- Por Jorge Torres Romero
Las elecciones internas simultáneas de hoy no solamente servirán para elegir candidatos municipales. En realidad, serán un gigantesco termómetro político que permitirá medir fuerzas, liderazgos y proyectos de poder dentro de los dos principales partidos del Paraguay.
En el Partido Colorado, la disputa trasciende ampliamente las candidaturas locales. Lo que está en juego es la consolidación de una hegemonía política que se viene construyendo desde hace varios años y que hoy tiene como principal protagonista al movimiento Honor Colorado, liderado por el expresidente Horacio Cartes.
La fotografía previa a la jornada electoral resulta reveladora. En gran parte del país, las principales disputas se producen entre dirigentes y candidatos identificados con Honor Colorado. En contrapartida, la presencia de candidatos vinculados al movimiento Colorado Añetete, liderado por el expresidente Mario Abdo Benítez, es cada vez más reducida y marginal.
La elección de hoy servirá para determinar si el movimiento que hoy conduce la Asociación Nacional Republicana mantiene intacta su capacidad de movilización territorial, su estructura política y su liderazgo interno. Todo indica que sí.
Al mismo tiempo, los resultados permitirán medir el verdadero peso político del abdismo después de haber abandonado el poder. Durante meses se intentó instalar desde determinados sectores mediáticos la idea de que existía una fuerte corriente de respaldo hacia Arnoldo Wiens como eventual figura de reconstrucción de Colorado Añetete. Sin embargo, la realidad territorial parece mostrar algo muy distinto.
Wiens no solamente carga con el peso político del fracaso del metrobús, una obra que terminó convertida en símbolo de improvisación y despilfarro, sino que además enfrenta procesos judiciales vinculados a aquella gestión. Por eso, la elección de mañana permitirá comprobar si aquel supuesto posicionamiento era una realidad política o simplemente una construcción impulsada desde sectores mediáticos afines al gobierno anterior.
Un gobierno que, vale recordar, destinó más de 44 millones de dólares en concepto de publicidad estatal a los medios amigos.
Pero si en la ANR se define la continuidad de una hegemonía, en el Partido Liberal Radical Auténtico la discusión es mucho más existencial.
El PLRA enfrenta una de las crisis más profundas de toda su historia. La colectividad que durante décadas representó la principal alternativa de poder al coloradismo hoy lucha por recuperar identidad, liderazgo y credibilidad.
Por un lado, se encuentra la propuesta encabezada por Alcides Riveros y respaldada por el gobernador Ricardo Estigarribia, que plantea reconstruir al liberalismo desde sus bases y devolverle protagonismo como segunda fuerza política nacional.
Por otro lado, aparece el sector que durante años condujo los destinos partidarios bajo el liderazgo de Efraín Alegre, una dirigencia que acumuló derrotas electorales consecutivas y que terminó alejando al partido de amplios sectores de la ciudadanía.
Quizás el dato más preocupante para los liberales sea el que recientemente expuso el propio Alcides Riveros: de aproximadamente 1.500.000 afiliados, el 87 % tiene más de 30 años. La cifra refleja una realidad inocultable. Durante los últimos quince años el PLRA fue incapaz de atraer y seducir a las nuevas generaciones.
La explicación no parece demasiado compleja. Mientras otros espacios políticos construían liderazgos jóvenes y propuestas renovadas, el liberalismo quedó atrapado en disputas internas interminables, estrategias erráticas y una dirigencia que terminó convirtiendo al partido en un simple acompañante de proyectos ajenos.
El resultado fue devastador: pérdida de identidad, pérdida de protagonismo y pérdida de atractivo para los jóvenes.
Por eso, cuando hoy se abran las urnas, tanto colorados como liberales estarán definiendo mucho más que candidaturas municipales. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

