreográfica, mención Danza, en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
El trabajo fue presentado recientemente en formato de libro y en él se aborda el tema histórico y conceptual de la danza contemporánea como expresión en contextos sociopolíticos, dando paso a lo que se conoce como “coreopolítica”, así como enfoca el estudio de casos emblemáticos en ambos países.
En cuanto a Paraguay, la obra incluye el hito de la presentación de la performance “Árbol de la vida”, que reunió a artistas en oportunidad del encuentro del papa Juan Pablo II con los “constructores de la sociedad”, en 1988. También el impacto desarrollado por la coreografía “Dónde están”, basada en la canción homónima del cantautor Alberto Rodas. En cuanto a Argentina, el libro rememora y analiza las obras que fueron parte del ciclo Danza Abierta, en plena época de la dictadura militar en el país vecino.
El Gran Domingo de La Nación conversó con las autoras María José Costa Céspedes (MC), Camila Andrea Cáceres Arza (CC) y Mélani Jazmín Peronja (MP) sobre los temas que abordaron, el marco conceptual, y la reflexión sobre la danza como disidencia política, premisa sobre la que se sostiene el material.
IMPACTO EN LOS CUERPOS Y EN EL ARTE
–¿En qué contexto nació la idea de este trabajo?
–MC: Como autoras paraguayas y argentinas, nos interesaba entender cómo las dictaduras impactaron no solo en la política y la sociedad, sino también en los cuerpos y en las formas de expresión artística. Nos llamó la atención que la relación entre danza y dictadura latinoamericana había sido muy poco investigada, especialmente desde la danza contemporánea. A partir de ahí comenzamos a preguntarnos cómo el arte podía convertirse en una forma de resistencia en contextos de censura y control. Tuvimos mucha inspiración y acompañamiento de nuestros tutores Rodolfo Prantte y Sonia Sasiain.
–¿Cómo fue el proceso de investigación?
–El trabajo se construyó a partir de entrevistas a referentes y protagonistas de la danza de aquella época, tanto en Paraguay como en Argentina, además de una investigación en archivos, periódicos y bibliografía histórica. En Asunción trabajamos con materiales del Archivo del Terror en el Museo de la Justicia, la Biblioteca Nacional y otros espacios vinculados a la memoria histórica. La memoria oral fue fundamental para reconstruir estas experiencias desde quienes las vivieron. Hicimos muchas entrevistas, y en el libro se publican fragmentos de varias de ellas, como las mantenidas con Teresa Capurro, Alejandra Díaz Lanz, Susana Tambutti y Anahí Zlotnik, y gracias al apoyo de Fondec (Fondo Nacional de la Cultura y las Artes) pudimos adaptar y ampliar la investigación para publicar finalmente el libro que hoy está disponible tanto en Paraguay como en Argentina.
–¿Cuál fue el marco teórico que utilizaron para interpretar y/o valorar las puestas investigadas y su contexto?
–MC: El marco teórico del trabajo se centró en pensar la relación entre cuerpo, poder y disidencia durante las dictaduras. Nos interesaba entender cómo los regímenes autoritarios buscaron disciplinar los cuerpos y controlar las formas de movimiento y expresión, y cómo la danza contemporánea apareció también como una práctica política y de resistencia. Trabajamos principalmente con autores como Michel Foucault para analizar las lógicas de control y disciplinamiento social, y André Lepecki, quien desarrolla conceptos como la coreopolítica y la capacidad política del movimiento. También incorporamos aportes sobre memoria y sobre la dimensión política de la danza contemporánea en América Latina. Más que estudiar solamente obras coreográficas, nos interesaba pensar cómo ciertos cuerpos y ciertos modos de moverse podían convertirse en una forma de disidencia frente a contextos represivos.
“CON POCA ROPA”
–¿Podrían hablarnos sobre la puesta de 1988 frente al papa?
