Un terrible escenario ocurrió en Pedro Juan Caballero (Amambay), donde encontraron muerta a una adolescente indígena en un patio baldío. La víctima habría sido asesinada por un hombre con el que mantenía una relación desde hace varios años y con el que tenía dos hijos pequeños.
Según el reporte policial, el hecho ocurrió durante la tarde de ayer sábado, en inmediaciones de la vivienda de la pareja. Datos preliminares indican que el hombre llegó enfurecido y comenzó a discutir con la adolescente, ambos serían indígenas.
Luego de discutir, el presunto autor fue hasta la cocina y tomó un cuchillo, momento en que la adolescente habría intentado huir, pero fue alcanzada y recibió una puñalada en el pecho. Tras cometer el hecho, el hombre huyó del sitio sobre su motocicleta.
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Una testigo del caso fue rápidamente hasta la comisaría y dio aviso a los agentes policiales, quienes de inmediato llegaron hasta el lugar, donde encontraron el cuerpo de la joven y el cuchillo de unos 15 centímetros. La víctima tenía dos hijos con el hombre, quienes quedaron a cargo de la Defensoría.
El caso fue comunicado a la fiscala María Martínez, quien ordenó que el cuerpo sea llevado a la morgue judicial. Hasta el lugar llegaron agentes del departamento de Investigación, Criminalística y Homicidios para investigar el caso, además, buscan dar con el paradero del hombre.
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Sicariato en PJC: chofer fue ultimado de dos balazos en la cabeza
Un nuevo caso de sicariato se registró este sábado en Pedro Juan Caballero, resultando víctima un chofer, quien fue asesinado a balazos por un desconocido.
El fallecido fue identificado como Patrocinio González Fleitas (60). Fue ejecutado a tiros en su domicilio, ubicado en la fracción Amistad II, barrio Jardín Aurora de esta capital departamental.
El trabajador fue interceptado por el criminal cuando acaba de regresar de un viaje y se encontraba reabasteciendo, trabajando en un minibus de su propiedad.
“En el momento del hecho, se encontraba en su taller mecánico arreglando su transporte escolar, ya que el mismo se dedica a eso”, informaron los intervinientes.
Como autor de los disparos fue sindicado un sujeto desconocido que llegó a bordo de una motocicleta y le disparó a quemarropa.
“El portón del local estaba abierto, momento en que se acercó una persona a bordo de una motocicleta y sin mediar palabra, disparó. Efectuó dos disparos”, añadieron los uniformados.
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El herido fue auxiliado inmediatamente por su hija, que lo trasladó de urgencia a un sanatorio privado, pero ya llegó sin signos de vida.
El trabajador no poseía antecedentes penales ni denuncias previas por amenazas.
La Policía Nacional y el Ministerio Público investigan el hecho.
El médico forense, Lucas Riveros, señaló a Radio Imperio que el cuerpo presentaba dos orificios de entrada a nivel del cráneo y, de acuerdo con las características observadas durante la inspección, se presume que los disparos habrían sido efectuados a corta distancia.
Por su parte, la fiscal Reinalda Palacios, expresó que recién se inicia la investigación y que se irán realizando varias diligencias relacionadas al hecho, con el objetivo de esclarecer lo ocurrido.
“Los familiares no tienen ningún dato acerca de con quien pudo hacer tenido algún desentendimiento. Todos manifestaron, tanto las hijas como la actual pareja, que era una persona muy cerrada, que él solo manejada todas sus cosas”, refirió a la 106.7 FM.
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¡Insólito! Por error, mujer se llevó un auto ajeno y hasta la llave le calzaba
Una enfermera se llevó el auto de una paciente por error y se dio cuenta hasta que lo denunciaron como robado en redes sociales en la ciudad de Pedro Juan Caballero, departamento de Amambay. Los vehículos eran idénticos y la llave que tenía la mujer funcionaba para arrancar ambos rodados.
Según el reporte policial, el hecho se registró en el predio del Hospital Regional de Pedro Juan Caballero, donde ambos rodados estaban estacionado a metros de distancia, tanto el de la enfermera como el de la paciente. Se trata de dos autos de la marca Toyota modelo Corolla de color dorado, pero con números de chapa diferentes.
La profesional de salud terminó su turno y salió del centro asistencial, fue hasta el estacionamiento, con su llave abrió el rodado y lo arrancó, para luego ir hasta su vivienda. Cuando por fin se disponía a descansar vio en redes sociales sobre un caso de robo vehicular ocurrido en el centro asistencial.
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La descripción de automóvil robado coincidía con el de ella, hasta que volvió a salir para corroborar la situación. En ese momento se dio cuenta de que fue ella quien tomó otro auto, volvió a arrancar y fue de nuevo hasta el hospital. Ahí se topó con agentes de la Policía Nacional y explicó lo que ocurrió.
En el estacionamiento se encontraba su rodado, cuyas características eran similares al que se llevó. Lo extraño de la situación es que la llave que portaba la funcionaba arrancaba en ambos. Finalmente, se aclaró la situación, devolvió el auto ajeno, se llevó el suyo, y se pudo constatar que no fue un robo.
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Presunto feminicidio: hallan muerta a una mujer con un balazo en la cabeza y detienen a su pareja
Una mujer fue hallada muerta en un inquilinato de la ciudad de San Lorenzo con una herida de bala en la cabeza. La Fiscalía investiga el caso como un posible feminicidio y su pareja fue detenida.
El hecho ocurrió ayer, alrededor de las 18:30, en una vivienda ubicada en el barrio Anahí, zona de Reducto. El dueño de casa, identificado como Rodrigo Fernández, escuchó el disparo y tras lo ocurrido dio aviso a las autoridades policiales.
