El inventor estadounidense Elon Musk, CEO de SpaceX y Tesla, confirmó que construirá su primer robot, se llamará Tesla Bot y “ayudará a los humanos con sus tareas inseguras, repetitivas o aburridas”, adelantó.
Por ahora, Tesla, su fábrica de vehículos autónomos, está desarrollando la tecnología de este robot humanoide que -se sabe- tendrá 1,73 metros de altura, 56,7 kilos y una velocidad máxima de 8km/h.
Con un diseño minimalista en blanco y negro, el Tesla Bot además de estética, tendrá mucha fuerza, ya que podrá transportar cargas de hasta 20,4 kilos y levantar peso en un mismo lugar de hasta 68 kilos. Así como sus vehículos, la compañía incorporará el sistema Autopilot, que le permitirá manejarse de manera autónoma.
Aunque el robot no persigue la misma intención de “un futuro más sostenible” como sí lo hacen sus autos eléctricos o sistemas de almacenamiento de baterías, es un producto que imprime el estilo de su creador, por lo tanto su funcionalidad será inteligente.
“El bot no está directamente en el camino de acelerar un futuro energético sostenible, pero aspira a mejorar la probabilidad de que el futuro sea bueno”, respondió el empresario cuando se le preguntó cómo se relacionaba el Tesla Bot con la misión de la compañía.
Tesla Bot no será el primer robot humanoide del mundo, sin embargo, aportará su valor diferencial en la gran misión de las compañías tecnológicas de mejorar la calidad de vida de las personas.
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Inteligencia artificial y educación: avanzar con criterio nacional
- Dr. José Duarte Penayo
- Filósofo. Presidente de la Aneaes
Pocas discusiones condensan hoy el problema del desarrollo como la relación entre inteligencia artificial y educación. Allí convergen la disputa por el capital humano del futuro, la capacidad de los Estados para gobernar la aceleración tecnológica, la defensa de la soberanía cultural y la posibilidad de que nuestros sistemas educativos dejen de correr detrás de los cambios vertiginosos de la época.
Para países como el nuestro, esta cuestión es un tema que exige un debate nacional de forma urgente, porque de la forma en que ingresemos en esta transformación dependerá la calidad de nuestra formación, así como el tipo de inserción productiva y cultural que el país logre construir.
Como señalan Reimers, Azim, Palomo y Thony en su libro Artificial Intelligence and Education in the Global South: A Systems Perspective, publicado por Springer Nature en 2026, la inteligencia artificial puede ampliar capacidades pedagógicas, aliviar cargas docentes, producir materiales contextualizados, personalizar apoyos y hacer más eficiente la gestión del sistema en el denominado “Sur Global”.
Sin embargo, sus potencialidades positivas se pueden materializar si y solo si su adopción se articula con estrategias públicas de conducción, formación docente, evaluación y adaptación a contextos concretos.
Por citar algunos ejemplos del trabajo mencionado, en el Uruguay, el centro de innovación educativa con tecnología Ceibal contribuyó a ordenar la discusión regional con marcos para enseñar inteligencia artificial y para enseñar con inteligencia artificial, subrayando que el punto no es el dispositivo aislado, sino su integración pedagógica y ética.
En Brasil, Nova Escola desarrolló una herramienta accesible por WhatsApp que permitió a más de 15.000 docentes generar más de 63.000 planificaciones, reduciendo tiempos de preparación y ampliando apoyos para la práctica docente.
En Mali, la iniciativa RobotsMali utilizó IA para producir más de 180 libros infantiles en lengua bambara en menos de un año, mostrando que la innovación también puede servir para fortalecer lenguas y contextos locales, no solo para importar contenidos ajenos.
A las experiencias anteriores debemos sumar un aporte fundamental para nuestra realidad. Se han documentado casos en los que la baja conectividad y otras carencias de infraestructura tecnológica no bloquean la posibilidad de innovar.
Iniciativas como Kolibri, que utiliza un modelo diseñado para funcionar sin internet, junto con Artificial Intelligence in Education Unplugged en Brasil, han logrado resultados comparables en escuelas rurales y urbanas. Estos ejemplos demuestran que los contextos de conectividad restringida ofrecen vías legítimas para integrar estas herramientas con un criterio de inteligencia y equidad.
Los autores sostienen que la integración de estas estrategias debe estar anclada en los contextos locales. En el caso del Paraguay, el desafío trasciende la mera adaptación a las tendencias globales. Nuestra realidad nacional exige una incorporación soberana de la inteligencia artificial fundamentada en el criterio propio y en el resguardo de la identidad cultural.
Resulta indispensable atender a los sesgos algorítmicos y promover la alfabetización digital para asegurar que el proceso responda a las necesidades del entorno. Estas condiciones evitarán que la adopción de soluciones externas imponga modelos extraños a nuestras lenguas y a nuestro proyecto de país.
