• Marcelo Pedroza
  • Psicólogo y magíster en educación
  • mpedroza20@hotmail.com

Marco Tulio Cicerón (106 a. C. - 43 a. C.), en su obra “Sobre los deberes”, desarrolla una antropología filosófica de raíz estoica que sitúa a la razón como el principio distintivo y constitutivo de la condición humana.

La diferencia “capital” entre el hombre y la bestia no radica simplemente en un mayor grado de complejidad sensorial, sino en la participación del ser humano en el logos, facultad que le permite trascender la inmediatez del presente.

Mientras el animal permanece ligado a lo sensible y a lo inmediato, el hombre, gracias a la razón, puede comprender las causas, anticipar las consecuencias y articular pasado, presente y futuro en una visión unitaria de la vida. Esta capacidad de proyección temporal funda la posibilidad de una existencia moralmente orientada.

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Para Cicerón, quien fue un prolífico escritor, además de notable orador romano, la racionalidad humana no es un atributo meramente especulativo, sino una potencia práctica que permite ordenar la vida conforme a fines dignos.

De allí que la razón se encuentre intrínsecamente vinculada con la virtud y con la felicidad (beatitudo), entendidas no como estados emocionales pasajeros, sino como formas de vida acordes con la naturaleza racional del ser humano. Vivir bien implica, entonces, vivir conforme a la razón, lo cual supone deliberación, dominio de sí y orientación hacia el bien común.

En estrecha relación con esta concepción racional del hombre, Cicerón afirma que “la misma naturaleza concilia al hombre con el hombre, en virtud de la razón, para la comunicación tanto de la palabra como de la vida social”. De manera que la sociabilidad no es un mero convenio artificial, sino una exigencia natural derivada de la razón y del lenguaje.

Este fundamento racional y social de la vida humana conduce a Cicerón a formular una de sus contribuciones más duraderas: la idea de un derecho natural universal, basado en la dignidad intrínseca de todo ser humano.

Dado que todos participan de la razón, todos son igualmente portadores de un valor moral fundamental, anterior y superior a cualquier legislación positiva.

El derecho, en su sentido más pleno, no es una imposición arbitraria del poder, sino la expresión normativa de la razón conforme a la naturaleza.

Marco Tulio Cicerón articula una visión integral del ser humano como sujeto racional, moral y social, en la que virtud, felicidad, sociabilidad y derecho natural se encuentran íntimamente entrelazados.

Su propuesta no solo constituye un puente entre la filosofía griega y el pensamiento romano, sino que anticipa nociones centrales de la ética y la filosofía política modernas, especialmente la idea de dignidad humana como fundamento universal de la vida moral y jurídica.

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