Siempre me preguntan en consulta si es normal olvidar cosas que uno iba a hacer, o llegar a un lugar de la casa y preguntarse para qué cuernos llegamos allí. La consabida pregunta es “Doctor... ¿será que tengo Alzheimer? Y esto, algo absolutamente normal y cotidiano como todo, tiene su explicación desde las Neurociencias. Y es que el cerebro puede jugarnos una mala pasada. Si nos olvidamos qué íbamos a buscar a la cocina, es posible que nuestro cerebro haya reemplazado esa acción por otra más nueva.
Esto sucede en relación con un tipo de memoria o proceso mnésico que se llama memoria prospectiva y que, al igual que otras formas de errores de la memoria, en la mayoría de los casos tienen un carácter absolutamente benigno y profundamente mediado por el componente atencional. Normalmente, lo que nos hace olvidar lo que debemos hacer es la saturación del sistema y la distracción mediada por otro acontecimiento
Pero... ¿qué es la memoria prospectiva? La memoria prospectiva son los procesos que permiten recordar o hacer un acto en el futuro. Por ejemplo, si una persona se levanta y va a la cocina a buscar un tenedor y, de repente, su pareja le dice que le acerque el celular. Luego de cumplir con ese pedido, quizás no recuerde qué iba a hacer en la cocina. La pérdida del orden sería consecuencia de la irrupción de una orden nueva, que la habría situado por encima de la que se había elaborado primero. También es posible que este suceso ocurra en caso de dirigirse a la cocina y recibir el estímulo de la televisión u otro objeto, lo que provoque el olvido de la primera orden. La orientación involuntaria de la atención a un nuevo acontecimiento habría facilitado que la nueva información ocupara el lugar de la que teníamos en primer lugar en nuestra memoria de trabajo.
Y hablando este domingo de la memoria, es muy oportuno recordar sus propiedades. En primer lugar, su capacidad asombrosa de almacenamiento, ya que se estima que el cerebro puede almacenar alrededor de 2.5 petabytes de información, lo que equivale aproximadamente a tres millones de horas de televisión. Dentro de esa asombrosa capacidad, sin embargo, prima la selectividad, ya que, aunque recordamos una cantidad significativa de información a lo largo de nuestra vida, tendemos a recordar mejor las experiencias emocionales. Las emociones fuertes, ya sean positivas o negativas, tienden a dejar una impresión más duradera en la memoria. Igualmente, es curioso entender que la información recién aprendida se puede olvidar rápidamente, ya que, según la “curva del olvido” propuesta por Hermann Ebbinghaus, tendemos a olvidar hasta el 50 % de la información en la primera hora después de aprenderla y más del 70 % en el primer día.
Aunque a menudo se asocia la pérdida de memoria con condiciones como la demencia, también existe un fenómeno llamado síndrome de hipermnesia, donde las personas tienen una memoria extremadamente detallada y vívida de eventos pasados. Y, como varias veces dije a lo largo de los años en esta columna, la memoria no siempre es precisa y puede ser influenciada por diversos factores, pudiendo las personas desarrollar recuerdos falsos, donde creen recordar eventos que nunca ocurrieron, especialmente después de sugerencias o información errónea. Esto es fundamental de conocerse, sobre todo en Derecho Penal donde se precisa la mayor veracidad posible, por lo que siempre sugiero en mis conferencias sobre Neurociencias en el Derecho, el hecho de que tomen testimonio lo antes posible para que el cerebro del interrogado no “cambie” el contenido de la memoria (no siempre sucediendo esto de manera voluntaria, es decir, mintiendo).
Por último y para no extendernos tanto... ¿cuántas veces no nos ha pasado que sabemos que conocemos una palabra o información, pero no podemos recuperarla inmediatamente? Este fenómeno se llama el “efecto de la punta de la lengua” y es una experiencia común relacionada con la memoria, y es tan común como cualquier fenómeno de los que hablamos este domingo. En fin, no les robo más tiempo de este hermoso fin de semana, iba a seguir escribiendo cosas DE LA CABEZA, pero... no recuerdo sobre qué... ¡Nos leemos en una semana!