Abordar con seriedad la inteligencia artificial en el ámbito educativo requiere distanciarse tanto de las posturas apocalípticas como de los entusiasmos eufóricos. No alcanza con repetir advertencias terminales sobre el dominio tecnológico, como plantea Éric Sadin en L’intelligence artificielle ou l’enjeu du siècle, donde observa en la IA una forma de desplazamiento progresivo de lo humano por la racionalidad técnico-industrial.
Asimismo, conviene evitar la celebración acrítica de cada innovación como una promesa automática de emancipación, como ocurre en el Techno-Optimist Manifesto de Marc Andreessen, que presenta el avance tecnológico como fuente casi intrínseca de crecimiento, bienestar y expansión de la vida.
Entre la desconfianza absoluta y la fe ciega en la tecnología, hay un espacio más difícil, pero fecundo. Se trata del lugar de la conducción pública, del discernimiento pedagógico y de la deliberación nacional sobre qué usos deben promoverse, cuáles deben regularse y qué límites son necesarios para alcanzar un objetivo de bien común.
Ese punto obliga, además, a romper con cierto “pedagogismo dominante” que durante años degradó la discusión educativa, sustituyendo contenidos por consignas metodológicas vacías.
La inteligencia artificial puede ayudar a personalizar la enseñanza, pero no puede convertirse en un nuevo pretexto para licuar la exigencia intelectual. El Paraguay requiere una modernización ambiciosa que sea fuerte en ciencias, historia, lengua y formación del juicio crítico.
La inteligencia artificial abre la posibilidad de superar la estructura lancasteriana de la enseñanza, en la que una misma secuencia, el mismo ritmo y la misma explicación se implementan para grupos heterogéneos. Es posible trascender esa uniformidad sin renunciar a la escuela como institución pública fundamental. Las nuevas herramientas favorecen la existencia de apoyos diferenciados, materiales con distintos niveles de complejidad, retroalimentación más frecuente y un seguimiento más fino de trayectorias.
Además, pueden reposicionar la autoridad del docente y redefinir su centralidad, ya que el educador deja de ser un mero facilitador de contenidos homogéneos, para convertirse en un mediador intelectual, curador de materiales, intérprete del contexto, corrector de errores y orientador cívico del aprendizaje.
La incorporación de la inteligencia artificial a la educación paraguaya ya es un hecho, su uso ha sido introducido de la mano de estudiantes y docentes, pero sin mayores guías ni reflexiones institucionales sobre su implementación. Por ello, es urgente establecer un criterio nacional que permita fortalecer la alfabetización crítica y la revisión de los perfiles curriculares en función de un proyecto de desarrollo del país. La cuestión de fondo ya no es si Paraguay debe o no ingresar a esta agenda; el dilema central radica en la forma en que se integrará a ella. El país debe decidir entre actuar como un consumidor de soluciones ajenas o consolidarse como una nación capaz de conducir la tecnología según sus propias necesidades históricas, fortaleciendo con ello su identidad, su democracia y su proyecto común de desarrollo.
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Melania Trump sorprende con un androide en la Casa Blanca
La primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, llevó a un invitado sorpresa a un evento en la Casa Blanca el miércoles: un robot humanoide que camina y habla. En lugar de su esposo, el presidente Donald Trump, el androide “Figure 3” caminó a su lado en la apertura de la cumbre de la coalición global “Forjando juntos el futuro”.
Melania Trump, de 55 años, dedicada como primera dama a los temas de inteligencia artificial y entornos digitales, convocó a este foro sobre cómo empoderar a los niños mediante la tecnología educativa. “Gracias, primera dama Melania Trump, por invitarme a la Casa Blanca”, dijo el robot gris y negro gesticulando sus manos, en sus breves palabras iniciales.
Luego se retiró por el mismo lugar por el que había llegado. Hubo aplausos en el acto en el Salón Este de la Casa Blanca, que reunió a cónyuges de jefes de Estado y de gobierno de todos los continentes. “Es justo decir que usted es mi primer invitado humanoide, fabricado en Estados Unidos, a la Casa Blanca”, dijo Melania, nacida en Eslovenia, al leer un discurso.
La exmodelo, madre del hijo menor del presidente, Barron, de 20 años, continuó hablando sobre cómo la inteligencia artificial basada en humanoides se utilizará pronto para educar a los niños. “Imaginen a un educador humanoide llamado Platón. El acceso a los estudios clásicos es ahora instantáneo”, afirmó. “Previsiblemente, nuestros hijos desarrollarán un profundo pensamiento crítico y capacidades de razonamiento independiente”.
En los últimos meses, Melania Trump ha adoptado un papel cada vez más público, tras haber sido una presencia esquiva en la Casa Blanca al comienzo del segundo mandato de su esposo.
Ha organizado varios actos sobre IA y la protección de los niños en internet. Pero también ha emprendido varios proyectos lucrativos, incluido un documental titulado “Melania”, realizado mediante un acuerdo multimillonario con Amazon, y un audiolibro de sus memorias narrado por IA.
Fuente: AFP.
