- Marcelo Pedroza
- Doctor en Psicología y Magíster en Educación
- mpedroza20@hotmail.com
Sexto Empírico en su Esbozos pirrónicos y la obra Vidas de Diógenes Laercio, ayudan a rescatar el pensamiento de Agripa, un nombre que el paso del tiempo ubicó como voz potente de la corriente filosófica llamada escepticismo, y al cual le atribuyen los llamados cinco caminos de la duda o tropos (argumentos), del griego tropoi.
Aunque ya Enesidemo había creado sus tropos, los cuales son diez y tratan sobre la suspensión del juicio, además de ahondar acerca de la tibia justificación de las explicaciones de carácter casual.
También la tradición en la materia narra que Apelas escribió un texto cuyo título llevaba el nombre de Agripa.
Donde los hombres creen haber alcanzado una verdad, el escéptico descubre opiniones contrapuestas sostenidas con argumentos igualmente convincentes, allí el desacuerdo se hace presente. Entonces ese supuesto conocimiento se pone en duda y el pensamiento crítico entra en un terreno que impacta en el asunto, dándole a la presunta certeza un manto de incertidumbre y llevando toda explicación a otra fuente que la argumente, creando una progresión ad infinitum de pruebas.
El conocimiento sensible pide confirmación, lo que activa la capacidad de razonar e impulsa una secuencia sin fin de objeciones, asociadas a lo sensible en cuestión y también al conocimiento intelectual.
El pensamiento racional, al buscar fundamentos absolutos, descubre que cada respuesta conduce a una nueva exigencia de prueba.
Las relaciones que se establecen en el proceso de análisis muestran hipótesis que requieren tesis, y en ese pensar, fluyen los cambios de pareceres acerca de lo observado, como de lo estudiado.
Por lo tanto, lo que parece verdadero desde un punto de vista puede dejar de parecerlo desde otro. De modo que, la realidad conocida nunca se presenta de manera completa e independiente de las condiciones bajo las cuales es observada y pensada.
Hay un derecho a pensar diferente, a cambiar. A darle una síntesis sabiendo que el cauce está repleto de miradas adaptadas a las circunstancias y por ello, susceptibles de ser refutadas. La verdad corre el riesgo de ser solo una hipótesis.
Entonces, el pensamiento aparece como una actividad abierta, siempre dispuesta a revisar sus conclusiones. De manera que, la razón está subordinada a un examen constante de sus propios fundamentos. Es, desde un criterio propio, el pasaje a la evolución.
De Agripa, filosófo escéptico, se dice que vivió al final del siglo I d. C. Su huella implica reconocer que el ejercicio del pensamiento se alimenta a través de la pluralidad de perspectivas y la posibilidad de errar para aprender. Su vitalidad actual radica en haber trasladado el problema de la duda desde el ámbito de la percepción al de la justificación racional.