¿Qué será de la memoria con la crisis actual de la narración?
Ricardo Rivas
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Ricardo Rivas
Periodista
X: @RtrivasRivas
Fotos: Gentileza
Si la narración está en crisis, ¿cuáles serán los hechos de aquellos relatos que serán la historia? Tal vez recordemos lo que nunca sucedió. Algunas memorias también podrán ser fake news.
Los veranos y el descanso ya no son como lo fueron. ¿Algo lo es, acaso? El cambio climático, por un lado, con temperaturas abrasadoras, solazos demoledores, vientos cálidos inesperados, lluvias y tormentas repentinas, y las urgencias de la vida cotidiana hacen que a la idea de descansar se le agreguen agendas sociales por momentos agotadoras.
Recorrer playas y paradores en las extensas costas marítimas bonaerenses en la Argentina es interesante. Mucho más si se presta atención a las charlas informales que se escuchan acá, allá y acullá. Tendencias, lecturas livianas, chimentos, negocios, viajes... muchos viajes, el mercado de pases en el fútbol, los costos para ir al Mundial 2026 en Estados Unidos, Canadá y México, romances de otros con otras... de otras con otras... de otros con otros... (siempre ajenos) y “trampas” propias en tonos casi inaudibles... nada queda por decir, por contar, por confidenciar.
Las segmentaciones marketineras que supimos conseguir parecen diluirse. Todo es muy parecido. Sin embargo, charlar con Tony y Dani en una playa solitaria de Costa Esmeralda, poco más de 1.610 kilómetros al sur de mi querida Asunción, es interesante. Viajeros los tres, disfrutamos cuando intercambiamos anécdotas, curiosidades y compartimos historias. No nos vemos con frecuencia.
De allí que, cuando logramos reunirnos, el tereré con yerba sabor a naranja, mezclada con menta y boldo, nos acerca marcadamente al placer. Antonio, este viernes, fue el último en llegar. Cansinamente lo vimos acercarse. “Disculpen la demora, pero me quedé leyendo un breve texto de Byung-Chul Han (67)”, explicó. Comprensible. El filósofo coreano que desde los 22 años vive en Alemania, autor de “La sociedad del cansancio”, sacude, conmueve, dispara reflexiones.
Con argumentos tan sólidos como sensatos nos induce a dejar atrás la idea coreana de vivir “pali pali” (rápido, rápido) para llegar a ninguna parte y avanzar hacia el “chon-chon-hi (despacio, lentamente), que tanto le ha permitido crecer a China”, como tiempo atrás decía con frecuencia el apreciado diplomático y amigo Jung Myung Hoon, cuando estaba destinado en Buenos Aires.
OPTIMIZAR EL AMOR
“Será posible optimizar el amor?”, preguntó Dani en alta voz. En la pantalla de celu leía The New York Times. La tertulia playera se disparó. “Menos de tres años atrás supe del señor Cody Zervas por su perfil en la red Linkedin”, dije a modo de réplica. Es un tipo interesante que –por lo menos en esa publicación– propone “love at first match”. Amor a primera vista. En su perfil se define como “cofundador y director de operaciones” de la firma Keeper que, en esa misma red (https://www.linkedin.com/company/keepermatch/), propone “conocer a la persona que cumple con tus expectativas” porque te aportará “la solución de emparejamiento más avanzada del mundo, impulsada por IA (inteligencia artificial) y la ciencia de las relaciones guiada por el cuidado humano”.
En ese contexto, recomienda su empresa (en construcción) al público reticular y les asegura que Keeper será la que “te presentará a tu media naranja”. También añade un dato relevante, “1 de cada 10 coincidencias termina en matrimonio”. Fuerte, ¿verdad? Pero deja un mensaje para acompañar la reflexión que sigue –inevitablemente a la oferta–, “una oportunidad es todo lo que necesitas”.
