Por Dany Fleitas

Los juicios políticos de los últimos años a ministros de la Corte Suprema de Justicia, al contralor Enrique García y otros funcionarios públicos sospechados de enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y producción de documentación de contenido falso, entre otros delitos, son un paso importante para transitar por ese anhelado sendero de la transparencia y la honestidad.

La presión ciudadana tiene un rol protagónico en los cambios que se vienen dando. Esta semana también fue clave para que por fin se pueda dar el desbloqueo de las listas denominadas “sábana” mediante una fórmula de “voto preferencial” que no riña con la Constitución Nacional. Estoy seguro que en la próxima Convención Constituyente los delegados convencionales van a hacer modificaciones referentes al sistema de elección para la modernización electoral. Mientras tanto, independientemente de que se haga o no una reforma constitucional, se están dando pasos a favor de los intereses del sentir ciudadano.

Las movilizaciones dan sus frutos. Los políticos comienzan a tener miedo de los escraches en la vía pública y en las redes sociales. Como nunca antes, a ningún funcionario público le gusta tener frente a su casa a un grupo de personas todos los días reclamando honestidad, pidiendo justicia o exigiendo la prestación adecuada de algún servicio; ni le agrada ser mencionado vía redes como uno de los más grandes ladrones del momento en la función que le tocó estar en el Estado. La decisión de Miguel Cuevas de retirar a sus hijas de la función pública es un ejemplo.

El mensaje está cantado: la clase política, a partir de ahora, no podrá así porque sí nomás gobernar a espaldas de los verdaderos intereses ciudadanos. Aquel que tenga la osadía de desafiar a la gente que lo votó, se expondrá personalmente y a su familia a los escraches ciudadanos y, lo peor, a ser destituido.

Los nuevos tiempos exigen autoridades honestas, transparentes y con vocación de servicio. El típico ladrón de guantes blancos, el coimero de Aduanas y Puertos, el que impone su lapicera para nombrar a parientes y amigos en cargos estatales con jugosos salarios, están siendo observados permanentemente. Seguirán existiendo los tradicionales recaudadores para la “corona”, seguramente, pero ya no les será tan fácil. Antes, con una sonrisa pícara ante la mirada de todos, no tenían vergüenza y metían la mano en la lata sin que nadie reaccione. Aquellos tiempos han cambiado.

Esta semana nomás, una concejala de una ciudad del Alto Paraná, enfrentó a Mario Abdo Benítez para reclamarle una mejor calidad de salud para la gente y recordarle que si sigue actuando a espaldas de la ciudadanía podría ser destituido. Lamentablemente, en vez de callarse y escuchar atentamente a la indignada señora, aquel no encontró una mejor manera de esquivar la queja que apelar a la risa y la burla, diciendo “¡qué miedo tengo!”. Se puede tomar como un hecho aislado, pero la escena refleja dos realidades diferentes: por un lado confirma que la ciudadanía ya no se calla y por el otro, salta a la luz la soberbia que desnuda el divorcio que hay entre el poder y la gente.

El Presidente está mal asesorado política y comunicacionalmente, y debe tener mucho cuidado con lo que dice y hace. Un simple desliz como el ocurrido en Alto Paraná puede ser una mecha que encienda una reacción en masa sin precedentes. Esto lo digo porque la gente está sensible por todo lo que pasa: escasean los empleos, la inseguridad prevalece y los asaltos son cotidianos, la salud es costosa, no existe educación de calidad, hay poco circulante, la recesión se acrecienta, el dólar se disparó por las nubes y tiende a subir más. En fin, existe una gran indignación ciudadana por la manera de cómo este gobierno, con sus aliados en el Parlamento, en tan poco tiempo, ubicaron a cercanos y amigos políticos en posiciones clave con salarios que avergüenzan.

El Ejecutivo está jugando con fuego. La actitud pendular del líder de Añetete hasta el último segundo sobre la destitución de García, da mucho que desear. Por lo visto, a pesar de su recorrido político, todavía no se percata de la realidad que vive y se está dejando llevar demasiado por un equipo que no ve más allá de sus intereses personales. Por bien suyo y del país, debe abrir los ojos, sacar a tiempo de su entorno a los chupamedias que no sirven para nada. Lo que le dijo María Fernández es lo que piensa mucha gente y debe tomar como lección y “señal” de que debe conducir el país con determinación y firmeza, atendiendo los verdaderos intereses nacionales.