Conaderna plantea desarrollar agenda ambiental común con Taiwán
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La Comisión Nacional de Defensa de los Recursos Naturales (Conaderna) tuvo una reunión con el ministro de la Embajada de la República de China (Taiwán) Tomas Binghong Guo, con el fin de establecer una agenda común respecto a temas relacionados a la preservación del medioambiente, apuntando a lograr un impacto positivo en el país.
“Convocamos al señor ministro por la Conaderna para trazar una agenda, una ruta en la que en este periodo queremos impactar positivamente sobre convenios que ya se vienen trabajando con Taiwán sobre temas relacionados directamente al medioambiente”, explicó la senadora Noelia Cabrera Petters, presidenta de la mencionada comisión.
La legisladora mencionó -en el marco de la cooperación actual entre Taiwán y Paraguay, en materia de academias y universidades- quese dé mayor énfasis a carreras relacionadas con lo ambiental. “Pedimos que incluyan más carreras de tipo ambiental, como también la profesionalización en materia de residuos sólidos y otros aspectos relativos al medioambiente”, detalló.
Asimismo, se abordaron los convenios de cooperación que ya vienen siendo ejecutados, como la introducción de alevines de diferentes tipos de peces nativos, lo cual tiene el objetivo de aumentar la población de peces en los ríos, sobre lo cual ya se viene trabajando con el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), según detallaron.
“Lo queremos extender a más municipios que tienen como límites los ríos y arroyos para fomentar de esa manera la preservación y la conservación del medioambiente”, expresó. La recepción a estos pedidos por parte del ministro Guo fueron favorables, de acuerdo a lo señalado por Cabrera Petters.
La parlamentaria afirmó que el interés planteado por la Conaderna en esta agenda bilateral, será elevado al embajador de Taiwán en Paraguay José Chih-Cheng Han, en una reunión que será llevada adelante en los próximos días.
El encuentro tuvo lugar en la sala de reuniones de la presidencia de la Cámara de Senadores y estuvo encabezada por la senadora Noelia Cabrera Petters. También participaron, el abogado Antonio Sánchez, secretario general del Senado, así como directores de la Conaderna y del despacho de la senadora Cabrera.
La Primera Cadena de Islas (en rojo) encierra claramente al China en el Mar Meridional, algo que el gigante asiático busca romper para expandir su influencia en el Pacífico
El muro geográfico y democrático que frena a China Popular
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Juan Carlos Dos Santos G.
Editor y columnista internacional
Fotos: Gentileza
Una superpotencia económica atrapada por la geografía. A pesar de contar con la armada más numerosa del planeta, los barcos y submarinos de China no pueden salir al océano abierto sin pedir permiso. El responsable es un arco de islas, estrechos vigilados y bases aliadas –con Taiwán y Okinawa como ejes críticos– que actúan como un tapón militarizado
Para entender la vulnerabilidad de este cerco, es necesario mirar hacia el norte del archipiélago, específicamente a las islas Nansei y la prefectura de Okinawa. Esta región alberga el estrecho de Miyako, una de las pocas y valiosas vías marítimas internacionales de aguas profundas que permiten el acceso directo al Pacífico abierto. Para la Marina del Ejército Popular de Liberación (PLAN, por sus siglas
en inglés), cruzar por aquí es una necesidad logística; para Japón y Estados Unidos, es una línea roja.
Consciente de esto, Beijing no busca una invasión anfibia tradicional en este sector, sino un quiebre por saturación. A través de incursiones casi diarias de cazas, bombarderos y buques de guerra, China somete a las Fuerzas de Autodefensa de Japón a una constante guerra de desgaste psicológico y operativo, buscando normalizar su presencia en aguas que Tokio considera soberanas.