Mensaje claro, fuerte y… atractivo. Pero vale puntualizar que Cody –por lo menos desde el 9 de febrero de 2022– parece estar en espera de esa “oportunidad” que promueve. Desde aquel día –más precisamente desde las 4:20 de aquella madrugada insomne– Zervas, en su cuenta de X (@codyzervas) postea: “Anuncio emocionante (¿quizás triste?). Ahora, estoy ofreciendo oficialmente una recompensa de USD 20.000 a la persona que me presente a mi futura esposa. Voy a aumentar ese número cada año hasta conocerla. ¡Esto debería ser divertido y/o desgarrador!”.
Según la colega periodista Amanda Hess, del periódico The New York Times –el que lee Dani– hasta el pasado 9 de enero, “Zervas sigue soltero”. Más aún, relata que Cody “en noviembre viajó a San Francisco para representar a Keeper en el Simposio del Amor, un encuentro informal de ‘fundadores, expertos e intelectuales sinceros’ interesados en ‘proliferar las relaciones sanas a gran escala’”.
AMOR SALUDABLE
En aquella cita que se extendió un fin de semana entre los días 14 y 16 de aquel mes, quienes la organizaron la caracterizaron como “una conferencia para personas que intentan resolver las relaciones modernas” porque ha cambiado el amor. Como ejes del encuentro propusieron abordar “la industria de las citas, la inteligencia artificial predictiva y la psicometría para el emparejamiento, y la ciencia del amor saludable”.
Fuerte, ¿verdad? El vuelo rasante de algunas gaviotas que disputan los restos playeros con chimangos que les disputan territorio altera un poco el ambiente. La rompiente, levísima a la hora de la bajamar, susurra. Dani lee NYT en alta voz.
La periodista Hess –quien al parecer estuvo allí– cuenta que durante las actividades por las que cada participantes pagó USD 200 se “exploraron las prácticas matrimoniales ‘metarracionales’”; que hubo “una sesión relámpago de emparejamiento”, y detalla que “entre la concurrencia se encontraban un filósofo-ingeniero formado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que genera ‘gemelos’ digitales humanos para simulaciones de citas (también disertó) una mujer que planea imprimir su propia moneda bajo el seudónimo de Ayn Forger; una ‘coach mental’ británica que ofrece sesiones de intuición; (y) un gestor de redes sociales que está desarrollando una religión para personas con autismo”.
Nos envolvió un profundo silencio. “Nada sorprendente”, dije. No fue una expresión feliz. Mis dos amigos me miraron seriamente. Los percibí incrédulos. Dejé correr unos segundos para contarles que “menos de dos años atrás durante varios días escuché atentamente a un preocupadísimo hombre de negocios –riquísimo– que convocaba a través de las redes –según él– ‘a las multitudes para orar de corazón... fervorosamente para que el mundo se llene de amor’”.
LA IGLESIA AMORISTA
Una querida amiga, cuya identidad preservaré en procura de que no decaiga su alto prestigio profesional y académico, nos invitó personalmente. En detalle relaté que a su convite respondí con una pregunta: “¿Es, tal vez, un acto religioso?”. La respuesta fue de altísimo contenido indiciario respecto de su personalidad megalómana. “Sí”, respondió con firmeza mientras sus ojos entrecerrados los elevaba hacia el cielo.
“Después de mucho predicar, he fundado la Iglesia amorista de la nueva centuria, con la que cambiaré el mundo y terminaré con las guerras”. Tony y Dani –como nosotros en aquella situación que nunca habíamos imaginado– permanecimos en el más profundo silencio. El autopercibido profeta, por si algo faltara entonces, nos informó que “una decena de días atrás ordené a mis primeras discípulas y discípulos que pronto enviaré a que profundicen su formación con una sabia maestra en San José de Costa Rica para que luego marchen a predicar”.
