El cohete despegó el pasado 14 de julio de la isla de Sriharikota en el estado de Andhra Pradesh (sur) con la nave espacial Chandrayaan-3. Foto: @chandrayaan_3
Una misión espacial no tripulada de India entró este sábado en órbita lunar, en el segundo intento de alunizaje del país asiático, que busca dar un nuevo impulso a su programa espacial de bajo coste. La nación más poblada del mundo cuenta con un programa aeroespacial de poco presupuesto en comparación con las potencias espaciales mundiales.
Pero recientes éxitos la han acercado al nivel de Rusia, Estados Unidos y China, los únicos en haber conseguido hasta ahora un alunizaje controlado. La Organización India de Investigación Espacial (ISRO) confirmó que Chandrayaan-3 (”nave lunar” en sánscrito), se había “insertado con éxito en la órbita lunar”, más de tres semanas después de su lanzamiento.
De culminar con éxito, la misión se posará cerca del polo sur del satélite terrestre entre el 23 y el 24 de agosto. En la anterior misión del programa Chandrayaan, los equipos terrestres perdieran contacto con la nave poco antes de su llegada a la Luna.
Chandrayaan-3 incluye un módulo de aterrizaje llamado Vikram, que significa “valor” en sánscrito, y un rover bautizado Pragyan, la palabra sánscrita para “sabiduría”. La misión, con un coste de 74,6 millones de dólares, confirma la ambición y el rápido desarrollo del programa espacial indio, que en 2008 lanzó una sonda en órbita lunar.
Los expertos afirman que India puede mantener bajos los costes copiando y adaptando la tecnología espacial existente y gracias a la abundancia de ingenieros altamente cualificados con salarios muy inferiores a los de sus homólogos extranjeros.
Chandrayaan-3 ha tardado mucho más en llegar a la Luna que las misiones tripuladas Apolo de los años 60 y 70, que llegaron en cuestión de días. El cohete indio es mucho menos potente que el Saturno V de Estados Unidos y orbitó la Tierra cinco o seis veces de forma elíptica para ganar velocidad, antes de ser enviada a una trayectoria lunar de un mes de duración. Si se cumple el alunizaje, Vikram explorará la zona lunar y recogerá imágenes que enviará a la Tierra para su análisis.
La misión debe durar 14 días, que corresponden a un día lunar. El jefe de la ISRO, S. Somanath, declaró que sus ingenieros estudiaron detenidamente los datos de la última misión fallida e hicieron todo lo posible por solucionar los fallos. En 2014, India se convirtió en el primer país asiático en colocar un satélite en órbita alrededor de Marte y tres años después lanzó 104 satélites en una sola misión.
De cara al próximo año, el país de más de 1.400 millones de habitantes quiere llevar a cabo una misión tripulada de tres días en órbita alrededor de la Tierra. India también intenta aumentar su participación, actualmente del 2 %, en el mercado espacial comercial en el mundo, gracias a unos costos mucho más bajos que los de sus competidores.
Reportan 81 muertos y más de 2.200 casas afectadas por inundaciones en India
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El balance de las inundaciones causadas por unas lluvias torrenciales en el estado de Uttar Pradesh, en el norte de India, desde el viernes por la noche subió a al menos 81 muertos, anunció este lunes la agencia gubernamental de gestión de catástrofes.
Uttar Pradesh, un estado de más de 240 millones de habitantes, sufre con frecuencia lluvias y tormentas durante la temporada anual del monzón, de junio a septiembre.
Las autoridades locales registraron 45,1 milímetros de lluvia el domingo, frente a una media de 1,8 mm en tiempos normales, y en 74 de los 75 distritos del estado se produjeron precipitaciones un 60% mayores a la media.
Además, las inundaciones causaron daños en más de 2.200 viviendas y cubrieron 81 hectáreas de tierras agrícolas.
Los servicios especializados de India han advertido en los últimos años de un aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, especialmente de las tormentas violentas y los rayos, que los expertos atribuyen a la subida de las temperaturas y al cambio climático.
Lluvias torrenciales en el norte de India dejan más de 50 muertos
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Lluvias torrenciales acompañadas de tormentas dejaron al menos 56 muertos en tres días en el noreste de India, en el estado de Uttar Pradesh, el más poblado del país, informó este domingo la agencia gubernamental de gestión de catástrofes.
Estas muertes se registraron tras “las lluvias excepcionalmente intensas que afectaron a gran parte de Uttar Pradesh”, precisó en un comunicado, en el que también informó de daños materiales, con más de un millar de viviendas dañadas.
