- Víctor Pavón (*)
Hasta para abrir un pequeño negocio, una escuela o universidad, el Estado está presente. No hay lugar en nuestras vidas donde no nos encontremos con esta institución, como si su previa autorización fuera necesaria y eficiente.
Esa presencia tan apreciada especialmente por los socialistas de la izquierda, sin embargo, no es necesaria ni eficiente. El intervencionismo pasa desapercibido. Pocos se percatan de que si se dejara al mercado actuar, que es lo mismo que decir que la gente decida cooperando entre sí mediante arreglos voluntarios, estaríamos mucho mejor.
La misma existencia estatal y más por su notable crecimiento, es un consumidor nato de riqueza. Inhibe la formación del ahorro y la inversión, estimulando equivocaciones en los agentes económicos. Un ejemplo es la inflación que distorsiona las señales de los precios que castiga a todos y en especial a los más pobres.
Muchos emprendimientos, de ese modo, que al comienzo parecían rentables luego se encuentran con el problema que en realidad ya antes fueron suministrados con dosis de dinero artificial inyectado al mercado desde el sector estatal. Se estimuló la demanda, desconociendo la base real de ahorro e inversión. Se provocó una auge artificial de la economía y muchos negocios que parecían rentables, luego ya no lo son. La dosis fue fatal.
La tesis de esta malsana práctica de mover la economía, la producción y el empleo, se realiza a través de la demanda agregada propia del neo keynesianismo elevando el consumo desde el sector público. Cuando la demanda por más consumo es insuficiente, dicen que el Estado debe intervenir activamente.
Y es así como los tecnócratas e intelectuales estatistas persuaden a los políticos ávidos de poder. ¿A qué político o burócrata no le agrada tener más dinero para planes sociales, mantener a sectores ineficientes con fines electoralistas y otros?
La pregunta es: ¿Cómo han conseguido tamaño poder desde el Estado? El primer motivo se encuentra en las erróneas ideas predominantes. Luego, la ejecución de esta idea se lleva a cabo por medio del gasto público en varios sectores, aumentando un “poco” la inflación, el déficit y manteniendo monopolios.
El resultado de esta política de más dinero redistribuido desde el Estado crea al comienzo auge económico. El consumo crece, sin embargo, la oferta de bienes y servicios en términos reales no se ha dado porque gran parte del capital creado por el sector privado fue desplazado hacia el sector público.
El resultado es el mismo que el estatismo de la demanda agregada neo keynesiana sigue ofreciendo: Del breve auge se inicia la caída de la economía hasta llegar a la recesión.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”, “Cartas sobre el liberalismo”, “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes”, y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la libertad y la República”.