Inmediatamente, nos invitó para que participáramos de una inminente cadena de oración que “en las redes” comenzaré “para pedir por la salud de…”. Nunca volví a verlo. El tereré se había agotado. La sed se hacía sentir. Una botella de Barón B Brut Nature, bien fría, llegó en el momento justo. “Vamos bien?”, preguntó Dani. “Serían posibles este tipo de emergencias sorprendentes sin la irrupción en la vida cotidiana de continuos desarrollos tecnológicos?”.
REALIDAD MIXTA
Admito que alguna vez imaginé que esto podría suceder. Las prácticas sociales cambian vertiginosamente. Es preciso entender que –especialmente en algunas grandes megalópolis de alta complejidad– la realidad mixta, aquella que deviene de la interacción de la realidad real (por llamarla de alguna manera comprensible) con la realidad virtual múltiples situaciones pasan a ser corrientes.
Preocupante, por cierto, en algunos casos. Recuerdo que allá por octubre de 2018 me sorprendí cuando supe Akihiko Kondo –por entonces 35– se casó con Hatsune Miku, un animé “de edad indefinida”, como lo consigné el domingo 7 de febrero de 2021, en #ElGranDomingo. Aquella unión, sin embargo, solo se extendió por una media docena de años. Kondo se divorció de Miku, aunque otras versiones dicen que los desarrolladores decidieron que ese animé debía morir.
El rumor (tal vez una más entre millones de fake news) aseguran que le ofrecieron a Kondo reemplazarla. Pese a ello, Akhiko relata a quien quiera oírlo que era noviembre de 2024 cuando aquel esposo trocó por divorciado virtual. Tal vez, el primero de la historia. “Estoy seguro de que recibiré críticas, pero intento hacer cosas dentro de lo que no es ilegal”, expresó y explicó además en sus redes que justamente aquella fue “la razón por la que me casé con Hatsune Miku en mi casa (...) y traté de ir a Disneylandia de Tokio con mi muñeca de Miku”.
En el 18, el sociólogo Masahiro Yamada dijo públicamente que casarse con animés es “una costumbre en aumento”. Se dice que un 12 % de los jóvenes japoneses (según algunos reportes circulantes cuyos contenidos no son para nada sencillos de verificar) “suelen enamorarse de este tipo de creaciones”. Esas informaciones precisaban también que “como Akihico, cerca de 4 mil parejas formaron otros tantos matrimonios similares”.
“Un 12 % de los jóvenes japoneses suelen enamorarse de este tipo de creaciones” como Miku. Como Akihiko, cerca de 4.000 personas formaron parejas similares”, explica el sociólogo Masahiro Yamada
Sorprendentes, por cierto, las prácticas sociales emergentes en la realidad mixta. Para rescatar la que ya parecía una charla con final incierto, intenté validar mis dichos. “Mi amigo-hermano Augusto, que además era mi jefe periodístico cuando aquella historia estalló en los medios –tradicionales y digitales– sabio y humilde me aseguró que aquella práctica de Akihiko se llama ‘fictosexualidad’, caracterizada como una orientación o atracción sexual/romántica enfocada en personajes ficticios (animé, libros, videojuegos) que, en algunos casos, se asocia con el espectro asexual”.
NUEVAS FORMAS DE INFIDELIDAD
No agregó una palabra más. “Ubi umilitas ibi sapientia”, como suele decir con frecuente ironía un profundo conocedor de los libros sagrados de no menos de tres religiones monoteístas. ¿Platonismo? Quizás. ¿Enamorarse de animés? Y... sí. ¿Parejas simbólicas? Uhmmm…. ¿Relaciones emocionales profundas? Lo admito, no sé qué decir. “La infidelidad ha existido siempre, pero con la era de las redes sociales ha adoptado nuevas formas”, sostiene la colega periodista Judit González Pernía el pasado 11 de diciembre en La Vanguardia, uno de mis periódicos preferidos en cada uno de mis días.