La víctima fue identificada como Nilsa Raquel Brítez (26), oriunda de Caazapá; fue hallada sin vida con una herida de bala en la cabeza. Estaba trabajando actualmente como cocinera en una escuela y anteriormente, vendía asadito. Esta tarde se realizará la autopsia, según el reporte de los investigadores.
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Su pareja, Cristian David Romero (30) permanecía en la vivienda cuando llegaron los agentes y quedó detenido como principal sospechoso. Asimismo, se le practicó la prueba de nitrito y nitrato.
La pareja llevaba tres años viviendo en el lugar y jamás protagonizaron episodios de violencia, según declaraciones del propietario, señaló a los medios de comunicación la comisaria Damarys Villalba, subjefe de la Comisaría 31° Central.
En ese sentido, mencionó que previamente al disparo no se escucharon gritos, discusión ni pelea. “Él dice que nunca pelearon, que eran personas que nunca armaron conflicto. No hubo ninguna discusión. Ellos acaban de llegar de trabajar y se disponían a hacer la cena”, comentó la jefa policial.
Añadió que según el relato del dueño de casa, se hallaba en su habitación cuando escuchó un disparo. “Fue hasta la habitación de la pareja y le encontró a él sentado en la cama”, relató.
El dueño de casa pregunta qué pasó y “aparentemente ahí reacciona y se da cuenta de lo que estaba haciendo”, la comisaria. Sin embargo, aclaró que el sospechoso “no tenía el arma en la mano”.
No se halló nada irregular en la habitación, el hombre tampoco opuso resistencia al arresto. “Solamente estaba llorando y pedía que se le asista a la mujer”, apuntó la interviniente.
Extraoficialmente, se maneja la hipótesis de que el trasfondo del hecho sería por celos. Aunque esta versión no fue corroborada por la agente policial. “Desconozco eso”, expresó. El teléfono de la víctima ya está a cargo del Ministerio Público.
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¿Dónde está mamá?
- Por Carlos Mariano Nin
- Columnista
- marianonin@gmail.com
Hay una silla que nadie volvió a ocupar, una cama que quedó tendida, un plato que, quizá, todavía alguien guarda en la cocina, porque a veces cuesta aceptar que ya no hace falta ponerlo en la mesa.
Y me da vueltas una pregunta que no aparece en ninguna estadística: ¿quién le explica a un niño que mamá no va a volver?
Hasta agosto en Paraguay 17 mujeres fueron víctimas de feminicidio.
Diecisiete nombres, historias que alguna vez tuvieron un cumpleaños, sueños, discusiones, abrazos, planes para el domingo y alguien que las esperaba en casa.
Y hay un número que me golpea todavía más fuerte: 33 hijos quedaron detrás de esas mujeres. 24 de ellos son menores de edad.
Detrás de cada uno hay una infancia que cambió para siempre.
Al final, cuando una madre es asesinada, no muere solamente la mujer.
Se rompe una familia, se quiebra la infancia.
Los números del Ministerio Público sobre feminicidios dados a conocer esta semana cuentan que 13 de las víctimas eran madres. Algunas murieron dentro de sus propias casas; otras, en la vía pública. Fueron asesinadas con armas blancas, armas de fuego, golpes y asfixia.
Pero ninguna estadística puede contar lo que sucede después.
Los números no pueden registrar el momento en que un niño pregunta por su madre, ni se puede medir el silencio de una casa después del crimen.
Nadie, absolutamente nadie puede poner en una planilla el miedo con el que una hija volverá a escuchar una discusión, tampoco podrá explicar cómo se aprende a crecer cuando la persona que debía enseñarte a vivir fue arrancada de tu vida.
Y entonces aparecen otras cifras.
25 tentativas de feminicidio. Son las mujeres que sobrevivieron y que tuvieron una segunda oportunidad.
Hoy deberíamos aprender a ver las señales, a enseñarle a nuestras hijas que las discusiones, las peleas pasadas de tono y los golpes no son normales. Que el control a veces se disfraza de amor, de celos presentados como preocupación.
En todos los casos el principal error es esperar a que ocurra la tragedia para entender que había señales.
Los datos dicen que los principales agresores fueron parejas y exparejas.
Eso también debería obligarnos a mirar más cerca.
En la mayoría de los casos el peligro no está en una calle oscura ni viene desde un desconocido. A veces tiene la llave de la casa, conoce la rutina… y alguna vez hasta dijo “te amo”.
Por eso hablar de feminicidio no puede ser solamente hablar de mujeres asesinadas.
Tenemos que hablar de prevención, de educación, de protección.
De intervenir antes. De entender que una amenaza no es una exageración cuando quien la recibe tiene miedo.
Pedir ayuda no debería convertirse en una carrera contra el tiempo.
Hoy hay 17 mujeres menos. Pero también hay 33 hijos que tendrán que aprender a vivir con una ausencia que ellos nunca eligieron.
Veinticuatro son niños.
Y cuando pienso en ellos, me cuesta volver a mirar estas cifras como simples números.
Debemos dejar de contar a las mujeres muertas y los niños huérfanos.
El desafío es conseguir que la próxima estadística sea cero.
Que ninguna silla quede vacía para que ningún niño tenga que aprender tan pronto el significado de la palabra feminicidio.
Una vida salvada no aparece en ninguna estadística. Pero alguien vuelve a casa.
Una madre vuelve a abrazar a sus hijos.
Y una silla... vuelve a estar ocupada.
Pero esa es otra historia.