–MC: La puesta de “Árbol de la vida” se realizó en 1988, durante la visita del papa Juan Pablo II a Paraguay, en un contexto en el que la dictadura de Alfredo Stroessner ya comenzaba a mostrar signos de desgaste. Fue una performance colectiva que reunió danza, música, teatro y poesía, y que se presentó dentro de un encuentro entre el papa y representantes de distintos sectores sociales y culturales, los denominados “constructores de la sociedad”. Lo interesante es que, aunque oficialmente era un acto vinculado a la visita papal, terminó convirtiéndose en una expresión simbólica de crítica y deseo de cambio frente al régimen. La obra utilizaba la imagen de un árbol seco que, hacia el final, florecía colectivamente como metáfora de esperanza, libertad y recuperación de lo vital.
–¿Qué repercusiones provocó la obra en su momento?
–MC: La repercusión fue muy grande. El Gobierno intentó suspender el encuentro por considerarlo demasiado crítico, hubo tensión política y mediática. Estando ya en gira el papa en la región, el Vaticano hizo saber que podría suspender la llegada a Paraguay si el Gobierno sacaba el acto de la agenda. El episcopado paraguayo también reclamó preservar el acto y finalmente se realizó. Según los testimonios que recogimos, muchas personas sintieron que era una forma de decir públicamente cosas que durante años habían sido silenciadas. Incluso algunas de las artistas participantes sufrieron consecuencias posteriores por haber formado parte de la puesta. El libro aporta la visión de algunos de los responsables, pero sobre todo documentos inéditos del Archivo del Terror como uno en el que Pastor Coronel informa a Stroessner sobre los “entretelones” del evento, “comentados” en una visita que recibiera de un obispo “amigo”, quien incluso decía que entre los religiosos hubo quienes cuestionaron que “las bailarinas vestían poca ropa” y eso no era “adecuado”.
La dictadura stronista vigilaba y controlaba tanto a políticos como a artistas. Aquí, uno de los informes de vigilancia sobre la maestra Teresa Capurro, cuando recibió en su casa a bailarines de Argentina
COREOPOLÍTICA
–La relación entre las dictaduras y el cuerpo suele expresarse en formas de control, disciplinamiento y unificación. En ese contexto, ¿qué mensajes o estímulos podían producir las propuestas de danza contemporánea como para incomodar al poder?
–MP: Aprendimos que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha. El movimiento bailado son esas obras o prácticas dancísticas que buscan influenciar la opinión pública o consolidar un discurso político. Ejemplo de esto sería la obra coreográfica “Dónde están”. Y el movimiento de lucha es esa capacidad contestataria de la danza de generar un movimiento colectivo de protesta como lo fue Danza Abierta en Buenos Aires.
–El video de “Dónde están” es un ícono de aquella generación. ¿Ese fue su material de estudio o también existió una puesta en escena inspirada en la canción de Rodas?
–CC: “Dónde están” es una obra que se basó en la canción “Donde están los desaparecidos” de Alberto Rodas. Esta obra se estrenó en el Bosque de los Artistas de Hermann Guggiari a finales de la dictadura y tomó más valor para la memoria al ser representada en varias ocasiones en escuelas y teatros por la compañía del Ballet Nacional. Nuestro material de estudio fue un video que se encuentra a disposición en Youtube en Memorias de Danza, pero también nos basamos en entrevistas realizadas a los coreógrafos e intérpretes Alejandra Díaz y Francisco Carvallo.
–¿Cómo comparten o disputan protagonismo la estética, la técnica y la política dentro de la danza?
–CC: No hay una disputa, hay una simbiosis entre estas. Hay una armonía entre lo que el artista quiere decir, lo que se puede mostrar y lo que el público interpreta. La danza es movimiento constante, es un todo orgánico.