Agrega luego que “el intercambio de mensajes o ‘texting’ (Whatsapp, Telegram, Signal, Wechat, entre otras plataformas de mensajería) se ha convertido en una práctica habitual entre muchas parejas, (y) especialmente entre los más jóvenes”. Y va más allá. Describe que “hoy (...) algunas personas usan chatbots (un programa informático capaz de simular una conversación con un ser humano a través de medios como el texto o la voz) no solo para consultas cotidianas, sino también como sustitutos de otra persona en conversaciones íntimas”.
En ese contexto, González Pernía puntualiza que “lo que comenzó como un juego (dialogar con chatbots) está evolucionando hacia algo más profundo” porque, para algunas personas, “separar lo real de lo digital se vuelve cada vez más complicado” y –tal vez– preocupante, me atrevo respetuosamente a agregar. La colega –licenciada en Periodismo por la Universidad Internacional de Catalunya– reporta también que “hay parejas que ya acuden a terapia porque uno de los miembros interactúa más con la IA (inteligencia artificial) que con su pareja”.
“La infidelidad ha existido siempre, pero en la era de las redes sociales ha adquirido nuevas formas”, sostiene la periodista Judit González Pernía
CRISIS DE LA NARRACIÓN
¿Cotidianidades en los tiempos de la realidad mixta? Tony abandona el silencio que, de alguna forma, nos invadió a los tres. El pensamiento de Byung-Chul Han vuelve al ruedo y gana el centro de la escena. En 2023 publicó “La crisis de la narración”. ¡Librazo! Nos recuerda que, palabra más, palabra menos, narrar por estos días es hacer publicidad. Por múltiples razones y actividades, hombres y mujeres marketinean cada instante de sus vidas. ¡Y lo hacen en las redes!
“Todo pareciera ser publicidad o... ‘autobombo’, como decimos habitualmente. Practicamos el storytelling para comunicar nuestras cotidianidades a través de historias. Visuales o audiovisuales para vender lo que somos y/o lo que hacemos... y las mandamos por las redes… que están llenas de breves historietas sin profundidad y chismes de celebridades muy poco célebres más que por sus correrías. Esa es la crisis de la narración”.
El sol ya se despidió. Regresará a las 5:20 de mañana. En un rato más será el tiempo de la luna. Volvimos a mirar el huidizo horizonte que –como lo dijo Galeano– cuando nos acercamos un paso se aleja un paso. Una constante que no podremos cambiar. Nos despedimos. En el regreso un interrogante se apodera de mí. Si Byung-Chul Han tiene razón y la narración está “en crisis”... ¿cuáles serán los hechos de aquellos relatos que serán la historia? Tal vez –pienso– recordemos lo que nunca sucedió. Algunas memorias también podrán ser fake news.
“La narración está en crisis”, afirma el filósofo coreano Byung-Chul Hang y explica que todos practicamos el storytelling como práctica social y lo mandamos a las redes
A 33 años de la tragedia de Acahay: el caso que conmocionó al país
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Este sábado 31 de enero se cumplen 33 años de la tragedia de Acahay, uno de los episodios más conmocionantes de la historia reciente del Paraguay. El hecho fue protagonizado por el escribano José Vidal Céspedes Estigarribia, conocido luego como “el loco del volante”, quien a bordo de una camioneta Mitsubishi Montero mató a siete personas y dejó nueve heridas durante un furioso arrebato que aterrorizó las calles de la ciudad de Acahay.
La tragedia ocurrió en 1993, mientras la comunidad celebraba la tradicional fiesta del Oropel, un evento que reunía a familias y vecinos en un ambiente festivo. Vidal Céspedes, de 39 años, había llegado ese día desde La Paloma (Canindeyú), donde residía con su familia, para visitar su ciudad natal.
Horas antes del ataque, el escribano compartió un encuentro familiar en un arroyo de la zona junto a su esposa e hijos. Durante el almuerzo consumió bebidas alcohólicas, pese a tenerlo estrictamente prohibido debido a una reciente cirugía de páncreas y al tratamiento con medicamentos fuertes, indicaciones médicas que decidió ignorar.