Las torrenciales lluvias llegaron acompañadas de fuertes vientos que arrasan estructuras y destechan miles de viviendas. Foto: Facebook
Uttar Pradesh, un estado de más de 240 millones de habitantes, sufre con frecuencia lluvias y tormentas durante la temporada anual del monzón, de junio a septiembre.
Pero esta vez se registraron 66,5 milímetros de lluvia entre el viernes y el domingo, frente a una media estacional de 7,6 milímetros.
Los servicios especializados de India han advertido en los últimos años de un aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, especialmente de las tormentas violentas y los rayos, que los expertos atribuyen al aumento de las temperaturas y al cambio climático.
La estrategia que impulsa Nueva Delhi principalmente en la economía, la tecnología, la energía y cooperación es fundamental: expandir la influencia del gigante asiático a todo el globo.
Por Richard Moreira
Hay países que crecen y hay países que, al crecer, modifican el equilibrio del mundo. India pertenece cada vez más a la segunda categoría. Con una población que ronda los 1.477 millones de habitantes y una economía que mantiene tasas de expansión muy elevadas, el gigante asiático está atravesando una transformación que combina mercado interno, infraestructura, industria, tecnología y una creciente vocación de presencia internacional. El FMI proyecta un crecimiento real de 6,4 % para 2026.
La dimensión de este milagro impresiona. El gigante asiático no es solamente el país más poblado del planeta: es también uno de los grandes motores de crecimiento de la economía mundial. Su producto interno bruto ya se encuentra entre los mayores del mundo y la apuesta de Nueva Delhi es seguir escalando posiciones mediante una estrategia que tiene como horizonte 2047, cuando el país aspira a celebrar el centenario de su independencia convertido en una economía desarrollada.
La fórmula combina inversión pública, infraestructura, manufactura y tecnología. India quiere producir más, exportar más y convertirse en un centro de fabricación para las cadenas globales. Programas de incentivos a la producción, proyectos de conectividad y desarrollo de infraestructura forman parte de esa estrategia. El desafío es transformar el enorme tamaño de su mercado interno en una plataforma de producción capaz de competir globalmente.
Durante décadas, India construyó una reputación de alcance global como potencia de servicios informáticos y de software. Ahora intenta dar un salto adicional: inteligencia artificial, semiconductores, computación avanzada, electrónica, automatización y una infraestructura digital que alcanza prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana.
Esa transformación se ve en algo tan sencillo como comprar un producto. Este país desarrolló UPI, su sistema de pagos instantáneos, que permite transferir dinero entre cuentas bancarias y realizar pagos mediante teléfonos móviles y códigos QR. Pero este salto digital no termina en los pagos. India está construyendo una infraestructura pública digital que conecta identidad, servicios financieros, comercio y salud. Ese modelo constituye también una de las cartas que India puede ofrecer al mundo: tecnología desarrollada a gran escala, soluciones digitales y capacidad para aplicarlas a poblaciones enormes y diversas.
El Taj Mahal, la joya de la India. El gigante asiático es una potencia en materia de turismo: una de las maravillas del mundo moderno atrae a más de 100 mil visitantes por día.
ENERGÍA PARA EL PROGRESO
Pero toda revolución de este tipo necesita moverse, necesita energía, por eso los indios buscan ampliar y transformar su matriz porque el retorno es enorme: una economía que crece, una población gigantesca y una industria que necesita cada vez más requieren una expansión energética de dimensiones igualmente extraordinarias.
Es de esta forma que los minerales críticos adquieren una importancia estratégica. Litio, cobre, níquel, cobalto y otros minerales son indispensables para baterías, redes eléctricas, vehículos eléctricos, electrónica y tecnologías vinculadas a la transición energética. India reconoce que buena parte de estos recursos debe obtenerlos del exterior y está buscando asociaciones en América Latina. Ese interés modifica también la relación con Sudamérica en países como Chile, Perú o Argentina, o también otros como Paraguay. Tras la visita del presidente Santiago Peña en 2025, y mediante un memorándum de entendimiento, India y Paraguay buscan cooperación en la exploración, tecnología y valorización de minerales críticos y estratégicos.
Este creciente peso del gigante asiático no se expresa solo en cifras económicas, también se expresa en la cooperación. Nueva Delhi busca proyectar al país como capacitado para responder cuando otros enfrentan crisis. Su experiencia con terremotos, inundaciones, ciclones y otras catástrofes llevó al desarrollo de capacidades de asistencia humanitaria y respuesta ante desastres. En los últimos años desplegó ayuda en distintos países de Asia, con alimentos, medicamentos, equipos de emergencia, sistemas de purificación de agua y otros suministros. En setiembre de 2024, por ejemplo, mediante la operación Sadbhav, envió asistencia a Laos, Vietnam y Myanmar tras el tifón Yagi. Este año, nada más, esa solidaridad llegó a Venezuela, a través de la operación Amistad, que llevó asistencia médica tras el devastador sismo de junio pasado.