Durante los talleres hubo muy buena recepción entre las estudiantes, que manifestaron interés en los aportes documentales del Archivo del Terror vinculados al arte y la danza
RECEPCIÓN EN EL PÚBLICO
–¿Qué receptividad tuvo el trabajo cuando lo presentaron en Asunción y Buenos Aires?
–CC: Tanto la presentación del trabajo final de graduación ante la mesa examinadora de la Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires, como las presentaciones del libro que realizamos en Asunción fueron muy bien recibidas por varios aspectos, pero lo principal es que todavía no somos una generación muy distante a lo que pasó. Todavía tenemos docentes y familiares que participaron en estos eventos o que sufrieron de alguna manera las violaciones de los derechos humanos en esa época. Desde la universidad siempre nos incentivaron a investigar y así poder registrar el aporte que tuvo la danza en ese periodo. Coincidentemente, el concepto de coreopolitica de Andre Lepeki que exponemos en el libro se articula con lo que la universidad estuvo haciendo en Buenos Aires en el último año, defendiendo sus derechos y demostrando que a través de la danza también podemos hacer política.
–¿Cómo vivieron la recepción de los participantes y el público en los talleres?
–En los talleres y conversatorios que pudimos hacer en Asunción, en el Instituto Superior de Bellas Artes, en el Archivo del Terror y en la academia Núcleo de Arte y Danza hubo muy buena receptividad por lo novedoso del tema y el enfoque. La performance que preparamos como parte de los eventos, que es un homenaje a quienes protagonizaron esos tiempos, creo que gustó y aportó el momento artístico especial. El libro estuvo también en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires gracias al apoyo de los encargados culturales de la Embajada paraguaya. Y en la Feria Internacional del Libro de Asunción lo presentaremos el 31 de mayo, con presencia también internacional. Así también, estamos gestionando presentaciones con la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
AUTORAS DEL LIBRO
María José Costa Céspedes: licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior de danza clásica, Academia Núcleo de Arte y Danza, Asunción.
Camila Andrea Arza: técnica en danza y licenciada en Composición con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior en danza clásica por el Instituto Superior de Bellas Artes (ISBA) de Asunción.
Mélani Jazmín Peronja: técnica en danza y licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires.
Mélani Peronja, Camila Cáceres, María José Costa, autoras de la investigación
"En caso de hallarse conversaciones entre Marcus Vinícius, Lindomar y Giuzzio, el escenario para el exhombre fuerte del gobierno de Mario Abdo Benítez podría cambiar radicalmente".FOTO: ARCHIVO
Testigo dice que narco buscaba ser proveedor del Estado vía Giuzzio
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La Fiscalía va cerrando hipótesis sobre la responsabilidad del exministro de Abdo.
El funcionario de la Senad, Arturo Benítez, declaró en el juicio oral por cohecho pasivo que enfrenta el exministro del Interior, Arnaldo Giuzzio. Afirmó que el presunto capo del narcotráfico, Marcus Vinicius Espíndola, pretendía convertirse en proveedor del Estado bajo la administración del entonces ministro Giuzzio.
Asimismo, Benítez confirmó ante el tribunal de sentencia –integrado por Adriana Planas, Yolanda Morel y Mathías Garcete– que existieron y se materializaron varias reuniones con Marcus Vinicius Espíndola, actualmente detenido en Brasil y acusado de narcotráfico. El testigo detalló a los jueces que el ciudadano brasileño le habría formulado únicamente “consultas legales”.
Sin embargo, al ser consultado sobre conversaciones de otra índole, el funcionario recordó la abierta intención de Vinícius de convertirse en proveedor estatal, una hipótesis que también sostiene la Fiscalía.
Por su parte, la fiscal del caso, Verónica Valdez, sostuvo que la declaración del agente de la Senad, junto con otros elementos probatorios ya debatidos, refuerza la acusación del Ministerio Público. Argumentó que, con dicha intención comercial, el presunto narco habría otorgado ciertos beneficios a Giuzzio.