Según declaraciones de sus familiares, tras el mediodía su comportamiento comenzó a cambiar, pues tenía la mirada perdida y se mostraba alterado, aunque continuó participando de la reunión mientras ingería alcohol y medicación. Cerca de las 16:00, de forma violenta y prepotente, obligó a su esposa e hijos a subir a la camioneta para regresar, generando temor y tensión en el grupo.
En una tarde causó terror y marcó a la ciudad de Acahay. Foto: Gentileza
Durante el trayecto, Vidal comenzó a acelerar bruscamente, provocando el llanto y los gritos de sus hijos, lo que lo alteró aún más. En un punto del camino se detuvo y obligó a bajar a su familia. A partir de allí, volvió a arrancar el vehículo y se dirigió a gran velocidad hacia el casco urbano.
En su recorrido, arremetió deliberadamente contra todas las personas que se cruzaban en su camino, dejando un saldo de siete fallecidos, nueve heridos y la muerte de un caballo. Las víctimas fatales fueron Sergio Domínguez, Roberto Salvador Segovia, la niña Shirley Andrea Acuña, de apenas 4 años, Édgar Domingo Maldonado, los hermanos Francisco y Félix Bordón, y finalmente Rubén González.
El caso generó una profunda conmoción nacional, agravada por el hecho de que el autor era una persona conocida en la zona, de trato cordial con sus compueblanos y con intenciones de postularse como diputado.
“El loco del volante”, fue detenido en un cañaveral. Foto: Gentileza
Tras abandonar el vehículo, que fue hallado con rastros de sangre, Vidal se escondió en un cañaveral y fue detenido horas después por la Policía Nacional, con apoyo de militares. Durante su arresto afirmó no recordar nada de lo ocurrido, versión que no convenció a los investigadores del Ministerio Público.
El escribano fue condenado inicialmente a 25 años de prisión, pena que luego fue reducida a 22 años. Falleció en 2011, tras ser internado en un sanatorio privado por complicaciones derivadas de la diabetes. A más de tres décadas del hecho, la tragedia de Acahay sigue viva en la memoria colectiva como un recordatorio del horror que puede desatar la violencia sin control.
Dormir bien: cuántas horas hacen falta y cómo lograrlo
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Dormir bien es una de las claves para tener una buena calidad de vida, y no se trata solo de cerrar los ojos por ocho horas. La relación entre el sueño y la salud del cerebro es profunda, y en muchos casos, descuidarla puede traer consecuencias serias. La Dra. Verónica Fleitas, neuróloga del Hospital IPS Ingavi, explicó por qué es tan importante descansar correctamente y ofreció algunos consejos prácticos para mejorar nuestra rutina nocturna.
Durante el sueño, el cerebro realiza tareas fundamentales: limpia toxinas que pueden dañar las neuronas, repara conexiones cerebrales, consolida recuerdos y regula emociones. “Dormir no es solo descansar”, señala la especialista, quien además resalta que una mala calidad de sueño puede derivar en problemas de memoria, irritabilidad, ansiedad y hasta aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
Entonces, ¿cuántas horas hay que dormir realmente? Aunque el número de “8 horas” es el más popular, la mayoría de los adultos necesita entre 7 y 9 horas por noche. Sin embargo, más importante que la cantidad es la calidad del sueño. Si dormís poco, o si te despertás varias veces en la noche, tu cuerpo y tu mente no logran recuperarse bien, lo que puede afectar tu rendimiento y estado de ánimo al día siguiente.
Dormir mal no solo genera cansancio. También puede dificultar la concentración, afectar la memoria, elevar el estrés y producir una inflamación silenciosa en el cerebro, que puede empeorar trastornos neurológicos o emocionales. En palabras simples, tu cerebro funciona en “modo ahorro” cuando no descansa lo suficiente, y eso repercute en cada decisión que tomás.
