• Marcelo Pedroza
  • Psicólogo y magíster en Educación
  • mpedroza20@hotmail.com

La Ilíada, atribuida a Homero (siglo VIII a.C.), no es únicamente un poema épico sobre la guerra y el honor; es también uno de los antecedentes más remotos y profundos de la literatura psicológica.

En sus versos, la experiencia humana no aparece reducida a la acción heroica, sino que se despliega en la complejidad de las emociones, los estados de ánimo y los conflictos interiores que habitan el pecho de sus personajes.

En el Canto XIX, ante la muerte de Patroclo, el lamento de Briseida no es solo una escena de dolor, es la irrupción de la aflicción como experiencia total.

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El corazón “invadido” por la pena y la decisión de esperar hasta la puesta del sol, revelan una vivencia íntima del sufrimiento. Homero no describe el dolor como una idealización; lo encarna. Lo sitúa en el cuerpo, en el pecho, en el ánimo.

Así, el poema anticipa una intuición fundamental de la psicología: lo que sentimos no es accesorio a la vida, sino su centro mismo. Cuando el poeta expresa que “antes mi ánimo albergaba en el pecho la esperanza”, otorga a la esperanza una morada concreta.

El ánimo no es un concepto vacío; es un espacio interior que puede alojar virtudes o ser arrasado por la desesperación. Esta manera de narrar crea una cartografía emocional: el pecho como sede del valor, del miedo, del amor y de la pérdida. Mucho antes de que existiera una disciplina científica llamada psicología, la literatura ya exploraba el territorio del alma humana.

La Ilíada muestra que los héroes no solo luchan contra enemigos externos, sino también contra sus propias pasiones. Aquiles no es grande únicamente por su fuerza, sino por la intensidad de su ira, por la profundidad de su duelo, por la transformación interior que lo conduce de la cólera a la compasión.

En este tránsito emocional se advierte un análisis fino del carácter, del impacto de los hechos en el ánimo y de la manera en que el sentimiento configura la acción. El valor de este antecedente remoto radica en que nos recuerda que comprender al ser humano exige escuchar su voz interior.

La psicología moderna sistematiza conceptos, clasifica trastornos y estudia conductas; pero ya en Homero encontramos la conciencia de que el dolor, la esperanza y la aflicción no son meros episodios pasajeros, sino fuerzas que moldean la existencia.

La literatura, en este sentido, fue la primera exploradora del mundo psíquico. Reconocer en la Ilíada un germen de la literatura psicológica es reconocer que la humanidad se ha interrogado sobre su interioridad desde sus orígenes narrativos.

En la épica homérica late una intuición perdurable: el ser humano es acción y emoción inseparables. Allí donde el pecho alberga esperanza o se quiebra por la pérdida, nace la comprensión profunda de lo que significa vivir.


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