- Alex Noguera
- Columnista
- alex.noguera@nacionmedia.com
En Paraguay no son frecuentes los grandes cataclismos como ocurren en otras latitudes, con tsunamis, terremotos o erupciones volcánicas. Lo máximo que un ciudadano normal puede observar de tanto en tanto es que un auto es arrastrado por un raudal en alguna de las calles de Asunción o algún incendio producto de una quemazón de pastizales o basura.
El colmo de la mala suerte sería que a alguien le cayera en la cabeza un gran granizo durante una tormenta y al infortunado se le formara un chichón.
Sin embargo, a mitad de esta semana se produjo un evento de magnitud catastrófica comparable al Defcon 1. Para quienes no saben qué es eso, se trata del nivel más alto del sistema de alerta de defensa de los Estados Unidos, que incluso indica una inminente amenaza en curso de guerra nuclear.
Ocurrió en el Hospital General de Coronel Oviedo, donde dos funcionarias que atendían el call center, de tan aburridas que estaban, no se les ocurrió nada mejor que grabar en el celular mientras se mofaban de la desesperación de los pacientes.
Y es sabido que, para conseguir un turno, el interesado o el familiar debe comenzar a intentar fortuna desde tempranas horas y la mayoría de las respuestas no satisfacen porque ya no quedan médicos, y si hay suerte, la consulta puede ser agendada luego de semanas o meses.
Estas alegres chicas, según cuentan, usaban frases y actitudes despectivas, totalmente contrarias a las que necesita una persona apremiada, sin empatía, y hasta con un aire de altanería y hasta de burla. Actuaban como si ellas tuvieran el poder de decidir sobre la vida o muerte de los que suplicaban atención, rogando por un servicio que ellas estaban obligadas a ofrecer.
No imaginamos durante cuantos años estas funcionarias llegaban cada mañana “a trabajar”, “hartas” y sin que ningún supervisor les controlase. También es un misterio a cuántos pacientes les truncaron una urgente necesidad porque ellas estaban en plan de creerse más que los demás. Pero el video de estas travesuras se filtró. A alguna amiga le habrá parecido gracioso y ocurrió lo que nunca hubieran imaginado. Como esos cebados ladrones acostumbrados a robar con impunidad que se descuidan de tanto robar, las fechorías de las funcionarias fueron descubiertas y ellas separadas del cargo.
Esto no se ve todos los días; sin embargo, sí ocurre todos los días. En todos los hospitales siempre hay personas amargadas, alguno que no amaneció de buen humor y se desquita con quien tiene menos margen para responder: el paciente.
Personas cansadas, mal pagadas o frustradas que convierten su desgaste personal en maltrato cotidiano, como si la necesidad ajena fuera una molestia y no la razón misma de su trabajo.
Hablando en serio, es hora de que los funcionarios se comporten con profesionalismo. En este momento en que Paraguay tiene doble grado de inversión, en que el mundo mira con atención sobre grandes eventos no puede ser que una funcionaria irresponsable se haga la simpática porque le da la gana y cause daño a los que debe atender con esmero. ¿Qué pensaría un futuro inversor que pretende hacer negocios y recibe un clásico “eju lune” porque se está pintando las uñas?
Más aún ahora, cuando los planes de los hospitales generales de Concepción, de Curuguaty, del Chaco, de San Estanislao, de Asunción en la Costanera Sur y de Itauguá están en marcha.
La contratación del personal afectará a miles, pero la selección debe ser cuidadosa, sin amiguismos, sin favores, sin familiares. Sobre todo, dispuesto a brindar respuestas.
Porque la salud no se gestiona con risas, ni con celulares, ni con desprecio. Se gestiona con humanidad. Y cuando esa humanidad falta, no hay hospital nuevo, inversión extranjera ni discurso oficial que alcance. El peor cataclismo no es el que rompe edificios, sino el que rompe la dignidad de quien llega pidiendo ayuda