Para quienes tienen problemas para dormir, la Dra. Fleitas recomienda algunos hábitos que pueden marcar la diferencia: mantener una rutina fija de sueño, evitar pantallas antes de acostarse, crear un ambiente propicio (oscuro, fresco y silencioso), practicar técnicas de relajación como la respiración profunda o la meditación, e incluso escribir en un cuaderno lo que te preocupa si no podés dejar de pensar en eso. Además, evitar cafeína y energizantes por la tarde o noche es clave.
Si dormís mal más de dos veces por semana, te cuesta más de una hora conciliar el sueño, te despertás seguido sin razón o te levantás sintiéndote más cansado de lo que te acostaste, es momento de consultar a un especialista. “La privación de sueño hace que el cerebro solo piense en lo que quiere, sin considerar las consecuencias”, advierte la doctora. Dormir bien no es un lujo, es una necesidad para pensar, sentir y vivir mejor.
Este domingo, Toni Roberto evoca la memoria del habitante de un chalé del barrio Las Mercedes que sigue viviendo en el recuerdo de quienes lo conocieron.
Vamos a mirar la casa de Totó, quiero que dibujes y quede de recuerdo”, me dijo Pati hace un año. El chalé estaba ahí, en una de las últimas paralelas de la Avda. España camino a Tuyucuá. En el camino recordé cumpleañitos, chocolates, galletitas y a Mickey, un personaje de moda en aquellos primeros años del 70 en esa angosta pero alta casa de Las Mercedes, que quedaba al lado de uno de los últimos talleres mangoguýpe de Asunción, en el corazón del otrora silencioso barrio.
LA CASA QUE SE FUE, LOS AMIGOS QUE SE FUERON
La casa que se fue, la gente que se fue. Eso es lo primero que me vino a la mente al enterarme de la partida de Agustín Andrada, aquel niño de los 70 que conocía de la vieja Villa Morra. Luego con los años, cuando nos volvimos a encontrar después de mucho tiempo, me contó que se volvió un fiel seguidor de “Cuadernos de barrio”. Desde ahí, siempre listo para contarme alguna historia de barrio, de su querido Olimpia o recuerdos casi olvidados de los despachos aduaneros de su legendario padre, el inolvidable Luli.
Con la partida de gente de mediana edad y coetáneos míos, se me presentan en el recuerdo otros queridos amigos que perdí, simbolizados por Agustín y Totó, aquel habitante de la casa de Las Mercedes. A los dos los rememoro en el dibujo expuesto hoy.
TOTÓ Y SU ABUELA
Cuando los amigos parten nos recuerdan a otros que se fueron muy jóvenes. En el caso de Totó, hace muchos años con apenas treinta años, siempre positivo, disfrutó de unos pocos grandes momentos con su hijo Oscarcito y, lo más particular, paseando en los últimos tiempos con el auto conducido por su abuela Chola, una de las tantas hermanas Aquino que alguna vez llegaron desde Concepción a Asunción. Una hermosa y elegante dama de tez oscura como si fuera del color del norte, ahí donde el sol pega más fuerte, que lo acompañaba manejando su viejo 300D, desafiando la ley de la vida, donde una abuela despide a su nieto.
AGUSTÍN Y LAS DESPEDIDAS
Por su parte, Agustín nos iba informando día a día en estos últimos meses de su desafío a una implacable enfermedad, así como lo fuera la de Totó, hace casi tres décadas. Así les recuerdo, simplemente con el dibujo de una casa que ya no está, tal vez en un cielo imaginario como el de aquel diseño de la casa que me pidió un día Pati. Parafraseando a “Cuando un amigo se va”, yo digo “cuando una casa se va”. Tal vez pueda servir como símbolo para la despedida aquel alto techo con viejas tejas francesas, ventanas con finos entramados de madera en blanco y ladrillos vistos de los años 70. Tal vez ahí sigan habitando ellos, en esos recuerdos.