INTERCEPTANDO DESDE OKINAWA
Durante mi estadía en Okinawa, a comienzo de octubre del año pasado, fui testigo en primera línea de cómo, al menos en dos y hasta en tres ocasiones diariamente, cazas japoneses (F-15) y aeronaves especializadas en guerra electrónica y antisubmarina (P-3C Orion) dejaban la base aeronaval de Naha para ir en busca de intrusos, ya sean aviones, barcos espías disfrazados de pesqueros, guardacostas artillados o incluso submarinos chinos, que amenazaban con ingresar al espacio aéreo japonés o a sus aguas territoriales.
A toda esta situación, la respuesta japonesa ha sido contundente: la progresiva militarización de sus islas periféricas con baterías de misiles antibuque de última generación y radares de alerta temprana demuestra que el eslabón del norte está lejos de ceder fácilmente.
Un P-3C Orion japonés, especializado en guerra electrónica y antisubmarina, reposa en la base aeronaval de Naha, en la sureña y estratégica isla de Okinawa
TAIWÁN, LA CLAVE
Si Okinawa es el tapón del norte, Taiwán es la pieza maestra de todo el tablero. Ubicada exactamente en el centro de la Primera Cadena de Islas, esta isla democrática representa el obstáculo más formidable para las ambiciones globales de Beijing, pero también su objetivo más codiciado.
No se trata solo de una cuestión de orgullo histórico o control tecnológico; es, ante todo, un imperativo geográfico. Occidente peca de ingenuo al creer que China desea apropiarse de Taiwán, ya sea por supuestos sentimientos nacionalistas, por historia o por semiconductores. El secreto del deseo de China sobre Taiwán es geográfico, al ser la pieza fundamental que detiene su deseo expansionista.
PERO… ¿POR QUÉ TAIWÁN?
Actualmente, la costa continental de China da a mares poco profundos, lo que dificulta enormemente que sus submarinos nucleares salgan a patrullar sin ser detectados por la tecnología acústica de los aliados. Controlar Taiwán rompería la cadena a la mitad y cambiaría las reglas del juego de inmediato.
Al dominar la costa este de Taiwán, la armada china tendría acceso directo a las fosas profundas del Pacífico. Desde allí, sus submarinos podrían desaparecer en el océano abierto, anulando la capacidad de detección temprana de Estados Unidos. Además, la caída de Taiwán generaría un efecto de pinza inmediato sobre sus vecinos.
Con bases aéreas y navales chinas operando en la isla, la prefectura japonesa de Okinawa quedaría cercada y vulnerable por el sur, y las rutas marítimas comerciales que abastecen de petróleo y materias primas a Japón y Corea del Sur quedarían bajo el control absoluto de Beijing. Quien controla Taiwán controla el pulso del Asia-Pacífico.
FILIPINAS, EL ÚLTIMO ESLABÓN DE LA PRIMERA CADENA
En el extremo meridional de la cadena, el escenario cambia de la tensión militar abierta a una guerra asimétrica de “zona gris”. Aquí, el objetivo de Beijing es el estrecho de Luzón –el corredor marítimo entre Taiwán y Filipinas– y la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Manila.
En este sector, ante la imposibilidad de quebrar el cerco por la fuerza, China ha optado por alterar la geografía misma. Mediante el dragado masivo y el relleno de arrecifes y atolones en disputadas aguas filipinas, Beijing ha construido una red de islas artificiales fuertemente militarizadas.
Lo que antes eran rocas semisumergidas, hoy son bases operativas con pistas de aterrizaje capaces de recibir bombarderos, sistemas de misiles antibuque y radares de largo alcance.
Esta estrategia de hechos consumados busca un quiebre silencioso: empujar la presencia naval de Filipinas y sus aliados hacia el este, erosionando la efectividad de la Primera Cadena desde abajo.
Si China consolida el control militar sobre la ZEE filipina, logrará dos objetivos críticos. Primero, flanquear a Taiwán desde el sur, facilitando un eventual bloqueo. Segundo, establecer un corredor protegido para que su flota del Sur pueda deslizarse hacia el Pacífico abierto.