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Desde el Viceministerio de Industria trabajan en fortalecer el mercado de la inteligencia artificial
El potencial energético con el que cuenta Paraguay es uno de sus principales atractivos a la hora de ser analizado por los inversionistas como un destino para sus empresas, pero también exige pensar a futuro y no solo ver lo que se puede generar a partir de este recurso, sino cómo aprovecharlo de mejor manera.
En conversación con el programa “Así son las cosas”, emitido por GEN y Universo 970 AM, el viceministro de Industria, Javier Viveros, destacó que es un camino aún largo el que debe recorrer Paraguay en materia de atracción de empresas que no solo se dediquen a rubros que necesitan energía, sino que a su vez las mismas generen esa energía necesaria.
“Tenemos un potencial energético y podemos ir reemplazando la criptominería por la inteligencia artificial”, comentó Viveros, al tiempo de explicar que es clave generar políticas públicas robustas que respalden estas inversiones y que a su vez generen mejores condiciones competitivas para el país con la generación de nuevas fuentes energéticas.
Remarcó que no será fácil lograr atraer 4.000 millones de dólares en inversiones a un país que aún no trabaja en el área de la inteligencia artificial y, por sobre todo, con una estructura de negocio a nivel nacional que aún no explora estas posibilidades, pero reconoció que se dan fuertes pasos para dejar un camino trazado con reglas de juego claras.
“Esto no debe ser una industria extractiva de recursos de Paraguay; esto tiene que ser una industria que venga para generar más oportunidades para nuestra ciudadanía y para dejar capacidad instalada en Paraguay”, finalizó el viceministro.
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EE. UU.: jurado concluye que Elon Musk engañó a los accionistas de Twitter
Un jurado federal en Estados Unidos determinó ayer viernes que Elon Musk engañó a los accionistas de Twitter al criticar a la red social cuando estaba a punto de comprarla mediante un acuerdo de 44.000 millones de dólares, según un fallo consultado por la AFP.
El jurado rechazó, sin embargo, la acusación de maniobra fraudulenta deliberada para hacer bajar el precio de la acción. Pocos minutos después del anuncio del fallo, los abogados de Musk informaron a la AFP que su cliente tenía intención de recurrir la decisión, que calificaron de “contratiempo”.
Después de tres semanas de este juicio civil, marcado por el testimonio en persona del hombre más rico del mundo, el jurado de un tribunal federal de San Francisco consideró que dos tuits publicados por Musk en mayo de 2022 contenían declaraciones falsas que hicieron caer el precio de Twitter. Un abogado de los demandantes calculó los daños en aproximadamente 2.600 millones de dólares.
El fallo constituye una rara derrota judicial para Musk, a menudo apodado “Teflon Elon” por su capacidad para salir indemne de juicios que muchos creían que perdería. Sus abogados recordaron este hecho a la AFP, y subrayaron que este mismo viernes un tribunal de Texas lo había exonerado en un proceso por difamación.
En 2023, un jurado del mismo tribunal federal de San Francisco había absuelto a Musk de acusaciones similares a las de los accionistas de Twitter, presentadas por los titulares de acciones de Tesla, después de que Musk hubiera tuiteado en 2018 que tenía los fondos para comprar el fabricante de automóviles.
Empujados a vender
Musk, que publica a diario numerosos mensajes en X, la otrora Twitter, no reaccionó de inmediato a la decisión del jurado. El juicio giró en gran medida en torno a las afirmaciones del magnate sobre la cantidad de cuentas falsas en Twitter. Sostuvo que la plataforma tenía muchas más cuentas de spam y automatizadas que el 5% declarado en sus documentos regulatorios.
De esta manera, utilizó lo que presentaba como un engaño por parte de Twitter para justificar su intento de retirarse del acuerdo de compra. Tras el primer mensaje publicado en la plataforma sobre este tema por Musk, en mayo de 2022, el precio de la acción cayó un 17% en dos sesiones, lo que llevó a algunos accionistas a vender.
Los demandantes, por su parte, alegaban que estas declaraciones formaban parte de un plan destinado a presionar al consejo de administración para obtener un precio inferior a su oferta inicial, en un momento en que el precio de la acción de Tesla caía y encarecía la financiación de la operación. Después de que Musk intentara desvincularse del acuerdo de compra, Twitter lo demandó en el estado de Delaware para obligarlo a cumplir el acuerdo.
Poco antes de la apertura de ese juicio, Musk dio marcha atrás y aceptó pagar el precio original, antes de rebautizar la plataforma como X. Algunos accionistas vendieron así sus títulos con un descuento de más del 30% con respecto al precio finalmente pagado por Musk.
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Primer hombre en superar, el año pasado, la barrera de los 500.000 millones de dólares de fortuna personal estimada, Musk posee un patrimonio valorado, a comienzos de marzo, en 839.000 millones de dólares, según la revista Forbes. Está compuesto esencialmente por la suma del valor actual de sus acciones en Tesla y SpaceX.
Fuente: AFP