Paraguay está en movimiento. Esta semana, durante la reunión del Consejo de Ministros en Palacio de Gobierno, se confirmó lo que ya venía perfilándose: Paraguay será el país con mayor crecimiento económico de toda la región en 2025, con una proyección del 5,3 % del PIB, según datos del Banco Central del Paraguay.

Este logro no es producto del azar. Es el resultado de una gestión que ha sabido generar condiciones para que el sector privado sea el principal motor del desarrollo, como lo expresó el ministro de Economía y Finanzas, Carlos Fernández Valdovinos.

A esto se suma el cumplimiento riguroso del plan de convergencia fiscal, la mejora en la calificación de riesgo por parte de Fitch Ratings y el posicionamiento internacional del país como sede de las Reuniones Anuales del FMI, Banco Mundial y BID en 2026.

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En este contexto, vale la pena recordar el aporte de Daron Acemoglu, James A. Robinson y Simon Johnson, galardonados con el Premio Nobel de Economía en 2024 por sus estudios sobre las causas profundas de la desigualdad entre naciones.

En su obra ¿Por qué fracasan los países?, los autores sostienen que el desarrollo no depende de la geografía ni de los recursos naturales, sino de la calidad de las instituciones políticas y económicas. Las instituciones inclusivas, aquellas que promueven la participación, la innovación y la equidad, son las que permiten a los países prosperar.

Paraguay está demostrando que las instituciones pueden funcionar, y que cuando lo hacen, el crecimiento no solo es posible, sino sostenible. El lanzamiento del Plan Nacional de Desarrollo 2050, que se presenta este 29 de octubre, es una muestra de que este gobierno piensa más allá del corto plazo, articulando políticas públicas con visión estratégica y compromiso intergeneracional.

En este proceso, es fundamental reconocer el liderazgo del presidente Santiago Peña, un economista que entiende de finanzas, que prioriza el crecimiento y que impulsa reformas con mirada técnica y sensibilidad social. Tener un presidente que domina los lenguajes de la economía y la planificación es una ventaja que Paraguay está sabiendo aprovechar.

El país avanza, y lo hace con instituciones que escuchan, que proyectan y que construyen. Porque el verdadero desarrollo no se mide solo en cifras, sino en la capacidad de generar oportunidades reales para todos.

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