“Es un elemento que se suma a otros que se van a producir para que el Ministerio Público pueda sostener que esa era la intención de Marcus Vinicius: licitar para el Estado”, indicó la fiscal Valdez.
Se presume que el procesado brasileño operaba para acceder a licitaciones públicas con el fin de proveer insumos tácticos, chalecos antibalas y blindajes para la Policía Nacional. Para lograrlo, se habría valido de sus nexos con el entonces ministro Arnaldo Giuzzio, a quien prestó una lujosa camioneta como un supuesto “favor”.
ENTREGA DE DATOS
Igualmente, el tribunal de sentencia ya entregó al Ministerio Público una copia de los datos extraídos del teléfono celular de Lindomar Reges Furtado, remitidos por las autoridades brasileñas. En caso de hallarse conversaciones entre Marcus Vinícius, Lindomar y Giuzzio, el escenario para el exhombre fuerte del gobierno de Mario Abdo Benítez podría cambiar radicalmente, ya que podría enfrentar nuevas investigaciones por presuntos vínculos directos con el narcotráfico. El juicio oral prosigue el próximo 26 de mayo a las 7:00 de mañana.
Brasil: condena a Lindomar reaviva posible nexo de Giuzzio con narcos
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Se espera que las autoridades del vecino país remitan los datos del teléfono del condenado para saber si mantuvo vínculo con exministro abdista.
La condena a 37 años de cárcel por tráfico de drogas dictada en Brasil contra Lindomar Reges Furtado reaviva los posibles nexos entre el sentenciado y el exministro del Interior Arnaldo Giuzzio. Actualmente, Giuzzio enfrenta un juicio oral en nuestro país por cohecho pasivo agravado, tras ser acusado de recibir favores del presunto narcotraficante Marcus Vinicius Espíndola Marques de Padua, quien fuera socio comercial de Reges Furtado en Paraguay.
Justamente, este vínculo entre Marcus Vinicius y Giuzzio es el que está bajo investigación judicial. Marcus Vinicius le había prestado un vehículo blindado al exministro del Interior para sus vacaciones en Brasil, y además mantenía reuniones con la autoridad del gobierno abdista para ganar licitaciones de seguridad con el Ministerio del Interior y la Policía Nacional. Este vínculo –bajo sospecha hoy– fue lo que provocó la caída y posterior enjuiciamiento del exministro del gobierno anterior.
En el marco del juicio contra Arnaldo Giuzzio por sus nexos con el narcotráfico, el Ministerio Público solicitó formalmente al Tribunal de Sentencia la inclusión como prueba de los resultados de la extracción de datos del teléfono celular de Lindomar Reges Furtado. Estos dispositivos habían sido incautados en su residencia de Hernandarias durante la fallida intervención de 2022.
REGALOS DE NARCOS
Existe la fuerte sospecha fiscal de que Giuzzio habría recibido “regalos” por parte de Lindomar y, a cambio, pudo haber utilizado información privilegiada de inteligencia para filtrar datos y facilitar la huida del capo brasileño del barrio cerrado en el Alto Paraná.
En el marco del juicio, se espera que las autoridades brasileñas faciliten al tribunal de sentencia –presidido por la jueza Adriana Planás– los mensajes del teléfono celular de Reges Furtado. El objetivo es confirmar si Giuzzio mantuvo algún vínculo con el hoy condenado, considerado uno de los líderes del crimen organizado en el vecino país y responsable del tráfico de cocaína hacia Dubái y Europa.
De acuerdo con la investigación fiscal, se sospecha que Marcus Vinicius y Lindomar Reges Furtado eran socios comerciales y que crearon varias empresas con capital inyectado por el ahora sentenciado. Asimismo, existen sospechas de que la firma Black Eagle Group SA (cuyo nombre comercial es Ombú SA), propiedad de Marques de Padua y dedicada al blindaje de vehículos de alta gama, recibió fondos de Reges Furtado para operar en Paraguay.