Filipinas, consciente de este peligro, ha vuelto a estrechar filas con Washington, permitiendo el acceso estadounidense a bases clave frente a Taiwán, transformando este frente en un polvorín silencioso. EL VEREDICTO GEOGRÁFICO
La Primera Cadena de Islas sigue en pie, pero sus costuras están bajo una presión sin precedentes. Beijing sabe que mientras este muro insular permanezca intacto, su estatus de superpotencia global estará incompleto.
Cada incursión en Okinawa, cada presión sobre Taiwán y cada isla artificial en Filipinas son golpes de martillo sobre una estructura que, de llegar a romperse, cambiará para siempre el equilibrio de poder en el planeta, abriendo el camino de China hacia el control total del océano profundo.
PRÓXIMA ENTREGA: ¿Y si se rompe la Primera Cadena de Islas?
Estudiantes paraguayos de la UPTP celebran graduación en Taipei
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Un grupo de estudiantes paraguayos de la Universidad Politécnica Taiwán Paraguay (UPTP) culminó con éxito sus estudiosde “intercambio” en Taipei y, aunque todavía falta un semestre de pasantía (puede ser en py o tw), luego se graduarán. La celebración se realizó con una ceremonia en la National Taiwán University of Science and Technology (Taiwán Tech), que marca el cierre de una etapa de aprendizaje para los egresados.
Las carreras que culminaron los jóvenes son: Ingeniería Civil, Ingeniería Electromecánica, Ingeniería Industria e Ingeniería Informática y ahora las complementarán con pasantías en empresas taiwanesas o paraguayas, cerrando de esta manera el proceso de formación.
De la graduación participaron el vicerector SungFeng y el director ejecutivo para el Plan UPTP, ShanhKang Ruan, además de autoridades paraguayas como el embajador ante Taiwán, Dario Filártiga Ruiz Díaz y su esposa Gisele Mousqués.
Durante la ceremonia también se recibió un saludo por medios telemáticos del rector de la UPTP, Jorge Duarte, quien expresó su satisfacción por la culminación exitosa de esta etapa, por las conquistas de los nuevos profesionales y por el gran futuro de la universidad.
De la graduación participaron autoridades de la UPTP y de la empajada paraguaya en Taiwán. Foto: Gentileza
Los egresados recibieron sus certificados y presentaron canciones y danzas típicas del Paraguay. En su mensaje, el embajador paraguayo indicó que estos logros son los resultados concretos de la decisión tomada en el 2017 por los presidentes Horacio Cartes y Tsai Ing-wen, en el marco de una visita del jefe de Estado paraguayo a Taiwán para las celebraciones de los 60 años de relaciones diplomáticas entre ambos países.
Recordó que, en la reciente vista de Peña a Taiwán, el mandatario paraguayo recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Taiwán Tech. Afirmó que lo que empezó como un sueño hoy es realidad, con una generación de profesionales paraguayos que seguirán construyendo un país moderno, desarrollado y conectado con el futuro.
Inversión de Nvidia en Taiwán crece a USD 150.000 millones al año
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Nvidia aumentará su inversión en Taiwán a 150.000 millones de dólares al año, anunció este miércoles el director ejecutivo del gigante estadounidense de los semiconductores, quien describió a la isla como el “epicentro de la revolución de la IA”. Jensen Huang, jefe de esta empresa considerada la más valiosa del mundo, dijo que “Taiwán está en pleno auge” y que la inversión de Nvidia “impulsará un ecosistema increíble aquí”.
Taiwán es una potencia en la fabricación de microchips utilizados para entrenar e impulsar sistemas de inteligencia artificial, y es la sede de los gigantes de la producción de chips TSMC y Foxconn. “Hace cuatro años, hace cinco años, Nvidia gastaba alrededor de 10.000 o 15.000 millones de dólares al año en Taiwán”, dijo Huang en Taipéi, donde la empresa está construyendo una nueva oficina.
