• Por Arturo Peña Villaalta
  • arturo.pena@nacionmedia.com

El 20 de abril de 1999, la tranquila localidad de Columbine, en Colorado, se convertía en noticia a nivel mundial y su nombre quedaría asociado hasta hoy con dolor y muerte.

Dos adolescentes, Eric Harris, de 18 años, y Dylan Klebold, de 17, llegaban a la escuela secundaria Columbine aquel día con una intención clara: desatar la mayor masacre ocurrida hasta entonces en una institución educativa en los Estados Unidos, un tiroteo a mansalva que costó la vida de 12 alumnos y un docente, además de 24 heridos graves. Luego de la sangría, los jóvenes se suicidaron.

Un elemento llamativo, que se supo recién con las investigaciones posteriores, fue que el tiroteo no era el plan principal. Harris y Klebold habían planeado detonar varias bombas caseras programadas para explotar a la hora del almuerzo, cuando el comedor estuviera lleno de alumnos. El objetivo de los atacantes, según revelaron los investigadores, era superar la cantidad de pérdidas humanas que había provocado el atentado de Oklahoma City, el 19 de abril de 1995, que dejó 168 víctimas fatales. El plan, según dejaron escrito en unas notas, se denominaba “Día del Juicio Final”.

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Los jóvenes tuvieron problemas con la puesta a punto de los explosivos, por lo que el proyecto pasó para día siguiente, el 20. Pero las bombas fallaron, por lo que Harris y Klebold decidieron atacar la escuela con armas de grueso calibre: dos escopetas con cañones recortados, un rifle de carabina y una pistola semiautomática TEC-9. Habían adquirido fácilmente parte del arsenal en ferias de armas.

Columbine fue el antecedente de otros sucesos trágicos ocurridos en instituciones educativas en Estados Unidos. Virginia Tech: el 16 de abril de 2007, un joven mató a 32 personas en el campus de Blacksburg y luego se suicidó (en sus escritos mencionaba a los “mártires de Columbine”); Sandy Hook: en un tiroteo ocurrido en una escuela primaria, el 30 de noviembre de 2012, murieron 20 niños y 8 adultos; Parkland: en la escuela secundaria Stoneman Douglas, el 14 de febrero de 2018, un solitario tirador mató a diecisiete personas. Estos, por citar algunos de los eventos más recordados.

La tragedia de Columbine cobró aun mayor trascendencia con el documental “Bowling for Columbine”, estrenado en 2002, del reconocido director Michael Moore, filme que avivó el debate de la tenencia de armas y la violencia en los Estados Unidos.

Hasta hoy, el nombre de Columbine sigue despertando sobresalto, preocupación, dolor. Quedó como sinónimo de un suceso que interpeló no solo a la sociedad norteamericana, sino a todo el mundo.

La reciente aparición de un fenómeno viral que se ha expandido en escuelas y colegios de nuestro país y también en la región, en el que alumnos dejan siniestros mensajes anónimos anunciando tiroteos en las instituciones, revuelve esos recuerdos.

Estas amenazas aparecieron en varios locales educativos aquí y también en Argentina, Perú, Chile… Generaron intervención policial, suspensión de clases y activación de protocolos básicos en las instituciones.

Hasta hoy, las amenazas no se concretaron en nuestro país. Aunque en Argentina, en una escuela de la ciudad de Santa Fe, el pasado 30 de marzo un tiroteo dejó un alumno de 13 años muerto y ocho heridos. El atacante tenía la misma edad de la víctima.

No es una simple broma. Eric Harris y Dylan Klebold eran jóvenes que se mimetizaban entre otros, de forma normal. Sin embargo, crisis personales signaron en ellos un destino macabro.

La amenaza de los tiroteos no se debe tomar a la ligera. Debe ser un disparador hacia varias aristas, entre ellas el control de armas y el acompañamiento psicológico de los jóvenes. No es una simple broma. Los fantasmas de Columbine siguen dando vueltas siempre.

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