La noticia sacudió el inicio de la Semana Santa, al menos sorprendió gratamente el último día laboral antes del receso de los días santos: una mujer era elegida por primera vez como rectora de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). La mayor casa de estudios terciarios del país, en más de 129 años de historia, elegía a una representante del sexo femenino para dirigir los destinos de las 14 facultades que componen esta centenaria institución.
Zully Concepción Vera Galván tiene 53 años. Es química farmacéutica, egresada de la Facultad de Ciencias Químicas en 1991, facultad de la que fue decana antes de ser electa el pasado martes como nueva rectora de la UNA.
Es alguien que conoce desde adentro el funcionamiento de la Universidad Nacional y que, de acuerdo a su experiencia reciente como decana, puede aportar ideas claves para que esta centenaria casa de estudios, la más importante del país, se renueve y apueste a la excelencia.
El logro de ser la primera mujer reviste aspectos históricos, pero también sociales, puesto que por décadas las mujeres paraguayas han sido relegadas en diversos planos dentro de la sociedad. Sin embargo, en los últimos años han empezado a tener mayores espacios a fuerza de compromiso mutuo, de valores y tenacidad, así como de intelecto propio.
La juventud de la nueva rectora es también un punto notable a su favor en un estamento que se ha reconocido por mucho tiempo reservado solo para los “vitalicios” o los más experimentados. Pese a su edad, Zully Vera tiene enorme experiencia en su campo, así como en la administración de una facultad tan tradicional como la de Ciencias Químicas.
Pero su mayor capital sin dudas es su visión respecto a lo que buscará como rectora de la institución, que estará basada, según sus propias expresiones, en tres grandes ejes: idoneidad, transparencia y excelencia. El aspecto de la idoneidad para ocupar los cargos es clave en una universidad que padece de muchos males, pero en los que el mérito no supone una cátedra automática. La búsqueda permanente de la calidad para lograr la excelencia es también un gran desafío que tendrá la flamante rectora en el quinquenio 2019-2024, puesto que –y no es un dato menor– la UNA ni siquiera integra el selecto grupo de 100 universidades más reconocidas de la región, pese a su rica historia y a la cantidad de alumnos que cursan sus facultades.
De sus últimas declaraciones se desprende además que su intención es que más jóvenes accedan a la universidad, que es una materia pendiente de la educación paraguaya y es que no logra cerrar el circuito en el que miles de alumnos concluyan el proceso iniciado en la etapa preescolar.
El caso de Zully Vera es también un capítulo de conquista. En los últimos años se ha hablado con insistencia sobre un rol más activo de la mujer en los distintos temas del quehacer político, económico y social de los países de América Latina y en especial en Paraguay. En medio de intensos y controvertidos debates que ocupan la agenda en la región (desde el aborto y el derecho de la mujer a expresarse sobre su propio cuerpo hasta la igualdad de género en todos los ámbitos, especialmente en el laboral), el rol activo que cada vez asumen más y más mujeres es un motivo que lógicamente es aceptable, pero aún hay muchos espacios que conquistar.
A pesar de este logro, hay otras batallas que aún hay que librar para lograr equilibrio. La equiparación en los salarios, la igualdad de oportunidades para acceder a los cargos políticos, entre otros, son conquistas que aún requieren de una lucha constante y de despertar conciencia. Un rectorado en la principal casa de estudios del país, aquella que forma y moldea los pensamientos de miles de profesionales paraguayos, por supuesto, es una conquista gratísima. Pero no satisfactoria. Hay aún más espacios de conquista para la mujer. Por la buena senda están –sin dudas– con mujeres de la calidad y el intelecto de Zully Vera.