“Ahora, estamos gastando entre 100.000 y 150.000 millones de dólares al año en Taiwán”, señaló. La economía de Taiwán se disparó el año pasado gracias al aumento vertiginoso de las exportaciones de hardware de IA, un sector que está en auge en todo el mundo.
El dominio de esta isla democrática en la industria de los chips ha sido apodado por años como el “Escudo de silicio”, que incentiva que países como Estados Unidos la protejan de una invasión o bloqueo por parte de China, potencia que la reclama como parte de su territorio. Huang se encuentra en Taipéi antes de la principal feria tecnológica de la isla, Computex, que se celebra la próxima semana.
Hace unos años, en una madrugada húmeda de Taipéi, terminé sentado en una pequeña casa de té al costado de una estación de metro.
Afuera llovía suave.
Yo estaba cansado. Venía de caminar todo el día grabando imágenes y entrevistando gente. En una mesa cercana, un anciano tomaba sopa mientras miraba las noticias en una vieja televisión colgada en la pared. No entendía una sola palabra del idioma, pero sí entendí una imagen: hospitales, médicos, pantallas gigantes, gráficos, tecnología.
La mujer que atendía el local, una señora de sonrisa tímida, me preguntó de dónde era. Cuando le dije “Paraguay”, abrió grande los ojos y respondió en un inglés entrecortado: “Taiwán ama Paraguay”.
Sonreí.
Después me mostró orgullosa en su celular cómo funcionaba el sistema de salud de su país. Sacó una tarjeta sanitaria digital, habló de consultas a distancia, de inteligencia artificial detectando enfermedades, de médicos conectados entre ciudades y montañas.
Pero en un momento bajó la voz. “El mundo usa muchas cosas de Taiwán… pero a veces hace como si no existiéramos”. Esa frase me quedó dando vueltas en la cabeza porque era verdad.
Vivimos en un planeta donde millones usan teléfonos, computadoras y tecnologías creadas gracias al talento taiwanés. Un país pequeño, ordenado, moderno, con una de las democracias más avanzadas de Asia y uno de los sistemas sanitarios más eficientes del mundo.
Hoy, gracias al crecimiento exponencial de la inteligencia artificial y a la enorme demanda global de semiconductores, la bolsa de valores de Taiwán ya superó a la de India y se convirtió en la quinta más grande del mundo.
Una pequeña isla que fabrica gran parte del cerebro tecnológico del planeta… pero que todavía sigue siendo invisibilizada en muchos espacios internacionales.
“Y aun así, Taiwán lleva diez años fuera de la Asamblea Mundial de la Salud.”
Diez años.
Mientras el planeta habla de cooperación, inclusión y derechos universales, 23 millones de personas siguen siendo excluidas por presión política. Y lo más absurdo es que Taiwán no pide privilegios. Pide participar. Compartir experiencia. Ayudar.
Durante la pandemia muchos países aprendieron tarde lo que Taiwán ya sabía desde hace tiempo: la tecnología salva vidas cuando se usa con inteligencia y humanidad.
Ellos entendieron antes que otros que el futuro de la medicina también pasa por la inteligencia artificial, el big data y la conectividad. Hoy tienen hospitales inteligentes admirados por el mundo entero, sistemas digitales que llegan hasta zonas rurales y plataformas médicas que varios países quisieran imitar.
Sin embargo, hay silencios diplomáticos que pesan más que la evidencia. A veces la política internacional se parece demasiado a un recreo de colegio: algunos deciden quién puede sentarse en la mesa… y quién debe quedarse afuera aunque tenga algo importante que decir.
“Aquella noche en Taipéi terminé mi té mirando la lluvia detrás del vidrio empañado”.
Y pensé: qué extraño es este mundo.
Los países que sostienen gran parte del futuro tecnológico del planeta todavía tienen que pedir permiso para ser escuchados y el mundo debería prestar atención…