PRESENCIA INTERNACIONAL Y COOPERACIÓN
Esa capacidad de respuesta constituye una forma diferente de presencia internacional. No se trata solamente de comercio, inversiones o diplomacia, sino también de estar presente cuando un país necesita ayuda.
India está ampliando su mirada hacia la región y buscando una relación que combine comercio, inversiones, energía, tecnología, minería, medicamentos y cooperación. Para países como Paraguay, ese proceso abre una oportunidad que va mucho más allá de vender productos al gigantesco mercado indio.
Mientras la economía, la tecnología y la cooperación proyectan a la India hacia el futuro, existe otra faceta que sigue siendo una de las grandes puertas de entrada al colosal pasado. Templos milenarios, ciudades históricas, palacios, fuertes y una diversidad cultural difícil de encontrar en otro lugar conviven con autopistas, centros tecnológicos, parques solares, fábricas y gigantescas ciudades digitales.
En Nueva Delhi, Mumbai, Bengaluru o Chennai puede verse la India que quiere competir por el futuro. En lugares como Mahabalipuram, Agra o el complejo de Humayun aparece la civilización que construyó una de las historias más antiguas del planeta.
En Agra está el Taj Mahal, probablemente el símbolo más universal de esa herencia. El monumento de mármol blanco construido por el emperador Shah Jahan en memoria de Mumtaz Mahal sigue recibiendo millones de visitantes y representa una India capaz de convertir su historia en uno de sus grandes activos turísticos.
Economía, tecnología, energía y cooperación forman parte de una misma estrategia: convertir a la India en influencia global. El gigante ya no solamente está creciendo, está construyendo las herramientas para que su crecimiento tenga cada vez mayor impacto fuera de sus fronteras.
Científicos chinos probaron células solares especialmente adaptadas para aprovechar la escasa luz que llega a varios metros bajo la superficie del mar. Foto: Pexels
Lo que faltaba: China convierte el fondo del mar en una nueva fuente de energía solar
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China viene acelerando sus avances científicos y tecnológicos en distintos frentes, desde el histórico aterrizaje en el lado oculto de la Luna hasta el desarrollo de un “Sol artificial”, además de sus progresos en inteligencia artificial. Ahora, sus investigaciones también se sumergen en el océano con un objetivo tan ambicioso como novedoso: generar electricidad desde el fondo del mar.
El avance fue informado este lunes por la agencia RT y corresponde a científicos de la Universidad de Yunnan, quienes probaron con éxito lo que presentan como la primera planta solar submarina del mundo en aguas del mar de China Meridional. Científicos chinos pusieron a prueba con éxito una planta solar submarina capaz de producir electricidad a profundidades de hasta 10 metros, un desarrollo que podría cambiar la forma de alimentar equipos que operan bajo el agua.
La tecnología utiliza células fabricadas con perovskita de haluro de plomo, un material que puede ser diseñado para aprovechar determinadas longitudes de onda de la luz. Esto resulta clave bajo el agua, donde la radiación solar pierde gran parte de su intensidad a medida que aumenta la profundidad.
El sistema consiguió generar electricidad a 2, 6 y 10 metros de profundidad y permitió cargar baterías y encender un LED durante las pruebas. Foto: X
El agua bloquea primero buena parte de la luz roja y del infrarrojo, que es aprovechada habitualmente por los paneles solares convencionales. A unos 10 metros, apenas queda cerca del 10 % de la luz y predomina una iluminación azul verdosa y mucho más débil.
Los investigadores adaptaron las células para aprovechar precisamente esa luz disponible. En pruebas de laboratorio, una pequeña celda logró convertir el 34,71 % de la luz submarina simulada en electricidad. Posteriormente, el equipo fue protegido con goma, vidrio y resina para resistir el agua salada y la presión.
La prueba en condiciones reales se realizó cerca de la isla Weizhou. Un robot llevó los dispositivos hasta profundidades de 2, 6 y 10 metros, donde consiguieron cargar baterías y encender un LED. La producción alcanzó 1.416 milivatios-hora a dos metros, 752 milivatios-hora a seis metros y 324 milivatios-hora a 10 metros.
El experimento apunta a una posibilidad que podría resultar clave para la exploración oceánica: alimentar de manera autónoma sensores, cámaras y robots submarinos, reduciendo la necesidad de recuperar periódicamente estos equipos para recargar sus baterías.