- Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
- MBA
- jzaratelazaro@gmail.com
Se lo define como la capacidad que tiene una persona para ponerse en el lugar de otra, permitiéndole ser capaz de entender la situación y los sentimientos que está viviendo la otra persona.
No es tarea fácil y cada vez más escaso dentro de una sociedad en donde el personalismo y el egoísmo siempre están presentes, siendo pocas las personas que realmente se preocupan y se ocupan del que lo necesita de verdad.
Para que podamos ser empáticos precisamos un sentimiento de identificación con alguien acompañado por la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.
Uno de los requisitos primarios de la inteligencia emocional está relacionado con la comprensión, el apoyo y la escucha activa.
Así podremos tener la capacidad para entender los sentimientos y las emociones de una persona incluso cuando lo esté pasando mal.
Las personas empáticas reúnen ciertas características primarias como:
Son sensibles y sienten lo que sienten. Entienden los sentimientos de los demás. Sin embargo, hay ocasiones en que todo esto puede convertirse en un arma de doble filo porque pueden sentirse obligados a involucrarse de manera activa con el otro a pesar de que el conflicto no tenga relación con ellos mismos.
A las personas empáticas, les gusta escuchar de manera activa no limitándose a oír lo que la gente dice, concentrándose en la otra persona lo que les está diciendo, analizando el porqué de que la misma se siente como se siente, legitimándolo y dando respuestas acordes a la situación.
No son extremistas, pues no creen que todo sea blanco o negro, saben que también hay una gama de grises en medio.
Son respetuosas y tolerantes, respetando las decisiones de los demás, por más que ellos no hayan tomado las mismas decisiones.
Entienden la comunicación no verbal, fijándose tanto en el lenguaje verbal como en el no verbal. Atienden gestos, miradas, inflexiones y tonos de la voz.
Creen en la bondad de las personas. Cuando conocen a alguien, aunque esa persona tenga “mala fama”, presuponen que la persona es buena hasta que no lo demuestre lo contrario.
Las personas empáticas entienden que cada uno es diferente. Comprenden que todos tienen unas necesidades y que todos somos diferentes, pues vivimos en la diversidad de los seres humanos.
Los líderes necesitan salir de sus propias cabezas, para poner menos énfasis, no más en sus retos superados en el pasado.
Para superar la brecha de empatía, es mejor que se centre en lo que lo aflige a la otra persona o que se recuerde a sí mismo que muchos otros se enfrentan al mismo desafío.
Los fallos más frecuentes en el liderazgo no tienen que ver con el fraude, la malversación de fondos o los escándalos sexuales. Lo más frecuente es ver cómo fracasan los líderes en el área de la autogestión diaria, y cómo usan el poder guiado por su ego y por el propio interés.
Tiene que ver con un aspecto más amplio sobre el poder y la fama. Llegan a un punto en el que pasan de ser generosos con su poder a usarlo en su propio beneficio.
Cuando un líder se gana nuestra confianza, esperamos de él un ejemplo sólido. Nada molesta más que ver que deja de predicar con el ejemplo y que comete abusos de poder.
Entender cómo podemos lidiar con nuestro impulso de empatizar con los sentimientos de los demás nos ayudará a tomar mejores decisiones cuando el flujo emocional de otra persona amenace con sobrepasarnos.
¿Qué puede hacer un líder cuando cree que podría cruzar la línea que separa del abuso de poder?
Tiene que estar dispuesto a arriesgar su vulnerabilidad y a pedir retroalimentación.
La empatía, la autenticidad y la generosidad son lo que marca la diferencia entre ser competente y ser admirable.
Los líderes más conscientes de sí mismos reconocen las señales de abuso de poder y lo corrige antes de que sea demasiado tarde.
A menudo la gente piensa, de forma equivocada, que, si te comportás bien con otra persona o tienes un interés sincero en ella, significaría que no tienes en cuenta tus propios intereses.
Hay que pensar que la compasión te incluye a vos mismo. Si nos protegemos a nosotros mismos y nos aseguramos de estar bien, tratamos de que la otra persona esté bien creando un contexto diferente para trabajar y cooperar con los demás.

