• Por Iván Lee
  • Embajador de la República de China (Taiwán) en Paraguay

Paraguay conoce bien el significado de la soberanía. Su his­toria está marcada por la defensa de la independen­cia, la libertad y el derecho de su pueblo a decidir su pro­pio destino. Por eso, resulta difícil aceptar que, en pleno siglo XXI, una potencia pre­tenda condicionar las deci­siones de una nación sobe­rana mediante amenazas y sanciones.

El pasado 12 de octubre, China anunció sanciones contra el ministro de Tec­nologías de la Información y Comunicación del Para­guay, Gustavo Villate, y el canciller de Belice, Fran­cis Fonseca. Las medidas incluyen el congelamiento de los bienes que pudieran tener en China, la prohibi­ción de realizar transaccio­nes o actividades de coope­ración con ellos por parte de organizaciones y perso­nas chinas, y la denegación de visas y de entrada a terri­torio chino, incluidos Hong Kong y Macao.

Más allá de las personas directamente afectadas, estas medidas envían un mensaje preocupante: quien tome decisiones diplomáti­cas contrarias a los intereses de Beijing podría enfrentarse a represalias. Sin embargo, las relaciones internacio­nales no deben regirse por amenazas ni por la voluntad de una potencia de imponer sus preferencias a los demás. Cada nación tiene el derecho soberano de elegir a sus alia­dos y decidir con quién coo­perar, sin temor a ser casti­gada por ello.

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Para Taiwán, esta realidad no es ajena. Nuestra vice­presidenta, Hsiao Bi-khim, y el secretario general del Consejo de Seguridad Nacional, Joseph Wu, tam­bién han sido objeto de sanciones por parte de Bei­jing. Conocemos la presión que supone defender nues­tras convicciones frente a quienes pretenden limitar nuestras decisiones. Preci­samente por esa experien­cia, rechazamos estas medi­das contra autoridades de nuestros aliados diplomá­ticos y expresamos nuestra solidaridad con el ministro Gustavo Villate, cuyo com­promiso con la cooperación entre Paraguay y Taiwán merece nuestro reconoci­miento.

Hay, además, una contradic­ción de fondo que no puede ignorarse: no se puede invo­car la soberanía propia y, al mismo tiempo, desconocer la de los demás. El respeto entre naciones no depende de su tamaño, su poder económico ni su influencia internacional. Es un principio que debe valer para todos por igual.

Paraguay tiene todo el dere­cho del mundo a elegir a sus aliados y decidir libremente con quién construir su futuro. Ninguna potencia extranjera puede arrogarse la facultad de decidir por el pueblo para­guayo. La nación guaraní conoce el valor de su libertad y ha demostrado, a lo largo de su historia, que la dignidad nacional no se negocia bajo presión.

Taiwán comparte esa con­vicción. Durante casi siete décadas, Paraguay y Taiwán han construido una relación basada en los valores demo­cráticos, la libertad, el respeto y la confianza mutua. Pero esta amistad no se limita a las declaraciones ni a los prin­cipios que compartimos: se refleja en oportunidades con­cretas para la gente.

La Universidad Politécnica Taiwán Paraguay forma ingenieros preparados para contribuir al desarrollo tec­nológico del país. El Sistema de Información en Salud (HIS) ayuda a modernizar los servicios sanitarios públicos. A ello se suman las iniciati­vas conjuntas en innovación, el Parque Tecnológico Inte­ligente Taiwán-Paraguay y los proyectos de infraestruc­tura para inteligencia artifi­cial. Detrás de cada uno de ellos hay una apuesta por el talento paraguayo, mejores servicios públicos y nuevas oportunidades de desarrollo.

Ese es el camino que hemos elegido: cooperar, compar­tir conocimientos y trabajar junto a Paraguay para que su pueblo pueda construir un futuro con más oportunida­des. No buscamos dictar prio­ridades, sino contribuir a las que el propio Paraguay define para sí mismo.

Las sanciones anunciadas por Beijing son lamentables, pero no cambiarán nuestro compromiso. La respuesta de Taiwán no será abandonar la cooperación ante las presio­nes, sino profundizar el tra­bajo conjunto y demostrar, con hechos, el valor de una relación basada en el respeto mutuo.

Las alianzas más duraderas no nacen del temor ni de la obligación. Nacen de la con­fianza, los valores compar­tidos y la libertad de elegir.

Paraguay y Taiwán han construido la suya sobre esos cimientos y seguirán trabajando para que sus beneficios lleguen a sus pueblos.

Porque la soberanía no es un privilegio reservado a las grandes potencias. Es un derecho de todas las naciones, y merece el mismo respeto, sin excepciones.

¡Que Paraguay siga siendo siempre libre y soberano!

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