En el libro de Hechos, capítulo 27, se nos relata el naufragio de Pablo, cuando era llevado a Roma para ser juzgado por la causa de Cristo. Un viaje muy complicado que, en cierta manera, refleja la vida de un creyente. Muchas veces, nuestros planes se ven truncados y, en medio de la incertidumbre, solo nos queda depender en fe de la soberanía de Dios sobre nuestras vidas. Sería interesante que leas ese capítulo, acompañado de este artículo.

En Hechos 27.4 ya se vaticinaba lo que iba a ser ese viaje. Empezaron a soplar “vientos contrarios”. Cuándo no, a quién no le tocaron “vientos contrarios” en la vida y una sucesión de hechos cotidianos que nos pregonan tiempos duros.

En Hechos 27.7, nos va diciendo que la navegación, de por sí, ya estaba complicada: muchos días en el mar avanzando lentamente, a “duras penas”, ya que el viento impedía un buen avance. En Hechos 27.8, continúa diciendo que “con mucha dificultad” llegan a un lugar llamado Buenos Puertos. En el 27.9-10, dice que pasaron ya “mucho tiempo” así y, con la navegación “peligrosa”, Pablo recomienda no viajar porque la navegación sería con “perjuicio y mucha pérdida”. En estos diez primeros versículos, ya vemos un panorama amplio y poco alentador. Las palabras que sobresalen en estos versículos son: “vientos contrarios”, “a duras penas”, “con dificultad”, una travesía de “mucho tiempo” y “peligrosa”, se avecinaban momentos de “perjuicio y mucha pérdida”.

¿Cuántos sienten que están así en la vida? ¿Cuántos han pasado por tiempos difíciles donde todo sale mal, una cosa tras otra?

Un cuadro muy común que describe esto sería: Un problema económico nos lleva a tener gente molesta a quienes no podemos pagar y que se tornan nuestros perseguidores, esto deriva en problemas de familia o pareja; ahí nomás, un hijo se te revela, salta un problema de salud delicado, y vos con deudas, una familia fragmentada y con enemigos. Todo esto te lleva a un desánimo hondo, donde la incertidumbre domina y te hace ver un futuro desolador e incierto. Muchos han estado ahí y, otros, hoy están así.

Muy pocas personas en este mundo se salvan de tiempos difíciles y períodos de prueba, tiempos de “tormentas” en la vida. Para complicar aún más las cosas, en el verso 27.14, aparece una tormenta de nombre Euroclidón. Era el nombre popular de un fuerte viento del Este en las aguas del mar Mediterráneo: vientos contrarios. Según Hechos 27.15-17, la situación se puso tan mala que quedaron a la deriva.

Hechos 27.18-19 relata que empiezan a alivianar el barco en un intento desesperado por salvarlo. Un recurso de los marineros para no hundirse en medio de una tempestad es alivianar la embarcación, tirando al mar todo aquello de lo cual puedan prescindir, con tal de salvar la nave. Así también en la vida. Muchas veces, tenemos que aprender a despojarnos de cosas que no son necesarias en ese momento, con tal de salvar lo que vale la pena; puede que sea nuestra vida misma, nuestra familia, nuestra salud o nuestra relación con Dios. Tomaré solo un ejemplo de vida: nuestro matrimonio o nuestra relación con Dios. Muchas veces, ambas cosas pasan por tormentas. La familia o nuestra vida espiritual representan “la nave”. ¿De qué cosas estamos dispuestos a despojarnos con tal de salvar la “nave”? ¿Nuestro orgullo? ¿Nuestros deseos egoístas? ¿Nuestra diversión? ¿Las tentaciones que nos agobian? Si vamos a salvar algo realmente importante y estas cosas solo sirven de estorbo, es moralmente correcto deshacerse de ellas.

En Hechos 27.24, Dios habló y dijo a Pablo: “No temas”. A causa del llamado y propósito de Pablo, los que le rodeaban serían bendecidos. Esta es la orientación, esta es la esperanza, este es el camino: Dios habló.

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